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sábado, 4 de abril de 2015

LA POLÍTICA MILITAR




El Expolio del Museo del Ejército, ejemplo de política militar

La noche del 21 al 22 del pasado mes de febrero fue detenido A.G.L., español de 39 años de edad, suponemos que caucasiano (es decir, blanco, pero no queremos caer en “delito de odio”), acusado de un delito de robo con fuerza en el antiguo Museo del Ejército en Madrid. Pillado “in fraganti”, la policía municipal, alertada por un vecino ante los golpes (lo que demuestra que el edificio no tiene vigilancia humana o electrónica), halló en su poder un lienzo de grandes dimensiones y un libro  (lo que prueba que en el antiguo museo hay aún bienes “abandonados”), y varios metros de cable de cobre que estaba sustrayendo. Para introducirse en lo que en su día fue parte del Palacio Real del Buen Retiro había forzado dos puertas (http://www.abc.es/madrid/20150222/abci-robo-museo-ejercito-madrid-201502221713.html).

Esta pequeña y local noticia, con la que está cayendo y la que se avecina, pensarán ustedes que no merece su atención, pero la misma apenas oculta, antes al contrario, el expolio perpetrado al Patrimonio Nacional en lo que durante siglos fue Museo de Artillería y luego del Ejército. Y no solo eso, es uno de los paradigmas de lo que ha sido y es la Política de Defensa del actual Régimen: el ataque al “alma militar”, por no decir patriótica, en sus más importantes símbolos.

Para empezar, veamos, con precisión, lo que significan “expolio” y “símbolos militares”:

EXPOLIACIÓN. La Ley 16/1985 de 25 de junio del Patrimonio Histórico Español,  en su artículo 4, dice así: “A los efectos de la presente Ley, se entiende por expoliación, toda acción u omisión que ponga en peligro de pérdida o destrucción todos o algunos de los valores de los bienes que integran el Patrimonio Histórico Español, o perturben el cumplimiento de su función social”.

TRADICIÓN. SÍMBOLOS: Ley 85/1978 de 28 de diciembre, Reales Ordenanzas para las Fuerzas Armadas, Arto. 16 y 17, por supuesto, ya derogada y “envuelta por la izquierda”, decía:    “Los Ejércitos de España son herederos y depositarios de una gloriosa tradición militar. El homenaje a los héroes que la forjaron es un deber de gratitud y un motivo de estímulo para la continuación de su obra. El espíritu que anima a la Institución Militar se refuerza con los símbolos transmitidos por la Historia. Los símbolos fortalecen la voluntad, exaltan los sentimientos e impulsan al sacrificio”.

Pues bien, los símbolos de la Patria y del Ejército han sido expoliados con la excusa, más bien simple “trágala”, de ceder su espacio madrileño, supuestamente, al Museo del Prado para recrear en él el borbónico Salón de Reinos y exponer algunas de las pinturas que en su día lo adornaron. Pues bien, pasados más de 10 años del aparente “traslado” al Alcázar de Toledo, acabamos de constatar que el tal “Palacio” está destartalado, abandonado y en espera de más que posible “okupación” y ruina.

Coincide esta circunstancia con la aparición de un magnífico libro de la Asociación de Amigos del Museo del Ejército en Madrid, en base a cuyo texto resumen podemos darles las verdaderas pautas de este atentado, o mejor, estos, pues se encadenaron otros a él.

El Museo del Ejército, heredero del Real Museo de Artillería (desde su creación en 1803 hasta 1929), el tercero más antiguo de España y que combatió con sus cañones el 2 de Mayo de 1808 en el Parque de Monteleón,  existió en Madrid desde su nacimiento hasta el año 2005 en que fue materialmente deshecho con la excusa de su totalmente inconveniente traslado a un Alcázar de Toledo ocupado en parte importante por la Biblioteca de la Comunidad y necesitado de ingentes, costosas y difícilmente legales obras. Y decimos cuasi ilegales porque, sobre que la orden de traslado no apareció en ningún BOE, también se hizo en contra del pronunciamiento de la Real Academia de la Historia y vulnerando la ley de Patrimonio, la carta de Toledo-Washington, y las opiniones de la UNESCO, ICOMOS (Consejo Internacional de Monumentos y Sitios); oposición debida, entre otras cosas, al daño que iba a suponer al edificio histórico del Alcázar.

