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martes, 21 de abril de 2015

TRAIDORES



Traidores

Pocas figuras nos resultan tan repelentes y siniestras como la del traidor. Y, sin embargo, la historia está llena de traidores (a una amistad, a un amor, a una patria, a unos ideales o principios), algunos de los cuales han llegado a adquirir gran celebridad, desde Judas Iscariote, epítome por excelencia del traidor, hasta personajes como Fouché, plusmarquista del chaqueterismo que supo vender (en almoneda) su lealtad a tres regímenes distintos sin inmutarse. Incluso podríamos decir, siendo algo más incisivos, que nuestra propia historia personal está llena de traiciones; tanto de las que hemos sufrido como de las que hemos infligido, pues con frecuencia somos nosotros mismos quienes, ante la expectativa de una mejora o ganancia, no vacilamos en abjurar de nuestros principios. Recordemos aquella célebre y sarcástica frase de Groucho Marx: «He aquí mis principios. Pero, si no le gustan, estoy dispuesto a cambiarlos».

Hay quienes explican la psicología del traidor como un tortuoso lodazal donde campea el complejo de culpa. Así, por ejemplo, suele decirse que la entrega de Cristo fue el triste pretexto que Judas utilizó para castigarse con el suicidio que anhelaba. No debemos descartar, en efecto, que muchos traidores se sepan íntimamente gusanos sin otro norte vital que el medro; y que esa conciencia de su miseria moral los haga sentir culpables. Agustín de Foxá afirmaba que «detrás de cada traidor hay un pobre imbécil al que su mujer no deja mandar en casa»; y también que «quien chaquetea lo hace por levantar el gallito y que se oiga su quiquiriquí de algún modo». Lo que nos llevaría a considerar también el complejo de inferioridad como motor de la traición; pues, si bien hay traidores de todos los linajes y pelajes, suelen ser individuos de muy baja ralea, seres mediocres que se vieron encumbrados por razones azarosas, adventicias o coyunturales, con frecuencia impulsados por alguien más brillante y generoso que ellos, al que nunca pudieron terminar de perdonar que los haya encumbrado desde la nada. Y, como su encumbrador conoce sus limitaciones (y, por lo tanto, que su encumbramiento es inmerecido o injusto), arden en deseos de encontrar la ocasión propicia para poder causar su ruina y acuchillarlo sin piedad.

Para justificarse, el traidor no vacilará en alegar que su mentor ha traicionado sus ideales originarios, de los que el traidor se proclamará además heredero y depositario; y hasta podrá decir, sin asomo de temblor en la voz, que ha traicionado a su mentor porque lo amaba, y que su traición ha sido un homenaje a sus ideales originarios. Las justificaciones del traidor son siempre alambicadas y rocambolescas, llenas de cajones de doble fondo, como el armario de un escapista o prestidigitador; pues el traidor siempre está escapando de sus propias mentiras, y haciendo trucos engañosos con sus palabras. Pero, por muchas justificaciones con que trate de disfrazar su deslealtad, acaba sonando el tintineo de las treinta monedas que pagaron su traición. Y es que toda la complejidad psicológica del traidor es, a la postre, filfa y ganas de marear la perdiz; y detrás de su traición descubrimos siempre el honor, el beneficio, el medro o ascenso, el sobresueldo que ambicionaba. Porque el traidor siempre abandona el barco que naufraga (cuyo naufragio, con frecuencia, él mismo ha provocado) para subirse a otro que navega más rápido o porta un cargamento más valioso.

Toda traición, sin embargo, es castigada; y es el propio traidor quien se aplica la pena. Antaño era mediante el remordimiento; y en esta época desalmada en que ya casi han desaparecido los escrúpulos morales el traidor se castiga mediante el resentimiento hacia sí mismo. Y es que el traidor termina alimentando un desprecio inconsciente hacia sí mismo: sabe que ninguna de sus lealtades es firme, sabe que su palabra vale menos que papel mojado, sabe que no puede tomarse en serio; y esta certeza cristaliza primero en una suerte de irónico cinismo, que después se mancha de hastío, de desolación y asco, al mirarse dentro y comprobar que nada le gusta, que nada defiende y que nada ama. Es verdad que, a veces, el traidor puede querer (¡ah, el furor del converso!) redimirse con un acto de adhesión fervorosa o una proclamación aspaventera de principios (esta actitud es muy propia de políticos chaqueteros, que después de consumar su traición se pretenden más puros e incorruptibles que nadie), en un esfuerzo por hacerse perdonar sus deslealtades pasadas; pero tales palinodias suelen ser tan forzadas que no provocan sino mayor escarnio, lo que no hace sino agriar aún más su resentimiento. El traidor, a la postre, acaba amargado y lleno de bilis.


Fuente                                   Juan Manuel de Prada

martes, 10 de marzo de 2015

HEGEMONÍA MEDIÁTICA

 

Seis cuestiones para entender la hegemonía mediática

1. El sistema mediático contemporáneo demuestra capacidad de fijar sentidos e ideologías, seleccionando lo que debe ser visto, leído y oído por el conjunto del público. Por más que existan por parte de lectores, oyentes y telespectadores expectativas y respuestas diferenciadas a los contenidos recibidos, son los grupos privados de comunicación que prescriben orientaciones, enfoques y énfasis en los informativos; cuáles son los actores sociales que merecen ser incluidos o marginalizados; cuáles las agendas y pautas que deben ser destacadas o ignoradas.

Los medios difunden juicios de valor y sentencias sobre hechos y acontecimientos, como si estuvieran autorizados a funcionar como una especie de tribunal, sin ninguna legitimidad para eso. Su intención, asumida pero no declarada, es diseminar contenidos, ideas y principios que ayuden a organizar y unificar la opinión pública en torno a determinadas visiones de mundo (casi siempre conservadoras y sintonizadas con el estatus quo).

Los medios eligen los actores sociales, articulistas, analistas, comentaristas y columnistas que deben ser prestigiados en sus vehículos y programaciones. En la mayor parte de los casos, como observa Pierre Bourdieu, estos portavoces nada no hacen más que reforzar el trabajo de los “think tanks” neoliberales en favor de la mercantilización general de la vida y la desregulación de las economías y los mercados. En efecto, los “intelectuales mediáticos” o “especialistas” dicen todo aquello que sirve a los intereses de clases e instituciones dominantes, combatiendo y descalificando ideas progresistas y alternativas transformadoras.

