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jueves, 9 de septiembre de 2010
UN GUDARI DE ALSASUA
Tengo delante un mural callejero en plan épico, al estilo de los del IRA: un aguerrido combatiente por la libertad y la independencia, remangado y viril, puño en alto y Kalashnikov en la otra mano, con las palabras Euskal herría dugu irabazteko –tenemos que ganar Euskalerría– pintadas al lado. Y qué bonito y alentador sería todo eso, me digo al echarle un vistazo, como ejemplo para jóvenes y demás, si la patria a la que se refiere el mural hubiera sido invadida por los ingleses en el siglo XII, y luego hubiese sufrido guerras de exterminio y represiones cruentas, con miles de deportados a las colonias –véanse las guías telefónicas de Estados Unidos y Australia–, y en 1916 hubiera vivido una insurrección general con combates callejeros y muchos fusilados, y luego independencia con amputación territorial, domingos sangrientos con soldados asesinando a manifestantes, y junto a las ratas pistoleras de coche bomba o tiro en la nuca y salir corriendo, que las hubo y no pocas, hubiese habido también, que nunca faltaron, cojones suficientes para asaltar a tiro limpio cuarteles y comisarías, jugándosela de verdad, mientras en las calles los niños se enfrentaban con piedras al Ejército británico. Etcétera.
Pero resulta que no. Que de Irlanda, nada. Que el mural al que me refiero está en una calle de Alsasua, Navarra, y que la patria a la que se refiere, integrada con el resto de los pueblos de España, partícipe y protagonista de su destino común desde los siglos XIII y XIV, goza hoy de un nivel de autonomía y autogobierno desconocido en ningún lugar de Europa, incluida la parte de Irlanda que aún es británica. O sea, que no es lo mismo; por mucho que se busquen paralelismos con lo que ni es ni nunca fue, y por mucho que ciertos cantamañanas que no tienen ni pajolera idea de las historias irlandesa y vasca sigan el juego idiota de la patria oprimida. Aquí, ahora, los oprimidos son otros. Por ejemplo, los dos pobres ecuatorianos de la T-4, oprimidos por toneladas de escombros. Arturo Pérez-Reverte
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http://xlsemanal.finanzas.com/web/firma.php?id_edicion=1767&id_firma=3631
jueves, 2 de septiembre de 2010
EL VASCO QUE HUMILLÓ A LOS INGLESES
Hace doce años, cuando escribía La carta esférica, tuve en las manos una medalla conmemorativa, acuñada en el siglo XVIII, donde Inglaterra se atribuía una victoria que nunca ocurrió. Como lector de libros de Historia estaba acostumbrado a que los ingleses oculten sus derrotas ante los españoles -como la del vicealmirante Mathews en aguas de Tolón o la de Nelson cuando perdió el brazo en Tenerife-, pero no a que, además, se inventen victorias. Aquella pieza llevaba la inscripción, en inglés: El orgullo de España humillado por el almirante Vernon; y en el reverso: Auténtico héroe británico, tomó Cartagena -Cartagena de Indias, en la actual Colombia- en abril de 1741. En la medalla había grabadas dos figuras. Una, erguida y victoriosa, era la del almirante Vernon. La otra, arrodillada e implorante, se identificaba como Don Blass y aludía al almirante español Blas de Lezo: un marino vasco de Pasajes encargado de la defensa de la ciudad. La escena contenía dos inexactitudes. Una era que Vernon no sólo no tomó Cartagena, sino que se retiró de allí tras recibir las suyas y las del pulpo. La otra consistía en que Blas de Lezo nunca habría podido postrarse, tender la mano implorante ni mirar desde abajo de esa manera, pues su pata de palo tenía poco juego de rodilla: había perdido una pierna a los 17 años en el combate naval de Vélez Málaga, un ojo tres años después en Tolón, y el brazo derecho en otro de los muchos combates navales que libró a lo largo de su vida. Aunque la mayor inexactitud de la medalla fue representarlo humillado, pues Don Blass no lo hizo nunca ante nadie. Sus compañeros de la Real Armada lo llamaban Medio hombre, por lo que quedaba de él; pero los cojones siempre los tuvo intactos y en su sitio. Como los del caballo de Espartero.
