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martes, 31 de marzo de 2015

OLIGARQUÍA FINANCIERA Y PODER POLÍTICO



España en manos de sinvergüenzas y ladrones


Ahora que el escándalo de Jordi Pujol y familia está en pleno apogeo conviene tener en cuenta que no nos encontramos ante un caso aislado sino ante una nueva expresión de auténtica corrupción sistémica.

Hace un par de años se publicó un libro titulado Oligarquía financiera y poder político en España (Arresta 2012) escrito por Manuel Puerto Ducet. A pesar de lo que pueda parecer por ese título, el autor no es un izquierdista ni un radical dirigente de Podemos empeñado en hundir la economía española a base de pedir justicia fiscal y democracia económica. Es un economista que trabajó como directivo en el banco que gestionaba inversiones vinculadas a fortunas tan singulares, según declara en el libro (p. 97), como las del rey Juan Carlos o las del teniente general golpista Miláns del Bosch.

El libro tiene lagunas, como seguramente sea lógico tratándose de una exposición más bien autobiográfica, y comete evidentes errores de apreciación (posiblemente por dejarse llevar por sus preferencias ideológicas a la hora de juzgar a las personas) como los que le llevan a considerar que Jordi Pujol es un ejemplo de honestidad. Pero, con independencia de ello, es un testimonio extraordinariamente útil para comprobar que el problema principal de la economía española es el enorme poder de un puñado de familias que la dominan condicionando a su favor todo tipo de decisiones económicas y políticas, y también para corroborar que ese poder se fraguó en la dictadura franquista. Prácticamente todos los apellidos que hoy día dominan los consejos de administración de las grandes empresas españolas son los que hicieron fortunas de la mano sangrienta del dictador, alguno de cuyos ex ministros (como Sánchez Bella, según el testimonio presencial de Puerto Ducet) “traficaba con oro, diamantes y piedras preciosas, con una impunidad alarmante y con una cartera de ilustres clientes que hacían cola en la antesala de su despacho” mientras que “a ningún comisario de policía se le hubiera ocurrido meter la mano allí” (p. 110). O cuando los constructores que todavía siguen llenando de cemento nuestro territorio, o sus padres y abuelos, vendían a 175.000 pesetas viviendas que costaban 30.000 y que tenían una subvención del gobierno de 60.000 (p. 37).

El libro es un testimonio de primera mano de cómo actúa elSanedrín financiero”, según la expresión del autor del libro, que maneja la economía española imponiendo siempre su voluntad al gobierno o al Banco de España, bajo la batuta todopoderosa de Emilio Botín, presidente del Banco de Santander y, según el autor de este libro, “de profesión impune” (p. 17). Un  banquero de algunas de cuyas andanzas para dominar el sector financiero se da cuenta en el libro y que ha sido varias veces imputado por  causas como estafas, enriquecimiento ilícito, negligencia o mala praxis profesional (p. 126). Y el libro tiene un especial interés precisamente porque su autor fue directivo de Banif, el banco de inversión vinculado al de Botín que protagonizó un auténtico corralito abusando de la confianza de sus clientes y produciéndoles grandes perjuicios económicos. Una estafa y un corralito posterior que, por cierto, nunca preocupó demasiado a quienes ahora se empeñan en asegurar que si un partido como Podemos sigue recolectando votos producirá el hundimiento del sistema financiero.

Y en el libro se muestra además que las estafas y engaños de todo tipo que viene realizando esta oligarquía financiera se llevan a cabo no solo con la ayuda  permanente y más visible de una gran parte de la clase política sino también con la de intelectuales que dicen realizar análisis independientes y, sobre todo, con la de numerosos jueces y fiscales

Dice el autor, con razón, que “los departamentos de estudios y análisis de la mayoría de bancos y sociedades no solo se han transformado en coladeros de basura financiera, sino que actúan como departamentos de cosmética al servicio de estos subproductos” (p. 67). Y cuenta el libro cómo en España puede ocurrir que Luis de Usera -que llegó a ser director general del Banco Hispano Americano- y su colega Antonio Morenés “se asociaran en la Agencia de Valores Usera & Morenés, falsificando centenares de firmas y utilizando sin su conocimiento los documentos de identidad de jornaleros gaditanos para hacerse con un paquete de acciones de Repsol (…) dos fedatarios públicos, como quien no quiere la cosa, montaron una estafa y sustrajeron la posibilidad de rentabilizar sus ahorros a medio millar de pequeños accionistas de la petrolera (…) con el paso del tiempo y cuando la alarma social se había diluido, un juicio de vergüenza y una condena de compromiso dieron carpetazo al asunto” (p. 128). No en vano, como señala el propio autor de este libro, en España “las sentencias en firme falladas en contra de bancos y cajas no superan el 8% del total de querellas” (p. 194). Y, como es bien sabido, si acaso no hay más remedio que condenar a algún que otro delincuente financiero y de cuello banco, el indulto vuelve las aguas de la corrupción a su cauce habitual.
 
Lo que cuenta este libro, como lo que estamos ahora conociendo sobre la fortuna de Pujol, no son hechos aislados, ni simples anécdotas. Este tipo de testimonios muestran que el poder oligárquico impone que los incentivos, la financiación, el orden institucional e incluso el discurrir de la vida política se dediquen por entero a alimentar sus negocios y no a la creación de riqueza y al mejor aprovechamiento de nuestros recursos o a la satisfacción de las necesidades del conjunto de la sociedad. Es la prueba palpable de que la oligarquía financiera es la responsable de la gran desigualdad que produce burbujas constantes, la debilidad de nuestra industria y la desertización de nuestro aparato productivo. Y lo que demuestra que mientras no se ponga coto a su poder, democratizando la economía y evitando que un puñado de viejas y parásitas familias decidan el porvenir y se queden con la hacienda de todos, no habrá manera de levantar de verdad nuestra economía.

Muchos economistas y comentaristas políticos dicen ahora que si fuerzas políticas como Podemos, que han nacido de la mano de la creciente y justa indignación de la gente, tuvieran votos suficientes para gobernar se produciría un caos porque “los mercados” (es decir, esa oligarquía financiera con nombres y apellidos) reaccionarían provocando paro, pobreza y deterioro del clima económico (¡como si los de ahora fueran buenos!).

