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lunes, 20 de abril de 2015

ODA A ESPAÑA



Oda a Espanya

Escolta, Espanya, — la veu d’un fill
que et parla en llengua — no castellana:
parlo en la llengua — que m’ha donat
la terra aspra;
en ‘questa llengua — pocs t’han parlat;
en l’altra, massa.

T’han parlat massa — dels saguntins
i dels qui per la pàtria moren;
les teves glòries — i els teus records,
records i glòries — només de morts:
has viscut trista.

Jo vull parlar-te — molt altrament.
Per què vessar la sang inútil?
Dins de les venes — vida és la sang,
vida pels d’ara — i pels que vindran;
vessada, és morta.

Massa pensaves — en ton honor
i massa poc en el teu viure:
tràgica duies — a mort els fills,
te satisfeies — d’honres mortals
i eren tes festes — els funerals,
oh trista Espanya!

Jo he vist els barcos — marxar replens
dels fills que duies — a que morissin:
somrients marxaven — cap a l’atzar;
i tu cantaves — vora del mar
com una folla.

On són els barcos? — On són els fills?
Pregunta-ho al Ponent i a l’ona brava:
tot ho perderes, — no tens ningú.
Espanya, Espanya, — retorna en tu,
arrenca el plor de mare!

Salva’t, oh!, salva’t — de tant de mal;
que el plor et torni feconda, alegre i viva;
pensa en la vida que tens entorn:
aixeca el front,
somriu als set colors que hi ha en els núvols.

On ets, Espanya? — No et veig enlloc.
No sents la meva veu atronadora?
No entens aquesta llengua — que et parla entre perills?
Has desaprès d’entendre an els teus fills?
Adéu, Espanya!
                                        
                                            Joan Maragall

Fuente
diarioya
                Leer+Oda a España
Oda a España

Escucha, España, - la voz de un hijo
Que te habla en lengua - no castellana:
Hablo en la lengua - que me ha dado
La tierra áspera:
En esta lengua .pocos te han hablado,
Con la otra, demasiados.
Te han hablado demasiado - de los saguntinos
Y de los que por la patria mueren:
Tus glorias - y tus recuerdos,
Recuerdos y glorias - sólo de muertos:
Ha vivido triste.
Yo quiero hablarte - de otro modo.
¿Por qué derramar la sangre inútil?
Dentro de las venas - vida es la sangre,
Vida para los de ahora - y para los que vendrán:
Derramada es muerta.
Demasiado pensabas - en tu honor
Y muy poco en tu vivir:
Trágica llevabas - a morir a tus hijos,
Te satisfacías - de honras mortales,
Y eran tus fiestas - los funerales
¡Oh triste España!
Yo he visto los barcos -marchar repletos
De hijos que llevabas - a que murieran:
Sonrientes marchaban - hacia el azar;
Y tú cantabas  - cerca del mar
Como una loca.
¿Dónde están los barcos? - ¿Dónde están los hijos?
Pregúntaselo al Poniente en la ola brava:
Todo lo perdiste - no tienes a nadie.
España, España, - vuelve en ti,
¡Arranca el llanto de madre!
Sálvate, ¡oh!, sálvate - de tanto mal;
Que el llanto te vuelva fecunda, alegre y viva;
Piensa en la vida que tienes alrededor:
Levanta la frente,
Sonríe a los siete colores que hay en las nubes.
¿Dónde estas, España? - no te veo en ningún sitio.
¿No oyes mi voz tronadora?
¿No entiendes esta lengua -  que te habla entre peligros?
¿Has desaprendido a no entender a tus hijos?
¡Adiós, España!
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sábado, 28 de febrero de 2015

LA VIRTUD Y SU DOCTRINA




 El gallo de Sócrates (1901)


Critón, después de cerrar la boca y los ojos al maestro, dejó a los demás discípulos en torno del cadáver, y salió de la cárcel, dispuesto a cumplir lo más pronto posible el último encargo que Sócrates le había hecho, tal vez burla burlando, pero que él tomaba al pie de la letra en la duda de si era serio o no era serio. Sócrates, al espirar, descubriéndose, pues ya estaba cubierto para esconder a sus discípulos, el espectáculo vulgar y triste de la agonía, había dicho, y fueron sus últimas palabras:


-Critón, debemos un gallo a Esculapio, no te olvides de pagar esta deuda. -Y no habló más.

