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martes, 21 de abril de 2015

TRAIDORES



Traidores

Pocas figuras nos resultan tan repelentes y siniestras como la del traidor. Y, sin embargo, la historia está llena de traidores (a una amistad, a un amor, a una patria, a unos ideales o principios), algunos de los cuales han llegado a adquirir gran celebridad, desde Judas Iscariote, epítome por excelencia del traidor, hasta personajes como Fouché, plusmarquista del chaqueterismo que supo vender (en almoneda) su lealtad a tres regímenes distintos sin inmutarse. Incluso podríamos decir, siendo algo más incisivos, que nuestra propia historia personal está llena de traiciones; tanto de las que hemos sufrido como de las que hemos infligido, pues con frecuencia somos nosotros mismos quienes, ante la expectativa de una mejora o ganancia, no vacilamos en abjurar de nuestros principios. Recordemos aquella célebre y sarcástica frase de Groucho Marx: «He aquí mis principios. Pero, si no le gustan, estoy dispuesto a cambiarlos».

Hay quienes explican la psicología del traidor como un tortuoso lodazal donde campea el complejo de culpa. Así, por ejemplo, suele decirse que la entrega de Cristo fue el triste pretexto que Judas utilizó para castigarse con el suicidio que anhelaba. No debemos descartar, en efecto, que muchos traidores se sepan íntimamente gusanos sin otro norte vital que el medro; y que esa conciencia de su miseria moral los haga sentir culpables. Agustín de Foxá afirmaba que «detrás de cada traidor hay un pobre imbécil al que su mujer no deja mandar en casa»; y también que «quien chaquetea lo hace por levantar el gallito y que se oiga su quiquiriquí de algún modo». Lo que nos llevaría a considerar también el complejo de inferioridad como motor de la traición; pues, si bien hay traidores de todos los linajes y pelajes, suelen ser individuos de muy baja ralea, seres mediocres que se vieron encumbrados por razones azarosas, adventicias o coyunturales, con frecuencia impulsados por alguien más brillante y generoso que ellos, al que nunca pudieron terminar de perdonar que los haya encumbrado desde la nada. Y, como su encumbrador conoce sus limitaciones (y, por lo tanto, que su encumbramiento es inmerecido o injusto), arden en deseos de encontrar la ocasión propicia para poder causar su ruina y acuchillarlo sin piedad.

Para justificarse, el traidor no vacilará en alegar que su mentor ha traicionado sus ideales originarios, de los que el traidor se proclamará además heredero y depositario; y hasta podrá decir, sin asomo de temblor en la voz, que ha traicionado a su mentor porque lo amaba, y que su traición ha sido un homenaje a sus ideales originarios. Las justificaciones del traidor son siempre alambicadas y rocambolescas, llenas de cajones de doble fondo, como el armario de un escapista o prestidigitador; pues el traidor siempre está escapando de sus propias mentiras, y haciendo trucos engañosos con sus palabras. Pero, por muchas justificaciones con que trate de disfrazar su deslealtad, acaba sonando el tintineo de las treinta monedas que pagaron su traición. Y es que toda la complejidad psicológica del traidor es, a la postre, filfa y ganas de marear la perdiz; y detrás de su traición descubrimos siempre el honor, el beneficio, el medro o ascenso, el sobresueldo que ambicionaba. Porque el traidor siempre abandona el barco que naufraga (cuyo naufragio, con frecuencia, él mismo ha provocado) para subirse a otro que navega más rápido o porta un cargamento más valioso.

Toda traición, sin embargo, es castigada; y es el propio traidor quien se aplica la pena. Antaño era mediante el remordimiento; y en esta época desalmada en que ya casi han desaparecido los escrúpulos morales el traidor se castiga mediante el resentimiento hacia sí mismo. Y es que el traidor termina alimentando un desprecio inconsciente hacia sí mismo: sabe que ninguna de sus lealtades es firme, sabe que su palabra vale menos que papel mojado, sabe que no puede tomarse en serio; y esta certeza cristaliza primero en una suerte de irónico cinismo, que después se mancha de hastío, de desolación y asco, al mirarse dentro y comprobar que nada le gusta, que nada defiende y que nada ama. Es verdad que, a veces, el traidor puede querer (¡ah, el furor del converso!) redimirse con un acto de adhesión fervorosa o una proclamación aspaventera de principios (esta actitud es muy propia de políticos chaqueteros, que después de consumar su traición se pretenden más puros e incorruptibles que nadie), en un esfuerzo por hacerse perdonar sus deslealtades pasadas; pero tales palinodias suelen ser tan forzadas que no provocan sino mayor escarnio, lo que no hace sino agriar aún más su resentimiento. El traidor, a la postre, acaba amargado y lleno de bilis.


Fuente                                   Juan Manuel de Prada

martes, 31 de marzo de 2015

OLIGARQUÍA FINANCIERA Y PODER POLÍTICO



España en manos de sinvergüenzas y ladrones


Ahora que el escándalo de Jordi Pujol y familia está en pleno apogeo conviene tener en cuenta que no nos encontramos ante un caso aislado sino ante una nueva expresión de auténtica corrupción sistémica.

