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lunes, 26 de enero de 2015

LA REALIDAD DE LOS TRANSGÉNICOS




10 razones para decir NO a los transgénicos

La realidad de los transgénicos nos muestra que no cumplen con ninguna de estas promesas. Por el contrario, producen menos, usan más químicos, generan nuevos problemas ambientales y de salud, crean más desempleo y marginación, concentran la propiedad de la tierra, contaminan cultivos esenciales de las economías y las culturas, como el maíz, aumentan la dependencia económica y son un atentado a la soberanía.

1. La ingeniería genética se basa en más incertidumbres que conocimientos
Los transgénicos son organismos a los que se les ha insertado material genético, generalmente de otras especies, por métodos que jamás podrían ocurrir en la naturaleza.
Estudios recientes, aparecidos en publicaciones científicas (1) postulan que los dogmas centrales de la genética desde la década de 1950, podrían estar fundamentalmente equivocados. Lo grave es que sobre este dogma central ¿equivocado? se están produciendo a gran escala organismos transgénicos que van a parar a nuestros alimentos, medicinas y a la biodiversidad circundante.
La tecnología de la ingeniería genética tiene tantas incertidumbres y efectos colaterales impredecibles, que no podría llamarse ingeniería ni tecnología. Es como construir un puente tirando bloques de una orilla a la otra, esperando que caigan en el lugar correcto. Durante el proceso aparecen todo tipo de efectos inesperados y los dueños de esta obra, aseguran que no hay evidencias de que tengan impactos negativos sobre la salud o el medio ambiente, y que los que los cuestionan no son científicos. La realidad es peor, porque los transgénicos no son inertes, sino organismos vivos que se reproducen en el ambiente, fuera de control de los que los han creado.
2. Conllevan riesgos para la salud
Si usted fuera a una tienda y viera un anuncio de galletas que dice “no hay pruebas de que sean malas para la salud”, ¿las compraría? Yo no. Y creo que nadie más. Por supuesto, la industria biotecnológica no está buscando estas pruebas. Científicos independientes, como el Dr. Terje Traavik de Noruega, han encontrado en 2004 resultados alarmantes: alergias en campesinosdebido a que inhalaron polen de maíz transgénico (2).
Pero la verdadera Caja de Pandora, son los efectos impredecibles: ni los que construyen transgénicos saben qué efectos pueden tener en la salud humana y animal, al recombinarse, por ejemplo, con nuestras propias bacterias o ante la posibilidad de que nuestros órganos incorporen parte de estos transgénicos, como ya ha sucedido en pulmones, hígado y riñones de ratas y conejos. (3)
3. Tienen impactos sobre el medioambiente y los cultivos
No hay casi estudios sobre los impactos en los cultivos y en el medioambiente. Sin embargo, es claro y tristemente demostrado con la contaminación transgénica del maíz en México, que una vez que los transgénicos sean liberados, contaminarán los demás cultivos, por polen, viento e insectos. Los cultivos insecticidas pueden afectar a otras especies que no son plaga de los cultivos,tal como se comprobó que el polen de maíz Bt afecta a las mariposas Monarca— y en países de gran biodiversidad, los riesgos se multiplican.
En varias de las plantas de maíz contaminadas que se han descubierto en México, se notaron deformaciones.
4. No solucionan el hambre en el mundo: la aumentan
Según los promotores de los transgénicos, deberíamos aceptar todos estos riesgos, porque necesitamos más alimentos para la creciente población mundial. Pero la producción de alimentos no es la causa del hambre en el mundo. Actualmente se producen el equivalente a 3,500 calorías diarias por habitante del planeta: cerca de 2 kilos diarios de alimentos por persona, lo suficiente para hacernos a todos obesos. (4) El hambre en el mundo no es un problema tecnológico. Es un problema de injusticia social y desequilibrio en la distribución de los alimentos y la tierra para sembrarlos. Los transgénicos aumentan estos problemas.
5. Cuestan más, rinden menos, usan más químicos
Desde que Estados Unidos comenzó con los transgénicos en 1996, el uso de agroquímicos aumentó en 23 millones de kilos.
Los cultivos transgénicos también producen menos. El cultivo más extendido, que es la soya tolerante a herbicidas (61% del volumen de transgénicos en el mundo) produce entre de 5 a 10% menos que la soya no transgénica. (5)
Las semillas transgénicas son más caras que las convencionales. Esto hace que en algunos casos, aún cuando provisoriamente haya un pequeño aumento de producción, éste no compensa el gasto extra en semilla. La industria biotecnológica arguye que esto no puede ser verdad (¡aunque lo sea!), porque entonces los agricultores estadunidenses no usarían estas semillas. Lo cierto es que la mayoría no pueden elegir, ya no tienen sus propias semillas, hay falta de opciones en el mercado y tienen fuertes ataduras con las multinacionales semilleras.
6. Son un ataque a la soberanía
Prácticamente todos los cultivos transgénicos en el mundo están en manos de cinco empresas transnacionales. Son Monsanto, Syngenta (Novartis + AstraZeneca), Dupont, Bayer (Aventis) y Dow. Monsanto sola controla más de 90% de las ventas de agrotransgénicos. Las mismas empresas controlan la venta de semillas y son las mayores productoras de agrotóxicos. (6) Lo cual explica porqué más de las tres cuartas partes de los transgénicos que se producen en realidad —no en la propaganda— son tolerantes a herbicidas y aumentan el uso neto de agrotóxicos.
Aceptar la producción de transgénicos significa entregar a los agricultores, de manos atadas, a las pocas transnacionales que dominan el negocio y enajenar la soberanía alimentaria de los países.
7. Privatizan la vida
Todos los transgénicos están patentados, la mayoría en manos de las mismas empresas que los producen. Esto significa un atentado ético, en tanto son patentes sobre seres vivos, y además son una violación flagrante a los llamados “Derechos de los Agricultores” reconocidos en Naciones Unidas como el derecho de todos los agricultores a guardar su semilla para la próxima cosecha. Las patenten impiden esto y obligan a los agricultores a comprar semillas nuevas cada año. Si no lo hacen, se convierten en delicuentes. Las empresas multinacionales de transgénicos tienen iniciados cientos de juicios a campesinos de Norteamérica, por “uso indebido de patente”.