Para Critón aquella recomendación era sagrada: no quería analizar, no quería examinar si era más verosímil que Sócrates sólo hubiera querido decir un chiste, algo irónico tal vez, o si se trataba de la última voluntad del maestro, de su último deseo. ¿No había sido siempre Sócrates, pese a la calumnia de Anito y Melito, respetuoso para con el culto popular, la religión oficial? Cierto que les daba a los mitos (que Critón no llamaba así, por supuesto) un carácter simbólico, filosófico muy sublime o ideal; pero entre poéticas y trascendentales paráfrasis, ello era que respetaba la fe de los griegos, la religión positiva, el culto del Estado. Bien lo demostraba un hermoso episodio de su último discurso, (pues Critón notaba que Sócrates a veces, a pesar de su sistema de preguntas y respuestas se olvidaba de los interlocutores, y hablaba largo y tendido y muy por lo florido).
Había pintado las maravillas del otro mundo con pormenores topográficos que más tenían de tradicional imaginación que de rigurosa dialéctica y austera filosofía.

Y Sócrates no había dicho que él no creyese en todo aquello, aunque tampoco afirmaba la realidad de lo descrito con la obstinada seguridad de un fanático; pero esto no era de extrañar en quien, aun respecto de las propias ideas, como las que había expuesto para defender la inmortalidad del alma, admitía con abnegación de las ilusiones y del orgullo, la posibilidad metafísica de que las cosas no fueran como él se las figuraba. En fin, que Critón no creía contradecir el sistema ni la conducta del maestro, buscando cuanto antes un gallo para ofrecérselo al dios de la Medicina.

Como si la Providencia anduviera en el ajo, en cuanto Critón se alejó unos cien pasos de la prisión de Sócrates, vio, sobre una tapia, en una especie de plazuela solitaria, un gallo rozagante, de espléndido plumaje. Acababa de saltar desde un huerto al caballete de aquel muro, y se preparaba a saltar a la calle. Era un gallo que huía; un gallo que se emancipaba de alguna triste esclavitud.

Conoció Critón el intento del ave de corral, y esperó a que saltase a la plazuela para perseguirle y cogerle. Se le había metido en la cabeza (porque el hombre, en empezando a transigir con ideas y sentimientos religiosos que no encuentra racionales, no para hasta la superstición más pueril) que el gallo aquel, y no otro, era el que Esculapio, o sea Asclepies, quería que se le sacrificase. La casualidad del encuentro ya lo achacaba Critón a voluntad de los dioses.

Al parecer, el gallo no era del mismo modo de pensar; porque en cuanto notó que un hombre le perseguía comenzó a correr batiendo las alas y cacareando por lo bajo, muy incomodado sin duda.

Conocía el bípedo perfectamente al que le perseguía de haberle visto no pocas veces en el huerto de su amo discutiendo sin fin acerca del amor, la elocuencia, la belleza, etc., etc.; mientras él, el gallo, seducía cien gallinas en cinco minutos, sin tanta filosofía.

«Pero buena cosa es, iba pensando el gallo, mientras corría y se disponía a volar, lo que pudiera, si el peligro arreciaba; buena cosa es que estos sabios que aborrezco se han de empeñar en tenerme por suyo, contra todas las leyes naturales, que ellos debieran conocer. Bonito fuera que después de librarme de la inaguantable esclavitud en que me tenía Gorgias, cayera inmediatamente en poder de este pobre diablo, pensador de segunda mano y mucho menos divertido que el parlanchín de mi amo».

Corría el gallo y le iba a los alcances el filósofo. Cuando ya iba a echarle mano, el gallo batió las alas, y, dígase de un vuelo, dígase de un brinco, se puso, por esfuerzo supremo del pánico, encima de la cabeza de una estatua que representaba nada menos que Atenea.

-¡Oh, gallo irreverente! -gritó el filósofo, ya fanático inquisitorial, y perdónese el anacronismo. Y acallando con un sofisma pseudo-piadoso los gritos de la honrada conciencia natural que le decía: «no robes ese gallo», pensó: «Ahora sí que, por el sacrilegio, mereces la muerte. Serás mío, irás al sacrificio».
Y el filósofo se ponía de puntillas; se estiraba cuanto podía, daba saltos cortos, ridículos; pero todo en vano.