Hace un par de años se publicó un libro titulado Oligarquía financiera y poder político en España (Arresta 2012) escrito por Manuel Puerto Ducet. A pesar de lo que pueda parecer por ese título, el autor no es un izquierdista ni un radical dirigente de Podemos empeñado en hundir la economía española a base de pedir justicia fiscal y democracia económica. Es un economista que trabajó como directivo en el banco que gestionaba inversiones vinculadas a fortunas tan singulares, según declara en el libro (p. 97), como las del rey Juan Carlos o las del teniente general golpista Miláns del Bosch.

El libro tiene lagunas, como seguramente sea lógico tratándose de una exposición más bien autobiográfica, y comete evidentes errores de apreciación (posiblemente por dejarse llevar por sus preferencias ideológicas a la hora de juzgar a las personas) como los que le llevan a considerar que Jordi Pujol es un ejemplo de honestidad. Pero, con independencia de ello, es un testimonio extraordinariamente útil para comprobar que el problema principal de la economía española es el enorme poder de un puñado de familias que la dominan condicionando a su favor todo tipo de decisiones económicas y políticas, y también para corroborar que ese poder se fraguó en la dictadura franquista. Prácticamente todos los apellidos que hoy día dominan los consejos de administración de las grandes empresas españolas son los que hicieron fortunas de la mano sangrienta del dictador, alguno de cuyos ex ministros (como Sánchez Bella, según el testimonio presencial de Puerto Ducet) “traficaba con oro, diamantes y piedras preciosas, con una impunidad alarmante y con una cartera de ilustres clientes que hacían cola en la antesala de su despacho” mientras que “a ningún comisario de policía se le hubiera ocurrido meter la mano allí” (p. 110). O cuando los constructores que todavía siguen llenando de cemento nuestro territorio, o sus padres y abuelos, vendían a 175.000 pesetas viviendas que costaban 30.000 y que tenían una subvención del gobierno de 60.000 (p. 37).

El libro es un testimonio de primera mano de cómo actúa elSanedrín financiero”, según la expresión del autor del libro, que maneja la economía española imponiendo siempre su voluntad al gobierno o al Banco de España, bajo la batuta todopoderosa de Emilio Botín, presidente del Banco de Santander y, según el autor de este libro, “de profesión impune” (p. 17). Un  banquero de algunas de cuyas andanzas para dominar el sector financiero se da cuenta en el libro y que ha sido varias veces imputado por  causas como estafas, enriquecimiento ilícito, negligencia o mala praxis profesional (p. 126). Y el libro tiene un especial interés precisamente porque su autor fue directivo de Banif, el banco de inversión vinculado al de Botín que protagonizó un auténtico corralito abusando de la confianza de sus clientes y produciéndoles grandes perjuicios económicos. Una estafa y un corralito posterior que, por cierto, nunca preocupó demasiado a quienes ahora se empeñan en asegurar que si un partido como Podemos sigue recolectando votos producirá el hundimiento del sistema financiero.

Y en el libro se muestra además que las estafas y engaños de todo tipo que viene realizando esta oligarquía financiera se llevan a cabo no solo con la ayuda  permanente y más visible de una gran parte de la clase política sino también con la de intelectuales que dicen realizar análisis independientes y, sobre todo, con la de numerosos jueces y fiscales

Dice el autor, con razón, que “los departamentos de estudios y análisis de la mayoría de bancos y sociedades no solo se han transformado en coladeros de basura financiera, sino que actúan como departamentos de cosmética al servicio de estos subproductos” (p. 67). Y cuenta el libro cómo en España puede ocurrir que Luis de Usera -que llegó a ser director general del Banco Hispano Americano- y su colega Antonio Morenés “se asociaran en la Agencia de Valores Usera & Morenés, falsificando centenares de firmas y utilizando sin su conocimiento los documentos de identidad de jornaleros gaditanos para hacerse con un paquete de acciones de Repsol (…) dos fedatarios públicos, como quien no quiere la cosa, montaron una estafa y sustrajeron la posibilidad de rentabilizar sus ahorros a medio millar de pequeños accionistas de la petrolera (…) con el paso del tiempo y cuando la alarma social se había diluido, un juicio de vergüenza y una condena de compromiso dieron carpetazo al asunto” (p. 128). No en vano, como señala el propio autor de este libro, en España “las sentencias en firme falladas en contra de bancos y cajas no superan el 8% del total de querellas” (p. 194). Y, como es bien sabido, si acaso no hay más remedio que condenar a algún que otro delincuente financiero y de cuello banco, el indulto vuelve las aguas de la corrupción a su cauce habitual.
 
Lo que cuenta este libro, como lo que estamos ahora conociendo sobre la fortuna de Pujol, no son hechos aislados, ni simples anécdotas. Este tipo de testimonios muestran que el poder oligárquico impone que los incentivos, la financiación, el orden institucional e incluso el discurrir de la vida política se dediquen por entero a alimentar sus negocios y no a la creación de riqueza y al mejor aprovechamiento de nuestros recursos o a la satisfacción de las necesidades del conjunto de la sociedad. Es la prueba palpable de que la oligarquía financiera es la responsable de la gran desigualdad que produce burbujas constantes, la debilidad de nuestra industria y la desertización de nuestro aparato productivo. Y lo que demuestra que mientras no se ponga coto a su poder, democratizando la economía y evitando que un puñado de viejas y parásitas familias decidan el porvenir y se queden con la hacienda de todos, no habrá manera de levantar de verdad nuestra economía.

