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lunes, 23 de marzo de 2015

EL GIGANTE MONSANTO



Conozca las 7 formas en las que Monsanto 

destruye nuestra salud 


El gigante de la biotecnología Monsanto acumula numerosas denuncias por los daños para la salud y las consecuencias negativas para el medio ambiente que conlleva la modificación genética de semillas y cultivos que practica la empresa.

'El Ciudadano' recopila siete motivos por los que la empresa biotecnológica Monsanto Corporation es nociva para nuestra salud:

1. Agente Naranja: En los años 60, la compañía era uno de los fabricantes y el principal beneficiario de este producto utilizado como arma química en la guerra de Vietnam. Como resultado del uso del agente naranja, alrededor de 400.000 personas murieron o sufrieron mutilaciones, 500.000 niños nacieron con malformaciones y un millón de personas quedaron discapacitadas o sufrieron problemas de salud. EE.UU. ha permitido a Monsanto y a otras empresas químicas realizar apelaciones y recibir protección ante las querellas y denuncias de los veteranos de guerra que alegaron daños y perjuicios por estos hechos.

2. Aspartame: Ya en el año 1994 el Departamento de Salud y Servicios Humanos de EE.UU. (HHS, por sus siglas en inglés) publicó un informe que enumeraba 94 problemas de salud causados por este edulcorante no calórico. Se ha demostrado que causa daños graves que se acrecientan mediante el consumo prolongado, destruyendo áreas vitales del cuerpo humano. Sin embargo, el aspartame sigue presente con otras denominaciones en muchos productos comestibles habituales.

3. Sacarina: Diversos estudios con ratas de laboratorio demostraron que la sacarina produce cáncer, y en seis estudios realizados sobre pacientes humanos por el Instituto Nacional del Cáncer de EE.UU. se descubrió que quienes consumen edulcorantes artificiales como la sacarina o el ciclamato son más propensos a sufrir posteriormente cáncer de vejiga.

4. Somatotropina bovina recombinante (rBGH): También llamada hormona de crecimiento bovino, es una hormona modificada genéticamente por la empresa que se inyecta en las vacas para aumentar la producción de leche. Según varias investigaciones, existe un vínculo entre la leche rBGH y el cáncer de mama, cáncer de colon y cáncer de próstata en seres humanos. La hormona está prohibida en Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Japón, Israel, la UE y Argentina.

5. RoundUp: Es el herbicida más popular del mundo. Se utiliza en cultivos genéticamente modificados que resisten al glifosato y sus residuos siguen presentes en los alimentos que más tarde se distribuyen en los supermercados. Según un estudio realizado por los oncólogos suecos Lennart Hardell y Mikael Eriksson, este herbicida está directamente relacionado con el cáncer y el linfoma no-Hodgkin.

6. Cultivos modificados genéticamente: Son creados por Monsanto mediante la manipulación genética del maíz, el algodón, la soja y la canola con el ADN de una fuente extraña. Estos cultivos están diseñados para ser resistentes a grandes dosis del herbicida RoundUp, y como consecuencia están generando la aparición de 'supermalezas', también resistentes a los herbicidas. Por este motivo, el herbicida RoundUP es cada vez más fuerte.

7. Semillas Terminator: La tecnología de Monsanto produce granos estériles incapaces de germinar. Esto obliga a los agricultores a comprar semillas de Monsanto cada año en lugar de guardar y reutilizar las semillas de sus cosechas, como se hacía tradicionalmente. Las semillas Terminator, y posteriormente las flores, producen la llamada 'polinización cruzada', ya sea por el viento o mediante las abejas (las que todavía no han muerto por culpa del RoundUp), y contaminan cultivos aledaños no estériles. De esta manera Monsanto pone en peligro las existencias de semillas naturales en el futuro. Finalmente, una contaminación total otorgaría el control del suministro de alimentos a nivel mundial a Monsanto y la industria de los transgénicos.

Fuente            Leer+ SOBRE MONSANTO
rt.com                       

miércoles, 18 de febrero de 2015

LA AGROINDUSTRIA


Comemos veneno: “El cáncer, la infertilidad y la diabetes son por la comida


El aumento de enfermedades crónicas como la obesidad, la diabetes y el cáncer está directamente relacionado con los alimentos que comemos. Las hormonas sintéticas presentes en los fertilizantes y pesticidas que entran en contacto con la comida son muy peligrosas para la salud y no suelen detectarse en los análisis toxicológicos, por lo que se invalida el principio de que la ‘dosis hace el veneno”. Con esta advertencia a modo de carta de presentación, la galardonada documentalista y periodista Marie-Monique Robin nos introduce en el mundo de la agroindustria, su campo de investigación desde hace más de una década, y sobre el que versa su último ensayo: Las cosechas del futuro. Cómo la agroecología puede alimentar al mundo (Península).