-¡Oh, filósofo idealista, de imitación! -dijo el gallo en griego digno del mismo Gorgias; -no te molestes, no volarás ni lo que vuela un gallo. ¿Qué? ¿Te espanta que yo sepa hablar? Pues ¿no me conoces? Soy el gallo del corral de Gorgias. Yo te conozco a ti. Eres una sombra. La sombra de un muerto. Es el destino de los discípulos que sobreviven a los maestros. Quedan acá, a manera de larvas, para asustar a la gente menuda. Muere el soñador inspirado y quedan los discípulos alicortos que hacen de la poética idealidad del sublime vidente una causa más del miedo, una tristeza más para el mundo, una superstición que se petrifica.

-«¡Silencio, gallo! En nombre de la Idea de tu género, la naturaleza te manda que calles».

-Yo hablo, y tú cacareas la Idea. Oye, hablo sin permiso de la Idea de mi género y por habilidad de mi individuo. De tanto oír hablar de Retórica, es decir, del arte de hablar por hablar, aprendí algo del oficio.
-¿Y pagas al maestro huyendo de su lado, dejando su casa, renegando de su poder?

-Gorgias es tan loco, si bien más ameno, como tú. No se puede vivir junto a semejante hombre. Todo lo prueba; y eso aturde, cansa. El que demuestra toda la vida, la deja hueca. Saber el porqué de todo es quedarse con la geometría de las cosas y sin la substancia de nada. Reducir el mundo a una ecuación es dejarlo sin pies ni cabeza. Mira, vete, porque puedo estar diciendo cosas así setenta días con setenta noches: recuerda que soy el gallo de Gorgias, el sofista.

-Bueno, pues por sofista, por sacrílego y porque Zeus lo quiere, vas a morir. ¡Date!

-¡Nones! No ha nacido el idealista de segunda mesa que me ponga la mano encima. Pero, ¿a qué viene esto? ¿Qué crueldad es esta? ¿Por qué me persigues?

-Porque Sócrates al morir me encargó que sacrificara un gallo a Esculapio, en acción de gracias porque le daba la salud verdadera, librándole por la muerte, de todos los males.

-¿Dijo Sócrates todo eso?
-No; dijo que debíamos un gallo a Esculapio.
-De modo que lo demás te lo figuras tú.
-¿Y qué otro sentido, pueden tener esas palabras?

-El más benéfico. El que no cueste sangre ni cueste errores. Matarme a mí para contentar a un dios, en que Sócrates no creía, es ofender a Sócrates, insultar a los Dioses verdaderos... y hacerme a mí, que sí existo, y soy inocente, un daño inconmensurable; pues no sabemos ni todo el dolor ni todo el perjuicio que puede haber en la misteriosa muerte.

-Pues Sócrates y Zeus quieren tu sacrificio.

-Repara que Sócrates habló con ironía, con la ironía serena y sin hiel del genio. Su alma grande podía, sin peligro, divertirse con el juego sublime de imaginar armónicos la razón y los ensueños populares. Sócrates, y todos los creadores de vida nueva espiritual, hablan por símbolos, son retóricos, cuando, familiarizados con el misterio, respetando en él lo inefable, le dan figura poética en formas. El amor divino de lo absoluto tiene ese modo de besar su alma. Pero, repara cuando dejan este juego sublime, y dan lecciones al mundo, cuán austeras, lacónicas, desligadas de toda inútil imagen con sus máximas y sus preceptos de moral.

-Gallo de Gorgias, calla y muere.

-Discípulo indigno, vete y calla; calla siempre. Eres indigno de los de tu ralea. Todos iguales. Discípulos del genio, testigos sordos y ciegos del sublime soliloquio de una conciencia superior; por ilusión suya y vuestra, creéis inmortalizar el perfume de su alma, cuando embalsamáis con drogas y por recetas su doctrina. Hacéis del muerto una momia para tener un ídolo. Petrificáis la idea, y el sutil pensamiento lo utilizáis como filo que hace correr la sangre. Sí; eres símbolo de la triste humanidad sectaria. De las últimas palabras de un santo y de un sabio sacas por primera consecuencia la sangre de un gallo. Si Sócrates hubiera nacido para confirmar las supersticiones de su pueblo, ni hubiera muerto por lo que murió, ni hubiera sido el santo de la filosofía. Sócrates no creía en Esculapio, ni era capaz de matar una mosca, y menos un gallo, por seguirle el humor al vulgo.