Muchos economistas y comentaristas políticos dicen ahora que si fuerzas políticas como Podemos, que han nacido de la mano de la creciente y justa indignación de la gente, tuvieran votos suficientes para gobernar se produciría un caos porque “los mercados” (es decir, esa oligarquía financiera con nombres y apellidos) reaccionarían provocando paro, pobreza y deterioro del clima económico (¡como si los de ahora fueran buenos!).

Llevan razón. Hay que ser muy ingenuo para creer que estos grupos de auténticos ladrones financieros que llevan decenios enriqueciéndose a costa de engañar a los demás y de quedarse con los recursos públicos se van a quedar quietos, sin más. Pero dar por hecho que el temor a esa reacción debe llevar a la sumisión y decir que poner en cuestión el poder oligárquico es una amenaza para la economía española es como haberle dicho a los esclavos que se mantuvieran quietos porque si reclamaban la abolición provocarían una sangrienta reacción de sus amos o, a las mujeres que reclamaban sus derechos, que permanecieran siempre calladas porque, en caso contrario, los hombres cargarán contra ellas.

A mí me parece que la cuestión que se debe plantear quien tenga un mínimo de dignidad y contemple su existencia con un elemental sentido ético es otra: sobre qué valores puede descansar una sociedad en materia económica, qué tipo de reparto es el que garantiza que los seres humanos seamos realmente iguales en derechos y posibilidades de realización y, sobre todo, a dónde vamos realmente si seguimos aceptando que una minoría, por muy poderosa que sea, imponga su voluntad y sus intereses al resto de la sociedad. 

Decir que hemos de claudicar antelos mercadoses justificar lo que está pasando y darle alas a quienes provocan los males que nos afligen.


Fuente                               Juan Torres López
publico

lunes, 30 de marzo de 2015

ISIDORO, EL CLANDESTINO



La doble vida de Felipe González

Pocos españoles llevan una doble vida de manera tan definida como Felipe González. El ex presidente es un hombre obsesionado por el dinero y la alta sociedad. También es un hombre satisfecho, pues ha cumplido sus objetivos de hacerse rico y relacionarse casi exclusivamente con las grandes fortunas del planeta. Cuando está en España, a Felipe le gusta vestirse como un modesto profesor de instituto jubilado algo intelectual y dar la apariencia de que acaba de bajarse de un coche de línea tras un cansado viaje. A sus hooligans dentro y fuera del PSOE les encanta creerse este espejismo que ha confeccionado él mismo. Cuando viaja fuera de nuestro país – se desplaza frecuentemente en avión privado- Felipe aprovecha para hacer todo aquello que por discreción no le gusta hacer en España.
 
El expresidente pasa la mitad del año en Iberoamérica, siendo una figura habitual en las lujosas villas que sus riquísimas amistades tienen esparcidas por el continente. A Felipe se le ha visto en la reserva natural que en Carabobo tiene el magnate venezolano Gustavo Cisneros, empresario al que su gobierno vendió Galerías Preciados tras la expropiación de Rumasa. Cisneros hace gustoso de anfitrión, pues compró la empresa en 1984 por 1.500 millones de pesetas y la revendió a los tres años por 30.000 millones. Los contribuyentes perdimos 28.500 millones en la operación, pero entre ellos nació una bonita amistad que aún perdura. Felipe conoce también el palacio que la poderosa familia colombiana Santo Domingo tiene en la isla de Barú. A esta casa en el Caribe acudió invitado en marzo de 2009, cuando se representó a sí mismo en un cónclave de magnates iberoamericanos donde no faltó su otra mitad, Carlos Slim, el hombre más rico del mundo.
 
A Felipe le gusta vestir en España como un pensionista que no llega a fin de mes, pero tiene en Tánger una exclusiva finca con playa privada contigua a la del rey Mohamed VI. Y la tiene por concesión afectiva del sátrapa magrebí hacia su persona, ya que el sevillano mantuvo una relación envidiable con su padre. La excelente sintonía de Felipe con Hasan II la facilitó la intermediación del rey Juan Carlos y, sobre todo, la lluvia de miles de millones de dinero público que, en la forma de créditos para la compra de material militar español, dejó caer España sobre Marruecos cuando Felipe mandaba. Desconocemos si se inspiraron en el Palau de la Música y la familia Pujol para manejar estos dineros, pero es bien conocido su gusto por la lírica catalana. El rey Juan Carlos y Felipe González se apoyaron continuamente en los años ochenta y noventa ayudándose en la consecución de sus objetivos, facilitando siempre el uno la labor del otro. También colaboraron en tareas de Estado y de Gobierno.