Además, en Toledo se exponen solo la mitad de los fondos que podían admirar con anterioridad al traslado, por lo que, si recordamos que uno de los pretextos aducidos para el desalojo del Museo de su sede de Madrid era que en el Alcázar se iba a cuadruplicar su superficie expositiva, resulta que, una vez más, la mentira tiene las patas cortas. En el camino se han ¿perdido?, ¿escondido?, al menos a la contemplación pública, gran cantidad de testimonios de nuestra historia antigua, moderna y contemporánea, sea en los escenarios europeos, africanos, del Imperio e incluso de casi nuestros días.

Al expolio del Museo de Madrid y su Sección Delegada en Toledo, se ha unido la del “Museo del Asedio”, borrando prácticamente la Gesta del Alcázar. Así se ha privado al pueblo español  del testimonio de lo que ha sido su verdadera Historia. Según el diario El País (de 19-VII-2010), el costo total de la operación ha sido 101’4 millones €, mayor que la ampliación del Reina Sofía (92 M€).

El libro El  Expolio del Museo del Ejército - En Busca de un Tesoro Histórico y Cultural Perdido es la cabal historia del Museo, o mejor, de los museos del Ejército, y en gran parte de España, con sus grandezas y sus miserias. Su autor, la Asociación de Amigos del Museo del Ejército de Madrid interpuso dos recursos contencioso-administrativos y ha luchado, y lucha, por su reintegración, si quiera parcial, a Madrid. Por ello, como colofón de nuestro trabajo,  hacemos un llamamiento al Gobierno, a la Comunidad y Ayuntamiento de Madrid, para que en la centenaria y hoy abandonada sede del Museo, se agrupe una parte significativa de sus piezas para  que puedan ser conocidas especialmente por los españoles más jóvenes. Es, también, la prueba palpable de la ignominiosa política antipatriótica y antimilitar de este Régimen.


Fuente                                     Colectivo Alborán
Colectivo Alborán
Colectivo Alborán

FICHA
80 Páginas a todo color. 150 ilustraciones. ISBN: 978-84-16200-12-2. Precio  12’00 €.
Encuadernación: Rústica. Dimensiones: 24x17 cm.
Editorial Galland Books: http://www.aresenyalius.com
Asociación Amigos del Museo del E. en Madrid: www.amigosmuseoejercitomadrid.com

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domingo, 12 de octubre de 2014