-Yo a las palabras me atengo. Date...
Critón buscó una piedra, apuntó a la cabeza, y de la cresta del gallo salió la sangre...

El gallo de Gorgias perdió el sentido, y al caer cantó por el aire, diciendo:
-¡Quiquiriquí! Cúmplase el destino; hágase en mí según la voluntad de los imbéciles.

Por la frente de jaspe de Palas Atenea resbalaba la sangre del gallo.

                               Leopoldo Alas (Clarín)

lunes, 23 de febrero de 2015

EZRA POUND



La historia de Ezra Pound, el poeta de EE.UU. que traicionó a su país por Mussolini


Diferentes figuras literarias declararon que estaba loco para evitar que fuera condenado a muerte por traicionar a su país de nacimiento. Uno de los mejores poetas del siglo XX se pasó 12 años internado en un manicomio

Nadie representó mejor la «Generación perdida» (Lost Generation) que el poeta, músico y ensayista Ezra Pound. Y tampoco ninguno de sus integrantes fue denostado y olvidado a tantos niveles como él. La razón estuvo en su ferviente devoción por el régimen fascista de Benito Mussolini

Pound puso su desbordante talento en manos de los instrumentos propagandísticos de «El Duce» durante la guerra. Terminado el conflicto, EE.UU le juzgó por traición, y solo por la intermediación de diferentes figuras del mundo de la cultura, entre ellos Hemingway, consiguió evitar la pena de muerte al declararse demente. Fue el último favor que le haría el mundo de la cultura, que puso en cuarentena sus obras hasta hace pocos años.

Se dice que el trágico nombre de la «Generación perdida» procede de una conversación entre la poetisa Gertrude Stein y Ernest Hemingway, que tituló las consecuencias que la guerra estaba provocando en una de las generaciones literarias más brillantes del siglo XX: «Eres una generación perdida», afirmó Stein. Ciertamente, la Primera Guerra Mundial, la Gran Depresión y la II Guerra Mundial abrieron en canal la vida y obra de un grupo literario hostigado por las desgracias. Así, William Faulkner fue piloto de la RAF durante la Primera Guerra Mundial, Ernest Hemingway y John Dos Passos fueron conductores de ambulancia, y Francis Scott Fitzgerald estuvo alistado en el Ejército americano, aunque no llegó a entrar en combate. La Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial zarandearon aún más el espíritu de este grupo, que se refugió en el alcoholismo, la depresión y la tragedia.


La vida de Ezra Pound también fue víctima mortal de los acontecimientos históricos. Nacido el 30 de octubre de 1885, en Hailey, Idaho (Estados Unidos), Pound se trasladó muy joven a Nueva York. Tras graduarse por la Universidad de Pensilvania en lenguas románicas, el poeta viajó a Londres en 1908 para trabajar como corresponsal en distintas publicaciones de EE.UU. Ya desde su etapa estudiantil, dio muestra de un comportamiento excéntrico y un excepcional talento. Su obra –muy influenciada por la literatura medieval y la filosofía ocultista y mística neo-romántica– abogaba por recuperar la poesía antigua para ponerla al servicio de una concepción moderna y conceptual. Además, hizo grandes esfuerzos para llevar la poesía provenzal y china al público de habla inglesa.

Amigo y descubridor de poetas



Durante su estancia en Londres, Pound se casó con la novelista Dorothy Shakespear y se hizo amigo de W.B. Yeats, al que consideraba el mejor poeta vivo y para el que trabajó como secretario. Por aquel entonces también se granjeó la amistad de T. S. Eliot, y editó su obra «La tierra baldía». No en vano, fue con su traslado a París, tras la Primera Guerra Mundial, cuando se sumergió en las corrientes de vanguardia. Se hizo amigo de Marcel Duchamp, Tristan Tzara, Fernand Léger y otras figuras del dadá y del surrealismo. Asimismo, mantuvo contactos con el círculo literario de exiliados estadounidenses que permanecía en Francia, entre los que se encontraban Gertrude Stein y Ernest Hemingway.