Llevan razón. Hay que ser muy ingenuo para creer que estos grupos de auténticos ladrones financieros que llevan decenios enriqueciéndose a costa de engañar a los demás y de quedarse con los recursos públicos se van a quedar quietos, sin más. Pero dar por hecho que el temor a esa reacción debe llevar a la sumisión y decir que poner en cuestión el poder oligárquico es una amenaza para la economía española es como haberle dicho a los esclavos que se mantuvieran quietos porque si reclamaban la abolición provocarían una sangrienta reacción de sus amos o, a las mujeres que reclamaban sus derechos, que permanecieran siempre calladas porque, en caso contrario, los hombres cargarán contra ellas.

A mí me parece que la cuestión que se debe plantear quien tenga un mínimo de dignidad y contemple su existencia con un elemental sentido ético es otra: sobre qué valores puede descansar una sociedad en materia económica, qué tipo de reparto es el que garantiza que los seres humanos seamos realmente iguales en derechos y posibilidades de realización y, sobre todo, a dónde vamos realmente si seguimos aceptando que una minoría, por muy poderosa que sea, imponga su voluntad y sus intereses al resto de la sociedad. 

Decir que hemos de claudicar antelos mercadoses justificar lo que está pasando y darle alas a quienes provocan los males que nos afligen.


Fuente                               Juan Torres López
publico

lunes, 30 de marzo de 2015

ISIDORO, EL CLANDESTINO



La doble vida de Felipe González

Pocos españoles llevan una doble vida de manera tan definida como Felipe González. El ex presidente es un hombre obsesionado por el dinero y la alta sociedad. También es un hombre satisfecho, pues ha cumplido sus objetivos de hacerse rico y relacionarse casi exclusivamente con las grandes fortunas del planeta. Cuando está en España, a Felipe le gusta vestirse como un modesto profesor de instituto jubilado algo intelectual y dar la apariencia de que acaba de bajarse de un coche de línea tras un cansado viaje. A sus hooligans dentro y fuera del PSOE les encanta creerse este espejismo que ha confeccionado él mismo. Cuando viaja fuera de nuestro país – se desplaza frecuentemente en avión privado- Felipe aprovecha para hacer todo aquello que por discreción no le gusta hacer en España.
 
El expresidente pasa la mitad del año en Iberoamérica, siendo una figura habitual en las lujosas villas que sus riquísimas amistades tienen esparcidas por el continente. A Felipe se le ha visto en la reserva natural que en Carabobo tiene el magnate venezolano Gustavo Cisneros, empresario al que su gobierno vendió Galerías Preciados tras la expropiación de Rumasa. Cisneros hace gustoso de anfitrión, pues compró la empresa en 1984 por 1.500 millones de pesetas y la revendió a los tres años por 30.000 millones. Los contribuyentes perdimos 28.500 millones en la operación, pero entre ellos nació una bonita amistad que aún perdura. Felipe conoce también el palacio que la poderosa familia colombiana Santo Domingo tiene en la isla de Barú. A esta casa en el Caribe acudió invitado en marzo de 2009, cuando se representó a sí mismo en un cónclave de magnates iberoamericanos donde no faltó su otra mitad, Carlos Slim, el hombre más rico del mundo.
 
A Felipe le gusta vestir en España como un pensionista que no llega a fin de mes, pero tiene en Tánger una exclusiva finca con playa privada contigua a la del rey Mohamed VI. Y la tiene por concesión afectiva del sátrapa magrebí hacia su persona, ya que el sevillano mantuvo una relación envidiable con su padre. La excelente sintonía de Felipe con Hasan II la facilitó la intermediación del rey Juan Carlos y, sobre todo, la lluvia de miles de millones de dinero público que, en la forma de créditos para la compra de material militar español, dejó caer España sobre Marruecos cuando Felipe mandaba. Desconocemos si se inspiraron en el Palau de la Música y la familia Pujol para manejar estos dineros, pero es bien conocido su gusto por la lírica catalana. El rey Juan Carlos y Felipe González se apoyaron continuamente en los años ochenta y noventa ayudándose en la consecución de sus objetivos, facilitando siempre el uno la labor del otro. También colaboraron en tareas de Estado y de Gobierno.

De tanto tratar con grandes fortunas internacionales, a Felipe se le han pegado sus costumbres. Los hijos de los muy ricos no trabajan, y ninguno de los hijos varones del ex presidente -cuarentones con familia- tiene oficio conocido. Lo mismo le pasa al hijo de José Bono, otro ni-ni de postín. A Felipe también se le ha pegado el deseo por crear un fondo de capital riesgo, una controvertida forma de inversión con muchos detractores dada la facilidad con la que permite aflorar capital revestido de éxito empresarial. El fondo de Felipe se llama Tagua Capital.
 
Felipe es hoy el único dinosaurio de la política capaz de, en menos de 24 horas, pasar de ser besuqueado por amas de casa y receptores PER en los feudos del PSOE en la Andalucía rural más castigada por el paro y la corrupción de su partido, a bailar en la República Dominicana bachata con una multimillonaria en un palacio próximo a la mansión de Carmen Chacón bajo la mirada de Óscar de la Renta. Entre grandes billonarios es donde se encuentra verdaderamente cómodo, a la gente humilde que le aclama en los mítines como una estrella del rock siempre la despreció. En lo que a gestión de imagen publica se refiere, Felipe González es un estafador profesional.


Fuente                                               Stas Radziwill
libertaddigital

Leer+ La impudicia de un político indecente
la impudicia de un político indecente

Este contenido ha sido publicado originalmente por teleSUR bajo la siguiente dirección:
http://www.telesurtv.net/opinion/Felipe-Gonzalez-la-impudicia-de-un-politico-indecente-20150328-0051.html. Si piensa hacer uso del mismo, por favor, cite la fuente y coloque un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. www.teleSURtv.net
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domingo, 29 de marzo de 2015

LA FUERZA DEL UNO




Elogio de la iniciativa individual


"Y si alguno sabe qué debe hacer cada uno, y no tiene el valor de hacerlo, de nada le sirve.”
                            Comentario al Apocalipsis, Beato de Liébana


Se suele decir que lo que una persona puede hacer es demasiado poco, no cambia nada y, por lo tanto, es inútil y superfluo. Ese argumento sirve a la parálisis de toda la sociedad que queda a expensas de lo que promueven las agrupaciones generadas por el Estado y sus instituciones que sí son operativas porque son dirigidas, jerarquizadas y subvencionadas.