Una obra fruto del análisis comparativo de diversos sistemas de producción alimentaria que, en sintonía con otras anteriores como "Nuestro veneno cotidiano" y "El mundo según Monsanto", cuestiona el mito de que el menor precio de los alimentos o de que el fin del hambre en el mundo solo son posibles mediante la producción industrial de alimentos. La principal novedad que aporta la autora gala con este último libro es que existe una alternativa demostrable, “más sobresaliente de lo que creía antes de iniciar la investigación”, y que se llama agroecología.
La transición de la agroindustria a la agroecología todavía es posible, explica Robin, pero aun existiendo la voluntad política necesaria para propiciar los cambios legislativos que la permitan, “llevará muchos años descontaminar las tierras y las aguas subterráneas hasta poder producir alimentos sanos”. Es por ello que urge, en primer lugar, limitar el uso de pesticidas y transgénicos. “América Latina en general es mucho más permisivo que la Unión Europea con el cultivo de Organismos transgénicos y la comercialización de otras sustancias tóxicas, como el bisfenol A que en otros lugares como Francia está prohibido”.
Una permisividad, alerta la autora gala, con unas consecuencias más que visibles: “Las parejas españolas son las que más problemas tienen de infertilidad en toda Europa, al afectar a una de cada cuatro”. Al mismo tiempo, los cánceres de cerebro y la leucemia están creciendo a un ritmo anual del uno al tres por ciento entre los niños, según los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que ponen también de relieve el auge del origen fetal de las enfermedades en la edad adulta (presuntamente por el tipo de alimentación de la gestante). “La propia Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ya se está dando cuenta de estas consecuencias y reconociendo las deficiencias del principio toxicológico de que 'la dosis hace el veneno’ debido a las indetectables hormonas sintéticas, como demuestra la mayoría de literatura científica sobre esta cuestión”, apunta Robin.
El cenit del petróleo lo será también de la comida barata 
Tradicionalmente se ha relacionado el bajo costo de los alimentos con los monocultivos, el uso de pesticidas y fertilizantes para reducir las plagas, así como otras técnicas modernas de producción a gran escala. Sin embargo, Robin afirma que “los precios de los alimentos que compramos en el supermercado son completamente falsos porque no incluyen los costos directos ni los indirectos”.
Los gastos derivados del tratamiento de las aguas contaminadas, del pago de las tasas por los gases de efecto invernadero, de las subvenciones (para el gasóleo, para exportar o directamente de la Política Agraria Común de la UE), así como de los sistemas públicos de salud, por el aumento de enfermos crónicos, son algunos de los costos asociados a la agroindustria que no se incluyen el precio de origen. “Si sumamos todos estos costos a los productos en origen, su precio subiría y serían más caros que los ecológicos”. Además, añade Robin, más de la mitad del precio está inflado por los intermediarios y el retatil.
Una realidad de la que no estamos muy lejos, según la autora gala, para quien antes o después tendrá que dispararse el precio de la comida, ya sea por el fin de las subvenciones, por la creciente especulación bursátil con las materias primas en los mercados de futuro, o por el no menos inminente encarecimiento de los combustibles fósiles como el petróleo y el gas, debido a su cenit.
Los productos químicos utilizados en la agroindustria se elaboran a partir de petróleo y gas, por lo que un aumento en el precio de estos recursos, junto a la escasez de agua, pondría a la agroindustria en la encrucijada. “Esta es la gran debilidad de las industrias alimentarias. Se sustentan sobre un modelo que depende de los combustibles fósiles, y está claro que el precio de éstos será cada vez mayor, por lo que el de los alimentos será parejo. No tiene sentido que la alimentación en el mundo dependa de la producción de petróleo en una región tan convulsa como es Oriente Medio”, lamenta Robin.
Alimentos saludables en un mundo sostenible 
Las perniciosas consecuencias para la salud y el medio ambiente de la agricultura industrial, así como la crónica de una muerte anunciada que Robin comenzó a describir antes incluso de que se produjesen las primeras crisis alimentarias en Latinoamérica (relacionadas con los biocarburantes) han llevado a la francesa a recorrerse el mundo en busca de alternativas ecológicas. Después de estudiar diferentes técnicas agroecológicas pudo comprobar que su rendimiento puede ser mayor que con técnicas propias de la agroindustria.
“Muchas veces, cuando hablamos de agroecología pensamos que se trata de volver a las técnicas empleadas por nuestros abuelos. No es así, se trata de prácticas mucho más complejas que dependerán de la zona geográfica donde se desarrollen, del tipo de cultivo o del tipo de tierra”, explica la autora. Sin embargo, Robin sí pudo comprobar que todos ellos coincidían en un principio básico: la complementariedad. “Se trata de un principio común mediante el que se busca complementar la biodiversidad del medio, mediante rotación de cultivos o interfiriendo en los ciclos biológicos de los insectos, para prevenir plagas y aumentar la producción”.
La demanda de productos ecológicos por parte de los consumidores ha aumentado proporcionalmente al deterioro de la cadena alimentaria, “pero la oferta todavía no llega para abastecerlos a todos”, apunta Robin. Para hacerla extensiva a todo el mundo no llega con la concienciación del consumidor, que al fin y al cabo es el que más poder detenta con sus decisiones de compra, sino que se necesitan medidas políticas concretas.
Entre las propuestas más urgentes para facilitar el cambio, la periodista cita “la prohibición de la especulación con alimentos, el fomento de la soberanía alimentaria mediante una férrea protección de los mercados y agricultores locales, y el acortamiento de las cadenas de distribución buscando conexiones directas entre consumidores y productores”. Solo mediante la eliminación de intermediarios y vendedor final, explica la francesa, el precio de los alimentos orgánicos se reduciría hasta en un 90%.
Las bases para posibilitar un cambio de modelo están puestas “desde hace muchos años”, pero de no iniciarse una pronta transición, advierte Robin, “no podremos anticiparnos a las crisis alimentarias que resurgirán en cualquier momento”.
Fuente                                            
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lunes, 26 de enero de 2015