«Pound dedica una quinta parte de su tiempo a su poesía y emplea el resto en tratar de mejorar la suerte de sus amigos. Los defiende cuando son atacados, hace que las revistas publiquen obras suyas y los saca de la cárcel. Les presta dinero. Vende sus cuadros. Les organiza conciertos. Escribe artículos sobre ellos. Les presenta a mujeres ricas. Hace que los editores acepten sus libros. Los acompaña toda la noche cuando aseguran que se están muriendo y firma como testigo sus testamentos. Les adelanta los gastos del hospital y los disuade de suicidarse. Y al final algunos de ellos se contienen para no acuchillarse a la primera oportunidad», escribió Hemingway en 1925 sobre el efecto contradictorio que causaba su amigo. Con un sexto sentido para distinguir el talento, Pound se volcó en ayudar a los amigos literatos que necesitaban un impulso económico. Entre sus gestas, el poeta respaldó a T. S. Eliot, D. H. Lawrence, Robert Frost, John Doss Passos y al propio Ernest Hemingway. En el caso de James Joyce, el americano fue crucial para que se publicara «El Ulises», y anteriormente había hecho lo mismo con «Retrato de artista adolescente» en la revista americana «The Egoist».

Precisamente a razón de su carácter generoso y abierto –que nunca obedeció a prejuicios económicos, raciales o religiosos para elegir a sus amistades– sorprende enormemente el giro que dio a su vida en 1924. Establecido en Rapallo (Italia), Pound abrazó el antisemitismo y se convirtió en un fervoroso seguidor de Mussolini. Manifestó públicamente su admiración por el dictador italiano, por Hitler y alabó el talento estratégico de Stalin, mientras que consideraba que Churchill y, sobre todo, Roosevelt, eran responsables de todos los males de la sociedad moderna. Bien es cierto que su afiliación al fascismo estaba vinculada a su oposición al sistema capitalista, y no estrictamente a temas raciales. Paradójicamente, poco antes de estallar la Segunda Guerra Mundial, regresó a Estados Unidos y consideró quedarse para evitar el dilema que iba a acabar con su reputación.

De ser la voz del fascismo, a un falso loco


Entre 1941 a 1943, se alzó como la voz radiofónica de la propaganda fascista. Además de prestar su talento a la prensa y radio, Pound participó intensamente en las actividades culturales que desarrolló el régimen. Con el final de la guerra y la caída de Mussolini, el poeta, de 60 años, fue encarcelado en un campo de prisioneros en Pisa, donde era fácil distinguirlo por su melena pelirroja y su inseparable libro de Confucio, acompañado de un diccionario chino. Trasladado a Washington, fue acusado de traicionar e injuriar a EE.UU. En este sentido, el novelista Justo Navarro abordó en 2011 su actuación durante la guerra en «El espía» (Anagrama). En esta obra de ficción, el autor vertebra la historia en torno a la certeza de que algunos funcionarios de la Italia fascista sospechaban que Pound utilizaba sus discursos radiofónicos para enviar mensajes cifrados a los aliados. A su vez, el relato se detiene en la admiración de uno de los fundadores de la CIA, James J. Angleton, por el poeta. El mismo agente que fue destinado a Italia para poner orden en la red de espías. Este nexo sirve a Navarro para plantear la hipótesis de que Pound pudo ser un agente doble. 

Sea como fuere –y nunca se ha podido demostrar que fuera un agente doble—, Pound fue acusado de traición a su país, un delito que estaba castigado con la pena de muerte. Sin embargo, la comunidad literaria, que tanto le debían, se prestaron a testificar que había dado ya muestras de ser un demente en Londres y en París. El juez asumió estos testimonios, que formaban parte de la estrategia del poeta, y lo salvó de morir fusilado a cambio de pasar 12 años encerrado en un manicomio. En 1958, otro juez volvió a declararle loco, pero le concedió la libertad al estimar que era un anciano inofensivo.