¿Qué puede hacer una sola persona?

En primer lugar cada uno de nosotros puede pensar en la totalidad de las necesidades de la humanidad, asumirlas en su integridad y realizarlas hasta el límite de sus posibilidades. Cuando no son los premios ni los resultados tangibles lo que nos mueve, sino la idea del bien, de lo necesario; lo que cada uno de nosotros  hace por ello tiene un valor intrínseco primordial,  puesto que si nuestro aporte aumenta, aunque sea imperceptiblemente, la cantidad de virtud y de verdad que hay en el mundo, es una inestimable contribución a la virtud y a la verdad, al desarrollo de la vida y a la regeneración social.

En la sociedad presente el emprendimiento y la iniciativa personal quedan  limitadas al ámbito de lo económico y lo empresarial, la creatividad y la inventiva son siempre un producto para venderse en el mercado, no hay espacio para hacer las cosas  por vocación, por amor a la verdad, a la belleza y la virtud y por lo tanto solo hay lugar para el crecimiento de lo sistémico y no lo hay para la apertura de caminos paralelos o contrarios a lo establecido.

 Las razones de la falta de iniciativa fuera de los proyectos del sistema son múltiples y complejas, señalaré algunas que me parecen importantes:

1-La devaluación infinita de la persona que es tenida y se tiene a sí misma por tan insuficiente y menguada que no acierta a apreciar su potencial personal porque lo considera inexistente. La creación de ese ser para  el progreso social y la felicidad pública, diseñado por los poderes del Estado para mejor servir a los fines establecidos, que no es nada en sí mismo y que es ilimitadamente manejable, transformable, adaptativo y dócil es una gran tragedia porque ha matado la acción individual (sus fundamentos filosóficos son estudiados con mucho acierto por Dalmacio Negro en “El mito del hombre nuevo”). En el caso de las mujeres se añade a su depreciación la condición de víctimas de sus iguales y protegidas y tuteladas por las instituciones. Lo que de ello se deriva es el infra-ser post-humano propio de la modernidad tardía.

2-La emergencia del Estado del bienestar que tutela y protege al sujeto de la cuna a la tumba y le declara irresponsable de sí mismo y sobre todo de sus cercanos. El Estado del bienestar convierte a cada individuo en un indigente y un inepto que requiere de ayuda para todo.

3-La concepción de la historia como un proceso sin sujeto movida por las fuerzas ciegas de la economía y las “leyes” (inventadas) del devenir de la sociedad. Esa concepción deshumanizada de la historia ha robado el protagonismo a sus verdaderos creadores quienes con su actuar y elegir han cambiado el rumbo del devenir humano y ha convencido a varias generaciones de que no merece la pena esforzarse para mejorar el medio en el que viven pues el tiempo y el progreso natural de la historia son los únicos factores actuantes.

4-La aparición del “sujeto de derechos” que lo espera todo del medio y nada de sí mismo hasta tal punto que se ha hecho patológicamente dependiente y necesitado de ser dirigido permanentemente, inhábil incluso para la supervivencia porque no considera su vida como responsabilidad y construcción propia. Precisa de directrices, pautas, protocolos, programas y consejos expertos para actuar y cuando no los tiene cae en la parálisis porque carece de capacidad de juicio y de voluntad para ejercer su libertad. Constituido como el egoísta perfecto, espera recibir de fuera lo que no es capaz de darse a sí mismo y ansía recoger sin haber entregado nada a los demás.

5-Ese sujeto es presa, por la ausencia de autonomía, del doctrinarismo y el dogmatismo. Puesto que la inserción en la realidad del mundo y de la historia requiere de un esfuerzo personal, que es insustituible, si no se hace, si se declina el viaje por lo desconocido y no trillado, lo más agradable es transitar por el carril de la ortodoxia dominante, así que se hace sumiso y obediente al poder establecido. Es también fácil rehén de las ideologías, las modas, las tribus y los movimientos lanzados por los aparatos de creación de opinión y destrucción de la libertad de conciencia con lo que termina siendo una cáscara vacía sin entidad ni vida interior propia, tan gregario como asocial.

6-La fragilidad de la persona ha originado que la comodidad y el miedo sean los dos impulsos esenciales del sujeto actual, carece por eso de voluntad y capacidad de esfuerzo y es, por lo mismo, consustancialmente no-creador  y no generador de desarrollo. Todo acto constructivo requiere de esfuerzo, renuncia, dolor y fortaleza. La pusilanimidad y la necesidad de seguridad, aprobación, reconocimiento y certezas son contrarios la innovación y el descubrimiento. 

Hoy carecemos de una cosmovisión del valor del sujeto. La filosofía clásica siempre se preocupó del individuo, de su construcción y su mejora, si bien es cierto que una parte de la filosofía antigua se engendró en sociedades esclavistas y se  dirigía tan solo a los miembros de las elites, excluyendo a la gran masa de los sin poder, ello no hace menos necesarios y valiosos algunos de sus preceptos.
 
La cosmovisión cristiana, especialmente su interpretación en la Alta Edad Media hispana, otorgó a la persona y a su acción la mayor trascendencia. El respeto absoluto por la persona estaba ligado  a la percepción de su responsabilidad y sus obligaciones y, por lo tanto, de su acción personal. Esta verdad elemental hoy olvidada, descubre algo básico, en una sociedad sin acción individual el ser humano deja de ser objeto de dignidad y respeto y es un ente sin valor, lo es objetivamente y no solo política o subjetivamente.