De tanto tratar con grandes fortunas internacionales, a Felipe se le han pegado sus costumbres. Los hijos de los muy ricos no trabajan, y ninguno de los hijos varones del ex presidente -cuarentones con familia- tiene oficio conocido. Lo mismo le pasa al hijo de José Bono, otro ni-ni de postín. A Felipe también se le ha pegado el deseo por crear un fondo de capital riesgo, una controvertida forma de inversión con muchos detractores dada la facilidad con la que permite aflorar capital revestido de éxito empresarial. El fondo de Felipe se llama Tagua Capital.
 
Felipe es hoy el único dinosaurio de la política capaz de, en menos de 24 horas, pasar de ser besuqueado por amas de casa y receptores PER en los feudos del PSOE en la Andalucía rural más castigada por el paro y la corrupción de su partido, a bailar en la República Dominicana bachata con una multimillonaria en un palacio próximo a la mansión de Carmen Chacón bajo la mirada de Óscar de la Renta. Entre grandes billonarios es donde se encuentra verdaderamente cómodo, a la gente humilde que le aclama en los mítines como una estrella del rock siempre la despreció. En lo que a gestión de imagen publica se refiere, Felipe González es un estafador profesional.


Fuente                                               Stas Radziwill
libertaddigital

Leer+ La impudicia de un político indecente
la impudicia de un político indecente

Este contenido ha sido publicado originalmente por teleSUR bajo la siguiente dirección:
http://www.telesurtv.net/opinion/Felipe-Gonzalez-la-impudicia-de-un-politico-indecente-20150328-0051.html. Si piensa hacer uso del mismo, por favor, cite la fuente y coloque un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. www.teleSURtv.net
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miércoles, 25 de marzo de 2015

LA DEUDA DE ESPAÑA




Zapatero, de la marcha verde a la marcha tonta (pero no es el único)

Zapatero ha visitado el que fue Sahara Español aplaudiendo su invasión por Marruecos. Defiende sus negocios, pero empeora aún más la posición de España.

El expresidente del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero participó la semana pasada en la ciudad saharaui de Villa Cisneros (Dajla, en árabe) en el foro Crans Montana, patrocinado y pagado por la potencia invasora y ocupante, Marruecos. Ya en noviembre de 2014 viajó a Marrakech para participar en el II Foro Mundial de Derechos Humanos, también de propaganda a favor de Rabat. Antes, en 2009, Miguel Ángel Moratinos gestiononó mal y favoreciendo a Marruecos el problema simbólico de Aminetu Haidar. En la era Zapatero, el ministro marroquí, Taib Fassi Fihri, usó el servicio exterior de España como correa de transmisión de su política.  


Y con eso se volvió a las peores prácticas del peor franquismo. "En 1975, con un país perplejo ante el inevitable final de un régimen, Marruecos combinó hábilmente las viejas marrullerías orientales con una sagaz comprensión de la política moderna. El resultado fue la Marcha Verde, un brillante ejercicio de imagen y de diplomacia que gracias a la pasividad española hizo posible lo que jamás habría sido posible por las armas. Y hoy la bandera de Mohamed VI ondea en El Aaiún", y en Villa Cisneros. Algunos ministros franquistas, la mayoría de los líderes socialistas y lamentablemente no pocos populares crearon, mantuvieron y defienden el Gran Marruecos imperialista e invasor.

Hace cuarenta años el Sahara era una provincia de España y El Aaiún y Villa Cisneros ciudades tan españolas como Lugo o Cuenca, hasta con su Parador de Turismo. De hecho, sus diputados habían participado en algo tan importante como la proclamación de don Juan Carlos como príncipe. Y aunque España había previsto conceder la independencia al territorio había prometido hacerlo respetando la voluntad, la libertad y los intereses de los saharauis, que nunca habían sido marroquíes. El 27 de febrero de 1976, el mismo día en el que abandonaban el territorio del Sahara Occidental los últimos funcionarios españoles, en Bir Lehelu el Frente Polisario proclamó la independencia de un nuevo Estado, la República Árabe Saharaui Democrática.

Zapatero actúa al servicio de intereses que no conocemos, pero no es una novedad. Hasta la huida desaprobada por la ONU, promovida por algunos ministros franquistas bien pagados por Rabat y presidida por Juan Carlos I, los saharauis tenían DNI español, iban a la escuela española y cumplían su servicio militar, a la vez que miles de jóvenes del resto de España. Sin embargo, Marruecos siempre tuvo sus partidarios en el seno de la Administración española. Monárquicos convenientemente halagados, jerarcas franquistas bien seducidos, grandes empresarios magníficamente financiados: españoles muy notables como José Solís, "la sonrisa del Régimen", estaban dispuestos a apoyar la tesis anexionista de Rabat, contra la historia del Sahara, contra la voluntad de los saharauis, contra la decisión de la ONU y contra los mismos intereses de España.

Marcha Verde


El 31 de octubre de 1975 Marruecos lanza la "Marcha Verde" para hacerse con el territorio. El Régimen duda y el Príncipe asume de hecho la Jefatura del Estado ante la enfermedad de Franco. El 1 de noviembre don Juan Carlos, en uniforme de general del Ejército de Tierra, visita el Sahara para tranquilizar a los militares –que han sido desplegados con medios suficientes para rechazar cualquier agresión marroquí, y que se consideran en condiciones incluso de lanzar una ofensiva mecanizada en caso de ataque- y para comprometerse a defender los derechos del pueblo saharaui. De nada sirvieron esa potencia ni ese compromiso. El 14 de noviembre de 1975 se firmaron los acuerdos de Madrid entre España, Marruecos y Mauritania por los que España –la España ya en manos de don Juan Carlos y abocada en su mente y en otras a la Transición- cedía de facto la administración del territorio a los otros dos países firmantes, sin renunciar técnicamente a la soberanía –ya que la ONU había encomendado a España la descolonización- pero sin apoyar al pueblo saharaui.

