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jueves, 28 de febrero de 2013

Y EL SILENCIO DE LOS CORDEROS




Contra el totalitarismo ideológico

Las formas políticas siempre se transforman, y deben hacerlo para tratar de alcanzar sus objetivos. Pasó en Roma y pasará siempre. Hay cosas esenciales y formas sucesivamente útiles a esas cosas esenciales. Atarse a las formas en detrimento de la realidad cambiante no tiene sentido.

He conocido duros que se tornaron traidores y moderados que hicieron un gran servicio a los suyos. Además, la realidad es cruel y no respeta necedades. Traicionar es ser venal. Ser realista no es traicionar un objetivo. No es bueno en política encapsularse en una realidad ideológica. Las ideologías pasan, las culturas, los pueblos y los territorios quedan.

Cada fenómeno político es fruto de su época y de su entorno, tiene un contexto y dura un tiempo determinado. Eso no quiere decir que no quede nada de él, queda justamente lo esencial, y no las formas. 

A todos nos duele ver morir a nuestros padres, pero es la ley de la vida. Y la política es cruel, como dice un amigo. Me ha costado aceptarlo y comprenderlo. Confieso que tengo cierta tendencia a lo absoluto, lo cual me ha hecho fracasar en política una y otra vez. Pero he aportado algunas cosas, como por ejemplo tratar de recordar a través de la poesía las cosas permanentes, tratar de poner límites al pragmatismo, que cuando traiciona los objetivos superiores sí se convierte en traición. Pero traicionar no es comprender que existe una relación de fuerzas y que dentro de ella se desarrolla la política. Traicionar es anteponer el propio interés a cualquier cosa.

El problema del totalitarismo ideológico es que no deja pensar, no deja disentir, no deja considerar ni comprender cuál es el camino apropiado y posible. 

Muchas veces la pretendida pureza ideológica termina en las peores aberraciones. Los totalitarismos ideológicos de izquierda y de derecha son religiones laicas escondidas detrás de un fanatismo. Pero es más amargo pelear en la medida de lo posible que esperar un milagro, proveniente de los cielos del fanatismo.

La poesía y el arte nos traen lo absoluto, la política nos trae lo posible según Aristóteles, y hacer posible lo necesario según Maurras.

He soñado con atajos ideales. Los he incluso intentado. He tenido suerte de no terminar mal por cosas que en el fondo no servían para nada. Estaban fuera de contexto, fuera de tiempo, fuera de su propia realidad.
La torpeza y el capricho son enemigas de la verdadera política. Habiendo aceptado esto me convencí de mis pocas aptitudes para la política, pero al menos espero en adelante no caer en el ridículo.

Desconfío de los dueños absolutos de la verdad en algo tan volátil como la política. Los grandes pensadores son siempre algo escépticos, porque saben leer la realidad. Una vez leí que a Hitler no le gustaba Spengler, decía que era pesimista. Es que Spengler sabía que ser optimista es un exceso de inmadurez. La realidad es demasiado grande y demasiado cruel para el optimismo y la superficialidad ideológica. Sólo los realistas pueden prescindir del optimismo y del pesimismo. 

Por eso los griegos no eran ni una cosa ni la otra, sólo cumplían su destino, sea cual fuere como algo superior.

Sabemos que la historia la primera vez es tragedia y la segunda es comedia. Los que una vez fueron héroes no querrán ver payasos disfrazados con lo que fue su uniforme. La inteligencia política es el mejor homenaje que les podemos hacer a nuestros héroes del pasado.
                                       
                                                             Juan Pablo Vitali

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