LA REALIDAD DE LOS TRANSGÉNICOS




10 razones para decir NO a los transgénicos

La realidad de los transgénicos nos muestra que no cumplen con ninguna de estas promesas. Por el contrario, producen menos, usan más químicos, generan nuevos problemas ambientales y de salud, crean más desempleo y marginación, concentran la propiedad de la tierra, contaminan cultivos esenciales de las economías y las culturas, como el maíz, aumentan la dependencia económica y son un atentado a la soberanía.

1. La ingeniería genética se basa en más incertidumbres que conocimientos
Los transgénicos son organismos a los que se les ha insertado material genético, generalmente de otras especies, por métodos que jamás podrían ocurrir en la naturaleza.
Estudios recientes, aparecidos en publicaciones científicas (1) postulan que los dogmas centrales de la genética desde la década de 1950, podrían estar fundamentalmente equivocados. Lo grave es que sobre este dogma central ¿equivocado? se están produciendo a gran escala organismos transgénicos que van a parar a nuestros alimentos, medicinas y a la biodiversidad circundante.
La tecnología de la ingeniería genética tiene tantas incertidumbres y efectos colaterales impredecibles, que no podría llamarse ingeniería ni tecnología. Es como construir un puente tirando bloques de una orilla a la otra, esperando que caigan en el lugar correcto. Durante el proceso aparecen todo tipo de efectos inesperados y los dueños de esta obra, aseguran que no hay evidencias de que tengan impactos negativos sobre la salud o el medio ambiente, y que los que los cuestionan no son científicos. La realidad es peor, porque los transgénicos no son inertes, sino organismos vivos que se reproducen en el ambiente, fuera de control de los que los han creado.
2. Conllevan riesgos para la salud
Si usted fuera a una tienda y viera un anuncio de galletas que dice “no hay pruebas de que sean malas para la salud”, ¿las compraría? Yo no. Y creo que nadie más. Por supuesto, la industria biotecnológica no está buscando estas pruebas. Científicos independientes, como el Dr. Terje Traavik de Noruega, han encontrado en 2004 resultados alarmantes: alergias en campesinosdebido a que inhalaron polen de maíz transgénico (2).
Pero la verdadera Caja de Pandora, son los efectos impredecibles: ni los que construyen transgénicos saben qué efectos pueden tener en la salud humana y animal, al recombinarse, por ejemplo, con nuestras propias bacterias o ante la posibilidad de que nuestros órganos incorporen parte de estos transgénicos, como ya ha sucedido en pulmones, hígado y riñones de ratas y conejos. (3)
3. Tienen impactos sobre el medioambiente y los cultivos
No hay casi estudios sobre los impactos en los cultivos y en el medioambiente. Sin embargo, es claro y tristemente demostrado con la contaminación transgénica del maíz en México, que una vez que los transgénicos sean liberados, contaminarán los demás cultivos, por polen, viento e insectos. Los cultivos insecticidas pueden afectar a otras especies que no son plaga de los cultivos,tal como se comprobó que el polen de maíz Bt afecta a las mariposas Monarca— y en países de gran biodiversidad, los riesgos se multiplican.
En varias de las plantas de maíz contaminadas que se han descubierto en México, se notaron deformaciones.
4. No solucionan el hambre en el mundo: la aumentan
Según los promotores de los transgénicos, deberíamos aceptar todos estos riesgos, porque necesitamos más alimentos para la creciente población mundial. Pero la producción de alimentos no es la causa del hambre en el mundo. Actualmente se producen el equivalente a 3,500 calorías diarias por habitante del planeta: cerca de 2 kilos diarios de alimentos por persona, lo suficiente para hacernos a todos obesos. (4) El hambre en el mundo no es un problema tecnológico. Es un problema de injusticia social y desequilibrio en la distribución de los alimentos y la tierra para sembrarlos. Los transgénicos aumentan estos problemas.
5. Cuestan más, rinden menos, usan más químicos