Zapatero, bien pagado en Villa Cisneros, ha actuado contra los intereses de España. Exactamente como antes Solís, Cortina Mauri, Adolfo Suárez y Gutiérrez Mellado. Marruecos tiene sus leales agentes y sus sumisos servidores, por múltiples razones, a uno y otro lado del espectro político. El problema no está esencialmente ni en Rabat ni El Aaiún ni en Villa Cisneros, sino en Madrid. En un sistema político que recibe sonriente y sumiso las humillaciones de una dictadura confesional vecina. Y donde se tiende a olvidar dónde están las respuestas al problema. No en la izquierda ni en la derecha, ni en las ONG, ni en la sombra improbable de los Tercios Saharianos de la Legión. Es en España, cuyo interés y sobre todo cuyas obligaciones internacionales son los que son, y en los saharauis, que merecen una España mejor que la de Zapatero.

Y marcha tonta


Zapatero ha hecho el tonto, ha arrastrado por el fango el nombre de España a cambio de una limosna. Se ha retratado ante un mapa marroquí del Sahara. Pero se le ha dejado hacer, y hay personajes dispuestos a hacer lo mismo en casi todos los partidos. Para las Naciones Unidas, España es aún la administradora legítima del Sahara, ya que la ocupación y la anexión posteriores no han modificado la soberanía que España prometió a aquellos ciudadanos suyos. Nuestra transición, y por ende nuestra actual democracia, están basados en una doble mentira que nos convierte a todos en poco menos que tontos. Don Juan Carlos de Borbón, Jefe del Estado ya entonces en ejercicio, dijo en El Aaiún el 2 de noviembre de 1975 que "España cumplirá sus compromisos" y que "deseamos proteger los legítimos derechos de la población civil saharaui". Hemos incumplido las dos promesas, lo que hace de Zapatero sólo un portavoz de un problema y una deuda nacionales que deben ser solucionados.

Fuente                                         Pascual Tamburri
elsemanaldigital

lunes, 16 de marzo de 2015

OLIGARQUÍA Y CACIQUISMO



España, oligarquía y caciquismo


La mentira, la ignominia, la vacuidad, la mediocridad, la manipulación, la desfachatez y un largo etcétera invaden el devenir de una sociedad, la nuestra, absolutamente narcotizada por unos medios de comunicación que sirvieron, y aún sirven, de cortapisa al poder establecido. Durante la semana recién terminada, dos perlas me han llamado poderosamente la atención, a cual más cruel, a cual más inhumana. El presidente del gobierno, frente a todos y cada uno de esos informes que vienen advirtiendo de la descomposición del tejido social de nuestro país, con un incremento de la pobreza sin parangón en nuestra historia reciente, afirmó sin despeinarse que eso no existe en España. Rajoy, el “rey desnudo”.

Sin embargo, cuando parecía que estábamos curados de espanto, hete aquí que llegó ese verbo suelto, nuestro inefable ministro de Asuntos exteriores, José Manuel García Margallo, y superó a su jefe de filas. Afirmó, mejor dicho, rebuznó, la enésima barrabasada. Aseguró que si España no hubiese prestado 32.744 millones de euros a Grecia se podrían haber subido "las prestaciones por desempleo un 50% o aumentado las pensiones un 38%”. ¡Mentira! España ha prestado a Grecia menos de 7.000 millones de euros. El resto del préstamo fue realizado por inversores privados, a los que avaló el gobierno español. O sea que si estos inversores cobran de Grecia, reciben pingues intereses, pero si Grecia no pagara o tuviera una quita, los inversores no perderían, quien perderían serían los españoles, tendríamos que pagar ese dinero prestado por inversores privados. Margallo, el “mamporrero”.
España, élites parasitarias

La realidad es otra. Ustedes y los anteriores crearon una dinámica de incentivos muy llamativa. Acordaron con las élites oligopólicas patrias un sistema de remuneración perverso. Si el negocio privado de estos señores va mal, no pasa nada, se remunera “el emprendimiento” a costa de los sufridos contribuyentes. Si va bien, fantástico, estos prohombres se lo han merecido, han asumido un riesgo inherente al devenir de sus negocios. Lo de siempre, si todo va bien, los listillos se forran; si va mal, pelillos a la mar, los tontos e incautos contribuyentes a pagar a escote. España país de parásitos, bajo la estela del Honrado Concejo de la Mesta.