La vida de ese pasaitarra -mucho me sorprendería que figure en los libros escolares vascos, aunque todo puede ser- parece una novela de aventuras: combates navales, naufragios, abordajes, desembarcos. Luchó contra los holandeses, contra los ingleses, contra los piratas del Caribe y contra los berberiscos. En cierta ocasión, cercado por los angloholandeses, tuvo que incendiar varios de sus propios barcos para abrirse paso a través del fuego, a cañonazos. En sólo dos años, siendo capitán de fragata, hizo once presas de barcos de guerra enemigos, todos mayores de veinte cañones, entre ellos el navío inglés Stanhope. En los mares americanos capturó otros seis barcos de guerra, mercantes aparte. También rescató de Génova un botín secuestrado de dos millones de pesos, y participó en la toma de Orán y en el posterior socorro de la ciudad. Después de ésas y otras muchas empresas, nombrado comandante general del apostadero naval de Cartagena de Indias, a los 54 años, y tras rechazar dos anteriores tentativas inglesas contra la ciudad, hizo frente a la fuerza de desembarco del almirante Vernon: 36 navíos de línea, 12 fragatas y varios brulotes y bombardas, 100 barcos de transporte y 39.000 hombres. Que se dice pronto.
He visto dos retratos de Edward Vernon, y en ambos -uno, pintado por Gainsborough- tiene aspecto de inglés relamido, arrogante y chulito. Con esa vitola y esa cara, uno se explica que vendiera la piel antes de cazar el oso, haciendo acuñar por anticipado las medallas conmemorativas de la hazaña que estaba dispuesto a realizar. Pese a que a esas alturas de las guerras con España todos los marinos súbditos de Su Graciosa sabían cómo las gastaba Don Blass, el cantamañanas del almirante inglés dio la victoria por segura. Sabía que tras los muros de Cartagena, descuidados y medio en ruinas, sólo había un millar de soldados españoles, 300 milicianos, dos compañías de negros libres y 600 auxiliares indios armados con arcos y flechas. Así que bombardeó, desembarcó y se puso a la faena. Pero Medio hombre, fiel a lo que era, se defendió palmo a palmo, fuerte a fuerte, trinchera a trinchera, y los navíos bajo su mando se batieron como fieras protegiendo la entrada del puerto. Vendiendo carísimo el pellejo, bajo las bombas, volando los fuertes que debían abandonar y hundiendo barcos para obstruir cada paso, los españoles fueron replegándose hasta el recinto de la ciudad, donde resistieron todos los asaltos, con Blas de Lezo personándose a cada instante en un lugar y en otro, firme como una roca. Y al fin, tras arrojar 6.000 bombas y 18.000 balas de cañón sobre Cartagena y perder seis navíos y nueve mil hombres, incapaces de quebrar la resistencia, los ingleses se retiraron con el rabo entre las piernas, y el amigo Vernon se metió las medallas acuñadas en el ojete.
Blas de Lezo murió pocos meses después, a resultas de los muchos sufrimientos y las heridas del asedio, y el rey lo hizo marqués a título póstumo. Creo haberles dicho que era vasco. De Pasajes, hoy Pasaia. A tiro de piedra de San Sebastián. O sea, Donosti. Pues eso. A.Pérez-Reverte
http://www.perezreverte.com/
http://es.wikipedia.org/wiki/Blas_de_Lezo_y_Olavarrieta
martes, 31 de agosto de 2010
NUESTROS MUERTOS EN AFGANISTÁN
Ante la muerte de tres españoles en Afganistán exponemos:
1.