8. Lo que viene: semillas suicidas y cultivos tóxicos
La próxima generación de transgénicos incluye cultivos manipulados para producir sustancias no comestibles como plásticos, espermicidas, abortivos, vacunas. En Estados Unidos hay más de 300 experimentos secretos (pero legales) de producción transgénica de sustancias no comestibles en cultivos: fundamentalmente en maíz. Se nombra la producción de vacunas en plantas como si esto fuera algo positivo: ¿pero qué sucedería con estos farmacultivos si se colaran inadvertidamente en la cadena alimentaria? La mayoría de nosotros ha sido vacunado contra algunas enfermedades -¿pero se vacunaría usted todos los días? ¿qué efectos tendría esto?. Ya se han producido escapes accidentales de estos cultivos.
En México, la siembra de maíz transgénico está prohibida y sin embargo desde el 2001 se ha encontrado contaminación del maíz campesino en varios estados de la república, al Norte, Centro y Sur del país (7). ¿Cómo sabremos que no sucederá con estos maíces? ¿Quién lo va a controlar, si las propias autoridades de la Secretaría de Agricultura firmaron en noviembre del 2003 un acuerdo con Estados Unidos y Canadá que les autoriza hasta un cinco por ciento de contaminación transgénica en cada cargamento de maíz importado que entra a México?
Las empresas que producen transgénicos están desarrollando diversos tipos de la tecnología “Terminator”, para hacer semillas “suicidas” y obligar a comprarlas para cada siembra.
9. La coexistencia no es posible ni el control tampoco
Tarde o temprano, los cultivos transgénicos contaminarán todos los demás y llegarán al consumo, sea en los campos o en el proceso post-cosecha. Según un informe de febrero 2004 de la Unión de Científicos Preocupados de Estados Unidos, un mínimo de 50 por ciento de las semillas de maíz y soya, de ese país que no eran transgénicas, están contaminadas. El New York Times (1-3-04) comentó sobre esto “Contaminar las variedades de cultivos tradicionales es contaminar el reservorio genético de las plantas de las que ha dependido la humanidad en gran parte de su historia. (…) El ejemplo más grave es la contaminación del maíz en México. La escala del experimento en el que se ha embarcado a este país —y los efectos potenciales sobre el medio ambiente, la cadena alimentaria y la pureza de las semillas tradicionales— demanda vigilancia en la misma escala”.
Para detectar si hay transgénicos, dependemos de que la propia empresa que los produce nos entregue la información, cosa que son renuentes a hacer, y por la que ponen altos costos que cargan a las víctimas de la contaminación. “Casualmente”, luego de que se han sucedido los escándalos de contaminación, se ha hecho cada vez más difícil detectarlos.8
10. Ataque al corazón de las culturas
La contaminación del maíz en México, su centro de origen, concentra todos los problemas que describimos hasta aquí, pero además es un ataque violento al corazón mismo de las culturas mexicanas: a su vasta cultura culinaria y los mil usos que se le dan al maíz, a sus economías campesinas, a las bases de la autonomía indígena. Con esta guerra biológica al maíz tradicional, las transnacionales podrían apropiarse y privatizar este tesoro milenario y colectivo de los mesoamericanos, obligando a los creadores del maíz a pagar para seguir usándolo en el futuro.
Las empresas multinacionales productoras y distribuidoras de transgénicos, así como los que favorecen las importaciones de maíz OGT, los que quieren levantar la moratoria que impide sembrar maíz OGT, o aprobar una ley de bioseguridad para legalizarlos, asumen una inmensa deuda histórica que los pueblos de México no van a permitir ni olvidar.
Aldo González zapoteco de Oaxaca, resume:
“…somos herederos de una gran riqueza que no se mide en dinero y de la que hoy quieren despojarnos: no es tiempo de pedir limosnas al agresor. Cada uno de los indígenas y campesinos sabemos de la contaminación por transgénicos de nuestros maíces y decimos con orgullo: siembro y sembraré las semillas que nuestros abuelos nos heredaron y cuidaré que mis hijos, sus hijos y los hijos de sus hijos las sigan cultivando. (…) No permitiré que maten el maíz, nuestro maíz morirá el día en que muera el sol”.
Fuente                                            Silvia Ribeiro
regeneracion                             Investigadora del Grupo http://www.etcgroup.org/
Notas:
(1) Wayt Gibbs,W, “The Unseen Genome” en Scientific American, noviembre 2003. Ver también grain, “Blinded by the Gene”, en Seedling, Setiembre 2003, www.grain.org
(2) Ribeiro, Silvia, “Transgénicos, salud y contaminación” en La Jornada, México, 20-03-2004
(3) New Health Dangers of Genetically Modified Food Discovered,Boletín de prensa del Institute for Responsible Technology, citando los estudios de Terje Traavik, del Norwegian Institute for Gene Ecology, Malasia, 24-02-2004
(4) Moore Lappé. F, Collins J y Rosset Peter, World Hunger: 12 Myths, Food First Books, Estados Unidos, Oct. 1998.
(5) Benbrook, Charles, Tiempos problemáticos en medio del éxito comercial de la soja Roundup Ready, Northwest Science and Environmental Policy Center, AgBioTech InfoNet, Technical Paper # 4, Estados Unidos, 2001. http://www.biodiversidadla.org/arti…
(6) Grupo etc, etc Communiqué # 82: Oligopolio sa, Nov/Dic 2003, http://www.etcgroup.org/article.asp…
(7) Contaminación del maíz en México: mucho más grave. Boletín de prensa colectivo de comunidades indígenas y campesinas de Oaxaca, Puebla, Chihuahua, Veracruz, ceccam, cenami, Grupo etc, casifop, unosjo, ajagi, Oct 2003
(8) Heinemann, Jack A. gm Corn in New Zealand: a case study in detecting purposeful and accidental contamination of food. Ponencia en el seminario científico para delegados al Protocolo Internacional de Cratagena sobre Bioseguridad de la Red del Tercer Mundo y el Institute de Gene Ecology, Malasia, 22-02-2004.