Los grupos mediáticos mantienen también acuerdos y relaciones de interdependencia con poderes económicos y políticos, en busca de presupuestos de publicidad, patrocinios, financiaciones, exenciones fiscales, participaciones accionarias, apoyos en campañas electorales, concesiones de canales de radiodifusión, etc. No son neutros y exentos, como quieren hacer creer; son parciales, toman partido, favorecen los intereses mercantiles, defienden posiciones políticas, combaten ideológicamente a los opositores.


2. Los medios se apropian de diferentes léxicos para intentar colocar dentro de sí todos los léxicos, a servicio de sus objetivos particulares. Palabras que pertenecían tradicionalmente al léxico de la izquierda fueron resignificadas durante la hegemonía del neoliberalismo en las décadas de 1980, 1990 y parte de 2000. Cito, de inmediato, dos palabras: reforma e inclusión. De la noche a la mañana, pasaron a ser incorporadas a los discursos dominantes y mediáticos, en sintonía con el ideario privatista. Se trata de indiscutible apropiación del repertorio progresista, que siempre asoció reformas al imaginario de la emancipación social. Las apropiaciones tienen el propósito de redefinir sentidos y significados, a partir de ópticas interpretativas propias.


3. Al celebrar los valores del mercado y del consumismo, el sistema mediático subordina la existencia al mantra de la rentabilidad. La glorificación del mercado consiste en presentarlo como el ámbito más adecuado para traducir anhelos, como si sólo él pudiera convertirse en instancia de organización societaria. Un discurso que no hace más que realzar y profundizar la visión, claramente autoritaria, de que el mercado es la única esfera capaz de regular, por sí misma, la vida contemporánea. Los proyectos mercadológicos y los énfasis editoriales pueden variar, menos en un punto: las corporaciones operan, consensualmente, para reproducir el orden del consumo y conservar hegemonías instituidas.


4. Los discursos mediáticos están comprometidos con el control selectivo de las informaciones, de la opinión y de los juicios de valor que circulan socialmente. Eso se manifiesta en las manipulaciones de los noticieros y la interdicción de los puntos de vista antagónicos, afectando la comprensión de las circunstancias en que ciertos hechos acontecen (generalmente los que son contrarios a la lógica económica o a las concepciones políticas dominantes).

Los medios masivos buscan reducir al mínimo el espacio de circulación de ideas contestatarias – por más que estas continúen manifestándose y resistiendo. La meta es neutralizar análisis críticos y expresiones de disenso. Un ejemplo de lo que acabo de decir son los enfoques tendenciosos sobre las reivindicaciones de movimientos sociales y comunitarios. Son frecuentemente subestimadas, cuando no ignoradas, en los principales periódicos y telediarios, bajo el argumento falaz de que son iniciativas “radicales”, “populistas”, etc. La vida de las comunidades subalternas y pobres está disminuida o ausente en los noticieros.


5. El sistema mediático rechaza cualquier modificación legal que ponga en riesgo su autonomía y sus ganancias. A cualquier movimiento para la regulación de la radiodifusión bajo concesión pública, reacciona con violentos editoriales y artículos que presentan los gobernantes que se solidarizan con la causa de la democratización de la comunicación como “dictadores” que quieren sofocar la “libertad de expresión”. Es una grosera mistificación. Lo que hay, en verdad, es el bloqueo del debate sobre la función y los límites de la actuación social de los medios. Las grandes empresas del sector no tienen ninguna autoridad moral y ética para hablar en “libertad de expresión”, pues niegan diariamente la diversidad informativa y cultural con el control selectivo de la información y la opinión. Se confunden intereses empresariales y políticos con lo que sería, supuestamente, la función de informar y entretener. Todo eso acentúa la ilegítima pretensión de los medios hegemónicos de definir reglas unilateralmente, inclusive las de naturaleza deontológica, para colocarse por encima de las instituciones y los poderes constituidos, ejerciendo no la libertad de expresión, sino la libertad de empresa.


6. Los conglomerados detienen la propiedad de la mayoría de los medios de difusión, la infraestructura tecnológica y las bases logísticas, lo que les confiere dominio de los procesos de producción material e inmaterial. La digitalización favoreció la multiplicación de bienes y servicios de infoentretenimiento; atrajo players internacionales para negocios en todos los continentes; intensificó transmisiones y flujos en tiempo real; y agravó la concentración en sectores complementarios (prensa, radio, televisión, internet, audiovisual, editorial, telecomunicaciones, publicidad, marketing, cine, juegos electrónicos, móviles, plataformas digitales, etc.).

Todo eso hace sobresalir nuevas formas de plusvalía en la economía digital: la tecnología que posibilita sinergias y convergencias; el reparto y la distribución de contenidos generados en las mismas matrices productivas y plataformas; la racionalidad de costes y la planificación de inversiones.

Se origina de ahí un sistema multimediático con flexibilidad operacional y productiva, que incluye amplia variedad de iniciativas y servicios digitales, flujos veloces, espacios de visibilidad, esquemas globales de distribución, campañas publicitarias mundializadas y técnicas sofisticadas de conocimiento de los mercados. La finalidad es garantizar el mayor dominio posible sobre las cadenas de fabricación, procesamiento, comercialización y distribución de los productos y servicios, incrementando la rentabilidad y los dividendos monopólicos.


Fuente                                            Dênis de Moraes


Investigador senior del Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq) y de la Fundación Carlos Chagas Filho de Amparo a la Investigación del Estado de Río de Janeiro (FAPERJ), de Brasil. Autor, entre otros libros, de Medios, poder y contrapoder, con Ignacio Ramonet y Pascual Serrano (Biblos, 2013), La cruzada de los medios en América Latina (Paidós, 2011) y Mutaciones de lo visible: comunicación y procesos culturales en la era digital (Paidós, 2010).

miércoles, 4 de febrero de 2015

PATRIA



Patria

Hace muchos años que la palabra patria no se repetía tanto en un gran acto político en la capital de España. Ante la multitud congregada en la Puerta del Sol de Madrid y calles aledañas, el partisano Pablo Iglesias habló ayer de la patria seis o siete veces. Patria es la gente. Patria es el bienestar de la gente. Patria es el pueblo. Patria es el coraje popular el 2 de Mayo de 1808, mientras los poderosos huían o pactaban con el invasor. Patria es la gente en la Puerta del Sol el 14 de Abril de 1931. (En este punto, Iglesias evitó, cuidadosamente, mencionar la palabra república). Patria es el Quijote soñador, que nunca debiera convertirse en señuelo comercial, puesto que España es una patria y no una marca. Patria iba diciendo Iglesias y la gente le aplaudía con entusiasmo. Ayer en el centro de Madrid tuvo lugar un bautizo.