Señor Margallo, si quiere, en una clase de dos horas, le detallo el aumento de la deuda pública de esta nuestra querida España durante la actual crisis sistémica. De los 597.349 millones de incremento en el montante de la deuda emitida solo por la Administración Central en el período 2008-2013, ¡227.091, casi la mitad, es para financiar a terceros! Por eso, ustedes y los anteriores, recortaron gastos en sanidad, pensiones, educación, dependencia, porque eran superfluos a la luz de unas élites que ya disfrutan de todo eso. Pero con ello se les ha permitido seguir disfrutando de su riqueza, de su renta a costa de los demás. Mientras, familias enteras que se hipotecaron bajo el paraguas de unas entidades financieras que no hicieron un análisis de riesgos mínimamente serio, que se hastíen, se les desahucia y santas pascuas. 

¿Saben ustedes, señor Margallo, lo que en derecho anglosajón es el régimen de la segunda oportunidad para personas físicas y jurídicas? Ah, no, se me olvidaba, ustedes solo lo aplican a quienes “se lo merecen”. España, país feudal, de siervos y vasallos.

¿Sabe usted, señor Margallo, que si el rescate de todo el sistema bancario patrio, más allá de cuatro cajas de ahorro, se hubiese hecho a costa de acreedores y gerencia no hubiese hecho falta ningún recorte adicional? ¿Sabe usted cuánto dinero tiene comprometido nuestro gobierno por avalar a terceros? España, oligarquía y caciquismo como forma actual de gobierno. ¡Si levantara la cabeza mi paisano Joaquín Costa!
Austeridad y nervios

Como ya avisamos desde estas líneas España, junto a Portugal, iban a encabezar y liderar el bloque de rechazo al nuevo gobierno heleno. La razón, obvia, reconstituir el sistema existente con el objetivo de favorecer de manera permanente a la clase dominante, los más ricos, los intereses corporativos, los acreedores que asumieron riesgos innecesarios, los oligopolios,… La triste historia patria. Otra vez, la enésima. España, oligarquía y caciquismo. La sombra de mi paisano Joaquín Costa nos persigue inexorablemente.

Ante la victoria de Syriza, si todo le sale bien a Grecia, y le saldrá, muchos tendrán que hacer sus maletas. De ahí los nervios, a flor de piel, de Rajoy, Cavaco Silva, Passos Coelho. ¡Basta de mentiras! Quienes defienden la austeridad, la contracción salarial y la miseria laboral defienden a los oligarcas, a los caciques. Se nos dice que todos hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y ahora tenemos que apretarnos el cinturón. Este punto de vista se olvida convenientemente de donde venía la deuda. No de una orgía de gasto público, sino como el resultado directo del rescate, la recapitalización, y el aumento de la liquidez a un sistema bancario quebrado.

Esa carga ahora toma la forma de un giro global a la austeridad, la política de reducción de los salarios y los precios internos para restaurar la competitividad y equilibrar el presupuesto. El problema, es que la austeridad es una idea muy peligrosa. No funciona. Los argumentos a favor de la austeridad son tenues, y la evidencia delgada. En lugar de ampliar el crecimiento y la oportunidad, el renacimiento repetido de esta idea económica siempre ha dado lugar a un crecimiento bajo, junto con el aumento de la pobreza y la desigualdad. ¡Si levantara la cabeza Joaquín Costa!


Fuente                                                Juan Laborda

viernes, 27 de febrero de 2015

HEGEMONÍA Y ESTRATEGIA




La construcción del discurso político de Podemos: aplicación práctica del enfoque teórico de Laclau


Con el paso de los meses, el ascenso de Podemos, y el ruido que se genera en la confrontación política diaria, pocos son los análisis que profundizan y diseccionan lo suficiente en la elaboración y articulación del discurso del partido de Pablo Iglesias, desde que aquel 25 de mayo irrumpiera en las elecciones europeas. La construcción del discurso político de Podemos se basa esencialmente en la reformulación en el contexto español de los postulados de Antonio Gramsci, y especialmente Ernesto Laclau.

Empezaremos por el principio, como todo, el discurso de Podemos surge en un tiempo y en un momento político y social determinado. La crisis económica y financiera, sumada a la crisis política, o lo que es lo mismo, la crisis de legitimidad de las instituciones políticas de nuestro país, ha provocado un colapso en el sistema de partidos español que se evidencia a través de las siguientes tres causas, y que son las mismas que apuntaba Jana Morgan en su libro, “Bankrupt of representation and party system collapse” (2012), al analizar la caída de los sistemas de partidos de Italia, Colombia, Venezuela y Bolivia.

Por un lado tenemos la insatisfacción con el gobierno y con la oposición, a ello hay que sumarle la percepción de una cierta convergencia de los partidos pertenecientes al sistema, o lo que se ha conocido como “son lo mismo” y que conlleva la creencia de que no existen diferencias significativas gobierne quien gobierne, propiciado en parte por la sensación de ser tutelados desde Bruselas.
El segundo factor clave es la escasa incorporación de los ciudadanos al sistema político, con capas de la población que se sienten excluidas, cuestión que además se ve reforzada por el relato de la crisis y sus consecuencias para toda una generación que se siente desarraigada del sistema.

El tercero es el colapso del clientelismo a través del descenso del reparto debido a la crisis, y la corrupción política, lo que otorga a la ciudadanía una mayor sensibilidad en este asunto que en época de bonanza.

