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viernes, 9 de enero de 2015

CONTRA EL MUNDO POSMODERNO



El mal de la unipolaridad
El mundo de hoy es unipolar, con el Occidente globalizado en su centro y con los Estados Unidos como su núcleo.
Este tipo de unipolaridad tiene aspectos geopolíticos e ideológicos. Geopolíticamente supone la dominación estratégica de la Tierra por la hiperpotencia norteamericana, y el esfuerzo de Washington por organizar el equilibrio de poder en el planeta, de tal modo que pueda gobernar el mundo según sus propios intereses nacionales (imperialistas). Esto es negativo porque priva a otros estados y naciones de su soberanía real.
Cuando sólo hay una instancia para decidir quién es bueno y quién es malo, y quién debe ser castigado, entonces lo que tenemos es una especie de dictadura global. Estoy convencido de que esto no es aceptable. Por lo tanto, debemos luchar contra ello. Si alguien nos roba nuestra libertad, tenemos que reaccionar. Y reaccionaremos. El imperio americano debe ser destruido. Y en algún momento será destruido.
Ideológicamente, la unipolaridad se basa en valores modernos y posmodernos, que son abiertamente anti-tradicionales. Comparto la opinión de René Guenon y Julius Evola, que consideraban la modernidad y su base ideológica (el individualismo, la democracia liberal, el capitalismo, el conformismo, etc.), como las causas de la futura catástrofe de la humanidad, y de otra parte, la dominación global de las actitudes occidentales como la razón de la degradación final de la tierra. Occidente está llegando a su fin y no debemos permitir que arrastre consigo hacia el abismo todo lo demás.
Espiritualmente, la globalización es la creación de la Gran parodia, el Reino del Anticristo. Y los Estados Unidos están en el centro de su expansión. Los valores estadounidenses pretenden ser valores “universales”. Esta es una nueva forma de agresión ideológica contra la multiplicidad de culturas y tradiciones que aún existe en otras partes del mundo. Estoy decididamente en contra de los valores occidentales que son esencialmente modernos y posmodernos, y que son promovidos por los Estados Unidos mediante la fuerza y a través de la imposición (Afganistán, Irak, ahora Libia, Siria e Irán mañana).
Por lo tanto, todos los tradicionalistas deberían estar en contra de Occidente y de la globalización, y en contra de la política imperialista de los Estados Unidos. Esta es la única posición lógica y consecuente. Así, los tradicionalistas y los partidarios de los principios y valores tradicionales deben oponerse a Occidente y defender el mundo restante (si el mundo restante muestra signos de conservar la Tradición, en parte o en su totalidad).
Puede haber, y realmente hay hombres en el Oeste y en los Estados Unidos de América que no aceptan el actual estado de cosas, que no aprueban la modernidad y la posmodernidad, y que son defensores de la tradición espiritual del Occidente pre-moderno. Ellos deberían estar con nosotros en nuestra lucha común. Deberían participar en nuestra rebelión contra el mundo moderno y posmoderno. Y lucharíamos juntos contra un enemigo común.
La otra cuestión es la estructura de un posible frente anti-globalista y anti-imperialista, y sus participantes. Creo que hay que incluir en él a todas las fuerzas que luchan contra Occidente, los Estados Unidos, contra la democracia liberal, y contra la modernidad y la posmodernidad. El enemigo común es el elemento necesario para todo tipo de alianzas políticas. Los musulmanes, los cristianos, los rusos y los chinos, los izquierdistas o los derechistas, los hindúes o los judíos que desafían el actual estado de cosas, la globalización y el imperialismo estadounidense son virtualmente amigos y aliados. Nuestros ideales pueden ser diferentes, pero tenemos en común una cosa muy fuerte: la realidad actual, que detestamos. Nuestras divergencias de ideales son potenciales (inpotentia). Pero el desafío al que nos enfrentamos es actual (in actu). Es por lo tanto la base para un nueva alianza. Todos los que comparten un análisis negativo de la globalización, de la occidentalización y de la posmodernización, deberán coordinar sus esfuerzos en la creación de una nueva estrategia de resistencia a la omnipresencia del mal. Y podemos encontrar a “los nuestros” en los Estados Unidos también, entre aquellos que optan por la Tradición contra la decadencia actual.