Ha nacido, con rabia y energía, una nueva corriente política en España. No es un suflé. No es un ingenioso artificio de las redes sociales. No es un simple juguete de la televisión privada, que intentará destruir a la criatura cuando acabe de constatar que se le escapa de las manos. No es un espejismo de las encuestas. No se deshinchará en cuatro días. No es probable que gane las próximas elecciones generales, pero su ascenso puede trastocar el futuro Parlamento español y otras muchas más cosas, entre ellas, la Generalitat Valenciana, la Comunidad de Madrid, el Principado de Asturias, el gobierno balear, la Navarra foral y el Parlament de Catalunya, entre mayo y septiembre. El fenómeno Podemos va en serio y ayer quedó perfectamente demostrado.
Patria. El Partido Socialista Obrero Español nunca lo había enfocado exactamente así. El Partido Comunista de España, tampoco. (Algunas pinceladas de Santiago Carrillo en 1977). Izquierda Unida, tampoco. Incluso el Partido Popular habla poco de patria. Gran promotor de la ‘marca España’, el PP prefiere reivindicar la “gran nación española”. Cuarenta años después de la muerte del general Franco, un grupo de jóvenes contestatarios, provenientes en su mayoría de la escuela marxista, utiliza la palabra patria para convocar la formación de un nuevo bloque político-electoral opuesto a la línea que gestiona la crisis. No les da vergüenza. Ya no les da vergüenza. Patria es uno de los lemas de la nueva izquierda. Esa es la novedad de ayer en Madrid. Y no es menor.
No es una novedad intrascendente, dada la capacidad que está demostrando Podemos para moldear el lenguaje político. Han implantado la casta en el habla coloquial y capilar. Han obligado al Partido Socialista a convocar “asambleas abiertas” en mangas de camisa, y han llevado al Partido Popular a bautizar como “plazas” los espacios de debate de su última convención. Se aceptan apuestas para ver cuanto tardan todos los demás en incorporar la patria en sus discursos distintivos. El joven Albert Rivera, apolíneo y ascendente en los sondeos, seguramente será el primero. Y en Catalunya, donde se habla sin descanso de la nación, podría darse un regreso semántico a la patria, Jordi Pujol apelaba al patriotismo. La pàtria dels catalans fue el inmejorable título de un conjunto de ensayos publicado en el 2009 por el historiador Josep M. Fradera, gran profesional. “Un esfuerzo para entender el país. La patria en el sentido más literal. El lugar donde han vivido abuelos y padres, las generaciones pasadas. El lugar donde hemos aprendido que el ámbito doméstico forma parte de una sociedad particular, forjada por la historia”, escribía Fradera.
Podemos también habla de patria porque pretende ser un partido distinto a los demás. La única organización política que hoy puede congregar a cerca de doscientas mil personas en Madrid sin apoyo institucional.
El público. Gente de todas las edades, con preponderancia de personal maduro. Trabajadores y empleados. Estudiantes y jubilados. Parados y sindicalistas. Gentes que algún día votaron al PSOE e IU. Banderas de todas las autonomías. Las enseñas de Catalunya y Euskadi, también. Y un buen número de banderas republicanas. Iglesias y los demás oradores evitaron toda referencia a la jefatura del Estado. Podemos no pide república, pero el morado es su color distintivo.

Izquierda Unida va a ser triturada –la organización de Madrid de IU está a punto de estallar– y tiene todos los números para convertirse en el KKE hispánico (KKE, el fosilizado Partido Comunista griego). El joven Alberto Garzón llega tarde. Y el PSOE tiene ante sí un grave problema. Mientras el pueblo de izquierda vibra con Podemos, el veterano sanedrín socialista ha tomado la increíble decisión de impugnar al secretario general Pedro Sánchez en pleno ciclo electoral. Quieren recomenzar desde Sevilla. Van a llegar a las municipales de mayo con un líder al que se le está poniendo triste la mirada. El Partido Socialista, que muchas veces se ha contemplado a sí mismo como una patria, corre el serio riesgo de quedar atrapado por esta última maniobra y devenir el partido regional del sur de España.

Fuente                                      Enric Juliana

lunes, 2 de febrero de 2015

LA LÓGICA DEL SISTEMA



La lógica del sistema

El riesgo de la cosmovisión dominante surgida de la Modernidad liberal, progresista y capitalista se encuentra en el hombre concebido como una máquina de producción y consumo (mecanicismo), que se da la ley a sí mismo únicamente bajo el criterio de lo que es bueno para él (utilitarismo).

Este riesgo se incrementa con el peligroso cóctel del neodarwinismo social, mero determinismo evolutivo,  junto con el neomaltusianismo, fundamentos últimos del control social y del totalitarismo estatal y económico. Estas posturas ideológicas convierten las políticas estatales y financieras del Sistema en un campo experimental de muy lesivas consecuencias sociales, dado que con la excesiva mecanización, despersonalización y automatización del trabajo, se promueve el sentimiento de desarraigado y soledad, lo que sin ningún lugar a dudas coadyuva a la construcción de una sociedad amorfa y maleable.[1]