Una vez que asumimos que cuando surge Podemos el sistema político se encuentra colapsado, debemos remontarnos al año 2011, cuando el 15M sentó las bases de lo que Podemos recogió posteriormente analizándolo desde el enfoque teórico elaborado por Laclau. Durante el 15M asistimos a una grieta en el relato oficial, poniendo así en marcha explicaciones paralelas a las existentes. Es entonces cuando en nuestro país se inicia un periodo que dura tres años (hasta el pasado 2014) que propicia los cambios culturales necesarios para que sea posible abrir un nuevo espacio electoral. Este cambio cultural, consiste en la modificación de las percepciones y de las explicaciones de lo que nos sucede, del por qué, del quién es responsable de ello, y de la necesidad de buscar alternativas.

Esta es la interpretación que Podemos realiza del 15M a través de la aplicación de Ernesto Laclau, quien junto a Chantal Mouffe, en su obra principal, “Hegemonía y estrategia socialista” (1985), proponía un enfoque teórico para comprender la política como disputa por el sentido, en la que el discurso no es lo que se dice de posiciones ya existentes, sino que es una construcción de unas u otras posiciones, de uno o de otro sentido, a partir de datos cuyo significado puede ser muy distinto según sean seleccionados, agrupados o contrapuestos.

Además, el 15M introduce dos elementos que son fundamentales posteriormente en la construcción del discurso de Podemos: en primer lugar, introduce en el panorama político la noción de los de arriba y los de abajo, o lo que es lo mismo, la mayoría no representada y la minoría que ocupa el poder sin preocuparse del interés de la mayoría. En segundo lugar, se consagra también la idea de que esta minoría es incapaz de dar respuestas y explicaciones a la mayoría de la sociedad que las demanda. Es en este momento en el que se produce el inicio de una batalla por dotar de contenido a ciertas palabras, que resultan fundamentales en la construcción del relato social.

Para Laclau, los procesos de ruptura y reordenación radical del campo político, culminan en un proceso en el que la identidad en formación recibe la denominación de “pueblo” por oposición a las élites dirigentes impugnadas. Así toma forma el “populismo” como construcción política que simplifica la realidad y la reduce a una frontera de exclusión que divide a los dos campos, siendo el pueblo algo menos que la totalidad de los miembros de la comunidad; por lo que es un componente parcial que aspira a ser concebido como la única totalidad legítima.

A partir del 15 de mayo de 2011, el relato del bipartidismo como principal culpable de la crisis, y como defensor de una elite u oligarquía privilegiada que basa su poder y superioridad en la explotación del pueblo y en la corrupción, toma forma y nos otorga la idea generaliza de convergencia de los grandes partidos del sistema que apuntábamos antes.

A su vez, tenemos a ese amplio sector social que se siente excluido del sistema, y que sobre todo sufre en sus propias carnes una crisis de expectativas y de miedo a perder el estatus social, es decir, quienes no pueden cumplir sus objetivos vitales de realizarse y tener el nivel de vida y bienestar esperado, ya sea por el impedimento de poder emanciparse, o por el sufrimiento de la incertidumbre o inseguridad laboral, lo que se traduce en una insatisfacción absoluta con el sistema. Este heterogéneo sector social que se convierte posteriormente en la base electoral de Podemos y es esencial para construir el “nosotros”, tiene en común una amplia formación o ser personas que aun están estudiando, a los que hay que sumar aquellos que tienen trabajos poco cualificados o precarios, y que además poseen una formación más alta. Estamos así ante ciudadanos descontentos con la gestión política sobre la crisis, y que buscan responsables, y que a su vez sienten que la legitimidad y el consenso dinámico que existía en nuestra sociedad ha quebrado.

Con todo esto, el 15 de mayo de 2011 comienza la transformación que conllevará el retroceso, en cuanto a legitimación cultural, de las élites tradicionales. Si el retroceso político no se produce en aquel momento es por dos motivos, el primero porque todo cambio cultural tarda en cristalizar en un cambio político. El segundo, porque no existían alternativas políticas a ojos de los ciudadanos, y una gran parte todavía creía que provocando la alternancia se solucionaría la situación.

Así que lo que tenemos, es que tras el 15M colapsa el PSOE en las elecciones municipales y autonómicas primero, y posteriormente en las generales. El PP no lo hará en ese momento, sino posteriormente, según va aplicando las medidas de austeridad extremas y su política neoliberal. Por lo que tenemos así una circunstancia que provoca la irrupción de Podemos ahora, y no en 2011, pues es éste el momento en el que la alternancia de los dos grandes partidos ha quedado desacreditada por completo a ojos de la ciudadanía, que tiene relación directa con la convergencia que antes apuntábamos.

Debemos añadir además como factor de esa convergencia, como en un momento en el que el neoliberalismo lo impregnaba todo por haber sido capaz de construir un relato predominante, la práctica totalidad de la socialdemocracia europea abrazó la denominada Tercera Vía, que en la práctica la convirtió en  un socioliberalismo que la llevó en lo esencial a no poder diferenciarse del propio neoliberalismo y que tuvo sus exponentes en Alemania, con el denominado Neue Mitte bajo el gobierno del canciller alemán, Gerhard Schröder, y en las tesis del Third Way de Anthony Giddens plasmadas por los gobiernos de Tony Blair.  Esta aparente convergencia entre élites políticas apuntada aquí, tuvo para la ciudadanía española su  máxima escenificación en nuestro país en la reforma del art. 135 de la Constitución.