EL EJÉRCITO ACTUAL



El porqué del ejército actual

Parece evidente que el Ejército actual ha tenido que separar su ideología profesional de sus prácticas reales. La necesidad de participar en misiones internacionales de todo tipo y el advenimiento de unas fuerzas armadas compuestas exclusivamente por voluntarios ha seguido proporcionando poderosos incentivos para limitar el tradicionalismo, la rigidez y la ceremoniosidad. Nadie ignora, desde luego, que los detallados reglamentos y procedimientos del Ejército se atenúan durante las misiones de servicio, especialmente en combate. La autoridad se basa no tanto en la jerarquía formal y la autoridad legal como en el liderazgo personal y en la capacidad de crear un sentimiento de solidaridad de grupo y de conseguir la máxima eficacia en unidades pequeñas. En el combate real se produce una poderosa expresión de autoridad consensual.
Las tensiones sobre la autoridad no son idénticas en los tres Ejércitos; las fuerzas de tierra son las que han experimentado las mayores dificultades. Para aquellos oficiales de carrera que han permanecido en activo desde el final del antiguo régimen la transformación ha sido espectacular. Ha habido, sobre todo, modificaciones del sistema de justicia militar que han expuesto amplias zonas de la vida militar al examen de los tribunales civiles. De importancia capital ha sido también la redefinición de la jornada laboral en los cuarteles y la adaptación de las actividades a un horario general de ocho a cinco de la tarde, que limita el carácter de institución total de la comunidad militar. El Ejército ha hecho hincapié en un tipo de formación para el liderazgo y la gestión y en procedimientos concebidos para reducir el autoritarismo y la arbitrariedad. Una considerable parte de los oficiales y suboficiales pueden estar convencidos de que estos cambios han sido excesivos y suponen una inclinación desmedida hacia lo civil.
En los años noventa, las autoridades militares tuvieron que hacer frente a la hostilidad de la opinión pública española y a un amplio descontento con el servicio militar obligatorio. Los medios de comunicación resaltaron espectaculares incidentes anti militaristas, dentro y fuera de las bases militares. Por vez primera, las fuerzas armadas tuvieron que encarar un movimiento pacifista persistente y políticamente organizado, movimiento que al margen de sus reducidas dimensiones como quedó explicado en uno de mis trabajos sobre la Región Militar Pirenaico-Occidental, atrajo una considerable atención. Las peticiones pacifistas, los periódicos de la calle y las actividades de un núcleo de activistas radicales se convirtieron en características cotidianas de la vida militar.
La indiferencia y la hostilidad de la opinión pública y el debilitamiento del sentimiento de legitimidad a la hora de defender a la sociedad fueron y son los problemas cruciales en el ejercicio de la autoridad militar. Por primera vez en la historia contemporánea, las fuerzas armadas no se sintieron respaldadas por la población en general.
En el caso de los jóvenes las actitudes negativas hacia el servicio militar obligatorio aumentaron a medida que España se iba adaptando a las organizaciones internacionales de seguridad y defensa.
En consecuencia, la transición a un sistema de efectivos compuestos exclusivamente por voluntarios hubo de realizarse durante un periodo de inmensa presión y turbulencia organizativa. La existencia del poder legislativo y ejecutivo para conseguir un ejército compuesto en su totalidad de voluntarios se apoyó fundamentalmente en un aumento de las retribuciones para que los empleos militares fueran competitivos con relación a los civiles de su misma función. Sin embargo, el carácter y las cualidades de la vida militar, especialmente sus formas de autoridad y su objetivo visible, las misiones de paz, fueron esenciales para el reclutamiento y la retención del personal.

Fuente                                        Enrique Area Sacristán
elespiadigital  Teniente Coronel de Infantería. Doctor por la Universidad de Salamanca.

domingo, 28 de septiembre de 2014

ANTIMILITARISMO



El antimilitarismo de la progresía

El antimilitarismo de la progresía  es, como la mayor parte de las actitudes negativas, un implícito reconocimiento de la superioridad de aquello que se impugna. Nada ilustra mejor esta afirmación que el apresuramiento con que los antimilitaristas adoptan las formas y los modos más banalmente castrenses, en cuanto se ven en posición propicia para hacerlo.
A nosotros la literatura antimilitarista nos vino de fuera de las fronteras. Fueron en Alemania, Bilse; en Rusia, Tolstoy, en Suecia, Berta Sutner; en Francia, Descaves, Hermant, Lantoine, Zola, Rachilde, y otros que suministraron a la tesis antimilitaristas los más viles y los más falsos argumentos.
Entonces se empezó a conocer el tipo teratológico, patológico para entendernos, del militar antimilitarista. Los caminos abiertos a un adversario sagaz, para llegar hasta él son infinitos; el más fácil es, generalmente, lisonjear su vanidad. Hacerle imaginar que entre sus compañeros es el más inteligente porque es el que acierta a comprender las miserias de su profesión; sugerirle la idea de la superioridad intelectual que revela al sentirse incómodo y discrepante entre los suyos; excitar su imaginación hasta ponerle en trance de imaginar que produce argumentos nuevos, o, cuando menos, que aporta comprobaciones experimentales de los argumentos ya utilizados por otros.
De este modo, iniciado en los hasta entonces para ti inefables misterios, comienzas a murmurar de tus compañeros. Si, por ventura, sintieras turbada tu conciencia al hacerlo, no faltará quien te diga que censurar a un  militar no es detraer a la milicia; a sabiendas, probablemente, de que, al decírselo, te engaña.
Pero si ha podido decirse que hablar mal de un médico es hablar mal de la Medicina, no hará falta mucha imaginación para añadir a las razones en que aquella busca apoyo, algunas más, y de mayor peso, que debieran inducir en todos los casos a la abstención de cualquier gratuito comentario peyorativo, o de la banal murmuración de este o de aquel soldado, en la generalización de empleos, sin aparente trascendencia.
Abstención, que no vale lo mismo que disimulo y tolerancia. Sino que como el militar tiene siempre abiertos los caminos para solicitar justicia, puede en todos los casos evitarse la incorrección de murmurar cumpliendo su deber de corregir por sí o de poner en conocimiento de quien pueda hacerlo, las inconveniencias de que tenga noticia.
Sin embargo, mientras que para defender la independencia y unidad de la Patria, el ser mismo de la Patria, es necesario un Ejército, es la peor de las torpezas cualquier intento de rebajar, o aún estimar en poco, las virtudes militares; como lo será, complacerse en las condecoraciones de la guerra y en el encarecimiento de sus dolores, dictadas siempre, no por un amor sincero a la paz, que jamás ha sido asegurada con un miedo a la guerra, sino por una malsana pasión de la que conviene guardarse.
Que al fin y al cabo, según Rivadeneira, en el Tratado de la religión y virtudes que debe tener el príncipe cristiano, “son los soldados los que amparan la Religión, los que dan brazo y fuerza a la justicia, los que mantienen la paz, reprimen al enemigo, castigan al facineroso y atrevido; debajo de su tutela y protección puede el labrador arar y sembrar su campo, y cultivar su viña y coger los frutos de la tierra y dormir sin sobresalto a la sombra de su higuera y de su vid, y el mercader navegar y proveer y enriquecer el reino, y la doncella guardar su castidad y la casada criar seguramente sus hijos, y el oficial trabajar, y el letrado estudiar, y el clérigo ocuparse quietamente en rezar, y el religioso en contemplar y alzar las manos al cielo, y el juez en hacer justicia y, finalmente, el Príncipe ser señor de sus estados.

Fuente                                 Enrique Area Sacristán
elespiadigital  Teniente Coronel de Infantería. Doctor por la Universidad de Salamanca

domingo, 6 de julio de 2014

CUESTIÓN DE DESCONFIANZA



¿Una visión sencilla del problema de Gibraltar?
Se suceden periódicamente los incidentes entre patrulleras del Servicio Marítimo de la Guardia Civil y otras de la autoridad portuaria de Gibraltar cuando no de la propia Royal Navy.
La razón no es otra que la que se deriva de la diferente interpretación que tanto España como el Reino Unido tienen de la soberanía de las aguas adyacentes de Gibraltar.
España no reconoce otra situación que la que marca el Tratado de Utrecht en el que sólo se contempla la cesión a Gran Bretaña del Peñón, castillo y puerto. No admite la soberanía británica sobre las aguas que rodean el peñón.
El Reino Unido, por su parte, proclama que todo territorio genera soberanía sobre las aguas circundantes y además apoya su concepto en el hecho de que la propia España mediante una disposición de 1967 delimita las aguas claramente de Algeciras y La Línea lo que, según ellos, implícitamente reconoce aguas propias a Gibraltar.
En definitiva, nos encontramos ante dos posturas irreconciliables que propicia – tal como sucede – innumerables conflictos una y otra vez que si no van a mayores es debido al control y prudencia que los dos Gobiernos – británico y español – mantienen sobre la situación.
Han pasado más de trescientos años desde que Gran Bretaña, con malas artes, usurpara la soberanía del peñón, en nombre del pretendiente al trono de España, Carlos de Austria, en la guerra de sucesión de principios del siglo XVIII.
España nunca reconoció la pérdida de soberanía – pese a la firma del Tratado – y siempre ha querido la reversión del territorio. Siempre infructuosamente.
Las razones por las que el Reino Unido, que en los últimos 60 años ha perdido la práctica totalidad de lo que fue el imperio británico, se resiste a devolver la soberanía del peñón a España son objeto de controversia entre diferentes analistas.
Unos aducen que ello es debido al respeto a la voluntad de la población gibraltareña, otros a la posición importante que como “paraíso fiscal” representa para la economía británica y otros a la relevancia estratégica que aún mantiene el Peñón en el escenario geopolítico mundial.
Probablemente todas estas razones son ciertas y por lo tanto toda política española que se encamine hacia la recuperación de la soberanía debe tener en cuenta todos los factores citados.
Numerosa es la bibliografía reciente al respecto pero quisiera destacar el documentado, detallado y minucioso libro titulado “Gibraltar: Base Militar” del Capitán de Navío Angel Liberal. Y lo hago porque de su lectura llego a la conclusión – que confirma mi opinión de siempre – que la solución al conflicto solo vendrá cuando partamos del principio de constatar que la única razón de la permanencia de Gran Bretaña en el Peñón es la existencia de la base militar como tal. Todo lo demás es superfluo. Sí, incluida la opinión de la población gibraltareña. Población que no es más que juguete de los intereses militares británicos. Lo ha sido siempre.
Pero, ¿por qué es importante la base militar de Gibraltar? Veamos.
Por el estrecho de Gibraltar circulan anualmente unos 150.000 buques civiles y militares. Obvia destacar la importancia que el control del tráfico marítimo representa para la economía mundial y en especial para la de los países europeos. Pero si analizamos este tráfico desde la perspectiva militar, tanto en tiempos de paz como de guerra, requiere especial atención la del paso de los submarinos en inmersión. Especialmente la de los nucleares o de aquellos dotados de sistemas AIP que permiten inmersiones prolongadas sin necesidad de hacer superficie.
Las aguas del estrecho de Gibraltar son profundas y permiten este paso lo que hace perentorio la disponibilidad de medios acústicos que amén de otros dispositivos se encuentran en los cables submarinos que se encuentran en el fondo del citado estrecho. Cables bajo el control de la Armada británica y de la estadounidense. Cables que se unen a otros diseñados específicamente para las comunicaciones.
La recepción de todas las señales es recogida por una importante estación de inteligencia ubicada precisamente en la base militar de Gibraltar.
Y si de submarinos nucleares hablamos no está de más recordar que Gibraltar es punto de recalada frecuente de estos. Tanto de los británicos como de los norteamericanos ya que las aguas de la base naval de Rota no tienen profundidad adecuada al efecto.
En definitiva, la base británica de Gibraltar constituye una Estación de Inteligencia de suma importancia para la defensa occidental.
¡Ojo! Los EEUU no son ajenos a esta explotación de las facilidades mencionadas. Incluyendo el almacenamiento de munición pese a la cercanía de la base naval de Rota.