Nuestra condolencia ante familiares y amigos, y nuestro respeto por quienes han cumplido, hasta las últimas consecuencias, con sus compromisos.
2.
Que tanto el Ministro del Interior Pérez Rubalcaba, como buena parte de la prensa, “olvidan” que estas muertes se suman no sólo al cerca del centenar de españoles y a los miles de soldados de la ISAF caídos en la Guerra de Afganistán, sino a los miles de resistentes afganos muertos por esas mismas tropas de ocupación y, sobre todo, a las miles de víctimas que esos ocupantes han provocado entre la población civil afgana
3.
Que pese a las manifestaciones de Pérez Rubalcaba acusando, a la resistencia afgana que lucha contra el invasor, de ser los únicos responsables de estas muertes, para “M 20″ y para todos los españoles con sentido común, el principal responsable de la muerte de los soldados españoles en la Guerra de Afganistán es el actual gobierno, con Rodríguez Zapatero a la cabeza, en su afán servil y mercenario de complacer intereses, cuanto menos, extraños a nuestra Nación, cuando no definitivamente contrarios a ella.
4.
Que los cómplices de estas muertes son la clase política presente en las instituciones, sin olvidar al Monarca Juan Carlos I, que es Capitán General de los ejércitos.
5.
Denunciamos, asimismo, la hipocresía de tanto pacifista a sueldo de un poder, que se opuso a la guerra imperialista contra Iraq pero guarda, ahora, un silencio cómplice ante lo que sucede en Afganistán: una guerra de ocupación y de resistencia ante al invasor.
Por todo ello pedimos el regreso inmediato a nuestra tierra de todos los soldados españoles presentes en distintas misiones de ocupación en el extranjero, incluidas las misiones llamadas humanitarias, que esconden una situación de colaboración con las políticas de Estados Unidos para someter naciones (como Haití) o fragmentar estados (como Serbia). Los soldados españoles sólo se justifican para atender los intereses reales de la Nación española o contener agresiones hacia otros pueblos allí donde éstos los soliciten, y no para ser instrumentos de una clase política servil a los intereses de la hegemonía de Estados Unidos y del conglomerado oligárquico que dirige y se beneficia de esta hegemonía a costa de la vida y soberanía de otras naciones.
http://paginatransversal.wordpress.com/
1.
Nuestra condolencia ante familiares y amigos, y nuestro respeto por quienes han cumplido, hasta las últimas consecuencias, con sus compromisos.
2.
Que tanto el Ministro del Interior Pérez Rubalcaba, como buena parte de la prensa, “olvidan” que estas muertes se suman no sólo al cerca del centenar de españoles y a los miles de soldados de la ISAF caídos en la Guerra de Afganistán, sino a los miles de resistentes afganos muertos por esas mismas tropas de ocupación y, sobre todo, a las miles de víctimas que esos ocupantes han provocado entre la población civil afgana
3.
Que pese a las manifestaciones de Pérez Rubalcaba acusando, a la resistencia afgana que lucha contra el invasor, de ser los únicos responsables de estas muertes, para “M 20″ y para todos los españoles con sentido común, el principal responsable de la muerte de los soldados españoles en la Guerra de Afganistán es el actual gobierno, con Rodríguez Zapatero a la cabeza, en su afán servil y mercenario de complacer intereses, cuanto menos, extraños a nuestra Nación, cuando no definitivamente contrarios a ella.
4.
Que los cómplices de estas muertes son la clase política presente en las instituciones, sin olvidar al Monarca Juan Carlos I, que es Capitán General de los ejércitos.
5.
Denunciamos, asimismo, la hipocresía de tanto pacifista a sueldo de un poder, que se opuso a la guerra imperialista contra Iraq pero guarda, ahora, un silencio cómplice ante lo que sucede en Afganistán: una guerra de ocupación y de resistencia ante al invasor.