Desde que Estados Unidos comenzó con los transgénicos en 1996, el uso de agroquímicos aumentó en 23 millones de kilos.
Los cultivos transgénicos también producen menos. El cultivo más extendido, que es la soya tolerante a herbicidas (61% del volumen de transgénicos en el mundo) produce entre de 5 a 10% menos que la soya no transgénica. (5)
Las semillas transgénicas son más caras que las convencionales. Esto hace que en algunos casos, aún cuando provisoriamente haya un pequeño aumento de producción, éste no compensa el gasto extra en semilla. La industria biotecnológica arguye que esto no puede ser verdad (¡aunque lo sea!), porque entonces los agricultores estadunidenses no usarían estas semillas. Lo cierto es que la mayoría no pueden elegir, ya no tienen sus propias semillas, hay falta de opciones en el mercado y tienen fuertes ataduras con las multinacionales semilleras.
6. Son un ataque a la soberanía
Prácticamente todos los cultivos transgénicos en el mundo están en manos de cinco empresas transnacionales. Son Monsanto, Syngenta (Novartis + AstraZeneca), Dupont, Bayer (Aventis) y Dow. Monsanto sola controla más de 90% de las ventas de agrotransgénicos. Las mismas empresas controlan la venta de semillas y son las mayores productoras de agrotóxicos. (6) Lo cual explica porqué más de las tres cuartas partes de los transgénicos que se producen en realidad —no en la propaganda— son tolerantes a herbicidas y aumentan el uso neto de agrotóxicos.
Aceptar la producción de transgénicos significa entregar a los agricultores, de manos atadas, a las pocas transnacionales que dominan el negocio y enajenar la soberanía alimentaria de los países.
7. Privatizan la vida
Todos los transgénicos están patentados, la mayoría en manos de las mismas empresas que los producen. Esto significa un atentado ético, en tanto son patentes sobre seres vivos, y además son una violación flagrante a los llamados “Derechos de los Agricultores” reconocidos en Naciones Unidas como el derecho de todos los agricultores a guardar su semilla para la próxima cosecha. Las patenten impiden esto y obligan a los agricultores a comprar semillas nuevas cada año. Si no lo hacen, se convierten en delicuentes. Las empresas multinacionales de transgénicos tienen iniciados cientos de juicios a campesinos de Norteamérica, por “uso indebido de patente”.
8. Lo que viene: semillas suicidas y cultivos tóxicos
La próxima generación de transgénicos incluye cultivos manipulados para producir sustancias no comestibles como plásticos, espermicidas, abortivos, vacunas. En Estados Unidos hay más de 300 experimentos secretos (pero legales) de producción transgénica de sustancias no comestibles en cultivos: fundamentalmente en maíz. Se nombra la producción de vacunas en plantas como si esto fuera algo positivo: ¿pero qué sucedería con estos farmacultivos si se colaran inadvertidamente en la cadena alimentaria? La mayoría de nosotros ha sido vacunado contra algunas enfermedades -¿pero se vacunaría usted todos los días? ¿qué efectos tendría esto?. Ya se han producido escapes accidentales de estos cultivos.
En México, la siembra de maíz transgénico está prohibida y sin embargo desde el 2001 se ha encontrado contaminación del maíz campesino en varios estados de la república, al Norte, Centro y Sur del país (7). ¿Cómo sabremos que no sucederá con estos maíces? ¿Quién lo va a controlar, si las propias autoridades de la Secretaría de Agricultura firmaron en noviembre del 2003 un acuerdo con Estados Unidos y Canadá que les autoriza hasta un cinco por ciento de contaminación transgénica en cada cargamento de maíz importado que entra a México?
Las empresas que producen transgénicos están desarrollando diversos tipos de la tecnología “Terminator”, para hacer semillas “suicidas” y obligar a comprarlas para cada siembra.
9. La coexistencia no es posible ni el control tampoco