Ese mismo año volvió a Italia, donde hizo el saludo fascista nada más pisar tierra. Murió en Venecia a los 87 años acompañado de su hija. Aunque prosiguió con su carrera literaria, Pound –que conocía ampliamente la obra de Lope de Vega y de todo el Siglo de Oro español– estimaba que su trabajo ya no se valoraba por criterios artísticos, sino por el sambenito del antisemitismo.


Fuente                                         César Cervera

             Leer+ Ezra Pound

domingo, 11 de enero de 2015

EL MAELSTROM



"Pues sólo son valiosos por cuanto habita en ellos una relación con el otro lado”.
El nuevo año ha comenzado con cielo azul y con sol. Muy pronto se ha cubierto la bóveda celeste de escuadrillas de aviones que ejecutaban sus complicadas maniobras bajo un intenso fuego. Entre los proyectiles era posible ver algunos que quedaban suspendidos en el aire como copos ardientes. Nuestra casa ha sido sobrevolada algunas veces en línea recta, las escuadrillas pasaban sobre ella cual rastrillos letales (…) Estamos acercándonos al remolino más interno del Maelström, a la muerte casi segura. De ahí que tenga que prepararme, que equiparme interiormente para pasar al otro lado, al lado luminoso del Ser, y hacerlo con libertad, no forzado, sino con un asentimiento íntimo, con una expectación tranquila ante la puerta oscura. Sin dolor he de dejar mi equipaje, mis tesoros. Pues sólo son valiosos por cuanto habita en ellos una relación con el otro lado”.

Fuente            Ernst Jünger en su “Diario” el 1 de enero de 1945
Primeros días del año en lugares, personas y siglos distintos: Esperanzas. Ilusiones. Anhelos. Vivencias. Propósitos.

martes, 6 de enero de 2015

LOS REYES MAGOS



Los Reyes Magos de Juan Ramón
“¡Qué ilusión, esta noche, la de los niños, Platero! No era posible acostarlos. Al fin, el sueño los fue rindiendo, a uno en una butaca, a otro en el suelo, al arrimo de la chimenea, a Blanca en una silla baja, a Pepe en el poyo de la ventana, la cabeza sobre los clavos de la puerta, no fueran a pasar los Reyes… Y ahora, en el fondo de esta afuera de la vida, se siente como un gran corazón pleno y sano, el sueño de todos, vivo y mágico.
Antes de la cena, subí con todos. ¡Qué alboroto por la escalera, tan medrosa para ellos otras noches! – A mí no me da miedo de la montera, Pepe, ¿y a ti?, decía Blanca, cogida muy fuerte de mi mano. – Y pusimos en el balcón, entre las cidras, los zapatos de todos. 
Ahora, Platero, vamos a vestirnos Montemayor, tita, María- Teresa, Lolilla, Perico, tú y yo, con sábanas y colchas y sombreros antiguos. Y a las doce, pasaremos ante la ventana de los niños en cortejo de disfraces y de luces, tocando almireces, trompetas y el caracol que está en el último cuarto. Tú irás delante conmigo, que seré Gaspar y llevaré unas barbas blancas de estopa, y llevarás, como un delantal, la bandera de Colombia, que he traído de casa de mi tío, el cónsul… Los niños, despertados de pronto, con el sueño colgado aún, en jirones, de los ojos asombrados, se asomarán en camisa a los cristales, temblorosos y maravillados. Después, seguiremos en su sueño toda la madrugada, y mañana, cuando ya tarde, los deslumbre el cielo azul por los postigos, subirán, a medio vestir, al balcón y serán dueños de todo el tesoro.

El año pasado nos reímos mucho. ¡ Ya verás cómo nos vamos a divertir esta noche,Platero, camellito mío!”

Fuente                     Juan Ramón Jiménez  - “Platero y yo”

sábado, 4 de octubre de 2014

LUMEN COELI, SANCTA ROSA !