El mito de Hércules es tal vez la mejor representación de este enfoque, forjado en antigüedad clásica, la retoma el cristianismo incorporándola a la propia figura de Cristo, pero también en su idiosincrasia original. La lucha de Hércules con el León de Nemea es muy común en la imaginería románica e incluso hay alguna iglesia, como la Santa María en Pontevedra, erigida por el gremio de mareantes, que presenta a Hércules y a San Miguel, dos figuras heroicas y luchadoras, como centrales en su simbolismo. Hércules, como Cristo, representa la fuerza del UNO, la decisión de enfrentar las pruebas más sobrehumanas desde sus capacidades humanas.

En la cultura de esas sociedades pujantes y vitales la iniciativa personal era imprescindible, no puede haber una comunidad horizontal fuerte sin personalidades vigorosas que la nutran. Una sociedad jerárquica requiere de sujetos sin creatividad ni iniciativa propia, seres dirigidos que actúen como el engranaje de la máquina, sin ninguna libertad ni elección, instrumentos puros condenados a su destino, pero una sociedad libre necesita de individuos fértiles y creativos en todos los sentidos.

Quienes desvalorizan la importancia de su hacer e iniciativa y esperan una acción colectiva que transforme la sociedad no se hacen la pregunta fundamental ¿qué ente supra-personal  puede haber que no sea la suma de lo individual sino el Estado?


No habrá un “movimiento” de regeneración del que uno pueda cómodamente dejarse llevar, la regeneración implica que haya un encuentro de impulsos y acción sostenidos de forma personal. La iniciativa individual es, en contra de lo que se dice, la vía más eficaz y conveniente a la creación y la innovación y también a la constitución de comunidades fuertes e integradas y a la convivencia más fácil y más enriquecedora.

La idea de seguir un movimiento, establecer programas cerrados que generen pequeñas “sociedades” o guetos en los que esconderse o erigir jefaturas a las que seguir  obedientes es la prueba de la decisión de quien así piensa de no asumir las propias obligaciones y cargar sobre otros el amargo trago del inicio y el sostenimiento de los proyectos.

Por pequeño que sea aquello que somos capaces de hacer en un momento dado será el inicio de un proceso de crecimiento personal y, por ello, colectivo. Cargarse de obligaciones que superen nuestras capacidades presentes, de auto-exigencia y voluntad de asumir lo más difícil y fuera de nuestro alcance, es la única forma de auto-construirse como seres de virtud y de fuerza. Igual que se fortalece el cuerpo superando sus límites se fortalece el potencial intelectivo, psíquico, afectivo, convivencial y espiritual, rebasando sus fronteras. Y es del esfuerzo e iniciativa personal de lo que todo surge.

Nada hay más falso, pues, que la aseveración de que lo que hace uno no puede cambiar el rumbo de la historia y es un gesto inútil, por el contrario, el impulso individual tiene muchas funciones profundamente transformadoras como son:

1-La persona solo puede hacerse a través de la propia acción y puesto que el proceso más devastador y destructivo de la sociedad presente es justamente su aniquilación y la creación de infra-seres sin mismidad y sin energía todo aquello que fortalece al sujeto es, por principio, profundamente revolucionario y regenerador. Ningún ente externo, ningún movimiento ni grupo puede engrandecer a un individuo que se achica a sí mismo en la parálisis. La práctica es, además, el valor supremo, la única y auténtica prueba de que hemos superado la lacra del verbalismo discursivo, las mentiras fabricadas con bellas palabras de las ideologías, y entrado en el territorio de las cosmovisiones renovadoras. Y la manifestación de la práctica es la suma de los actos concretos y personales.

2-Lo nuevo siempre surge como producto original y excepcional, es decir como iniciativa de uno o pocos, que se manifiesta como nuevo-verdadero y nuevo-eficiente en la práctica. Pero la  creación de nuevos caminos, ideas o proyectos requiere de visiones heterodoxas, disidencia de la norma o puntos de vista singulares, requiere también de concurrencia y conflicto con lo existente (dentro y fuera del sistema, conflicto con los contrarios y también con los propios) y de colaboración con otras visiones complementarias y afines. Solo cuando hay muchas mentes esforzadas lo nuevo, que es escaso e insólito, puede aparecer y como siempre o casi siempre será fragmentario necesitará de fundirse con otras aportaciones igualmente singulares.

3-Quienes no valoran la iniciativa individual no tienen en cuenta el valor inmenso que tiene en la sociedad y en la historia la ejemplaridad personal. Es triste que en nuestro tiempo haya enterrado las “vidas ejemplares” para no sentir su propia miseria. Los mejores pueden aplaudir la virtud, la verdad y la belleza pero no se plantean imitarla y practicarla, la consideran como un don de seres excepcionales y justifican la propia impotencia para perseguir la excelencia o apelan a la decisión de no elevarse para no descollar sobre los otros y evitar las jerarquías. Sin embargo la existencia de virtud humana no basada en la apariencia sino real y limitada, como es todo lo humano, es un factor crucial de regeneración y un valor por sí mismo incluso cuando no tenga ningún efecto sobre el entorno.

Cada ser humano es insustituible y su acción irreemplazable, todo aquello que cada uno de nosotros deja de hacer será irrealizable y una pérdida fundamental para el mundo. Cada cual debe emprender por eso su camino, sin esperar a otros, ni desear ningún resultado, ni necesitar reconocimientos. Lo colectivo, que es la más bella construcción humana tiene que venir precisamente del encuentro entre seres que son autónomos en su actuar y dueños de sí mismos y que no viven para recibir del grupo sino que tienen algo que dar y aportar desinteresadamente.


Fuente                                           Prado Esteban
prdlibre

sábado, 28 de marzo de 2015

NUESTROS HERMANOS ORTODOXOS




La destrucción de los cristianos de Kosovo y el yihadismo en Europa


En estos días, el mundo asiste horrorizado a los crímenes que el Estado Islámico comete contra musulmanes, cristianos y yazidíes. Mientras escribo estas líneas, yihadistas afines a la organización de Abu Bakr al Baghdadi acaban de quemar vivas a 40 personas en Libia en venganza por los bombardeos egipcios ordenados tras el degollamiento de los 21 coptos. Si alguien quiere ver cómo se extermina paso a paso a comunidades religiosas milenarias, sólo debe contemplar la destrucción de los cristianos del Oriente Medio.