domingo, 25 de enero de 2015

DAVOS 2015



Los oligarcas de Davos tienen razónes para temer al mundo que ellos han fabricado

El aumento de la desigualdad es obra de una élite global que se resiste a cada desafío a sus intereses

Los multimillonarios y oligarcas empresariales reunidos en Davos esta semana están preocupados por la desigualdad. Podría ser difícil de digerir que los soberanos de un sistema que han entregado el Golfo económico global más amplio en la historia humana deben ser lamentaciones sobre las consecuencias de sus propias acciones.

Pero incluso los arquitectos del orden económico internacional y de la crisis, están empezando a ver los peligros.No es sólo el maverick financiero George Soros, que le gusta describir a sí mismo como un "traidor de clase". Paul Polman, Director Ejecutivo de Unilever, se preocupa por la "amenaza capitalista al capitalismo". Christine Lagarde, el director gerente del FMI, los miedos del capitalismo sin duda podrían llevar "Semillas de su propia destrucción" (Marx) y advierte que hay que hacer algo.

La magnitud de la crisis ha sido cuantificada por la ONG Oxfam

Sólo 80 individuos ahora tienen la misma riqueza neta que 3,5 billones personas 

– la mitad la población mundial. El año pasado, el 1% es propietario del 48% de la riqueza del mundo, del 44% hace cinco años. Sobre las tendencias actuales, el 1% más rico se habrá embolsado más que el otro 99% el año próximo. El 0.1% han estado hacíendolo incluso mejor, cuadruplicando su cuota de ingresos en Estados Unidos desde la década de 1980.

Esto es una riqueza a una escala grotesca. Durante 30 años, bajo el imperio de lo que Mark Carney, el gobernador del Banco de Inglaterra, llamaba "fundamentalismo de mercado", la desigualdad en el ingreso y la riqueza se ha disparado, dentro y entre de la gran mayoría de los países. En África, los que viven en números absolutos con menos de dos dólares al día se han duplicado desde 1981, así como el de los multimillonarios .

En la mayor parte del mundo, gran parte de los ingresos del trabajo nacional han caído y los salarios se han estancado bajo este régimen de privatización, desregulación y bajos impuestos a los ricos. Al mismo tiempo el mundo financiero ha extraido la riqueza desde el ámbito público y ha pasado a manos de una pequeña minoría , que aún continuan malversando el resto de la economía. Ahora las evidencias se han acumulado, que ya no sólo es tal apropiación de riqueza un ultraje moral y social, sino que está alimentando un conflicto social y  climático, guerras, migraciones masivas y la corrupción política, riesgos de salud y vida, aumento de la pobreza, retraso en el crecimiento y ampliación de las divisiones religiosas y étnicas . El aumento de la desigualdad también ha sido un factor crucial en la crisis económica de los últimos siete años, apretando la demanda y estimulando el auge del crédito.Simplemente lo sabemos a partir de la investigación del economista francés Thomas Piketty o los autores británicos del estudio social el nivel de burbuja. 

