La construcción del discurso político de Podemos: aplicación práctica del enfoque teórico de Laclau
Con el
paso de los meses, el ascenso de Podemos, y el ruido que se genera en la
confrontación política diaria, pocos son los análisis que profundizan y
diseccionan lo suficiente en la elaboración y articulación del discurso
del partido de Pablo Iglesias, desde que aquel 25 de mayo irrumpiera en
las elecciones europeas. La construcción del discurso político de
Podemos se basa esencialmente en la reformulación en el contexto español
de los postulados de Antonio Gramsci, y especialmente Ernesto Laclau.
Empezaremos
por el principio, como todo, el discurso de Podemos surge en un tiempo y
en un momento político y social determinado. La crisis económica y
financiera, sumada a la crisis política, o lo que es lo mismo, la crisis
de legitimidad de las instituciones políticas de nuestro país, ha
provocado un colapso en el sistema de partidos español que se evidencia a
través de las siguientes tres causas, y que son las mismas que apuntaba
Jana Morgan en su libro, “Bankrupt of representation and party system collapse” (2012), al analizar la caída de los sistemas de partidos de Italia, Colombia, Venezuela y Bolivia.
Por un
lado tenemos la insatisfacción con el gobierno y con la oposición, a
ello hay que sumarle la percepción de una cierta convergencia de los
partidos pertenecientes al sistema, o lo que se ha conocido como “son lo
mismo” y que conlleva la creencia de que no existen diferencias
significativas gobierne quien gobierne, propiciado en parte por la
sensación de ser tutelados desde Bruselas.
El
segundo factor clave es la escasa incorporación de los ciudadanos al
sistema político, con capas de la población que se sienten excluidas,
cuestión que además se ve reforzada por el relato de la crisis y sus
consecuencias para toda una generación que se siente desarraigada del
sistema.
El
tercero es el colapso del clientelismo a través del descenso del reparto
debido a la crisis, y la corrupción política, lo que otorga a la
ciudadanía una mayor sensibilidad en este asunto que en época de
bonanza.
Una vez
que asumimos que cuando surge Podemos el sistema político se encuentra
colapsado, debemos remontarnos al año 2011, cuando el 15M sentó las
bases de lo que Podemos recogió posteriormente analizándolo desde el
enfoque teórico elaborado por Laclau. Durante el 15M asistimos a una
grieta en el relato oficial, poniendo así en marcha explicaciones
paralelas a las existentes. Es entonces cuando en nuestro país se inicia
un periodo que dura tres años (hasta el pasado 2014) que propicia los
cambios culturales necesarios para que sea posible abrir un nuevo
espacio electoral. Este cambio cultural, consiste en la modificación de
las percepciones y de las explicaciones de lo que nos sucede, del por
qué, del quién es responsable de ello, y de la necesidad de buscar
alternativas.
Esta es
la interpretación que Podemos realiza del 15M a través de la aplicación
de Ernesto Laclau, quien junto a Chantal Mouffe, en su obra principal, “Hegemonía y estrategia socialista” (1985), proponía un enfoque teórico para comprender la política como
disputa por el sentido, en la que el discurso no es lo que se dice de
posiciones ya existentes, sino que es una construcción de unas u otras
posiciones, de uno o de otro sentido, a partir de datos cuyo significado
puede ser muy distinto según sean seleccionados, agrupados o
contrapuestos.
Además,
el 15M introduce dos elementos que son fundamentales posteriormente en
la construcción del discurso de Podemos: en primer lugar, introduce en
el panorama político la noción de los de arriba y los de abajo, o lo que
es lo mismo, la mayoría no representada y la minoría que ocupa el poder
sin preocuparse del interés de la mayoría. En segundo lugar, se
consagra también la idea de que esta minoría es incapaz de dar
respuestas y explicaciones a la mayoría de la sociedad que las demanda.
Es en este momento en el que se produce el inicio de una batalla por
dotar de contenido a ciertas palabras, que resultan fundamentales en la
construcción del relato social.
Para
Laclau, los procesos de ruptura y reordenación radical del campo
político, culminan en un proceso en el que la identidad en formación
recibe la denominación de “pueblo” por oposición a las élites dirigentes
impugnadas. Así toma forma el “populismo” como construcción política
que simplifica la realidad y la reduce a una frontera de exclusión que
divide a los dos campos, siendo el pueblo algo menos que la totalidad de
los miembros de la comunidad; por lo que es un componente parcial que
aspira a ser concebido como la única totalidad legítima.