Sucede que al contrario de lo que acaecía en el pasado resulta ahora que España es miembro de la OTAN y por lo tanto aliado de los EEUU y el Reino Unido y consecuentemente firmemente comprometido con la defensa de Occidente. De aquí los convenios con los EEUU de cesión de la base naval de Rota y de las enormes facilidades proporcionadas hoy en la base de Morón.
Ante esta realidad cabe pensar qué sentido tiene que España esté ajena a cuanto se traen entre manos los británicos y los norteamericanos en Gibraltar.
¿Acaso no defendemos lo mismo? ¿Acaso no formamos parte de la misma coalición?
Creo que es hora de poner sobre la mesa todo esto y siquiera por dignidad plantear el uso combinado de todas las instalaciones militares del estrecho – España tiene mucho que aportar – incluida la de Gibraltar.
Pienso que en el fondo todo es una cuestión de confianza en nuestra nación que al parecer no debe ser mucha por parte de estos “aliados”.
Es difícil que olviden la precipitada y sorpresiva retirada de nuestras tropas de Irak, cuando no el insulto a la bandera de los EEUU por parte del entonces líder de la oposición.
Ahora bien, pongamos que las razones de la desconfianza sean superadas y que nuestro país caiga en el círculo de confianza de los EEUU y RU. Sería un buen momento para exigir una correspondencia tal
como la propuesta.
Vuelvo a insistir que para el RU la existencia de la base militar es la razón de su permanencia en el Peñón y por lo tanto si la cooperación con España y por supuesto con los EEUU permitieran una acción única asegurada para el control del estrecho – razón de ser de la base – nos encontraríamos ante el principio de la solución del conflicto.
A partir de aquí todos los demás problemas se solucionarían incluido el de la población gibraltareña que podría encontrar acomodo de muchas formas posibles y beneficiosas para todas las partes.
A modo de resumen:
El control del estrecho de Gibraltar es vital para los objetivos estratégicos de la defensa occidental y es la única razón verdadera de la existencia de la base militar y por tanto de la presencia británica.
Esos objetivos son compartidos por España que forma parte de la OTAN y además es socio del RU en la UE.
Consecuentemente la acción combinada del RU, EEUU y España sería muy beneficiosa para alcanzar de la forma más eficaz los objetivos citados.
De llegar a este acuerdo se podría alcanzar un entendimiento con el RU a través de múltiples formas – cosoberanía por un periodo de tiempo, estatus especial para la población gibraltareña… etc. – que darían fin al contencioso hispano británico y eliminaría este espinoso escollo que merma la colaboración plena entre dos aliados y socios en la OTAN y la UE.
Por supuesto que el primer valedor de este acuerdo debería ser los EEUU parte interesada al máximo en la solución del problema.
Todos saldríamos beneficiados. TODOS. Incluida la población gibraltareña. No parece tan descabellada la posibilidad de alcanzar esta solución; al fin y al cabo es la que estuvo a punto de conseguirse en el año 2002 cuando Piqué era Ministro de AAEE y que a la postre fracasó.
Lamentablemente sucede – los antecedentes históricos lo constatan – que las épocas de debilidad de nuestra nación han sido los momentos aprovechados por la Gran Bretaña para ocupar el istmo y efectuar rellenos de todo tipo… etc.
Y ahora nos encontramos en uno de esos momentos. España se encuentra sumida en una crisis profunda, que no sólo es económica sino también de descomposición generalizada, lo que no parece ser la mejor ocasión para confiar en que el RU se avenga a un acuerdo como el citado en estas líneas.
Por otro lado no parece tampoco que los EEUU nos apoyen demasiado ni que presionen a su ” primo” británico para nada.
Tengo la impresión que somos considerados como aliados de segunda clase y en consecuencia tal vez sería – en un rasgo de dignidad nacional – llegada la hora de reconsiderar las concesiones que le damos a los EEUU en Rota y en Morón. Que se vayan a Gibraltar con sus “primos” ya que tanto les gusta compartir con ellos los beneficios que les reporta su cooperación en dicha base.
Y en cuanto a lo que se refiere a la población gibraltareña pues recordarles que tenemos la sartén por el mango. Recordarles que, por ejemplo, no sería complicado acabar con el contrabando de tabaco y que de ninguna manera se infringiría la libre circulación de personas y bienes si se cerrara la verja, ya que esa libertad puede ser ejercida viajando desde el puerto de Gibraltar al de Algeciras. A ver cuánto dura su economía.
En definitiva, cuestión de voluntad y de poner las cosas en su sitio con valentía. Cuestión de convicciones y de dignidad.

Fuente                          Juan Chicharro
La Republica      General de División de Infantería de Marina (R)