Después de años de promoción de la ortodoxia de Washington, incluso la OCDE dominada por los occidentales y el FMI sostienen que la creciente brecha de ingresos y riqueza ha sido clave para el crecimiento lento del pasado, tras dos décadas neoliberales. La economía británica hubiera sido casi un 10% mayor si la desigualdad no hubiera proliferado. 

Ahora los más ricos utilizan la austeridad para ayudarse a sí mismos; para que su porción  de la torta sea aún mayor. La gran excepción a esta marea de la desigualdad de los últimos años ha sido América Latina. Gobiernos progresistas de la región dieron la espalda a un modelo económico desastroso, recuperaron los recursos de control corporativo y cortaron la desigualdad. El número de los que viven con menos de 2 dólares al día ha caído de 108 millones a 53 millones en poco más de una década. China, que también rechazó gran parte del Catecismo neoliberal, ha visto agudamente aumentando la desigualdad en el país pero también sacó a más gente de la pobreza que el resto del mundo combinado, compensar la creciente brecha de ingreso global. Estos dos casos subrayan que la creciente desigualdad y la pobreza están muy lejos de ser inevitables. Son el resultado de decisiones políticas y económicas. 

La oligarquía de Davos se ha dado cuenta en primera persona de que es peligroso permitir que las cosas sigan como están. Así que algunos quieren más "capitalismo inclusivo" – incluyendo impuestos más progresivos – para salvar al sistema de sí mismo. Pero ciertamente no vendrá como resultado de reflexiones en la montaña suiza o ansiosos almuerzos en el Guildhall. Lo que les preocupa a los sentimientos de algunos barones corporativos, a sus intereses empresariales y de élite, es que, las estructuras políticas que han colonizado han demostrado que lucharán con uñas y dientes incluso por modestas reformas. Para hacerse una idea, sólo tienes que escuchar los gritos de protesta, incluyendo algunos en sus propios partidos, en los planes de Ed Miliband :un impuesto a las casas que valen más de 2 millones de libras para financiar el servicio de salud, o la demanda de la Fabian Society de una sola vez reformista que el líder laborista ser más pro-empresarial (para que lea pro empresarial), o en el muro de la resistencia del Congreso a las propuestas de tributación redistributiva suave de Barack Obama.

Tal vez una parte de la élite preocupada podría estar preparada para pagar un poco más impuestos. Lo que no acepta es cualquier cambio en el equilibrio del poder social – que es por lo qué, en un país tras otro, se resisten a cualquier intento de fortalecer los sindicatos, aunque los sindicatos más débiles han sido un factor decisivo en el aumento de la desigualdad del mundo industrializado. Sólo a través de un desafío a los intereses arraigados, que se han alimentado en un orden económico disfuncional, es lo que invertirá la marea de la desigualdad. El partido Syriza anti austeridad, favorito para ganar las elecciones griegas este fin de semana, intenta hacer eso – lo que el Latinoamericano de izquierda ha logrado durante el último decenio y medio-. Incluso para llegar a ese punto las demandas son más fuertes, y los movimientos sociales y políticos pueden descomponer o evitar el bloqueo de una corriente política colonizadora. 

Las lágrimas de cocodrilo sobre la desigualdad son un síntoma de una élite temerosa. Pero el cambio sólo vendrá de una implacable presión social y de el desafío político.

Fuente                                             Seumas Milne
theguardian

sábado, 24 de enero de 2015

JE NE SUIS PAS CHARLIE




 ¿Qué decir cuando no hay nada que decir?

Ese es el dilema al que de repente se han visto abocados los líderes políticos y los editorialistas en Francia después de que tres pistoleros enmascarados entrasen en las oficinas del semanario satírico Charlie Hebdo y asesinaran a una docena de personas

Los asesinos escaparon. Pero no por mucho tiempo. Esos hombres eran asesinos bien armados. Charlie Hebdo recibía con regularidad amenazas de muerte desde que publicaron, hace ya algunos años, viñetas burlonas del profeta Mahoma. Sin embargo, parecía que la controversia ya había sido olvidada, la tirada del semanario había caído (como en toda la prensa en general) y la protección policial se había relajado. Los dos policías que todavía estaban de guardia fueron fácilmente tiroteados por los pistoleros antes de que entraran en las oficinas en mitad de una reunión editorial. Raras veces se encontraban presentes a la vez tantos caricaturistas y escritores. Doce personas fueron asesinadas con armas automáticas y once más resultaron heridas, algunos gravemente.

Además del caricaturista conocido como Charb  (Stéphane Charbonnier, de 47 años), que era el actual editor en jefe de la revista, las víctimas incluyen dos de los más conocidos caricaturistas en Francia: Cabu (Jean Cabut, de 76 años) y Georges Wolinski (de 80 años). Con Cabu y Wolinski -tiernos espejos de los sentimientos de la izquierda francesa- han crecido un par de generaciones.

 Cuando salieron, uno de los asesinos regresó para acabar con un policía que permanecía herido en la calle. Se pararon para gritar: “¡El profeta ha sido vengado!” y entonces salieron volando hacia los suburbios de la zona noreste.