A partir
del 15 de mayo de 2011, el relato del bipartidismo como principal
culpable de la crisis, y como defensor de una elite u oligarquía
privilegiada que basa su poder y superioridad en la explotación del
pueblo y en la corrupción, toma forma y nos otorga la idea generaliza de
convergencia de los grandes partidos del sistema que apuntábamos antes.
A su vez,
tenemos a ese amplio sector social que se siente excluido del sistema, y
que sobre todo sufre en sus propias carnes una crisis de expectativas y
de miedo a perder el estatus social, es decir, quienes no pueden
cumplir sus objetivos vitales de realizarse y tener el nivel de vida y
bienestar esperado, ya sea por el impedimento de poder emanciparse, o
por el sufrimiento de la incertidumbre o inseguridad laboral, lo que se
traduce en una insatisfacción absoluta con el sistema. Este heterogéneo
sector social que se convierte posteriormente en la base electoral de
Podemos y es esencial para construir el “nosotros”, tiene en común una
amplia formación o ser personas que aun están estudiando, a los que hay
que sumar aquellos que tienen trabajos poco cualificados o precarios, y
que además poseen una formación más alta. Estamos así ante ciudadanos
descontentos con la gestión política sobre la crisis, y que buscan
responsables, y que a su vez sienten que la legitimidad y el consenso
dinámico que existía en nuestra sociedad ha quebrado.
Con todo
esto, el 15 de mayo de 2011 comienza la transformación que conllevará el
retroceso, en cuanto a legitimación cultural, de las élites
tradicionales. Si el retroceso político no se produce en aquel momento
es por dos motivos, el primero porque todo cambio cultural tarda en
cristalizar en un cambio político. El segundo, porque no existían
alternativas políticas a ojos de los ciudadanos, y una gran parte
todavía creía que provocando la alternancia se solucionaría la
situación.
Así que
lo que tenemos, es que tras el 15M colapsa el PSOE en las elecciones
municipales y autonómicas primero, y posteriormente en las generales. El
PP no lo hará en ese momento, sino posteriormente, según va aplicando
las medidas de austeridad extremas y su política neoliberal. Por lo que
tenemos así una circunstancia que provoca la irrupción de Podemos ahora,
y no en 2011, pues es éste el momento en el que la alternancia de los
dos grandes partidos ha quedado desacreditada por completo a ojos de la
ciudadanía, que tiene relación directa con la convergencia que antes
apuntábamos.
Debemos
añadir además como factor de esa convergencia, como en un momento en el
que el neoliberalismo lo impregnaba todo por haber sido capaz de
construir un relato predominante, la práctica totalidad de la
socialdemocracia europea abrazó la denominada Tercera Vía, que en la
práctica la convirtió en un socioliberalismo que la llevó en lo
esencial a no poder diferenciarse del propio neoliberalismo y que tuvo
sus exponentes en Alemania, con el denominado Neue Mitte bajo el gobierno del canciller alemán, Gerhard Schröder, y en las tesis del Third Way
de Anthony Giddens plasmadas por los gobiernos de Tony Blair. Esta
aparente convergencia entre élites políticas apuntada aquí, tuvo para la
ciudadanía española su máxima escenificación en nuestro país en la
reforma del art. 135 de la Constitución.
Con todas
estas cuestiones en el panorama político y social español, es a partir
de los cuales Podemos comienza la construcción de su discurso reuniendo
diversos elementos dispersos, que no son otra cosa que los contenidos
sociales presentes y cuya articulación va a suponer la fabricación, que
no invención, de un relato, sabedores de que quien construye el tablero
de juego y el lenguaje, así como los bandos y los motivos por los que
surgen estos, tiene ganada la mitad de la partida, como así establece
Laclau, para quien la política es una “guerra de posiciones”.
Este
relato necesita elaborar a su vez metáforas, símbolos, palabras, que en
definitiva sean capaces de resumir que está pasando en un momento y en
una situación concreta. Ejemplo de esto sería la tan utilizada palabra
“casta”, que produce una explicación resumida de lo que sucede, a la vez
que genera consenso sobre su significado y resulta fácil de transmitir
entre la ciudadanía, siendo capaz de esta forma, de reducir un debate
complejo a unos términos muy favorables para quien la ha puesto en
circulación.