Hacia la Cuarta Teoría Política
En este punto de nuestra reflexión podemos plantear una pregunta muy importante: ¿qué tipo de ideología debemos utilizar en nuestra oposición a la globalización y sus principios liberales democráticos, capitalistas y modernistas (posmodernos)? Creo que todas las ideologías anti-liberales (el comunismo, el socialismo y también el fascismo) ya no son relevantes. Trataron de luchar contra el capitalismo liberal y fracasaron. En parte, porque en los últimos tiempos es el mal el que prevalece; en parte, debido a sus contradicciones internas y sus limitaciones. Así que es hora de llevar a cabo una revisión exhaustiva de las ideologías antiliberales del pasado. ¿Cuál es su aspecto positivo? El hecho innegable de que eran anti-capitalistas y anti-liberales, así como anticosmopolitas y anti-individualistas. Estas características deberían ser aceptadas e integradas en la futura ideología. Pero la doctrina comunista es moderna, atea, materialista y cosmopolita. Esto debe ser desechado. Por el contrario, la solidaridad social, la justicia social, el socialismo y la actitud general holista hacia la sociedad son buenas en sí mismas. Así que tenemos que separar los aspectos materialistas y modernistas y rechazarlos.
Por otro lado, en las teorías de la Tercera Vía (cercanas hasta cierto punto a algunos tradicionalistas como Julius Evola) se encuentran algunos elementos inaceptables, comenzando por el racismo, la xenofobia y el chauvinismo. Estas no son sólo taras morales, sino también actitudes teórica y antropológicamente inconsistentes. La diferencia entre los grupos étnicos no significa superioridad o inferioridad. La diferencia debería ser aceptada y afirmada sin ninguna apreciación racista. No hay ninguna medida común con la cual juzgar los diferentes grupos étnicos. Cuando una sociedad trata de juzgar a otra, aplica sus propios criterios y comete, por lo tanto, una violencia intelectual. Esta misma actitud es precisamente el crimen de la globalización y de la occidentalización, así como del imperialismo norteamericano.
Si liberamos al socialismo de sus rasgos materialistas, ateos y modernistas, y si rechazamos los aspectos racistas y nacionalistas estrechos de las doctrinas de la Tercera Vía, llegamos a un nuevo tipo de ideología política. La llamamos Cuarta Teoría Política (siendo la primera el liberalismo, al que desafiamos esencialmente; la segunda, la forma clásica del comunismo; la tercera, el nacionalsocialismo y el fascismo). Su desarrollo comienza en el punto de intersección entre las diferentes teorías políticas antiliberales del pasado (el comunismo y las teorías de la Tercera Vía). Así llegamos al nacional bolchevismo, que representa un socialismo sin materialismo, ateísmo, liberalismo y modernismo, y unas teorías de la Tercera Vía sin racismo y sin nacionalismo. Pero esto es sólo el primer paso. La suma mecánica de versiones profundamente revisadas de las ideologías antiliberales del pasado no nos da el resultado final. Es tan sólo una primera aproximación, un acercamiento preliminar. Debemos ir más allá y apelar a la Tradición y a las fuentes pre-modernas de inspiración. Ahí tenemos el estado ideal platónico, la sociedad jerárquica medieval y la visión teológica del sistema normativo político y social (las visiones cristiana, islámica, budista, judía o hindú). Esta fuente premoderna es un desarrollo muy importante de la síntesis nacional-bolchevique. Así que tenemos que encontrar un nuevo nombre para este tipo de ideología, y “Cuarta Teoría Política” es uno muy apropiado. No nos dice lo que esta teoría es, sino lo que no es. Así que supone una especie de invitación y de apelación en lugar de un dogma.