Ahora se habla en los medios de comunicación de los coptos. Durante pocas semanas, los actos de terrorismo contra las minorías cristianas rompen el muro de silencio que protege a los criminales y acalla a las víctimas. Parece de mal gusto recordar el sufrimiento de las minorías cristianas. Solo algunas de las atrocidades contra los cristianos entran en la agenda mediática y, generalmente, en el contexto de la información sobre el terrorismo o los conflictos armados. La fugacidad del interés mediático propicia, una vez más, el olvido. Aparte de las denuncias del Papa –de todos los Papas- solo Rusia suele recordar la tragedia de las minorías cristianas. La visita de Vladimir Putin al Papa Francisco en noviembre de 2013 estuvo centrada, precisamente, en las instituciones internacionales y su capacidad de responder a las crisis, así como a la protección de las minorías cristianas en el Magreb y Oriente Medio.

En circunstancias como estas, el silencio es una forma de complicidad y el olvido una dimensión del crimen que lo prolonga en el tiempo. A los cristianos no solo los están matando en Oriente Medio, en Asia o en África. Aquí, en Europa, en el continente que alumbró una civilización fundada sobre la dignidad intrínseca de todo ser humano, también hay lugares donde viven con miedo, donde padecen violencia, los amenazan, los expulsan y, a veces, los matan. Todo esto sucede ante la mirada de la Unión Europea que, a veces, se traiciona a sí misma y a lo que nuestra civilización representa.

Hablemos, pues, de Kosovo-Metohija, la provincia serbia que hoy controlan los kosovares de etnia albanesa y que autoproclamó independiente en 2008.

Allí, las comunidades cristianas ortodoxas vienen sufriendo un hostigamiento constante a manos de la mayoría de etnia albanesa desde hace décadas. En 2014 se conmemoró el décimo aniversario de la oleada de violencia que, entre el 15 y el 17 de marzo de 2004, arrasó las casas, las iglesias, las escuelas y los cementerios de los serbios. En menos de 72 horas, docenas de personas fueron asesinadas, varios miles resultaron heridos, ardieron 35 iglesias y monasterios –algunos de más de seiscientos años de antigüedad- y miles de casas y tiendas fueron demolidas. A más de cuatro mil cristianos serbios los expulsaron de sus hogares. Si esto no es limpieza étnica, se le parece bastante. Al final, solo 67 kosovares de etnia albanesa fueron condenados a penas de en torno a un año de prisión. En la práctica, esto es una forma de impunidad.

Esta violencia que busca erradicar la presencia cristiana serbia de la vida pública es una forma de destrucción simbólica que precede a la real y propicia su impunidad. El tiempo transcurrido desde 2004 no ha servido para garantizar la seguridad de los serbios en su propia tierra. Al contrario, el acoso es habitual allí donde son minoría. Condenados a vivir en enclaves y rodeados de kosovares de etnia albanesa, son los grandes olvidados del autoproclamado Estado de Kosovo. Las amenazas contra los serbios son constantes. Casi todos los meses se profanan cementerios ortodoxos. Esta semana, en Krusevac, las tumbas de dos camposantos fueron profanadas, cubiertas de basura y quemadas. Salvo en el norte de Kosovo y en los enclaves –que sufren un progresivo aislamiento- ser serbio es muy peligroso. Monasterios como el de Visoki Dečani necesitan medidas de protección contra atentados terroristas: en sus muros hace unos meses aparecieron pintadas que anunciaban la llegada del Estado Islámico en Kosovo.

La historia se repite. Nadie creyó a quienes advertían de la presencia de yihadistas en la guerra de Bosnia encuadrados en la unidad Katibat al Muyahidin. Hoy, en lugares aislados de Bosnia, los islamistas se han establecido en pueblos donde impera la sharia y que brindan centros de reclutamiento a los radicales y refugio a los fugitivos de la justicia. En Kosovo, hay mezquitas en las que se están reclutando terroristas para el Estado Islámico en Siria. Mohammad Al Arnaout y Gordon N. Baros, entre otros, han publicado información y datos sobre la deriva que se está produciendo en los Balcanes. Cuando Christopher Deliso escribió en 2007 “The Coming Balkan Caliphate. The Threat of Radical Islam to Europe and the West” ya advirtió del advenimiento de una nueva generación de yihadistas. Muchas señales de alarma parecen indicar que ya han llegado.

Así, la destrucción de las comunidades cristianas de Kosovo es una prueba palpable del fracaso de los Estados Unidos y sus aliados europeos en la aventura balcánica a la hora de proteger a las minorías. Los grandes valedores de los independentistas kosovares de etnia albanesa no han logrado, casi quince años después de terminada la guerra, impedir la progresiva desaparición forzada de los ortodoxos serbios. La injusticia cometida con Serbia –a la que se presiona para que renuncie a una parte esencial de su territorio- no ha servido para nada y ha sentado un precedente de gravísimas consecuencias. Hoy los cristianos serbios pagan el precio de las aventuras políticas de otros países. Ellos sufren el fracaso, el abandono y la violencia de quienes controlan el territorio.

Esta tragedia que sucede –digámoslo una vez más- en el corazón de Europa, impone sobre los gobiernos de nuestro continente la responsabilidad de actuar

España, que ha sabido resistir las presiones para el reconocimiento del Estado de Kosovo, tiene una posición privilegiada en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para defender la causa de los cristianos de Kosovo y para impulsar en compañía de otros países que la Asamblea General dedique una sesión a condenar el exterminio de las minorías cristianas y adopte resoluciones para evitarlo.

Desde hace años, los cristianos de Kosovo vienen sufriendo el olvido y el silencio de la comunidad internacional. Hoy están en trance de desaparecer y, con ellos, el legado de casi dos mil años de cristiandad en el corazón de Serbia, su país y su patria histórica.

 Ha llegado el momento de reaccionar e impedirlo.

Fuente                                   Ricardo Ruíz de la Serna
elimparcial

viernes, 27 de marzo de 2015

DER ARBEITER




Ernst Jünger: El Tercer Héroe

Ernst Jünger es un destacado escritor alemán, cuyo destino literario y político es un símbolo clásico de todo lo que sea vanguardista, animado, y no conformista en la cultura europea del siglo XX.