Tarde o temprano, los cultivos transgénicos contaminarán todos los demás y llegarán al consumo, sea en los campos o en el proceso post-cosecha. Según un informe de febrero 2004 de la Unión de Científicos Preocupados de Estados Unidos, un mínimo de 50 por ciento de las semillas de maíz y soya, de ese país que no eran transgénicas, están contaminadas. El New York Times (1-3-04) comentó sobre esto “Contaminar las variedades de cultivos tradicionales es contaminar el reservorio genético de las plantas de las que ha dependido la humanidad en gran parte de su historia. (…) El ejemplo más grave es la contaminación del maíz en México. La escala del experimento en el que se ha embarcado a este país —y los efectos potenciales sobre el medio ambiente, la cadena alimentaria y la pureza de las semillas tradicionales— demanda vigilancia en la misma escala”.
Para detectar si hay transgénicos, dependemos de que la propia empresa que los produce nos entregue la información, cosa que son renuentes a hacer, y por la que ponen altos costos que cargan a las víctimas de la contaminación. “Casualmente”, luego de que se han sucedido los escándalos de contaminación, se ha hecho cada vez más difícil detectarlos.8
10. Ataque al corazón de las culturas
La contaminación del maíz en México, su centro de origen, concentra todos los problemas que describimos hasta aquí, pero además es un ataque violento al corazón mismo de las culturas mexicanas: a su vasta cultura culinaria y los mil usos que se le dan al maíz, a sus economías campesinas, a las bases de la autonomía indígena. Con esta guerra biológica al maíz tradicional, las transnacionales podrían apropiarse y privatizar este tesoro milenario y colectivo de los mesoamericanos, obligando a los creadores del maíz a pagar para seguir usándolo en el futuro.
Las empresas multinacionales productoras y distribuidoras de transgénicos, así como los que favorecen las importaciones de maíz OGT, los que quieren levantar la moratoria que impide sembrar maíz OGT, o aprobar una ley de bioseguridad para legalizarlos, asumen una inmensa deuda histórica que los pueblos de México no van a permitir ni olvidar.
Aldo González zapoteco de Oaxaca, resume:
“…somos herederos de una gran riqueza que no se mide en dinero y de la que hoy quieren despojarnos: no es tiempo de pedir limosnas al agresor. Cada uno de los indígenas y campesinos sabemos de la contaminación por transgénicos de nuestros maíces y decimos con orgullo: siembro y sembraré las semillas que nuestros abuelos nos heredaron y cuidaré que mis hijos, sus hijos y los hijos de sus hijos las sigan cultivando. (…) No permitiré que maten el maíz, nuestro maíz morirá el día en que muera el sol”.
Fuente                                            Silvia Ribeiro
regeneracion                             Investigadora del Grupo http://www.etcgroup.org/
Notas:
(1) Wayt Gibbs,W, “The Unseen Genome” en Scientific American, noviembre 2003. Ver también grain, “Blinded by the Gene”, en Seedling, Setiembre 2003, www.grain.org
(2) Ribeiro, Silvia, “Transgénicos, salud y contaminación” en La Jornada, México, 20-03-2004
(3) New Health Dangers of Genetically Modified Food Discovered,Boletín de prensa del Institute for Responsible Technology, citando los estudios de Terje Traavik, del Norwegian Institute for Gene Ecology, Malasia, 24-02-2004
(4) Moore Lappé. F, Collins J y Rosset Peter, World Hunger: 12 Myths, Food First Books, Estados Unidos, Oct. 1998.
(5) Benbrook, Charles, Tiempos problemáticos en medio del éxito comercial de la soja Roundup Ready, Northwest Science and Environmental Policy Center, AgBioTech InfoNet, Technical Paper # 4, Estados Unidos, 2001. http://www.biodiversidadla.org/arti…
(6) Grupo etc, etc Communiqué # 82: Oligopolio sa, Nov/Dic 2003, http://www.etcgroup.org/article.asp…
(7) Contaminación del maíz en México: mucho más grave. Boletín de prensa colectivo de comunidades indígenas y campesinas de Oaxaca, Puebla, Chihuahua, Veracruz, ceccam, cenami, Grupo etc, casifop, unosjo, ajagi, Oct 2003
(8) Heinemann, Jack A. gm Corn in New Zealand: a case study in detecting purposeful and accidental contamination of food. Ponencia en el seminario científico para delegados al Protocolo Internacional de Cratagena sobre Bioseguridad de la Red del Tercer Mundo y el Institute de Gene Ecology, Malasia, 22-02-2004.