El caballero pobre

Era un pobre caballero
silencioso, sencillo,
de rostro severo y pálido, 
de alma osada y franca.
Tuvo una visión,
una visión maravillosa
que grabó en su corazón
una impresión profunda.
Desde entonces le ardía el corazón;
apartaba sus ojos de las mujeres,
y ya hasta la tumba
no volvió a hablar a ninguna.
Púsose un rosario al cuello,
como una insignia,
y jamás levantó ante nadie
la visera de acero de su casco.
Lleno de un puro amor,
fiel a su dulce visión, escribió con su sangre
A.M.D. sobre su escudo.
Y en los desiertos de Palestina,
mientras que entre las rocas
los paladines corrían al combate
invocando el nombre de su dama,
él gritaba con exaltación feroz:
Lumen coeli, sancta Rosa!
Y como el rayo, su ímpetu
fulminaba a los musulmanes.
De regreso a su castillo lejano,
vivió severamente como un recluso,
siempre silencioso, siempre triste,
muriendo por fin demente.

                                                Aleksandr Pushkin

domingo, 7 de septiembre de 2014

CONDE DE LO MISMO



Melancolía del desaparecer
Y pensar que, de después que yo me muera,
aún surgirán mañanas luminosas,
que bajo un cielo azul, la primavera
indiferente a mi mansión postrera
encarnará en la seda de las rosas.
Y pensar que, desnuda, azul, lasciva,
sobre mis huesos danzará la vida,
y que habrá nuevos cielos de escarlata,
bañados por la luz del sol poniente
y noches llenas de esa luz de plata,
que inundaban mi vieja serenata
cuando aún cantaba Dios bajo mi frente.
Y pensar que no puedo en mi egoísmo
llevarme al sol ni al cielo ni en mi mortaja;
que he de marchar, yo solo hacia el abismo,
y que la luna brillará lo mismo
y ya no la veré desde mi caja.
                                     Agustín de Foxá

miércoles, 18 de junio de 2014

MEMENTO AUDERE SEMPER



El poeta soldado

"Podremos perecer todos bajo las ruinas de Fiume; pero de las ruinas emergerá, vigilante y activo, el Espíritu. Desde la Irlanda del indómito "Sinn Fein" hasta la bandera islámica de Egipto, todas las insurrecciones del Espíritu contra los devoradores de carne cruda y contra los explotadores de pueblos inermes se encenderán con nuestra chispa (...) Todos los expoliados de todas las especies se reagruparán bajo nuestro signo. Y los inermes serán armados. Y la fuerza se opondrá a la fuerza. Y la nueva Cruzada de todas las naciones pobres y empobrecidas contra las naciones usurpadoras y acumuladoras de toda riqueza, contra la raza de los depredadores, contra la casta de los usureros que explotaron ayer la guerra y hoy la paz, la novísima cruzada, restablecerá la verdadera justicia, crucificada por un maníaco gélido con catorce clavos (...) Fiumanos, italianos, cuando gritasteis que la historia escrita con lo más generoso de la sangre italiana no podía cerrarse en París (...) anunciasteis el fin del mundo viejo. Por eso vuestra causa es la más grande y la más bella que se opone hoy a la demencia y a la villanía en el mundo (...) Vuestra causa acoge hoy a las razas blancas y a las naciones de color, concilia a los seguidores del Evangelio y del Corán (...) Toda insurrección es un esfuerzo de creación. No importa que sea truncada por la sangre, porque los supervivientes la transmitirán al porvenir".

Fuente                                   Gabriele D'Annunzio
socialismonacional
Leer+
La fascinante historia de D´Annunzio en Fiume: El comandante y la décima musa.

viernes, 18 de abril de 2014

EL METAL DE TU IDEA



Ceñida la coraza...

¿Tienes, joven amigo, ceñida la coraza 
para empezar, valiente, la divina pelea

¿Has visto si resiste el metal de tu idea, la furia
 del mandoble y el peso de la maza

¿Te sientes con la sangre de la celeste raza 
que vida con los números pitagóricos crea

¿Y, como el fuerte Herakles al león de Nemea, 
a los sangrientos tigres del mal darías caza


¿Te enternece el azul de una noche tranquila
¿Escuchas pensativo el sonar de la esquila 
cuando el Angelus dice el alma de la tarde
?... 

¿Tu corazón las voces ocultas interpreta
Sigue, entonces, tu rumbo de amor. Eres poeta. 
La belleza te cubra de luz y Dios te guarde
.


Rubén Darío

A Juan Ramón Jiménez.

lunes, 24 de marzo de 2014

EL ALMA COLECTIVA



Rubén Darío, precursor de la Hispanidad 

¡Mientras el mundo aliente, mientras la esfera gire, mientras la onda cordial aliente un sueño, mientras haya una viva pasión, un noble empeño, un buscado imposible, una imposible hazaña, una América oculta que hallar, vivirá España!