Por todo ello pedimos el regreso inmediato a nuestra tierra de todos los soldados españoles presentes en distintas misiones de ocupación en el extranjero, incluidas las misiones llamadas humanitarias, que esconden una situación de colaboración con las políticas de Estados Unidos para someter naciones (como Haití) o fragmentar estados (como Serbia). Los soldados españoles sólo se justifican para atender los intereses reales de la Nación española o contener agresiones hacia otros pueblos allí donde éstos los soliciten, y no para ser instrumentos de una clase política servil a los intereses de la hegemonía de Estados Unidos y del conglomerado oligárquico que dirige y se beneficia de esta hegemonía a costa de la vida y soberanía de otras naciones.
http://paginatransversal.wordpress.com/
lunes, 30 de agosto de 2010
DINERO X AMISTAD
El reciente apaleamiento a once activistas españoles por la policía de Marruecos y los conflictos en la ciudad de Melilla, acosada por activistas marroquíes, demuestran que el dinero español fluye con menos generosidad y que, sin dinero, Marruecos vuelve a ser un molesto vecino, casi un "enemigo" claro de España.
La última agresión de Marruecos tuvo forma de represión policial y la padecieron once activistas que cuando se manifestaban el pasado sábado en la capital del antiguo Sahara Español por los derechos de los saharauis, fueron brutalmente apaleados y hasta obligados a besar la bandera marroquí por la totalitaria policía del sultán.
La reacción del gobierno español ha sido, una vez más, de cobardía y sumisión ante los marroquíes. En su primera reacción oficial, los socialistas de Zapatero vienen a decir que los activistas merecieron el trato sufrido porque carecían de permiso para manifestarse.
"La diplomacia española con Marruecos ha consistido en repartir dinero al reino alauita. Cuando se acabe el dinero español, volverán los conflictos". Me lo dice un español bien introducido en Marruecos y bien conectado con la Comisión Averroes, una especie de comité, auspiciado por los dos monarcas,.que cuida las relaciones hispano-marroquíes.
Explica mi interlocutor que España, desde la llegada de Zapatero al poder, ha destinado grandes sumas de dinero a Marruecos. El destino de ese dinero es difícil de controlar pero una parte importante ha servido pagar becas a hijos de magnates marroquíes, a financiar residencias a moros ilustres, a subvencionar proyectos próximos al sultán y a facilitar todo tipo de privilegios y negocios a la élite gobernante en Marruecos.
"Esa lluvia de dinero ha sido la base de las buenas relaciones mutuas. Cuando el dinero español se acabe, los conflictos volverán con toda su crudeza". vaticina.
En la actualidad, el gobierno español, acuciado por la crisis económica, ha tenido que reducir su despilfarro, lo que, probablemente, está afectando también el flujo de dinero hacia Marruecos.
Gran parte del dinero que lubrica el poder marroquí procede de la droga, concretamente del hachís, que es, probablemente, la primera fuente de riqueza de Marruecos. Los carteles marroquies de la droga necesitan a España como plataforma de introducción y distribución de su droga en Europa, razón ésta que también influye en el actual mal momento de las relaciones bilaterales. F.Rubiales & Co.
http://www.votoenblanco.com/Si-se-acaba-el-dinero-espanol-se-acaba-tambien-la-amistad-con-Marruecos_a3787.html
La última agresión de Marruecos tuvo forma de represión policial y la padecieron once activistas que cuando se manifestaban el pasado sábado en la capital del antiguo Sahara Español por los derechos de los saharauis, fueron brutalmente apaleados y hasta obligados a besar la bandera marroquí por la totalitaria policía del sultán.
La reacción del gobierno español ha sido, una vez más, de cobardía y sumisión ante los marroquíes. En su primera reacción oficial, los socialistas de Zapatero vienen a decir que los activistas merecieron el trato sufrido porque carecían de permiso para manifestarse.