Una multitud se reunió de forma espontánea en la Place de la République de París, no muy lejos de la callejuela en que Charlie Hebdo tiene sus oficinas. Valientes, falsos eslóganes empezaron a circular: “¡Somos Charlie!”, pero no lo son. “¡Charlie vive!” No, no es así. Mejor dicho, acaba de ser aniquilado.
Todo el mundo está en shock. No hace falta decirlo. Esto ha sido un asesinato a sangre fría, un crimen imperdonable. Tampoco hace falta decir eso, pero nadie dejará de decirlo. Y habrá muchas más cosas que la gente dirá, tales como “no permitiremos que los extremistas islámicos nos intimiden y nos roben nuestra libertad de expresión”, y así en adelante. El presidente François Hollande evidentemente ha puesto el acento en que Francia está unida frente a los asesinos. Las reacciones iniciales ante tal atrocidad han sido predecibles. “¡No nos intimidarán! ¡No abandonaremos nuestras libertades!”
Sí y no. Seguramente ni el más loco de todos los fanáticos religiosos se hubiera planteado que esta masacre de humoristas convertiría a Francia al Islam. El resultado es más bien todo lo contrario: ha reforzado el creciente sentimiento antimusulmán. Si esto resulta una provocación, ¿qué quería provocar? ¿Y qué provocará? El peligro evidente es que, como en el 11-S, reforzará la vigilancia policial y evidentemente debilitará las libertades francesas, no en la manera en que los asesinos presuntamente buscan (limitando la libertad para criticar el Islam) sino de la misma manera en que las libertades se han visto restringidas tras el 11-S en América, con alguna imitación de la Patriot Act.
Personalmente, nunca me gustaron las provocativas portadas de Charlie Hebdo, en las que tendían a publicarse dibujos insultando al profeta –lo mismo que Jesucristo-. Una cuestión de gusto. No considero que los dibujos escatológicos u obscenos sean argumentos eficaces, ya sea contra la religión o contra la autoridad en general. No son santos de mi devoción.  

Las personas que fueron asesinadas eran más que Charlie Hebdo. Los dibujos de Cabu y de Wolinski aparecieron en múltiples publicaciones, y eran conocidas por gente que nunca había comprado Charlie Hebdo.  Los artistas y escritores que estaban en esa reunión editorial, todos, tenían su talento y sus cualidades, los cuales no tenían nada que ver con los “blasfemos” dibujos. La libertad de prensa es también la libertad de ser vulgar y tonto de vez en cuando.

Charlie Hebdo no era en realidad un modelo de libertad de expresión. Había acabado, como una gran parte de laizquierda de los derechos humanos”, defendiendo las guerras lideradas por los EE.UU contra losdictadores”.

En el 2002, Philippe Val, que era el editor en jefe en aquel momento, denunció a Noam Chomsky por antiamericanismo y por un excesivo criticismo contra Israel y contra los medios de comunicación. En 2008, otro de los famosos caricaturistas de Charlie Hebdo, Siné, escribió una breve nota mencionando que el hijo del presidente Sarkozy, Jean, iba a convertirse al judaísmo para casarse con la heredera de una próspera cadena de electrodomésticos. Siné añadió el comentario: “Este chaval va a llegar lejos”. Por aquello, Siné fue despedido por Philippe Val basándose en el prurito de “antisemitismo”. Inmediatamente, Siné fundó un periódico rival el cual robó una notable cantidad de lectores a Charlie Hebdo, molestos por el doble rasero de la revista.

Al poco, Charlie Hebdo se convirtió en un ejemplo extremo de lo que está mal en la línea de lo “políticamente correcto” de la actual izquierda francesa. La ironía es que el fatal ataque perpetrado por los aparentes asesinos islámicos ha, de repente, santificado esta descolorida expresión de una extendida rebelión adolescencial, y que estaba perdiendo su popularidad, hacia el eterno reclamo de una prensa libre y de la libertad de expresión.
Fueren los que fueren los intereses de los asesinos, esto es lo que han conseguido. Además de haber quitado vidas inocentes, han profundizado en la sensación del caos brutal de este mundo, han agravado la desconfianza entre los grupos étnicos en Francia y en Europa y, sin duda, han conseguido también algunos otros execrables resultados. En esta era de la sospecha, lo más seguro es que las teorías de la conspiración van a proliferar.
Fuente                                                        Diana Johnstone 
Miembro del Consejo Editorial de SinPermiso, es autora de Fools Crusade: Yugoslavia, NATO and Western Delusions.
Traducción por Betsabé García Álvarez

viernes, 23 de enero de 2015

LOS ARTISTAS COMO INTELECTUALES




El progresismo, esa enfermedad infantil de la socialdemocracia

En una sociedad como la nuestra, de consumo, opulenta para pocos, cuyo dios es el mercado, la imagen reemplazó al concepto. Es que se dejó de leer para mirar, aun cuando rara vez se ve.

Y así los artistas, actores, cantantes, locutores y conductores televisión han reemplazado a los intelectuales.

Este reemplazo viene de otro más profundo; cuando los intelectuales, sobre todo a partir de la Revolución Francesa, vinieron a remplazar a los filósofos. Es cierto que siguió habiendo filósofos, pero el tono general de estos últimos dos siglos marca su desaparición pública.