miércoles, 7 de enero de 2015

TTIP:POLÍTICA AGROALIMENTARIA


TTIP, ¡sacad las manos de la comida!

Una nueva vuelta de tuerca se cierne sobre las políticas agroalimentarias en Europa. Se trata del Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y la Unión Europea, más conocido como TTIP, sus siglas en inglés, la alargada sombra del agronegocio que se extiende del campo al plato. Como vampiros a la sangre, las multinacionales del sector esperan sacar tajada, y mucha, de estas nuevas medidas de liberalización comercial.
Pero, ¿qué es el TTIP

Se trata de un tratado negociado en secreto durante meses, filtrado a la luz pública, pendiente de aprobación por el Parlamento Europeo, con una campaña de marketing en marcha, y que tiene como objetivo final igualar a la baja las legislaciones a ambos lados del Atlántico en beneficio único de las grandes empresas. Sus consecuencias: más paro, más privatizaciones, menos derechos sociales y ambientales. En definitiva, servir en bandeja nuestros derechos al capital.
Y, ¿en materia agrícola y alimentaria

Las empresas del sector, desde las compañías de semillas pasando por la industria biotecnológica, de bebidas, ganadera, de comida, de pienso… son las que más han presionado a su favor, por delante incluso del lobby farmacéutico, automovilístico y financiero. Mucho está en juego para multinacionales como Nestlé, Monsanto, Kraft Foods, Coca Cola, Unilever, Bacardi-Martine, Cargill, entre otras. De los 560 encuentros consultivos de la Comisión Europea para la aprobación de dicho Tratado, el 92% se realizaron con grupos empresariales, el resto con colectivos de interés público, como indica un informe del Corporate European Observatory.
De aprobarse, el Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y la Unión Europea, ¿que impactos tendría en nuestra mesa?
Más transgénicos
La entrada masiva de transgénicos en Europa será una realidad. Si bien hoy ya importamos un número considerable de alimentos transgénicos, en particular pienso para el ganado y muchos productos transformados que contienen derivados de soja y maíz transgénico, como lecitina, aceite y harina de soja, jarabe y harina de maíz, la aprobación del TTIP significará un aumento de dichas importaciones, especialmente de los primeros, e incluso la entrada de transgénicos en la actualidad no autorizados por la Unión.
Hay que tener en cuenta que la legislación estadounidense es mucho más permisiva que la europea tanto en el cultivo como en la comercialización de Organismos Modificados Genéticamente. En Estados Unidos, por ejemplo, el etiquetaje que identifica un alimento como transgénico es inexistente, a diferencia de Europa, donde a pesar de las limitaciones, las leyes sí que obligan teóricamente a dicha identificación. Asimismo, en la Unión tan solo se cultiva con fines comerciales un único alimento transgénico: el maíz MON 810 de Monsanto, a pesar del negativo impacto medioambiental que éste tiene con la contaminación de otros campos de maíz tanto convencional como ecológico. El 80% de su producción se lleva a cabo en Aragón y Catalunya, en cambio la mayor parte de países europeos lo vetan. En Estados Unidos, por el contrario, el número de cultivos es mucho más alto. De aquí que Europa sea un goloso pastel para multinacionales como Monsanto, Syngenta, Bayer, Dupont… y el TTIP lo puede convertir en una realidad.
Cerdo, vaca y leche con hormonas
El veto a la carne y a los productos derivados de animales tratados con hormonas y promotores de crecimiento hasta el momento prohibidos en Europa se levantará, así como el uso aquí de dichas sustancias, con el consiguiente impacto en nuestra salud.
En Estados Unidos, los cerdos y el ganado vacuno pueden ser medicados con ractopamina, un fármaco usado como aditivo alimentario para conseguir un mayor engorde del animal, y más beneficio económico para la industria ganadera. En la Unión, la utilización de dicho producto y la importación de animales tratados con el mismo está prohibida, al igual que en otros 156 países como China, Rusia, India, Turquía, Egipto, al considerarse que no hay datos suficientes que permitan descartar riesgos para la salud humana. En otros 26, como Estados Unidos, Australia, Brasil, Canadá, Indonesia, México, Filipinas, se utiliza.
Lo mismo va a suceder con el uso de la hormona somatotropina bovina empleada, principalmente, en vacas lecheras para aumentar su productividad, y conseguir entre un 10% y un 20% más de leche. Sin embargo, varios son los efectos secundarios asociados a su manejo en animales (esterilidad, inflamación de las ubres, aumento de la hormona del crecimiento…) y su impacto en humanos (algunos estudios lo vinculan a un incremento del riesgo de padecer cáncer de mama o de próstata y al crecimiento de las células cancerosas). De aquí que la Unión Europea, Canadá y otros países prohíban su uso y la importación de alimentos de animales tratados. Aún así, otros como Estados Unidos, sobre todo, la utilizan. Por cierto, la empresa estadounidense Monsanto, la número uno de las semillas transgénicas, es la única del mercado que comercializa dicha hormona, con el nombre comercial de Posilac. Menuda coincidencia.
Pollos blanqueados
La carne de pollo “desinfectada” con cloro llegará también a nuestra mesa. Si en Europa se utiliza un método de control de enfermedades de las aves desde la cría pasando por su desarrollo y sacrificio hasta su comercialización, con carácter preventivo, en Estados Unidos han optado por optimizar costes rebajando los estándares de seguridad alimentaria. De este modo, las aves criadas y sacrificadas son desinfectadas únicamente al final de la cadena, sumergiéndolas en una solución química antimicrobiana generalmente a base de cloro o lo que es lo mismo dándoles “un baño de cloro”, y punto. Así los pollos quedan “limpios”, sin bacterias, bien blanqueados, y su tratamiento sale mucho más barato. Una vez más, todo por la pasta.
Pero, ¿qué consecuencias pueden tener esto para nuestra salud? En la Unión, desde 1997, se prohíbe la entrada de carne de aves de corral estadounidense debido a dichos tratamientos, y a los residuos de cloro u otras sustancias químicas empleadas para su desinfección que pueden persistir en la carne que después nosotros consumimos. La industria ganadera norteaméricana afirma que estos tratamientos permiten eliminar los microorganismos patógenos, sin embargo las infecciones no disminuyen significativamente e incluso el uso continuado de desinfectantes puede acabar generando resistencias.
Nos dicen que los estándares de seguridad alimentaria norteamericanos son de lo más seguros. No apuntan en la misma dirección algunos informes que constatan que una de cada cuatro personas, 76 millones, al año en Estados Unidos enferman por dolencias provocadas por el consumo de alimentos. De estas, 325 mil son hospitalizados y 5 mil mueren. Los expertos señalan que la mayoría de casos podría evitarse con mejoras en el sistema de control alimentario. Saquen conclusiones.
Ya va siendo hora que le digamos al TTIP: ¡sacad vuestras sucias manos de la comida!