Participante y testigo de dos guerras mundiales, uno de los teóricos principales de la Revolución Conservadora alemana en 1920 de 1930, inspirador del nacional socialismo, quién rápidamente se convirtió en un “disidente de la derecha” después de que Hitler llegara al poder, sobreviviente a la desaprobación oficial durante el totalitario III Reich, sólo para ser condenado al ostracismo por los vencedores durante la campaña de “desnazificación”, cuyo talento y profundidad de pensamiento le permitió superar el sesgo de“demócratas”.

Hoy en día, Jünger es considerado por derecho como el emblema del siglo XX, un portavoz no sólo de la“generación perdida”, sino del “siglo perdido”, lleno de lucha apasionada y dramática de los últimos golpeteos sagrados de la vida nacional en contra de la blasfemia sofocante de la universalidad tecnocrática contemporánea.

Jünger es autor de numerosas novelas, ensayos, artículos y cuentos. Es muy variado, versátil, complejo y en ocasiones contradictorio y paradójico. Pero el tema principal de sus obras es siempre el mismo: El Trabajador, en el centro, personaje casi metafísico, cuyo manifiesto y latente presencia se hace sentir en todas sus piezas. No es ninguna coincidencia que el más conocido y conceptual de sus libros, que él estaba editando y reescribiendo durante toda su vida, se llame El Trabajador.

El Trabajador, Der Arbeiter, es el tipo central de todas las tendencias políticas, artísticas, intelectuales y filosóficas, que, a pesar de su diversidad, se reúnen en el concepto de “revolución conservadora”El Trabajador es el principal héroe de la Revolución, su sujeto, su eje existencial y estética.

Estamos hablando de un tipo especial de hombre moderno, que en una experiencia más crítica de la realidad profana, estando en el corazón de mecanismo tecnocrático sin alma, en las entrañas de hierro de la guerra totalitaria o trabajo industrial infernal, en el centro del nihilismo del Siglo XX, encuentra en sí mismo un misterioso punto de apoyo, lo que le lleva al otro lado de la “nada”, a los elementos de una despierta y espontánea sacralidad interior.

A través de la intoxicación con el mundo moderno, El Trabajador de Jünger percibe la inmovilidad radiante del Polo, el frío cristal de la objetividad, en el que la tradición y el espíritu no aparece como algo viejo, antiguo, si no Eterno, como el eterno retorno al origen intemporal. El Trabajador no es un conservador o progresista. Él no es un defensor de lo viejo ni apologista de lo nuevo. Él es el Tercer Héroe, Tercer Héroe Imperial (según Niekiesch), el nuevo Titan, en los que, a través de la concentración más externa de modernismo en sus formas más venenosas y traumáticas, a través del caos industrial y frontal, se abre un especial aspecto trascendental, que lo moviliza por un acto metafísico y heroico.

Los Trabajadores son personas de trincheras, fábricas, “nómadas del asfalto”, privados de la herencia de la civilización tecnocrática, tomando el desafío de una realidad dividida y acumulando en sus almas las energías especiales de una gran rebelión, tan brutal y objetiva como la naturaleza agresiva del ambiente industrial-burguesa.

Ernst Jünger es el creador del concepto político-ideológico de la “movilización total”, que se convirtió en la base teórica y filosófica para muchos movimientos revolucionarios conservadores. “Movilización total” es la necesidad de un despertar general de la nación con el propósito de construir una nueva civilización, en la que héroes y titanes, portadores de la llama de la Revolución Nacional nacen voluntariamente desde el abismo de la alienación social, estarán en el centro.

Pero, según Jünger, la “movilización total” de las masas, las naciones, los pueblos se basa en una especial, única y existencial experiencia, sin la cual la Revolución se convertirá en una forma degenerada materialista, o reanimado por reaccionarios conservadores fariseos.

Es por eso que el aspecto existencial se le da prioridad en las obras de Jünger, que muestran una galería completa de tipos del “Tercer Héroe” (novelas como La tormenta de Acero, Un Corazón en búsqueda de aventuras, En los Acantilados de mármol, Huida al Bosque, Heliopolis, etc), que está siguiendo el camino de la revolución interior, la exploración de las formas más extremas y arriesgadas: Guerra, misticismo, drogas, erotismo, estados psíquicos fronterizos. La Fórmula de Nietzsche de “lo que no me mata, me hace más fuerte” es el credo de Ernst Jünger en la literatura, así como en la vida. Al igual que sus personajes, tranquilamente bebe champán.

En 1995, Ernst Jünger cumplió 100 años de edad. Pero el tiempo no es imperioso en lo que respecta a su cristalina inteligencia y talento deslumbrante. No hace mucho, en una carta al editor de la revista belga “Antaios” Christopher Gerard, Jünger escribió: “El siglo XXI será el siglo de los Titanes, y el XXII , el siglo de los Dioses”.

Estas palabras contienen un breve resumen de la labor creativa del gran escritor contemporáneo, Obrero, y héroe de Ernst Jünger.


Fuente                                Alexander Dugin
openrevolt 
                                 Traducido del inglés por Gabriela Gass Rodriguez

           Leer+ Libros de Ernst Junger

jueves, 26 de marzo de 2015

CON LA NUEVE



El jubilado español que liberó París


Caía la tarde del 24 de agosto de 1944 cuando los soldados de La Nueve, una compañía de la División Leclerc, entraba en París, por la Puerta de Italia, dispuesta a liberar la ciudad. Entre vítores de los parisinos, los combatientes callejearon para evitar a los alemanes hasta alcanzar el Ayuntamiento de la capital. Las campanas repicaron. Ellos cantaron Ay, Carmela. Eran republicanos españoles y entre ellos estaba Rafael Gómez. Hoy, a sus 94 años, será un rey, el de España, el que le rinda homenaje por aquella gesta. Es el único superviviente que puede contarla. Vive modestamente en Longolsheim, a las afueras de Estrasburgo, la ciudad que Gómez también liberó en ese principio del fin de la II Guerra Mundial.