Desde esta visión del hombre como un autómata movido por apetitos y aversiones que nos ofrece el materialismo moderno sólo se llega al conflicto social y a la violencia económica, pues dónde no hay ley ni corazón todo está justificado pues deja de haber nada que sea injusto.
Ciertamente, una dosis de competencia hace posible el desarrollo de la civilización por el dinamismo de la innovación constante que supone. Sin embargo, la competitividad extrema que se ha alcanzado en el ámbito del mercado laboral tiene que ver mucho con la supervivencia económica. En este sentido, para asegurarse la “selección natural económica” (dentro del Sistema), muchas empresas tienen que ceder principios éticos a favor del instinto de preservación porque no proporcionan eficiencia, no son productivos ni rentables. Como resultado de estas políticas empresariales, hay un visible progreso material y técnico, pero un evidente subdesarrollo moral. Un subdesarrollo moral de índole básicamente educativo, derivado de la crisis antropológica de la familia y de la cultura, que ignora que por la cooperación sincera también lo bueno puede extenderse al conjunto social aliviando mucha confrontación poco inteligente e inhumana. Esta restauración de la sencillez de la colaboración mutua en el marco de una economía abierta, justa y humanizada no significaría caer en el colectivismo utopista que anula la singularidad del individuo y acaba con su dignidad, fundiendo a la persona en una masa amorfa y maleable. En ningún caso ese es el objetivo de la renovación para la reforma y superación integral del Sistema.
La Encíclica Caridad en la Verdad, de Benedicto XVI, nos recuerda que la competitividad extrema fomenta lo superfluo, lo inútil e innecesario, rasgos característicos de la irracionalidad. Para que la lógica del intercambio no se agote con la ley de la oferta y demanda, tiene que haber una permanente creación de necesidades y apertura de mercados que estimule a los consumidores aunque éstos ya estén satisfechos. 
Este modelo de crecimiento que entró en crisis, y nos ha arrastrado hacia donde estamos, estuvo basado en un consumismo (producción y consumo de excedentes), en el endeudamiento excesivo y en la destrucción de los principios humanos más nobles que obstaculizaban el lucrativo negocio. Por ello, la eliminación intencionada y premeditada de valores y virtudes en la vida pública, impulsada por las estructuras beneficiarias del Sistema dominante, está induciendo a la conformación, no de una ciudadanía libre, sino servil a una casta cleptómana de políticos y banqueros que domeñan sin pudor cual parásitos a unos súbditos autómatas desprovistos de sentido de la vida, de religiosidad, de capacidad de comunicación, de sentido crítico y trascendente. 
Una vez eliminadas estas inclinaciones, impulsos vitales de toda persona libre, entonces si pueden sus Estados y sus Mercados, vender la “mercancía” envenenada de la ultracompetitividad y de la sociedad de consumo. Es decir, adiestramiento puro y duro en el nihilismo y relativismo ético y social. 
Ese es el fin de la lógica del Sistema moderno, si es que puede denominarselógica”.
Fuente                                             P.S.B.
[1] En el Leviatán, Hobbes ilustra su materialismo sentenciando: “¿Qué es el corazón sino un muelle?”