Fuente                                           Esther Vivas

domingo, 30 de noviembre de 2014

GENÉTICAMENTE MODIFICADOS



¿Por qué EE.UU. promociona los transgénicos y Rusia los prohíbe?

A pesar de las manifestaciones, peticiones y leyes que prohíben los transgénicos, EE.UU. sigue siendo inferior en las libertades 'democráticas' que ha prometido a su pueblo, critican expertos.

"Rusia ha prohibido por completo los transgénicos, y ha impuesto una moratoria a los organismos genéticamente modificados (OGM) de 10 años. Esa nación rechaza los transgénicos debido a los numerosos riesgos para la salud humana, mientras que EE.UU. continúa apoyando a consorcios como Monsanto y Syngenta", condena la periodista Christina Sarich en su artículo en el portal 'Global Research'. 

Según el portal, las semillas de ingeniería genética son tóxicas pero el Gobierno norteamericano apoya este "acto de tiranía contra el pueblo".

Además señala que tanto el Departamento de Estado como el poder Ejecutivo estadounidense han estado actuando como agentes de marketing para las empresas que patentan las semillas básicas para la supervivencia humana.

"Nuestros funcionarios electos planean implementar una oscura ley negando a los estadounidenses el derecho a saber. A principios de año un proyecto de ley fue presentado en el Congreso, y en caso de ser aprobado, suplantará a las leyes estatales sobre el etiquetado de los transgénicos", señala. 

Incluso el presidente Barack Obama en el 2013 firmó la Ley de Protección de Monsanto y un cable de WikiLeaks reveló que Washington hace 'lobby' a esa compañía de manera regular y cotidiana con Gobiernos extranjeros para que adopten políticas y leyes amigables hacia la biotecnología. 

La industria de las semillas transgénicas tiene una agenda global, pero está elaborando su oscuro plan en EE.UU., mientras que "las autoridades rusas son conscientes de que deben proteger a su población de los transgénicos", agrega. 

"Parece irónico que en la 'tierra de la libertad' no podamos derrocar democráticamente a los OGM, y que nuestros propios líderes nos impongan muros para negarnos el derecho a saber lo que contienen nuestros alimentos", denuncia Sarich. 


Fuente
rt.es

lunes, 3 de noviembre de 2014

MAGNÍFICO NEGOCIO PARA ALGUNOS (TTIP)



Reforma agraria, liberalismo agrícola y socialismo inmobiliario

El libre intercambio comercial –aplaudido igualmente por PSOE y PP- perjudica al agricultor español y al resto de ciudadanos. ¿Una forma progre y multinacional de reforma agraria?

Hace unos meses el profesor Alain De Benoist decía en Élements 151 que "aunque no se habla de ello, nos encontramos ante uno de los grandes acontecimientos de este inicio del siglo XXI"… "crear la mayor zona de libre cambio del mundo gracias a la unión económica y comercial entre Europa y los Estados Unidos" (y a la paralela unión comercial transpacífica de los EEUU, excluyendo eso sí a Rusia y a China). Se han tratado en definitiva de unas negociaciones comerciales secretas en su contenido real, desarrolladas a lo largo de décadas, basadas en unas promesas reiteradamente desmentidas por la realidad.