"La diplomacia española con Marruecos ha consistido en repartir dinero al reino alauita. Cuando se acabe el dinero español, volverán los conflictos". Me lo dice un español bien introducido en Marruecos y bien conectado con la Comisión Averroes, una especie de comité, auspiciado por los dos monarcas,.que cuida las relaciones hispano-marroquíes.
Explica mi interlocutor que España, desde la llegada de Zapatero al poder, ha destinado grandes sumas de dinero a Marruecos. El destino de ese dinero es difícil de controlar pero una parte importante ha servido pagar becas a hijos de magnates marroquíes, a financiar residencias a moros ilustres, a subvencionar proyectos próximos al sultán y a facilitar todo tipo de privilegios y negocios a la élite gobernante en Marruecos.
"Esa lluvia de dinero ha sido la base de las buenas relaciones mutuas. Cuando el dinero español se acabe, los conflictos volverán con toda su crudeza". vaticina.
En la actualidad, el gobierno español, acuciado por la crisis económica, ha tenido que reducir su despilfarro, lo que, probablemente, está afectando también el flujo de dinero hacia Marruecos.
Gran parte del dinero que lubrica el poder marroquí procede de la droga, concretamente del hachís, que es, probablemente, la primera fuente de riqueza de Marruecos. Los carteles marroquies de la droga necesitan a España como plataforma de introducción y distribución de su droga en Europa, razón ésta que también influye en el actual mal momento de las relaciones bilaterales. F.Rubiales & Co.
http://www.votoenblanco.com/Si-se-acaba-el-dinero-espanol-se-acaba-tambien-la-amistad-con-Marruecos_a3787.html
jueves, 26 de agosto de 2010
ESA GENTUZA
Paso a menudo por la carrera de San Jerónimo, caminando por la acera opuesta a las Cortes, y a veces coincido con la salida de los diputados del Congreso. Hay coches oficiales con sus conductores y escoltas, periodistas dando los últimos canutazos junto a la verja, y un tropel de individuos de ambos sexos, encorbatados ellos y peripuestas ellas, saliendo del recinto con los aires que pueden ustedes imaginar. No identifico a casi ninguno, y apenas veo los telediarios; pero al pájaro se le conoce por la cagada. Van pavoneándose graves, importantes, seguros de su papel en los destinos de España, camino del coche o del restaurante donde seguirán trazando líneas maestras de la política nacional y periférica. No pocos salen arrogantes y sobrados como estrellas de la tele, con trajes a medida, zapatos caros y maneras afectadas de nuevos ricos. Oportunistas advenedizos que cada mañana se miran al espejo para comprobar que están despiertos y celebrar su buena suerte. Diputados, nada menos. Sin tener, algunos, el bachillerato. Ni haber trabajado en su vida. Desconociendo lo que es madrugar para fichar a las nueve de la mañana, o buscar curro fuera de la protección del partido político al que se afiliaron sabiamente desde jovencitos. Sin miedo a la cola del paro. Sin escrúpulos y sin vergüenza. Y en cada ocasión, cuando me cruzo con ese desfile insultante, con ese espectáculo de prepotencia absurda, experimento un intenso desagrado; un malestar íntimo, hecho de indignación y desprecio. No es un acto reflexivo, como digo. Sólo visceral. Desprovisto de razón. Un estallido de cólera interior. Las ganas de acercarme a cualquiera de ellos y ciscarme en su puta madre.
Sé que esto es excesivo. Que siempre hay justos en Sodoma. Gente honrada. Políticos decentes cuya existencia es necesaria. No digo que no. Pero hablo hoy de sentimientos, no de razones. De impulsos. Yo no elijo cómo me siento. Cómo me salta el automático. Algo debe de ocurrir, sin embargo, cuando a un ciudadano de 57 años y en uso correcto de sus facultades mentales, con la vida resuelta, cultura adecuada, inteligencia media y conocimiento amplio y razonable del mundo, se le sube la pólvora al campanario mientras asiste al desfile de los diputados españoles saliendo de las Cortes. Cuando la náusea y la cólera son tan intensas. Eso me preocupa, por supuesto. Sigo caminando carrera de San Jerónimo abajo, y me pregunto qué está pasando. Hasta qué punto los años, la vida que llevé en otro tiempo, los libros que he leído, el panorama actual, me hacen ver las cosas de modo tan siniestro. Tan agresivo y pesimista. Por qué creo ver sólo gentuza cuando los miro, pese a saber que entre ellos hay gente perfectamente honorable. Por qué, de admirar y respetar a quienes ocuparon esos mismos escaños hace veinte o treinta años, he pasado a despreciar de este modo a sus mediocres reyezuelos sucesores. Por qué unas cuantas docenas de analfabetos irresponsables y pagados de sí mismos, sin distinción de partido ni ideología, pueden amargarme en un instante, de este modo, la tarde, el día, el país y la vida.
Quizá porque los conozco, concluyo. No uno por uno, claro, sino a la tropa. La casta general. Los he visto durante años, aquí y afuera. Estuve en los bosques de cruces de madera, en los callejones sin salida a donde llevan sus irresponsabilidades, sus corruptelas, sus ambiciones. Su incultura atroz y su falta de escrúpulos. Conozco las consecuencias. Y sé cómo lo hacen ahora, adaptándose a su tiempo y su momento. Lo sabe cualquiera que se fije. Que lea y mire. Algún día, si tengo la cabeza lo bastante fría, les detallaré a ustedes cómo se lo montan. Cómo y dónde comen y a costa de quién. Cómo se reparten las dietas, los privilegios y los coches oficiales. Cómo organizan entre ellos, en comisiones y visitas institucionales que a nadie importan una mierda, descarados e inútiles viajes turísticos que pagan los contribuyentes. Cómo se han trajinado –ahí no hay discrepancias ideológicas– el privilegio de cobrar la máxima pensión pública de jubilación tras sólo 7 años en el escaño, frente a los 35 de trabajo honrado que necesita un ciudadano común. Cómo quienes llegan a ministros tendrán, al jubilarse, sólidas pensiones compatibles con cualquier trabajo público o privado, pensiones vitalicias cuando lleguen a la edad de jubilación forzosa, e indemnizaciones mensuales del 100% de su salario al cesar en el cargo, cobradas completas y sin hacer cola en ventanillas, desde el primer día.
De cualquier modo, por hoy es suficiente. Y se acaba la página. Tenía ganas de echar la pota, eso es todo. De desahogarme dándole a la tecla, y es lo que he hecho. Otro día seré más coherente. Más razonable y objetivo. Quizás. Ahora, por lo menos, mientras camino por la carrera de San Jerónimo, algunos sabrán lo que tengo en la cabeza cuando me cruzo con ellos. Arturo Peréz-Reverte
http://www.votoenblanco.com/ESA-GENTUZA_a3154.html
Sé que esto es excesivo. Que siempre hay justos en Sodoma. Gente honrada. Políticos decentes cuya existencia es necesaria. No digo que no. Pero hablo hoy de sentimientos, no de razones. De impulsos. Yo no elijo cómo me siento. Cómo me salta el automático. Algo debe de ocurrir, sin embargo, cuando a un ciudadano de 57 años y en uso correcto de sus facultades mentales, con la vida resuelta, cultura adecuada, inteligencia media y conocimiento amplio y razonable del mundo, se le sube la pólvora al campanario mientras asiste al desfile de los diputados españoles saliendo de las Cortes. Cuando la náusea y la cólera son tan intensas. Eso me preocupa, por supuesto. Sigo caminando carrera de San Jerónimo abajo, y me pregunto qué está pasando. Hasta qué punto los años, la vida que llevé en otro tiempo, los libros que he leído, el panorama actual, me hacen ver las cosas de modo tan siniestro. Tan agresivo y pesimista. Por qué creo ver sólo gentuza cuando los miro, pese a saber que entre ellos hay gente perfectamente honorable. Por qué, de admirar y respetar a quienes ocuparon esos mismos escaños hace veinte o treinta años, he pasado a despreciar de este modo a sus mediocres reyezuelos sucesores. Por qué unas cuantas docenas de analfabetos irresponsables y pagados de sí mismos, sin distinción de partido ni ideología, pueden amargarme en un instante, de este modo, la tarde, el día, el país y la vida.
Quizá porque los conozco, concluyo. No uno por uno, claro, sino a la tropa. La casta general. Los he visto durante años, aquí y afuera. Estuve en los bosques de cruces de madera, en los callejones sin salida a donde llevan sus irresponsabilidades, sus corruptelas, sus ambiciones. Su incultura atroz y su falta de escrúpulos. Conozco las consecuencias. Y sé cómo lo hacen ahora, adaptándose a su tiempo y su momento. Lo sabe cualquiera que se fije. Que lea y mire. Algún día, si tengo la cabeza lo bastante fría, les detallaré a ustedes cómo se lo montan. Cómo y dónde comen y a costa de quién. Cómo se reparten las dietas, los privilegios y los coches oficiales. Cómo organizan entre ellos, en comisiones y visitas institucionales que a nadie importan una mierda, descarados e inútiles viajes turísticos que pagan los contribuyentes. Cómo se han trajinado –ahí no hay discrepancias ideológicas– el privilegio de cobrar la máxima pensión pública de jubilación tras sólo 7 años en el escaño, frente a los 35 de trabajo honrado que necesita un ciudadano común. Cómo quienes llegan a ministros tendrán, al jubilarse, sólidas pensiones compatibles con cualquier trabajo público o privado, pensiones vitalicias cuando lleguen a la edad de jubilación forzosa, e indemnizaciones mensuales del 100% de su salario al cesar en el cargo, cobradas completas y sin hacer cola en ventanillas, desde el primer día.
De cualquier modo, por hoy es suficiente. Y se acaba la página. Tenía ganas de echar la pota, eso es todo. De desahogarme dándole a la tecla, y es lo que he hecho. Otro día seré más coherente. Más razonable y objetivo. Quizás. Ahora, por lo menos, mientras camino por la carrera de San Jerónimo, algunos sabrán lo que tengo en la cabeza cuando me cruzo con ellos. Arturo Peréz-Reverte
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miércoles, 25 de agosto de 2010
LA CORRUPCIÓN EN ESPAÑA
La principal causa de los escándalos es el alto número de cargos de designación política en las instituciones nacionales, autonómicas y locales. Son redes clientelares que viven de que su partido gane las elecciones.
Una primera tentación que hay que evitar es la de afirmar que la corrupción está en "nuestra cultura". Se trata de un argumento peligroso e intelectualmente poco satisfactorio, pero que, sin embargo, goza de cierto predicamento en algunos círculos -posiblemente los mismos que afirmaban no hace tanto tiempo que la democracia representativa o el capitalismo no tenían espacio en nuestra cultura mediterránea y/o católica. Como un creciente número de estudios está demostrando, la causalidad parece ir en todo caso en la dirección opuesta: los países desarrollan "malas" culturas -o culturas donde predomina la desconfianza social- como consecuencia de unos elevados niveles de corrupción.Para los que estudiamos la corrupción a nivel comparado, la reciente oleada de escándalos en España no representa ninguna sorpresa. Países como Francia, Italia, Portugal o España llevan años mostrando niveles de corrupción y de calidad de gobierno más parecidos a los de países autoritarios en vías de desarrollo que a los propios de democracias capitalistas avanzadas con décadas de pertenencia a la OCDE. ¿Qué factores separan a estos países, y en particular a España, de las democracias libres de corrupción?