miércoles, 28 de enero de 2015

EL MANUAL DEL POLÍTICO MODERNO




Las 25 reglas de la desinformación (manual político para ocultar la verdad)
En la medida en que Internet y demás medios aumentan el acceso a la información, las técnicas de manipulación de la opinión pública y ocultamiento de la verdad se van modificando. Estamos en la Era de la Desinformación, donde las prácticas maquiavélicas operan más a través de la inundación, la saturación y la tergiversación que del mero encubrimiento de información.
A continuación les presentamos una traducción de las 25 Reglas de Desinformación del desinformador H. Michael Sweeney. Estas reglas pueden usarse tanto para manipular a los demás como para descubrir la manipulación de la que somos objeto. Como todas las cosas, este manual está vacío, es decir, no es bueno ni malo, es solamente potencia y puede ser lo que quieras.
Actualmente en Internet existen varias técnicas como crear perfiles falsos en redes sociales, inventar expertos en temas científicos, generar sitios de conspiración (y autogenerar teorías de la conspiración), sembrar comentarios en los sitios de noticias o sembrar rumores en las redes sociales para que se viralizen de manera supuestamente orgánica. Si bien estas 25 reglas de desinformación se encuentran redactadas como un manual a seguir para un siniestro político, se pueden aplicar para el establecimiento de una agenda política o para influir en la opinión pública según una estrategia velada.
1. No obstante lo que sepas, no lo discutas, especialmente si eres una figura pública o un conductor de noticias, etc. Si no se reporta, no sucedió, y así no tienes que lidiar con los posibles problemas (esto es: en nuestra era sólo lo que sucede en los medios es real, lo demás es como una manzana que cae en un bosque vacío).
2. Conviértete en incrédulo e indignado. Evita discutir temas importantes y enfócate en temas periféricos que pueden ser usados para criticar a otro grupo considerado como “sagrado” por algún sector de la población.
3. Evita discutir temas inconvenientes describiendo toda acusación, independientemente de dónde venga, como meros rumores y especulaciones. Si puedes asocia las acusaciones con rumores de “Internet” y dí que se trata sólo de “teorías de la conspiración”.
4. Utiliza la técnica dela falacia del espantapájaros”. Encuentra un argumento en tu oponente que puedes fácilmente rebatir para hacerte ver bien a su costa.  Inventa un tema que en consideración de tu oponente pueda ser fácilmente argumentado en su contra (sin poder probarse) o explota las debilidades de tu oponente llevando la discusión a sus puntos más endebles. Amplifica su importancia de tal forma que las acusaciones que se te hacen parezcan refutarse y los temas de fondo no lleguen a discutirse.
5. Distrae a tus oponentes etiquetándolos y ridiculizándolos con títulos como “conservadores”, “radicales”, “terroristas”, “conspiranoicos”, “racistas”, “fanáticos”, “liberales” “pervertidos sexuales”, “ateos”, “fundamentalistas”, “homofóbicos”, etc.
6. Pega y corre.  En cualquier foro público haz un ataque a tu oponente (puede ser una persona o un tema)  o a su posición en cierto asunto de forma que puedas retirarte sin que el oponente pueda contestar la acusación. Esto puede hacerse en programas de televisión antes de un corte o en Internet ignorando los comentarios (o editando) de los usuarios y de tu oponente.
7. Cuestiona motivos. Tergiversa o amplifica todo hecho que pueda sugerir que tu oponente opera bajo una agenda personal oculta.
8. Invoca autoridad. Conserva tu autoridad o allégate algún tipo de autoridad o experto para presentar tu argumento con suficientes tecnicismos y jerga minuciosa para ilustrar que eres “alguien que sabe”. (Esto es lo que en México se conoce como “un choro mareador”).
9. En casos extremos: hazte el tonto. No obstante la evidencia o la lógica de un argumento, evita discutir ciertos temas deslegitimándolos, invalidando toda discusión.
10. Asocia a tus oponentes con noticias viejas o acusaciones pasadas. Esto es especialmente útil antes de una discusión o un evento en el que podrías ser cuestionado. Haz que tu equipo prepare una acusación y fíltrala a los medios poco antes.
11. Haz falsas confesiones. Confiesa un mal menor de manera candorosa para ganarte la simpatía de los demás como alguien que se responsabiliza de sus actos. Esto sirve como un distractor de los verdaderos temas que quieres evitar. (Un ejemplo de esto a gran escala podría ser WikiLeaks, donde es posible que el mismo sistema corrupto que WikiLeaks expone haga una especie de confesión de sus “pecados menores” haciendo creer a las personas que lo que se filtra son todos sus pecados o conductas corruptas y no hay nada más grave, descalificando, por ejemplo, los ataques del 9/11).
12. Los enigmas no tienen soluciones. Llena de giros, contradicciones y detalles complejos una situación para que parezca demasiado difícil  de resolver. Esto hará que la verdad se pierda entre el arsenal de desinformación o que el público pierda interés.
13. Utiliza regresiones y digresiones para evitar llegar al punto de un tema que te es inconveniente.
14. Exige soluciones completas. Evita los asuntos nodales requiriendo que tus oponentes solucione el crimen (o el asunto en cuestión) completamente. Argumenta que antes de solucionarse este asunto (el cual es demasiado complejo) todo lo que se discuta son suposiciones.
15. Llega a conclusiones alternas moldeando los hechos. Esto requiere cierta creatividad y es básicamente una forma de alterar las piezas de un rompecabezas para que formen la figura que necesitas.
16. Desaparece la evidencia o los testigos. Esta es una de las técnicas más usadas por la élite más poderosa:  cuando detectan que alguien está por hablar o cobrar importancia (y tiene un discurso inconveniente) simplemente se desaparece (por ejemplo, en el caso de John F. Kennedy).
17. Utiliza comparsas o colegas a través de los cuales puedas cambiar el tema (estos sujetos pueden o no saber que son parte de esta estratagema). Esta es una variación de la típica técnica del chivo expiatorio, sólo que prefabricada.
18. Emocionaliza y antagoniza. Si estás por ser atacado lleva la discusión a temas emocionales o antagónicos que cautiven la atención de los demás. De igual forma toca puntos sensibles en tus oponentes que puedan generar respuestas emocionales que los haga perder el control. Esto también puede ser usado para distraer argumentando que tus oponentes son ”demasiado sensibles a la crítica”.
19. Pide pruebas imposibles. Lleva la discusión hacia el requerimiento de pruebas como exigencia para seguir discutiendo un tema y pide pruebas que son demasiado difíciles de obtener pero que tienen una cuota de relevancia sobre el tema que se discute.
20. Evidencia falsa. Introduce nueva información o pistas diseñadas para entrar en conflicto con lo que presenta tu oponente. Esto es útil para neutralizar temas sensibles e impedir su resolución.
21. Llama a una investigación legal o de algún cuerpo de poder que pueda investigar los hechos. Seguramente al ser parte del sistema podrás influenciar lo que se dice en el caso y lo que se filtra a los medios, así como obtener una resolución benéfica. Esto te dará mayor legitimidad. Esto puede usarse también como un movimiento ofensivo al llevar a alguien inocente a un proceso judicial (este persona puede ser un enemigo o simplemente alguien mediático que acapare la atención del público).
22. Elabora una nueva verdad. Crea tu propio panel de expertos, autores, líderes etc., o coopta a los existentes para forjar a través de una investigación científica o académica una nueva versión de los hechos  o un tema que pueda distraer a la opinión pública. Esto te permitirá, si es que llegas  al punto de tener que discutir el tema que quieres evitar, conseguir autoridad.
23. Crea eventos de distracción masiva. Similar a los anteriores —sólo que explícitamente—, crear historias en las noticias que acaparen la atención pública como una novela de suspenso es una de las tácticas de desinformación más usadas (por ejemplo: El Chupacabras, los mineros chilenos, etc.).
24. Silencia a tus críticos. Utiliza tu poder para sobornar o chantajear a las personas que tienen información negativa sobre ti o que se interponen en tu camino. (Esto es también una práctica común de las empresas en el caso de la competencia para bloquear innovación científica que va en contra de sus intréses económicos).
25. Desaparece. En caso de que las cosas se pongan demasiado calientes en la cocina, simplemente date a la fuga. Tus conexiones te mantendrán escudado y podrás vivir en un paraíso fiscal, gastándote el dinero del erario tranquilamente.  Y, ¿quién sabe? Tal vez en unos años, con la memoria de corto plazo de la sociedad y tu capacidad de ingeniería de la opinión pública, puedas regresar como si nada hubiera ocurrido.

Fuente                                   H. Michael Sweeney

jueves, 18 de diciembre de 2014

EL FASCISMO "COOL"



El "fascismo coolde Pablo Iglesias

La pedagogía en política es una carrera a largo plazo, muy costosa y con escaso rendimiento electoral. Es por ello que encontrar lugares comunes y discursos integradores es una solución mucho más efectiva para alcanzar el poder en una situación de emergencia. Existen cuestiones, problemas o situaciones con los que todos están de acuerdo sin importar la ideología que profesen o crean tener. Y si no todos, una mayoría que otorga gobiernos. La lucha contra la corrupción, una sanidad de calidad y, en estos días, incluso la antipolítica, son cuestiones que trascienden el eje ideológico izquierda-derecha y que hacen posible encontrar acuerdos con amplias mayorías. Pablo Iglesias y su equipo son conscientes de que envolviéndose en la bandera de la izquierda no se alcanza una mayoría suficiente para gobernar en apenas dos años. Para ello, para crear hegemonía, es necesario difuminar ese eje, en el que los promotores de Podemos personalmente se posicionan muy a la izquierda. Se trata de un discurso maquiavélico no exento de trampas, que Iglesias ya criticó cuando hacía política en las aulas, y puede servirle para alcanzar su fin, aunque el camino al hacerlo no sea el más honesto.

Pablo Iglesias, en una entrevista en La Opinión de A Coruña, respondía en 2013 a una pregunta sobre el devenir del país. Acertaba en definir lo que ocurría en los tiempos de crisis y cómo las formaciones que trascendían el eje izquierda-derecha en una situación de emergencia como la actual tenían muchas posibilidades. “La emergencia de UPyD es un ejemplo. UPyD tiene muchos elementos de fascismo cool, con eso de ‘no somos ni izquierdas ni de derechas, somos españoles’. Es un discurso de momento de crisis donde hay muchas posibilidades”.