Con todas estas cuestiones en el panorama político y social español, es a partir de los cuales Podemos comienza la construcción de su discurso reuniendo diversos elementos dispersos, que no son otra cosa que los contenidos sociales presentes y cuya articulación va a suponer la fabricación, que no invención, de un relato, sabedores de que quien construye el tablero de juego y el lenguaje, así como los bandos y los motivos por los que surgen estos, tiene ganada la mitad de la partida, como así establece Laclau, para quien la política es una “guerra de posiciones”.

Este relato necesita elaborar a su vez metáforas, símbolos, palabras, que en definitiva sean capaces de resumir que está pasando en un momento y en una situación concreta. Ejemplo de esto sería la tan utilizada palabra “casta”, que produce una explicación resumida de lo que sucede, a la vez que genera consenso sobre su significado y resulta fácil de transmitir entre la ciudadanía, siendo capaz de esta forma, de reducir un debate complejo a unos términos muy favorables para quien la ha puesto en circulación.

Obviamente, en esto, Podemos hace una simplificación que realizan todos los actores políticos, y que consiste en traducir los diagnósticos a la intervención política, para lo que se requiere fabricar explicaciones simplificadas de lo existente, que sean capaces de influir en la toma de posiciones que la gente adopte sobre los problemas, y marque la frontera entre el ellos y el nosotros, haciéndonos decantar por uno de los bandos.

Tanto el discurso, como la construcción del mismo, buscan crear una relación hegemónica que provoque que incluso quienes no están de acuerdo contigo en tus postulados, se vean por el contrario obligados a pensar y debatir con tus propias categorías y en tus términos. Pongamos un ejemplo: cuando el resto de partidos tiene que salir a decir que “no son casta”, es ahí donde Podemos ya ha triunfado, ya que ha sido capaz de construir con un relato determinado de lo real (que tiene efectos políticos reales),  un tablero de juego en el que sus adversarios se ven obligados a participar.

Además de ello, el triunfo de esa relación hegemónica conlleva, que aunque el resto pueda ganar a Podemos, ahora para ganarles deberán parecerse un poco a ellos. Otro ejemplo: las “asambleas abiertas” del PSOE.

Para ir concluyendo, parece evidente que en Podemos existe populismo, pero no en el sentido peyorativo que se le da al concepto, sino que está presente a través de la formulación de Laclau al entenderlo como una forma de articular identidades populares en momentos de crisis e incapacidad de absorción institucional, descontento y ruptura de las lealtades previas, en la lucha por el espacio político frente a élites que son agrupadas. Aplican así una nueva frontera que parte horizontalmente el campo dibujando un nuevo “ellos” frente al que crear una identidad popular que supera las metáforas que antes repartían posiciones. Este concepto de populismo, se ve completado por el nacional, o lo que es lo mismo, la construcción de un discurso nacional-popular, de esa forma existe una pugna por el concepto nación, o patria como Iglesias se refirió a él en Sol, y en esta pugna Podemos redefine el concepto y se lo arrebata a los “otros”.

Está claro que Podemos es de izquierdas, quizás todos los colocaríamos como una izquierda entre el PSOE e Izquierda Unida, pero si formulasen el discurso en ese eje, jamás habrían llegado tan lejos.  Es precisamente a través de la aplicación del modelo teórico de Laclau, como articulan un discurso que explica el proceso de erosión de legitimidad del orden político vigente, así como de sus representantes, y construyen paralelamente una identidad social que se basa en la impugnación general de todos ellos, en un contexto de absoluta debilidad de los relatos e identidades cerradas como la “clase”, hasta entonces existentes. Por todo ello, necesitan desde este enfoque teórico, un concepto de pueblo, de los de abajo, vacío, no vinculado a ningún grupo social existente, sino que se empiece a construir con tendencia a la universalidad de una parte de la comunidad política.

Es la construcción del eje arriba-abajo, de la aplicación de la forma populista caracterizada por la fractura y la polarización en torno a significantes amplios, o flotantes en palabras de Laclau, lo que permite ser tan ambivalente ideológicamente, a la vez que se articula un discurso sólido sobre tres grandes ejes, como son democracia, soberanía y derechos sociales, y una vez que se han disputado y redefinido, el discurso que construyen sobre ellos, es un discurso ganador.

En definitiva, Podemos construye su discurso a través de la creación de una nueva identidad hasta ahora no usada, que no es otra que “todos aquellos que no son casta”, y que conlleva coaliciones de grupos sociales nunca aplicadas hasta ahora en nuestro país. Es precisamente por todo ello, por lo que es posible considerar que Podemos ya ha triunfado, no solo por su irrupción, sino porque ha sido capaz de crear un narrativo creíble en el que a día de hoy se desarrolla la política española.

Fuente                                     Eduardo Bayón
debate21 

Licenciado en Derecho por la Universidad de Oviedo; Ciencias Políticas y Administración y Máster en Derechos Fundamentales por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED).