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sábado, 31 de agosto de 2013

GIBRALTAR: UNA DE PIRATAS



Duelo a la sombra

Cuando en 1839 el emperador chino prohibió la importación de opio, dados los estragos que estaba causando entre su población, ¿saben ustedes lo que hicieron los ingleses?.Pues nada más y nada menos que despachar sus cañoneras por los ríos Amarillo y Azul bombardeando a diestro y siniestro hasta que el pobre emperador no tuvo más remedio que claudicar, firmando el Tratado de Nanking, por el que los británicos conseguían seguir vendiendo el opio que compraban en la India y el sudeste asiático, quedándose, como propina, con Hong Kong.
 

Estos son, mis amables lectores, los ingleses, a los que hay que admirar en muchas cosas, el patriotismo en primer lugar, pero para los que el Derecho Internacional se reduce a “mis intereses están por encima de todo, y el que intente tocarlos, por más razones que le asistan, tendrá que vérselas con la Royal Navy”. 

¿Que eso es cosa del pasado, de los piratas convertidos en almirantes y las series históricas de la BBC? 

Tal vez lo crean Zapatero, Moratinos y unos cuantos devotos de la Alianza de Civilizaciones. Pero el resto del mundo, buena parte del cual ha sentido la pesada carga de la bota británica, sabe que sigue vigente. ¿Por qué se creen ustedes que la escuálida España de los años 60 del pasado siglo consiguió ganar la batalla diplomática de Gibraltar a una Inglaterra vencedora de la II Guerra Mundial? Pues porque en la ONU dominaba el bloque no alineado, que la conocía perfectamente y desde el primer momento se dio cuenta de que los gibraltareños no son una población subyugada, sino importada por la potencia colonial, para mantener su dominio sobre la Roca a través de una falsa descolonización y un derecho aún más falso de autodeterminación. 

Todavía recuerdo como si fuera hoy aquella noche del 19 de diciembre de 1967, tras votarse la resolución que daba la razón a España sobre el contencioso, ver subir al podio a lord Caradon, el embajador británico, para y decir a la Asamblea General, con tanta ira como falta de pudor, que no iban a cumplir aquella resolución por no ajustarse a los que ellos entendían por derecho. 

Así entienden los ingleses el Derecho Internacional.
Me ha venido a la mente esta escena al escuchar la noticia de que la Royal Navy se dispone a enviar navíos a Gibraltar. Esos son sus poderes y sus derechos, como hace un siglo, dos, tres. No sé lo que hará nuestro gobierno, pero tengo la esperanza de que, sin achantarse, no caiga en la provocación. 


Nuestros poderes y derechos son otros; un Tratado de Utrecht donde se dice que España cede tan sólo “la plaza de Gibraltar hasta sus murallas, sin jurisdicción territorial alguna ni comunicación alguna por tierra con el territorio circundante” y una resolución de la ONU donde se indica que Gibraltar tiene que ser descolonizado por negociaciones entre los gobiernos español y británico, teniendo en cuenta el principio de la unidad territorial y la integridad de los países. Pese a todos los retrocesos, errores, despistes y, también hay que decirlo, majaderías de nuestros ministros de Asuntos Exteriores, la doctrina internacional sobre Gibraltar es ésa. 

Con el añadido de que, hoy en día, es un paraíso fiscal, un vivero de todo tipo de actividades ilegales, desde el lavado de dinero a la venta de armas.
 

El objetivo anglo-gibraltareño después del atracón que se dieron con Moratinos, era la Bahía de Algeciras, que en algunas cartas náuticas inglesas figura ya como “Bahía de Gibraltar”. Es su hinterland, su campo de expansión, ya que por tierra lo tienen difícil. Esos bloques de cemento con pinchos que han arrojado a aquellas aguas vienen a ser su tarjeta de visita: “Aquí estamos nosotros”. 

Que se les haya hecho frente les ha sorprendido tanto como indignado. Y su reacción ha sido la de siempre.
 

Pero el mundo ha cambiado mucho desde que las cañoneras británicas decidían la ley y el derecho. Ha cambiado tanto que los ingleses han tenido que devolver Hong Kong a China. Gibraltar, obtenido también ilegalmente, aún lo retienen. Y lo retienen, más que por la Royal Navy, porque hay españoles que prefieren combatir a su gobierno que a quienes lesionan los intereses de su país.
Pero esa es otra historia. Más triste, desde luego.


Fuente
elespiadigital                                               José María Carrascal                 

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