Ese discurso del “fascismo cool” de UPyD ya había sido ensalzado por el líder de Podemos en otras ocasiones. En una conferencia en la Universidad de Zaragoza, al ser preguntado por un alumno sobre la formación magenta, no dudó en alabar su estrategia electoral, su valor como partido y la importancia de su discurso diferenciador del eje tradicional “UPyD solamente utiliza significantes ganadores, izquierda-derecha no, eso te divide. Si tú pones la palabra izquierda a tu partido, alguien a cuyo abuelo han matado los republicanos no te votará”.

Porque Pablo Iglesias siempre tuvo claro que el discurso de UPyD, con matices de cosecha propia, era el ganador. En un libro editado por Icaria en el que Pablo Iglesias hablaba con Nega, el cantante de Los Chikos del Maíz queda patente. En la conversación que mantienen aparece el manejo de la comunicación política que hace UPyD. El texto es muy ilustrativo. En él ambos explican que lo único que se puede hacer en una situación como la actual es un programa de mínimos al estilo de Syriza y que para lograrlo hay que movilizar a los que nunca votan y a los movimientos sociales, así como robarle espacio a los partidos tradicionales porque asumen que las siglas como las de IU tienen un techo cuantificable que jamás alcanzaría una mayoría suficiente.

Pablo Iglesias argumenta que esa mayoría no se consigue con una confluencia de siglas, sino con la construcción de un relato, de un discurso, con significantes: “Hay discursos que en este momento te pueden hacer ser mayoría”. Es en este punto donde entra el uso del discurso y el manejo de la comunicación política que hace UPyD. Para Iglesias, la formación de Rosa Díez es la única que ha entendido las claves del discurso, cuyo relato es la negación del eje clásico ideológico. UPyD dedica su manifiesto fundacional precisamente a alejarse de las ideas tradicionales de la izquierda y la derecha: “Ser considerados de izquierdas o derechas no nos parece el centro del problema, aunque nos apiadamos cordialmente de quien carece de mejores argumentos para descalificar al adversario”.

La negación del eje izquierda-derecha como la base sobre la que plantear la solución de los problemas es un discurso que está muy lejos de ser nuevo. Sus antecedentes históricos demuestran que es una estrategia muy manida que ha tenido éxito y fracasos a partes iguales. Históricamente ha recibido el nombre de Tercera Posición y tiene más similitudes con el posicionamiento programático de UPyD que con el de Podemos, que sólo mantiene una leve semejanza con él en la estructura de su discurso.

Antecedentes históricos del discurso

La tercera posición es una doctrina política que busca marcar distancias con el comunismo y el capitalismo. Apareció en la primera mitad del siglo XX como una doctrina que se declara al margen del espectro político, con marcadas ideologías nacionalistas y populistas. El tercerposicionismo históricamente ha estado relacionado con el fascismo italiano, la Falange de Primo de Rivera y el peronismo, así como otras posiciones más minoritarias como la Guardia de Hierro rumana.

El 29 de octubre de 1933, en el Teatro de la Comedia, José Antonio Primo de Rivera realizó el discurso fundacional de Falange, que definió del siguiente modo:

“El movimiento de hoy, que no es de partido, sino que es un movimiento, casi podríamos decir un antipartido, sépase desde ahora, no es de derechas ni de izquierdas… Sepan todos los que nos escuchan de buena fe que estas consideraciones espirituales caben todas en nuestro movimiento; pero que nuestro movimiento por nada atará sus destinos al interés de grupo o al interés de clase que anida bajo la división superficial de derechas e izquierdas.“

No sólo la tercera posición ha renegado del eje izquierda-derecha a la hora de plantearse las bases de su relato y su discurso. Esta manera de estructurar el lenguaje se ha presentado siempre en alternativas de tercera vía a dos realidades preexistentes que siempre han recibido el nombre de derecha e izquierda. Es un modo de distanciarse de unas estructuras políticas que la ciudadanía advierte como un problema. En esos casos, se elimina la opción de hacer pedagogía para, mediante la propaganda, lograr una alternativa de poder de emergencia.

Ese rechazo a la autodenominación ideológica y la negación del esquema clásico se dio también en aquellos que algunos presentan, con poco acierto, como referentes de la formación de Pablo Iglesias. En una entrevista hecha en 1998 por Jaime Baylis a Hugo Chávez, el periodista le preguntó directamente si era de izquierdas, si se definía ideológicamente socialista. Esta fue la respuesta de Hugo Chávez:

“Yo no soy socialista, la América de hoy, la América que viene, requiere un salto adelante, vamos más allá del socialismo e incluso más allá del capitalismo salvaje como lo llama el Papa Juan Pablo II. Yo creo en un proyecto humanista, un proyecto incluso integral”. No fue la única vez que Hugo Chávez quiso diferenciarse de las definiciones ortodoxas ideológicas, y fue célebre una frase suya realizada en una entrevista en televisión el mismo día que salió electo: “Propongo una tercera vía, un modelo capitalista pero con rostro humano”.

Los prejuicios sobre los que se ha realizado a lo largo de la historia este discurso diferenciador del status quo han alcanzado hasta los que todos consideran situados en uno u otro extremo del espectro ideológico. Ya hemos hablado de Falange y La Guardia de Hierro como ejemplos paradigmáticos en la extrema derecha. Pero incluso Fidel Castro no escapó a este discurso integrador. Así, en en la Plaza Cívica, el 8 de mayo de 1959, negó que el movimiento revolucionario que él encabezaba fuera de izquierdas, ni de derechas, ni de centro.

“Nosotros no nos vamos a poner a la derecha, ni nos vamos a poner a la izquierda, ni nos vamos a poner en el centro, que nuestra Revolución no es centrista. Nosotros nos vamos a poner un poco más adelante que la derecha y que la izquierda. Ni a la derecha ni a la izquierda: ¡Un paso más allá de la derecha y de la izquierda!. ¿O es que acaso tengan los hombres que nacer maniatados a ideas determinadas?”