El progresismo, esa enfermedad infantil de la socialdemocracia, se caracteriza por asumir la vanguardia como método y no como lucha, como sucedía con el viejo socialismo. Aún existe en Barcelona el viejo diario La Vanguardia.

La vanguardia como método quiere decir que para el progresista hay que estar, contra viento y marea, siempre en la cresta de la ola. Siempre adelante, en la vanguardia de las ideas, las modas, los usos, las costumbres y las actitudes.

El hombre progresista se sitúa siempre en el éxtasis temporal del futuro, ni el presente, ni mucho menos el pasado tiene para él significación alguna, y si la tuviera siempre está en función del futuro. No le interesa el ethos de la Nación histórica, incluso va contra este carácter histórico-cultural. Y esto es así, porque el progresista es su propio proyecto. Él se instala siempre en el futuro pues ha adoptado, repetimos, la vanguardia como método. Nadie ni nada puede haber delante de él, de lo contrario dejaría de ser progresista. Así se explica que el progresista no se pueda dar un proyecto de país ni de nación porque éste se ubicaría delante de él, lo cual implica y le crea una contradicción.

Y así como nadie puede dar lo que no tiene, el progresista no puede darse ni darnos un proyecto político porque él mismo es su proyecto político.

El hombre progre, al ser aquél que dice sí a toda novedad que se le propone encuentra en los artistas sus intelectuales. Hoy que en nuestra sociedad de consumo donde las imágenes han reemplazado a los conceptos nos encontramos con que los artistas son, en definitiva, los que plasman en imágenes los ideas. Y la formación del progresista consiste en eso, en una sucesión de imágenes truncas de la realidad. El homo festivus, figura emblemática del progresismo, del que hablan pensadores como Muray o Agulló, encuentra en el artista a su ideólogo.

El artista lo libera del esfuerzo, tanto de leer (hábito que se pierde irremisiblemente), como del mundo concreto. El progresista no quiere saber sino solo estar enterado. Tiene avidez de novedades. Y el mundo es “su mundo” y vive en la campana de cristal de los viejos almacenes de barrio que protegían a los dulces y los fiambres donde las moscas (el pueblo y sus problemas) no podían entrar.Los progresistas porteños viven en Puerto Madero, no en Parque Patricios.

La táctica de los gobiernos progresistas es transformar al pueblo en “la gente”, esto es, en público consumidor, con lo cual el pueblo deja de ser el agente político principal de toda comunidad, para cederle ese protagonismo a los mass media, como ideólogos de las masas y a los artistas, como ideólogos de sus propias élites. 

Este es un mecanismo que funciona a dos niveles: a) en los medios masivos de comunicación cientos periodistas y locutores, esos analfabetos culturales locuaces, según acertada expresión de Paul Feyerabend (1924-1994) nos dicen qué debemos hacer y cómo debemos pensar. Son los mensajeros del “uno anónimo” de Heidegger que a través del dictador “se”, se dice, se piensa, se obra, se viste, se come, nos sume en la existencia impropia, b) a través de los artistas como traductores de conceptos a imágenes en los teatros y en los cines y para un público más restringido y con mayor poder adquisitivo: para los satisfechos del sistema. Esto es: los progres

El artista cumple con su función ideológica dentro del progresismo porque canta los infinitos temas de la reivindicación: el matrimonio gay, el aborto, la eutanasia, la adopción de niños por los homosexuales, el consumo de marihuana y coca, la lucha contra el imperialismo, la defensa del indigenismo, de los inmigrantes, de la reducción de las penas a los delincuentes, un guiño a la marginalidad y un largo etcétera. Pero nunca le canta a la inseguridad en las calles, la prostitución, la venta de niños, el turismo pedófilo, la falta de empleo, el creciente asesinato y robo de las personas, el juego por dinero, de eso no se habla como la película de Mastroiani. En definitiva, no ve los padecimientos de la sociedad sino sus goces.

El artista como actor reclama para sí la transgresión pero ejecuta todas aquellas obras de teatro en donde se representa lo políticamente correcto. Y en este sentido, como dice Vittorio Messori, en primer lugar está el denigrar a la Iglesia, al orden social, a las virtudes burguesas de la moderación, la modestia, el ahorro, la limpieza, la fidelidad, la diligencia, la sensatez, haciéndose la apología de sus contrarios. 


No hay actor o locutor que no se rasgue las vestiduras hablando de las víctimas judías del Holocausto, aunque nadie representa a las cristianas ni a las gitanas. Estas no tienen voz, como no la tienen las del genocidio armenio ni hoy las de Darfour en Sudán. 

Así, si representan a Heidegger lo hacen como un nazi y si es a Stalin como un maestro en humanidad. Al Papa siempre como un verdugo y a las monjas como pervertidas, pero a los prestamistas como necesitados y a los proxenetas liberadores. Ya no más representaciones del Mercader de Venecia, ni de la Bolsa de Martel. El director que osa tocar a Wagner queda excomulgado por la policía del pensamiento y sino ¡qué le pregunten a Baremboin

Fuente                                        Alberto Buela
patriasindicalista

    Leer+Los artistas como intelectuales

jueves, 22 de enero de 2015

LA PARADOJA LIBERAL




Ni libres, ni iguales

Resulta chocante -por decirlo de manera suave- que quienes han conducido a la actual postración a la nación española sean los mismos que ahora pretenden vendernos sus recetas salvadoras.

Resulta chocante –por decirlo de manera suave- que quienes han conducido a la actual postración a la nación española sean los mismos que ahora pretenden vendernos sus recetas salvadoras. Es lo que sucede con el manifiesto Libres e iguales, cuya razón de ser consiste en fundar su antinacionalismo en los valores liberales. 

La cosa viene de antiguo: muchos de los otrora ultraizquierdistas; es decir, todos los que hicieron su profesión de fe antifranquista en las filas del marxismo prosoviético maduraron más tarde –para reciclarse tras el monumental fracaso político del bloque del Este- bajo formas liberales. Otros, sin duda a causa de la edad, han adoptado directamente las ideas liberales del individualismo, la "igualdad", y sobre todo del cosmopolitismo y de la globalización. 

Por razones de coyuntura, todos estos han devenido antinacionalistas, de manera que pretenden ser la única respuesta a las pretensiones disgregadoras que actualmente campan por la geografía española. Ahora bien, ¿con qué derecho pretenden asumir la respuesta de la nación española a las fuerzas secesionistas? Desde el punto de vista político tienen todo el derecho. Faltaría más. Desde el punto de vista intelectual no tienen ninguno. 

Para darse cuenta basta con leer el citado manifiesto. El texto comienza diciendo: "El secesionismo catalán pretende romper la convivencia entre los españoles y destruir su más valioso patrimonio: la condición de ciudadanos libres e iguales". Esta afirmación, intrínsecamente falsa, responde a la vieja pretensión liberal de que la esencia de la nación son los derechos del individuo. 

La afirmación es dos veces falsa: primero porque España es muy anterior al nacimiento del liberalismo y, por ello, acumula un patrimonio espiritual y cultural superior a todo lo que la cultura liberal ha aportado hasta la fecha. En segundo lugar, es falso porque la auténtica condición de plutocracia del régimen de 1978 hace que no haya hoy más "libertad" y más "igualdad" que la que otorga el poder económico, estructurado en forma de cárteles mediáticos, partidos políticos o élites financieras.

Decir que hoy, en España, se ha hecho realidad el sueño liberal de la "igualdad" y la "libertad" supone entrar de lleno en el análisis de la paradoja liberal por la cual cuanto más se vacía el poder político en aras del poder económico más se estratifica la sociedad en siervos del dinero y dueños del mismo. 

Dicho de otro modo: a más liberalismo político más esclavitud económica. Sigue diciendo el manifiesto: "El nacionalismo antepone la identidad a la ciudadanía, los derechos míticos de un territorio a los derechos fundamentales de las personas, el egoísmo a la solidaridad". 

El lenguaje ilustrado, que utiliza la acepción despectiva de lo mítico, no puede ocultar que es precisamente la identidad, y no la ciudadanía, lo que impide que la nación sea una mera estructura jurídica de tipo contractual, prescindiendo del asombroso patrimonio atesorado por el organismo vivo y perenne que ha sido hasta hoy la nación española.

Este vaciamiento de lo nacional en aras de lo normativo y burocrático es lo que ha impedido que la defensa de la nación española, real, fundada e históricamente acreditable, haya quedado inerme antes las fantochadas, delirantes y ridículas de los nacionalistas. La degradación del español en simple ciudadano es el principal responsable de la decadencia de la idea nacional plena y es quien ha impedido que los españoles de hoy tomen posesión de su historia y de su legítima identidad. 

En el fondo, esta manera de entender la nación como mero constructo jurídico para defender intereses particulares es la misma que enarbolan los nacionalistas periféricos: únicamente ellos piden otro marco jurídico. Para tapar todo este galimatías, los "manifesteros" aducen una flagrante mentira: "El secesionismo catalán se hermana con el populismo antieuropeo y promueve la derrota de la democracia española". 

Dejando aparte el nebuloso e impreciso significado del término "populismo", utilizado por igual para formaciones tan dispares como el Frente Nacional francés y Podemos, el hecho es que los únicos que se han "hermanado" con el secesionismo catalán mediante subvenciones millonarias, mediante apoyos y votaciones en el congreso de los diputados, todo ello en nombre de la "estabilidad política", cediendo competencias esenciales del Estado central o simplemente, mediante la inacción y dejación de funciones ante las campañas de difusión a todos los niveles para inocular el odio a España, han sido los denominados "partidos constitucionalistas", principalmente PP yPSOE, donde han militado por largo tiempo muchos de los firmantes del manifiesto.

Así que para echarle la culpa ahora al "populismo antieuropeo" hace falta tener una considerable cara dura. De paso, es necesario afirmar que el secesionismo catalán, entre otros, no busca "la derrota de la democracia española", toda vez que la situación actual es la consecuencia del extremo garantismo democrático con el que hasta los padres de la constitución trataron a todos aquellos que buscaron desde el principio y de manera palmaria la derrota, no de la democracia española, sino de España misma. 

Fundados en el error o en mentiras flagrantes, el citado manifiesto acaba planteando al nacionalismo secesionista una "respuesta" verdaderamente vaga, imprecisa y estéril: "Reivindicar la Constitución como consigna de ciudadanía y convivencia", "rechazar cualquier negociación" frente a los nacionalistas y buscar "la unidad de acción" frente a estos. 

Es decir: nada con enjundia. Olvidan que ha sido precisamente con la constitución que ideas marginales han llegado a conseguir un prestigio e influencia que no tenían. Así que defender la constitución sí, pero desde luego con eso no basta. 

Es necesario reivindicar, defender y exponer tanto las señas de identidad españolas como los embustes del catalanismo. Fomentar una verdadera hermandad entre los españoles y un modelo político y económico verdaderamente integrador, en las antípodas de la plutocracia liberal y partitocrática en la que nos hemos convertido. 

Esto es mucho más de lo que puede pedirse a una generación fracasada como la que enarbola el citado manifiesto, redactado además al amparo de una ideología decimonónica. Así las cosas, resulta obvio que España no necesita semejantes defensores. Sería mejor que se echaran a un lado a llorar su inoperancia y dejaran sitio al viento fresco que barrerá la pestilencia de la corrupción intelectual de esta época decadente.


Fuente                                        Eduardo Arroyo
elsemanaldigital

miércoles, 21 de enero de 2015

LA RELIGIÓN DEMOCRÁTICA



LIBERTAD DE EXPRESIÓN

La libertad no es un fin en sí misma, sino un medio para alcanzar la verdad
MUCHOS lectores me han expresado su perplejidad ante la exaltación y defensa absolutista de la libertad de expresión que en estos días se ha hecho, incluso desde medios de inspiración cristiana o declaradamente confesionales, para justificar las caricaturas del pasquín «Charlie Hebdo» en las que se blasfemaba contra Dios de modos aberrantes. A estos lectores les digo que no se dejen confundir: quienes hayan hecho tales defensas no profesan la religión católica, ni se inspiran en la filosofía cristiana, aunque finjan hacerlo, aprovechando la consternación causada por los viles asesinatos de los caricaturistas; sino que son jenízaros de la «religión democrática», perversión que consiste en sustituir la sana defensa de la democracia como forma de gobierno –que, mediante la representación política, facilita la participación popular en el ejercicio del poder– por la defensa de la democracia como fundamento de gobierno, como religión demente que subvierte cualquier principio moral, amparándose en supuestas mayorías, en realidad masas cretinizadas y sugestionadas por la repetición de sofismas.
Los jenízaros de esta religión necesitan que las masas cretinizadas acepten como axiomas (proposiciones que parecen evidentes por sí mismas) sus sofismas, entre los que se halla la llamada «libertad de expresión» en su versión absolutista. Para crear tales axiomas recurren al método anticipado por Aldous Huxley en Un mundo feliz, que consiste en la repetición, por millares o millones de veces, de una misma afirmación. En la novela de Huxley, tal repetición se lograba mediante un mecanismo repetitivo que hablaba sin interrupción al subconsciente, durante las horas del sueño; en nuestra época se logra a través de la saturación mental lograda a través de la bazofia que nos sirven los mass media, infestados de jenízaros de la religión democrática que defienden una libertad de expresión absolutista: libertad sin responsabilidad; libertad para dañar, injuriar, calumniar, ofender y blasfemar; libertad para sembrar el odio y extender la mentira entre las masas cretinizadas; libertad para condicionar los espíritus e inclinarlos al mal. Quienes defienden esta «libertad de expresión» como derecho ilimitado son los mismos que también defienden una «libertad de conciencia» entendida no como libertad para elegir moralmente y obrar con rectitud, sino como libertad para elegir las ideas más perversas, las pasiones más torpes y las ambiciones más egoístas y ponerlas en práctica, pretendiendo además que el Estado asegure su realización. No nos dejemos engañar: quienes defienden la libertad para publicar caricaturas blasfemas están defendiendo una libertad destructiva que sólo lleva a la decadencia y al nihilismo.
El pensamiento cristiano nos enseña que la libertad no es un fin en sí misma, sino un medio para alcanzar la verdad. Si a la palabra libertad no se le añade un «para qué», se convierte en una palabra sin sentido, una palabra asquerosamente ambigua que puede amparar las mayores aberraciones. Como decía Castellani, «la libertad no es un movimiento, sino un poder moverse; y en el poder moverse lo que importa es el hacia dónde, el para qué». No puede haber una libertad para ofender, para enviscar odios, para jalear bajas pasiones; no puede haber libertad para ultrajar la fe del prójimo y blasfemar contra Dios. Los cristianos se distinguen porque rezan una oración en la que se pide: «Santificado sea tu Nombre». Los jenízaros de la libertad de expresión quieren que ese Nombre sea eliminado, envilecido y escarnecido, para mayor honra de su religión democrática. No les hagan caso: vistan con traje y corbata, o con sotana y solideo, les están engañando, quieren convertirles en masa cretinizada.

Fuente                                      Juan Manuel de Prada
abc
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