La supresión de los derechos de aduana, sin suponer ningún crecimiento de la riqueza de las naciones afectadas, implicará entre otras cosas una masiva pérdida de renta para los agricultores, una industrialización aún mayor de la agricultura europea y la entrada masiva, por ejemplo, de soja y trigo americanos… la llegada masiva de productos del agrobusiness americano: ternera con hormonas, pollos lavados con clorina, carnes con aditivos, organismos modificados genéticamente, animales alimentados con harinas animales, productos con pesticidas prohibidos. 


¿Alguien recuerda las gloriosas promesas de crecimiento y sólido desarrollo que precedieron al euro y a otros momentos de renuncia a la soberanía nacional? ¿Y dónde han quedado esos millones de puestos de trabajo que nos prometían? Estas promesas pueden ser muy parecidas.

El Gobierno de Zapatero retomó todas las viejas obsesiones de nuestra izquierda prehistórica, añadiendo nuevas vertientes culturales de la revolución social, pero con la excepción de no plantear ninguna reforma agraria (en atención a la entonces supuesta marginalidad social y económica del sector primario). ¿Va a ser el "centro" el que retome los grandes cambios agrícolas sangrientos, antes connaturales a la izquierda?

Creían que no hacía falta ninguna reforma agraria porque la agricultura habría dejado de ser una fuerza económica importante en el país. No siendo esto tan claro, el botín no divide, sino que une íntimamente, a la izquierda ideológica, política y cultural, y a buena parte de la derecha económica. Las negociaciones sobre la Política Agrícola PAC en Bruselas y sobre el comercio internacional en la OMC-WTO son una muestra clara de la opinión que centro e izquierda comparten e imponen.

Unos y otros asumen como dogma que deberá haber un mercado único mundial de productos agropecuarios, que ese mercado deberá estar libre de mecanismos nacionales de protección y que los precios deberán estar libremente fijados por las fuerzas del mercado. En breve: la retórica tercermundista y los intereses de las grandes multinacionales del sector se dan la mano. Habrá una división internacional del trabajo, en la que a España en particular y a Europa en general les corresponde anular su sector primario. ¿Será mejor para otros sectores? No es seguro. ¿Será mejor para los consumidores? Es más que dudoso.

La izquierda fanática y los liberales dogmáticos creen que sí, siempre y en todo caso. Sin embargo, esta "reforma agraria europea" no sólo liquida nuestra agricultura, sino que implica riesgos para otros sectores económicos, beneficios especulativos para unos pocos, peligros para todos los ciudadanos y simples migajas para los países (más) pobres.

Al término del proceso que vivimos, si se desarrolla como prevén los gurúes de la economía, España habrá perdido la capacidad de producir sus propios alimentos, y el control sobre lo que se come. La mayor parte del territorio habrá dejado de cultivarse, y perderá en breve la mayor parte de su población activa y casi todo su valor de mercado. ¿Para qué emprender una reforma agraria tradicional si el suelo rústico va a dejar de tener uso y precio?

Ahora bien, el modelo izquierdista y progresista se enfrenta a varias paradojas. Una, muy cercana: si desaparecen los mayores gestores del territorio –agricultores y ganaderos- los riesgos ecológicos empiezan a parecer evidentes. Otra, dolorosa: también hay mayores riesgos sanitarios en producir los alimentos fuera de nuestro control, en condiciones de pura competencia industrial y con todo tipo de experimentos lucrativos. Y esto por no mencionar el peligro real de desertización en zonas mediterráneas y de pérdida de control sobre el territorio, y el menos evidente pero igualmente real de pérdida de identidad colectiva, porque para bien o para mal hemos sido, desde que salimos de las cavernas, un pueblo de campesinos capaz de obtener por sí mismo sus alimentos.

Pero tal vez esta reforma agraria sea ya un hecho irreversible. Y quedaría en ese caso seguir el camino y no mirar atrás con nostalgia. Ahora bien, sería el momento de pedir que se aplique a todo el suelo español el mismo criterio que a los campos antes cultivados: que se liberalice totalmente el suelo, y que el patrimonio de los especuladores urbanos y rurales quede exactamente donde se deje el de los agricultores. Y si se desea evitar algo de todo lo anterior no es necesario luchar por mantener ninguna subvención agrícola. Suprimamos todas, pero devolvamos al agricultor español lo que se le quitó a cambio de esas caprichosas dádivas burocráticas: el orgullo, la libertad y la capacidad de alimentar a España, al menos en tiempos difíciles, que vendrán si es que no están ya viniendo.

Fuente                            Pascual Tamburri

elsemanaldigital

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