Izquierda y derecha en Pablo Iglesias

En el discurso de Podemos y Pablo Iglesias, plantear el problema desde un prisma diferente a la izquierda y la derecha se considera vital para alcanzar la mayoría y poder gobernar. No se trata de ocultar que Pablo Iglesias es de izquierdas, se trata de establecer un discurso que elimine los referentes que se asocian con la izquierda para alcanzar a una mayoría que de otro modo jamás conseguiría. El discurso y la estrategia de Podemos se basa en plantear el problema en términos de oligarquía frente a ciudadanía, democracia frente a dictadura y en atacar los privilegios de unos pocos. Es por ello que el concepto casta es tan importante, sustituye de un plumazo el enemigo que la izquierda tenía, la derecha, que es mucho más difuso y escurridizo. La casta es más identificable, un término más poderoso, un referente que todos entienden. El que te subyuga. Sea quien sea, esté donde esté. El que te hace la vida difícil. Sin necesidad de plantear un discurso ideologizado de clases que pueda ser desmontado con argumentos ya conocidos por siglos de enfrentamiento.

Pablo Iglesias antes definía a UPyD como “fascismo cool” porque no se definían de derechas ni de izquierdas, y por ello él rechaza que en Podemos digan lo mismo: “Yo nunca he dicho que seamos ni de izquierdas ni de derechas. Reto a encontrar una frase donde lo diga. Lo que yo digo es que lo que estamos diciendo no es de derechas ni de izquierdas, y eso es de sentido común”. Justo como Rosa Díez se definía: “de sentido común y progresista”.

Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero tienen claro que plantear su estrategia electoral en términos de izquierda y derecha es perder el centro del tablero, renunciar a gobernar. Consideran el discurso de UPyD ganador y por eso lo reutilizan. Han cogido el relato magenta y lo han modificado como si fuera de licencia copyleft adaptándolo a unas nuevas necesidades. Ellos no niegan ser de izquierdas, pero asumen que estos tiempos no se vencen desde esa trinchera y por ello renuncian a un discurso ideológico que llevan años defendiendo para adaptarlo a la gente. 

 Según Pablo Iglesias, “plantear la pelea política en ese eje es entregarle la victoria al enemigo. Ellos quieren eso, que nosotros estemos preocupados en colocarnos en un plano ideológico que nos defina por nuestra identidad, quieren que la palabra izquierda esté en nuestro nombre, que en nuestros actos estén todos los símbolos de la izquierda y, si es posible, que suene la Internacional. Pero si somos capaces de construir un lenguaje que emocione, movilice y trabajar con gente de muchos ámbitos y convertir la mayoría social que existe en mayoría política, entonces sí se preocuparán”.

La realidad les está dando la razón, están consiguiendo lo que nadie antes logró desde la pureza ideológica y desde unos posiciones bien explícitas en el eje. Aunque ni siquiera es un discurso que la nueva política y los partidos de la regeneración han traído a nuestro país. Algunos, incluso ni se presentaban a las elecciones. Arturo Fernández, presidente de la CEIM, en una entrevista en marzo de 2010 fue preguntado por su apoyo a Esperanza Aguirre y respondió que “la CEOE y CEIM se han caracterizado por su neutralidad. No somos ni de izquierdas ni de derechas, pero en Madrid tenemos un gobierno que se ocupa mucho de los empresarios y que nos pregunta siempre que se toman decisiones económicas”

Y que no se extrañe nadie: para ganar las elecciones hay que rechazar ideales, ser pragmático y aludir a ese discurso tercerposicionista, de la tercera vía o de negación de tu identidad. Lo hizo hasta Mariano Rajoy, que en el año 2008 cuando aspiraba a gobernar pidió el voto de los socialistas porque “España no es de derechas ni de izquierdas”

Fuente                                        Antonio Maestre
lamarea

domingo, 9 de noviembre de 2014

JOSÉ ANTONIO Y PABLO IGLESIAS


               "No se puede ganar un país sin reivindicar el concepto de patria.Pablo Iglesias


Pablo Iglesias y José Antonio

Podemos se ha convertido en un caso apasionante desde el punto de vista del análisis político, social e ideológico. Han obtenido un resultado relevante en las elecciones europeas, y las expectativas que han generado son enormes; de hecho, apenas tienen límites. Se cuenta con que formarán su propio grupo parlamentario, lo cual sería ya un éxito, e incluso se estima que podría convertirse en la primera fuerza dentro de la izquierda española. Si estará a la altura de esas expectativas es muy difícil de saber. Depende de su comportamiento, de la fortaleza del Partido Socialista y de la evolución del paro.
¿Cuál ha sido el análisis que se ha hecho este grupo de profesores de universidad que ha llevado a un partido de la izquierda más extrema a esta situación de preeminencia y expectativas? Se puede reconstruir a partir de diversos elementos que ha ido dejando grabados en youtube Pablo Iglesias, su líder inmarcesible, y el resto de colaboradores, además de la realidad política española. Pero él los ha engarzado todos en una charla de una hora, en Bolivia. En ella relata sus "intimidades políticas", es decir, la realidad (o parte de ella) de su análisis, su estrategia, su discurso, sus resultados.

El objetivo que se plantea Podemos es el poder total. No debe extrañarnos, pero tampoco lo debemos olvidar, porque de otro modo no le entenderíamos. Otras formaciones, como UPyD o Izquerda Unida, no tienen ambiciones reales tan altas. Cuba, como ejemplo del camino hacia el poder, ha dejado de ser atractiva. No hay más remedio que aceptar la vía, "tan poco erótica, tan poco épica", de la democracia "burguesa".

Pero llevar a una victoria electoral un mensaje que no deja de ser revolucionario no es fácil. Es más, es implanteable cuando las cosas parecen ir bien. Pablo Iglesias le pide a la audiencia que se haga a la ida de "lo que representaba para nosotros en el año 2002, 2003, 2004, 2005, 2006, ser ciudadanos de la Europa del Sur. Era algo tremendamente triste". Ellos habían visto el triunfo de líderes socialistas en América Latina en situaciones de crisis, pero legó "la crisis de todas las crisis, esa crisis que empieza en 2007" y que "sirvió para crear en los países del sur de Europa situaciones de crisis de régimen, de crisis de la gobernanza europea, de crisis de la estabilidad. Abrió una suerte de estructuras oportunidad política para el cambio".

Sí. Hay una desconfianza de un número creciente de ciudadanos en el sistema político. El juego político pasa por hacer promesas a los votantes con la renta y la riqueza ajenas, o que se asegura que es ajena. Cuando esta riqueza se destruye, las promesas se incumplen. Y como el incumplimiento es generalizado, cunde la desconfianza hacia la clase política. Como los sucesivos gobiernos han hecho lo necesario para evitar una crisis de deuda aún más grave, y esas medidas no son las que desean los votantes, se dice que el sistema no es plenamente democrático.