Como indican los escritos de Oliver, antes que Monseñor Vizcarra, antes que Maeztu, que Unamuno García Morente, quién buscó la Hispanidad, la unidad de unos pueblos que hablan la misma lengua, que tienen la misma herencia histórica y poseen una misma configuración espiritual, fue Rubén Darío como autor de Cantos de Vida y Esperanza.

Para Oliver, que además también los analiza en su vertiente literaria y poética, éstos debieran ser uno de los libros de cabecera de cada hispano, los de aquende y los de allende, los de la península y los de Oceanía, los africanos y los americanos, incluidos los brasileños y portugueses, como consideraba Camoens.

"Todo hombre hispano sentirá al leerlos (los Cantos) el alto destino de su sangre y de su verbo. Se sentirá a un tiempo leve rama, honda raíz y tronco corpulento del mismo árbol generoso."

En la obra de Rubén podemos encontrar la evocación clásica; la exaltación hispánica; el canto del amor; el retrato psíquico; el sentir religioso y la interrogante filosófica.Todo relacionado con el alma colectiva de las Españas, también las de ultramar.

Rubén, frente al pesimismo de los noventayochistas peninsularesve que hay una verdadera, aunque momentáneamente inaccesible e inasequible, unión espiritual de los pueblos hispanos,un misterio vital para unos pueblos tan distantes.

Cuando el Desastre del 98 hace cundir en las generaciones intelectuales el desaliento y la tristeza y éstos los transmiten al corazón del pueblo,Rubén alza el estandarte del entusiasmo y enarbola la fe en el futuro con optimismo: El optimista es el conocedor de lo óptimo, de lo mejor, y lo mejor, lo óptimo para América y España, es la unión de tantos vigores dispersos.

Rubén, frente al imperialismo estadounidense, que conlleva la expansión del "american way of life", de la cosmovisión anglosajona y protestante, hace una defensa sagrada de la "Hispanitas".Así lo muestra en su Oda a Roosevelt, que a pesar de todas las vicisitudes históricas no ha perdido actualidad, donde denuncia que bajo el pretexto del panamericanismo se inculca un sentimiento antiespañol y anticatólico. Rubén, incluso en poemas donde aparentemente no hay alusiones hispánicas como en Spes, refleja la Cristianita, esencial a lo hispánico.

Gran parte de la obra de Rubén trata temas relacionados con España o sus hijos, y este conjunto de temas hispánicos es uno de los más bellos ofrecido hasta hoy por poeta alguno.Su lectura, como propone Oliver, no debe ser olvidada por nosotros, porque allí se cantan nuestras glorias con nobilísima voz.

Que esas glorias las cante un español, nada tiene de extraordinario; pero que las cante un hispanoamericano que ya ha conseguido la independencia política es lo conmovedor y viene a decirnos que al conquistar Hispanoamérica su independencia, algo ha perdido, sin embargo; un algo a lo que ese hombre se tiene que religar.

Fuente                                   Iñigo Yañez de Oñaz
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Cantos de vida y esperanza y otros poemas

domingo, 2 de marzo de 2014

DE LA GLEBA A LA GLORIA



"Enseñad,leed,y aprended de los otros,pero nunca olvideís que es lo propio"
                                                                                            Taras Shevchenko ,1845                                                      
Testamento 


Si he de morir, sepultadme 
en una tumba erigida
entre las vastas estepas
de Ucrania querida.
¡Que la espaciosa campiña,
el Dnipró y las quebradas
sean visibles, y se escuche
el rugir de sus cascadas!

Cuando lleve de Ucrania
al mar azulado
sangre enemiga… entonces yo
montañas y prados
dejaré, e iré a reunirme
con Dios, y devoto
estaré orando. Pero antes
Dios me es ignoto.

Sepultadme, y levantaos,
romped las cadenas.
Rociad con sangre enemiga
la libertad plena.

Y en una familia grande,
libre y renovada
No olvidéis recordarme
en voz reposada.

                                                               
Leer+Taras Shevchenko, de la gleba a la gloria