Gómez ha tenido una vida extraordinaria y su longevidad ha querido que sea hoy el representante de La Nueve, esa compañía admirada por su bravura, formada por 160 hombres, 146 de ellos españoles, la mayoría comunistas y anarquistas expulsados de su país. Hombres curtidos en la guerra civil que sufrieron el exilio, los campos de concentración y la muerte. Al final de la II Guerra Mundial solo sobrevivieron dieciséis, pero ganaron la batalla a los nazis y ahora Francia empieza a reconocer su valía.

En una pirueta del destino, Rafael Gómez, un republicano de corazón, iba a representar a La Nueve ante los Reyes de España en el homenaje previsto en París dentro de los actos de la visita de Estado cancelada tras la tragedia aérea de los Alpes. “No hay más remedio que pasar por ahí”, bromea por teléfono desde su casa de Estrasburgo. En otra pirueta, iba a saludar al bisnieto de Alfonso XIII, a quien también conoció en su adolescencia, cuando “le echaron de España y lo metieron en un barco”. Antes de eso, su propio padre, carabinero, sirvió en la guardia del bisabuelo de Felipe VI.

Rafael fue movilizado en España con solo 17 años en la Guerra Civil. Al final de la contienda se exilió en el país vecino, donde sufrió los rigores del campo de concentración de Saint Cyprian de la Francia colaboracionista de Vichy. Logró salir con vida y refugiarse en Orán (Argelia). Allí terminaría formando parte de la 2ª División Blindada del legendario general francés Phlippe Leclerc. En esas colonias africanas anidó su leyenda y la de sus aguerridos soldados españoles. Quizá porque, como el propio Gómez cuenta, el suyo era un batallón de choque, siempre en primera línea, sin retroceder un solo paso incluso ante enemigos supuestamente superiores. Fue entonces cuando Leclerc hizo su juramento de luchar hasta lograr poner la bandera francesa en la catedral de Estrasburgo. Gómez estuvo allí. Hoy, muchos de sus vecinos desconocen su gesta. Ignoran que la libertad de que disfrutan se la deben en parte a un modesto zapatero de origen español ya retirado.

Los hombres de Leclerc fueron trasladados de Argelia a Marruecos y de allí al sur de Inglaterra. Finalmente, a principios de agosto de 1944, cruzaron la Mancha y desembarcaron en Normandía. El camino hacia París registró pérdidas dramáticas. Muchos compañeros murieron en batalla, pero La Nueve fue la primera en llegar a París, el 24 de agosto de 1944. Al día siguiente, escoltarían con sus vehículos blindados al general De Gaulle por los Campos Elíseos. “Qué satisfacción y qué felicidad para aquellos españoles, combatientes de la libertad. París era un extraordinario símbolo para ellos”, escribiría treinta años después otro legendario militar francés que peleó junto a La Nueve, el capitán Raymond Dronne. Su hija, por cierto, estará en el Ayuntamiento de París en el homenaje que el miércoles le rinde la ciudad junto a los Reyes de España.

Muchos parisinos creyeron que aquellos soldados eran franceses, pero sus vehículos lucían nombres tan expresivos como Ebro, Guernica, Teruel, Guadalajara, Don Quichotte… El hispanista Robert S. Coale cuenta en el epílogo de La Nueve, del cómic de Paco Roca: “En mis primera investigaciones, me encontré una curiosa fotografía en color de los soldados en los Campos Elíseos en agosto de 1944. El uniforme era americano, pero sus vehículos llevaban nombres españoles y con el puño hacían el saludo del Frente Popular”.

Gómez no da importancia ahora a la gesta que vivió. Tampoco le gusta dar detalles. “Terminó bien, se ganó y estamos contentos”, dice y añade con amargura: “Pero la guerra…”. La periodista y escritora española Evelyn Mesquida ha relatado con detalle la historia en su libro La Nueve. Los españoles que liberaron París (Ediciones B) y sabe, tras entrevistar durante estos últimos años a media docena de combatientes –la mayoría ya fallecidos-, que su trauma les empuja a silenciar lo ocurrido. Ella ha luchado para que Francia reconozca, aunque sea tarde, sus méritos. Rafael fue uno de los que fue condecorado gracias a ella. “Me hizo mucha ilusión que me nombraran caballero de la legión de honor”.

De aquellos 146 hombres solo quedan dos: Rafael Gómez y Luis Royo, pero este último está hospitalizado muy delicado de salud. Todos albergaron durante años el sueño de volver a España para derribar a Franco. “No hubo manera”, dice Gómez. Una vez que los republicanos españoles llegaron hasta el Nido de Águilas, el refugio de Hitler, y una vez terminada la II Guerra, quedó sepultado el proyecto de seguir luchando contra el fascismo también en el sur. “Queríamos volver”, insiste Gómez.

Dice Mesquida que los de La Nueve son “los hombres de las cuatro traiciones”. Las grandes democracias europeas abandonaron su causa, Francia les maltrató al principio internándolos en campos de concentración, no lograron el apoyo logístico para luchar contra Franco una vez derrotado Hitler y, finalmente, también la Francia Libre de Charles De Gaulle, empeñada en afrancesar la Resistencia y la liberación, les condenó al silencio. Los mismos que escoltaron al general con sus banderas republicanas por los Campos Elíseos fueron luego conminados a abandonar sus estandartes. “No guardo ningún rencor”, asegura, sin embargo, Gómez.

Derrotado Hitler, Rafael Gómez volvió a Argelia. Allí se casó y tuvo cuatro hijos. En 1957 regresó a Francia, a Estrasburgo. El reconocimiento le llega a través de los libros que hablan de él. Un paisano, Alfonso Viciana, acaba de publicar también su historia. “Estoy yo dentro”, explica, “pero en casa nadie lo puede leer porque no saben español. Aquí hablamos una mezcla”.
Y si algo le hace ahora feliz es saber que la alcaldesa de París, la gaditana Anne Hidalgo, está detrás del homenaje que ahora le rinde la ciudad. “Es hija de un republicano; como yo”.


Fuente                                         Gabriela Cañas
elpais 

 "Sólo en la fortuna adversa se hallan las grandes lecciones del heroísmo." Séneca

miércoles, 25 de marzo de 2015

LA DEUDA DE ESPAÑA




Zapatero, de la marcha verde a la marcha tonta (pero no es el único)

Zapatero ha visitado el que fue Sahara Español aplaudiendo su invasión por Marruecos. Defiende sus negocios, pero empeora aún más la posición de España.

El expresidente del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero participó la semana pasada en la ciudad saharaui de Villa Cisneros (Dajla, en árabe) en el foro Crans Montana, patrocinado y pagado por la potencia invasora y ocupante, Marruecos. Ya en noviembre de 2014 viajó a Marrakech para participar en el II Foro Mundial de Derechos Humanos, también de propaganda a favor de Rabat. Antes, en 2009, Miguel Ángel Moratinos gestiononó mal y favoreciendo a Marruecos el problema simbólico de Aminetu Haidar. En la era Zapatero, el ministro marroquí, Taib Fassi Fihri, usó el servicio exterior de España como correa de transmisión de su política.  


Y con eso se volvió a las peores prácticas del peor franquismo. "En 1975, con un país perplejo ante el inevitable final de un régimen, Marruecos combinó hábilmente las viejas marrullerías orientales con una sagaz comprensión de la política moderna. El resultado fue la Marcha Verde, un brillante ejercicio de imagen y de diplomacia que gracias a la pasividad española hizo posible lo que jamás habría sido posible por las armas. Y hoy la bandera de Mohamed VI ondea en El Aaiún", y en Villa Cisneros. Algunos ministros franquistas, la mayoría de los líderes socialistas y lamentablemente no pocos populares crearon, mantuvieron y defienden el Gran Marruecos imperialista e invasor.

Hace cuarenta años el Sahara era una provincia de España y El Aaiún y Villa Cisneros ciudades tan españolas como Lugo o Cuenca, hasta con su Parador de Turismo. De hecho, sus diputados habían participado en algo tan importante como la proclamación de don Juan Carlos como príncipe. Y aunque España había previsto conceder la independencia al territorio había prometido hacerlo respetando la voluntad, la libertad y los intereses de los saharauis, que nunca habían sido marroquíes. El 27 de febrero de 1976, el mismo día en el que abandonaban el territorio del Sahara Occidental los últimos funcionarios españoles, en Bir Lehelu el Frente Polisario proclamó la independencia de un nuevo Estado, la República Árabe Saharaui Democrática.

Zapatero actúa al servicio de intereses que no conocemos, pero no es una novedad. Hasta la huida desaprobada por la ONU, promovida por algunos ministros franquistas bien pagados por Rabat y presidida por Juan Carlos I, los saharauis tenían DNI español, iban a la escuela española y cumplían su servicio militar, a la vez que miles de jóvenes del resto de España. Sin embargo, Marruecos siempre tuvo sus partidarios en el seno de la Administración española. Monárquicos convenientemente halagados, jerarcas franquistas bien seducidos, grandes empresarios magníficamente financiados: españoles muy notables como José Solís, "la sonrisa del Régimen", estaban dispuestos a apoyar la tesis anexionista de Rabat, contra la historia del Sahara, contra la voluntad de los saharauis, contra la decisión de la ONU y contra los mismos intereses de España.

Marcha Verde


El 31 de octubre de 1975 Marruecos lanza la "Marcha Verde" para hacerse con el territorio. El Régimen duda y el Príncipe asume de hecho la Jefatura del Estado ante la enfermedad de Franco. El 1 de noviembre don Juan Carlos, en uniforme de general del Ejército de Tierra, visita el Sahara para tranquilizar a los militares –que han sido desplegados con medios suficientes para rechazar cualquier agresión marroquí, y que se consideran en condiciones incluso de lanzar una ofensiva mecanizada en caso de ataque- y para comprometerse a defender los derechos del pueblo saharaui. De nada sirvieron esa potencia ni ese compromiso. El 14 de noviembre de 1975 se firmaron los acuerdos de Madrid entre España, Marruecos y Mauritania por los que España –la España ya en manos de don Juan Carlos y abocada en su mente y en otras a la Transición- cedía de facto la administración del territorio a los otros dos países firmantes, sin renunciar técnicamente a la soberanía –ya que la ONU había encomendado a España la descolonización- pero sin apoyar al pueblo saharaui.

Zapatero, bien pagado en Villa Cisneros, ha actuado contra los intereses de España. Exactamente como antes Solís, Cortina Mauri, Adolfo Suárez y Gutiérrez Mellado. Marruecos tiene sus leales agentes y sus sumisos servidores, por múltiples razones, a uno y otro lado del espectro político. El problema no está esencialmente ni en Rabat ni El Aaiún ni en Villa Cisneros, sino en Madrid. En un sistema político que recibe sonriente y sumiso las humillaciones de una dictadura confesional vecina. Y donde se tiende a olvidar dónde están las respuestas al problema. No en la izquierda ni en la derecha, ni en las ONG, ni en la sombra improbable de los Tercios Saharianos de la Legión. Es en España, cuyo interés y sobre todo cuyas obligaciones internacionales son los que son, y en los saharauis, que merecen una España mejor que la de Zapatero.

Y marcha tonta


Zapatero ha hecho el tonto, ha arrastrado por el fango el nombre de España a cambio de una limosna. Se ha retratado ante un mapa marroquí del Sahara. Pero se le ha dejado hacer, y hay personajes dispuestos a hacer lo mismo en casi todos los partidos. Para las Naciones Unidas, España es aún la administradora legítima del Sahara, ya que la ocupación y la anexión posteriores no han modificado la soberanía que España prometió a aquellos ciudadanos suyos. Nuestra transición, y por ende nuestra actual democracia, están basados en una doble mentira que nos convierte a todos en poco menos que tontos. Don Juan Carlos de Borbón, Jefe del Estado ya entonces en ejercicio, dijo en El Aaiún el 2 de noviembre de 1975 que "España cumplirá sus compromisos" y que "deseamos proteger los legítimos derechos de la población civil saharaui". Hemos incumplido las dos promesas, lo que hace de Zapatero sólo un portavoz de un problema y una deuda nacionales que deben ser solucionados.

Fuente                                         Pascual Tamburri
elsemanaldigital