Esta sensación de fraude se produce de forma generalizada. Dice Iglesias: "Cuando se produce una crisis que provoca injusticias que son palpables por todo el mundo, son momentos en los que a la gente que procede de valores conservadores, la crisis también les duele y les afecta. A la gente de derechas tampoco le gusta que le roben. A la gente de derechas no les gusta que les tomen el pelo". Llega el 15M, y se pregunta Iglesias: "¿Qué es lo que ocurre cuando gente que jamás se ha manifestado sale a la calle y dice son unos sinvergüenzas, me están robando? Surge una oportunidad histórica".

Pero esa oportunidad hay que saber aprovecharla. Necesitan un discurso que capte ese descontento, y que sepa encaminarlo hacia una formación política, la suya. Y para eso necesitan un discurso. Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero, Íñigo Errejón y demás han sacrificado sin pena el marxismo más ortodoxo para adoptar, con pragmatismo, experiencias e ideas distintas. Las han bebido de América Latina. Pero no son ideas nuevas. Tampoco en España. Es aquí donde encaja el antecedente de José Antonio Primo de Rivera.

No es que lo cite Pablo Iglesias. Pero tampoco hace falta. Hace referencia a Marine Le Pen, cuya formación "amenaza con convertirse en mayoritaria en Francia". ¿Por qué? Pues "cuando están convirtiendo tu país en una colonia, ¿qué mejor discurso que apelar a pueblo y al orgullo nacional? Fue una de las características fundamentales de nuestra campaña electoral, que la izquierda nos criticó. Nosotros dijimos: 'somos patriotas. Y aquéllos que privatizan, aquéllos que entregan atribuciones soberanas a poderes exteriores, aquéllos que no pagan impuestos, esos son traidores a la patria'. La izquierda se echaba las manos a la cabeza. '¿Qué clase de discurso es este?'. Y apelamos a la Policía y a las Fuerzas Armadas".

La izquierda española ha renunciado al discurso patriótico, y ha alimentado sistemáticamente la idea de que las apelaciones a la nación son sinónimo de un peligroso derechismo. A Iglesias, Monedro y demás les ha bastado incluir un discurso patriótico para amenazar al PSOE con relegarle a una posición subordinada dentro de la izquierda. Como dice Pablo Iglesias en la misma conferencia, "la clave para entender el éxito del fenómeno Podemos es que hicimos exactamente lo que la izquierda no se hubiera atrevido a hacer". El lema de José Antonio Primo de Rivera era "patria, pan y justicia", y apelaba especialmente a aquéllos que "por carecer de pan, no pueden apreciar a la patria".

Aunque la referencia de los creadores de Podemos es el de los líderes populistas iberoamericanos que, como Hugo Chávez, se envuelven en la bandera nacional, las ideas de José Antonio se cuelan en este discurso con naturalidad. Los populistas americanos apelan a la nación frente al imperialismo. José Antonio, en su manifiesto ante las elecciones de febrero de 1936, publicado en Arriba, decía "queremos una política internacional para que sea neutral o beligerante por la libre conveniencia de España, no por la servidumbre a ninguna potencia exterior". Y Podemos apela al patriotismo frente a las injerencias de Bruselas, que impone esos recortes que muchos rechazan.

Así, la patria enlaza también con una de las ideas fuerza de Podemos

la democracia, que ha fracasado porque no ha impedido que Bruselas imponga sus designios. Y esta idea enlaza con otra, que es clave en el discurso, y en el éxito, de Podemos: la casta. Iglesias lo expresa así: "Un viejo amigo comunista, que conoce América Latina muy bien, decía: la audacia comunista, el momento leninista, si queréis, supone identificar esos pequeñitos momentos excepcionales en los que la diferencia entre un dirigente audaz y un dirigente mediocre es la capacidad de señalar a los culpables, señalar a los enemigos, y decirles '¿veis? Estos son los enemigos del pueblo'. Es la diferencia entre la audacia y ser un conservador que sigue utilizando los mismos métodos".

Pero esa audacia no es sólo comunista. Volvemos a José Antonio, que en el mismo discurso, titulado "Por España una, grande y libre, por la patria, el pan y la justicia", dice: 

"Banqueros que se enriquecen prestando a interés caro el dinero de los demás; propietarios de grandes fincas que, sin amor ni esfuerzo, cobran rentas enormes por alquilarlas; consejeros de grandes compañías diez veces mejor retribuidos que quienes con su esfuerzo las sacan adelante; portadores de acciones liberadas a quienes las más de las veces se retribuye a perpetuidad por servicios de intriga; usureros, agioistas y correveidiles. Para que esa gruesa capa de ociosos se sostenga, sin añadir el más pequeño fruto al esfuerzo de los otros, empresarios, industriales, comerciantes, labradores, pescadores, intelectuales, artesanos y obreros, agotados en un trabajo sin ilusión, tienen que sustraer raspaduras a sus parvos medios de existencias"

No le cuelga el nombre "casta", ni ninguno otro, pero hace referencia a la misma realidad.

No es que José Antonio, por otro lado, fuera completamente ajeno a las ideas de Marx, que había estudiado. En el discurso en el Cine Madrid, del 19 de mayo de 1935, dice: "Las previsiones de Marx se vienen cumpliendo más o menos de prisa, pero implacablemente. Se va a la concentración de capitales; se va a la proletarización de las masas, y se va, como final de todo, a la revolución social".

No se trata de que los creadores de Podemos se hayan basado en José Antonio, algo que desconozco. Pero sí de hacer ver que su análisis les lleva a ver que la tesis internacionalista de Negri y Hart no funciona, y que "el Estado siempre vuelve", pues "cuando se producen situaciones de crisis, la reivindicación del Estado y la soberanía" adquieren protagonismo como "instrumento de intervención política crucial". 

Entonces es necesario llevar el análisis político socialista al ámbito del Estado. Y el antecedente de este intento de "nacionalizar" la izquierda en España es José Antonio.

Fuente                                    José Carlos Rodríguez
juandemariana

"El patriotismo es generalmente más fuerte que el odio de clases ,y siempre más fuerte que el internacionalismo."  
George Orwell