Obviamente,
en esto, Podemos hace una simplificación que realizan todos los actores
políticos, y que consiste en traducir los diagnósticos a la
intervención política, para lo que se requiere fabricar explicaciones
simplificadas de lo existente, que sean capaces de influir en la toma de
posiciones que la gente adopte sobre los problemas, y marque la
frontera entre el ellos y el nosotros, haciéndonos decantar por uno de
los bandos.
Tanto el
discurso, como la construcción del mismo, buscan crear una relación
hegemónica que provoque que incluso quienes no están de acuerdo contigo
en tus postulados, se vean por el contrario obligados a pensar y debatir
con tus propias categorías y en tus términos. Pongamos un ejemplo:
cuando el resto de partidos tiene que salir a decir que “no son casta”,
es ahí donde Podemos ya ha triunfado, ya que ha sido capaz de construir
con un relato determinado de lo real (que tiene efectos políticos
reales), un tablero de juego en el que sus adversarios se ven obligados
a participar.
Además de
ello, el triunfo de esa relación hegemónica conlleva, que aunque el
resto pueda ganar a Podemos, ahora para ganarles deberán parecerse un
poco a ellos. Otro ejemplo: las “asambleas abiertas” del PSOE.
Para ir
concluyendo, parece evidente que en Podemos existe populismo, pero no en
el sentido peyorativo que se le da al concepto, sino que está presente a
través de la formulación de Laclau al entenderlo como una forma de
articular identidades populares en momentos de crisis e incapacidad de
absorción institucional, descontento y ruptura de las lealtades previas,
en la lucha por el espacio político frente a élites que son agrupadas.
Aplican así una nueva frontera que parte horizontalmente el campo
dibujando un nuevo “ellos” frente al que crear una identidad popular que
supera las metáforas que antes repartían posiciones. Este concepto de
populismo, se ve completado por el nacional, o lo que es lo mismo, la
construcción de un discurso nacional-popular, de esa forma existe una
pugna por el concepto nación, o patria como Iglesias se refirió a él en
Sol, y en esta pugna Podemos redefine el concepto y se lo arrebata a los
“otros”.
Está
claro que Podemos es de izquierdas, quizás todos los colocaríamos como
una izquierda entre el PSOE e Izquierda Unida, pero si formulasen el
discurso en ese eje, jamás habrían llegado tan lejos. Es precisamente a
través de la aplicación del modelo teórico de Laclau, como articulan un
discurso que explica el proceso de erosión de legitimidad del orden
político vigente, así como de sus representantes, y construyen
paralelamente una identidad social que se basa en la impugnación general
de todos ellos, en un contexto de absoluta debilidad de los relatos e
identidades cerradas como la “clase”, hasta entonces existentes. Por
todo ello, necesitan desde este enfoque teórico, un concepto de pueblo,
de los de abajo, vacío, no vinculado a ningún grupo social existente,
sino que se empiece a construir con tendencia a la universalidad de una
parte de la comunidad política.
Es la
construcción del eje arriba-abajo, de la aplicación de la forma
populista caracterizada por la fractura y la polarización en torno a
significantes amplios, o flotantes en palabras de Laclau, lo que permite
ser tan ambivalente ideológicamente, a la vez que se articula un
discurso sólido sobre tres grandes ejes, como son democracia, soberanía y
derechos sociales, y una vez que se han disputado y redefinido, el
discurso que construyen sobre ellos, es un discurso ganador.
En
definitiva, Podemos construye su discurso a través de la creación de una
nueva identidad hasta ahora no usada, que no es otra que “todos
aquellos que no son casta”, y que conlleva coaliciones de grupos
sociales nunca aplicadas hasta ahora en nuestro país. Es precisamente
por todo ello, por lo que es posible considerar que Podemos ya ha
triunfado, no solo por su irrupción, sino porque ha sido capaz de crear
un narrativo creíble en el que a día de hoy se desarrolla la política
española.
Fuente Eduardo
Bayón
debate21
Licenciado en Derecho por la Universidad de
Oviedo; Ciencias Políticas y Administración y Máster en Derechos
Fundamentales por la Universidad Nacional de Educación a Distancia
(UNED).