Políticamente tenemos aquí una base interesante para la cooperación consciente entre la izquierda y la derecha, así como con movimientos religiosos u otros anti-modernos (ecologistas, por ejemplo). Lo único en que insistimos para crear esa cooperación es dejar a un lado los prejuicios anticomunistas y antifascistas. Estos prejuicios son instrumentos en manos de los liberales y los globalistas mediante los cuales mantienen a sus enemigos divididos. Así que debemos rechazar enérgicamente tanto el anticomunismo como el antifascismo. Ambos son instrumentos contrarrevolucionarios en manos de la élite liberal global. Al mismo tiempo, debemos oponernos firmemente a cualquier tipo de enfrentamiento entre religiones: los musulmanes contra los cristianos, los judíos contra los musulmanes, los musulmanes contra los hindúes y así sucesivamente. Las guerras y odios interreligiosos trabajan a favor de la causa del reino del Anticristo, que trata de dividir a todas las religiones tradicionales con el fin de imponer su propia pseudo-religión, la parodia escatológica.
Así que tenemos que unir a la Derecha, a la Izquierda y a las religiones, en la lucha común contra el enemigo común. La justicia social, la soberanía nacional y los valores tradicionales son tres principios de esta ideología. No es fácil pone todo esto junto. Pero hay que intentarlo si queremos superar al enemigo.
En Francia existe el lema: “La droite des valeurs et la gauche du travail” (Alain Soral) [“La derecha de los valores y la izquierda del trabajo”]. En Italia: “La Destra Sociale e la Sinistra identitaria” [“La Derecha social y la Izquierda identitaria”]. Cómo debe figurar en inglés lo veremos más adelante.
Podríamos ir más allá y tratar de establecer el sujeto, el actor de la Cuarta Teoría Política. En el caso del comunismo, en su centro está la clase. En el caso de los movimientos de la Tercera Vía, en el centro estaba la raza o la nación. En el caso de las religiones, la comunidad de los creyentes. ¿Cómo podría hacer frente la Cuarta Teoría Política a esta diversidad y a esta divergencia de sujetos? Proponemos, como sugerencia, que el sujeto de la Cuarta Teoría Política se puede encontrar en el concepto del Dasein(Ser-ahí) de Heidegger. Se trata de un ejemplo concreto, pero muy profundo, que podría ser el denominador común para un mayor desarrollo ontológico. Lo que es crucial aquí es la autenticidad o no autenticidad de la existencia del Dasein. La Cuarta Teoría Política enfatiza la autenticidad de la existencia. Así que es la antítesis de cualquier tipo de alienación – social, económica, nacional, religiosa o metafísica.
Pero el Dasein es un ejemplo concreto. Cualquier hombre y cualquier cultura tienen su propio Dasein. Se diferencian unos de otros, pero siempre están presentes.
Aceptando esto, debemos avanzar hacia el establecimiento de la estrategia común en el proceso de creación de un futuro que debe encajar con nuestras demandas y nuestras visiones. Así, valores tales como la justicia social, la soberanía nacional y la espiritualidad tradicional pueden servirnos como índices.
Creo sinceramente que la Cuarta Teoría Política, el nacional bolchevismo y el eurasianismo, pueden ser de gran utilidad para nuestros pueblos, nuestros países y nuestras civilizaciones. La palabra clave es “multipolaridad” en todos los sentidos – geopolítico, cultural, axiológico, económico, etc.
La visión del nous (νους, Intelecto) del filósofo griego Plotino corresponde a nuestro ideal. El intelecto es uno y múltiple al mismo tiempo, ya que contiene todos los tipos de diferencias en sí mismo – no es uniforme ni una amalgama, sino tomado en cuanto tal, con todas sus peculiaridades. El mundo del futuro tiene que ser noético de alguna manera, la multiplicidad y la diversidad deben consideradas como una riqueza y un tesoro, y no como la razón de un conflicto inevitable: muchas civilizaciones, muchos polos, muchos centros, muchos patrones de valores en un planeta con una humanidad.
Pero hay algunos que piensan de otro modo. ¿Quién está en contra de un proyecto de este tipo? Los que desean imponer la uniformidad, el pensamiento único, un solo estilo de vida (el norteamericano). Y lo hacen por la fuerza o mediante la persuasión. Están en contra de la multipolaridad. Por lo tanto, están contra nosotros.
                                         Alexander Dugin
(Traducción Página Transversal)

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