Una segunda tentación a evitar es el impulso legalista, con mucho arraigo en España, uno de los países del mundo con una mayor proporción de abogados en sus administraciones. Desde la visión legalista, expuesta, por ejemplo, por el Tribunal de Cuentas en un informe sobre corrupción local, lo que explicaría la misma en España sería "la falta de regulación", que "permite un margen de discrecionalidad, no siempre acorde con la protección del interés público". Pero, ¿alguien puede de veras creer que la solución a la corrupción local consiste en regular todas y cada una de las actividades de estas administraciones?
Sorprende comparar la actitud de nuestro Tribunal de Cuentas con sus equivalentes nórdicos: en ellos, en lugar de artículos con detallados procedimientos, encontramos simplemente alguna presentación de powerpoint señalando que el objetivo es evitar una "deficiente contabilidad", dejando discreción casi absoluta a los auditores públicos sobre cómo llevar a cabo su labor de fiscalización.
Como la literatura moderna sobre corrupción señala, las causas de la corrupción no hay que buscarlas en una "mala cultura" o en una regulación insuficiente, sino en la politización de las instituciones públicas. Las administraciones más proclives a la corrupción son aquéllas con un mayor número de empleados públicos que deben su cargo a un nombramiento político. Y aquí, el contraste entre España y los países europeos con niveles bajos de corrupción es significativo. En una ciudad europea de 100.000 a 500.000 habitantes puede haber, incluyendo al alcalde, dos o tres personas cuyo sueldo depende de que el partido X gane las elecciones. En España, el partido que controla un gobierno local puede nombrar multitud de altos cargos y asesores, y, a la vez, tejer una red de agencias y fundaciones con plena discreción en política de personal. En total, en una ciudad media española puede haber cientos de personas cuyos salarios dependen de que el partido X gane las elecciones.
Esto genera diversos incentivos perversos para la corrupción. Los empleados públicos con un horizonte laboral limitado por la incertidumbre de las próximas elecciones son más propensos a aceptar o a solicitar sobornos a cambio de tratos de favor que los empleados públicos con un contrato estable. En segundo lugar, a diferencia de lo que ocurre en la mayoría del mundo occidental, donde los políticos locales están forzados a tomar decisiones junto a funcionarios que estarían dispuestos a denunciar cualquier sospecha de trato de favor, en España toda la cadena de decisión de una política pública está en manos de personas que comparten un objetivo común: ganar las elecciones. Esto hace que se toleren con más facilidad los comportamientos ilícitos, y que, al haber mucho más en juego en las elecciones, las tentaciones para otorgar tratos de favor a cambio de financiación ilegal para el partido sean también más elevadas.
En general, se trata de buscar mecanismos institucionales para que se seleccionen empleados públicos cuya continuidad en el cargo dependa de su competencia o mérito y no de su lealtad política.
Es importante subrayar que el nivel de competencia de los empleados no es sinónimo de lo que tradicionalmente se interpreta como sistema de mérito en España; es decir, unos funcionarios públicos seleccionados mediante oposiciones y con una plaza "en propiedad" de por vida, con independencia de su rendimiento. La evidencia empírica nos muestra que no es necesario tener una administración repleta de funcionarios para reducir la corrupción. Por ejemplo, los dos países menos corruptos del mundo en 2008, Suecia y Nueva Zelanda, eliminaron hace años el estatus funcionarial para la gran mayoría de sus empleados públicos, que en la actualidad se rigen por la misma legislación laboral que cualquier trabajador del sector privado.
¿Podemos aspirar en España a unas administraciones más flexibles y eficientes y, a la vez, menos corruptas? El principal obstáculo para ello es que aquí el debate público está atrapado entre dos visiones antagónicas e indeseables ambas. Por un lado, los partidos políticos que, amparándose en la rigidez tradicional de la administración pública, han fomentado instituciones que permiten una alta politización de la administración y, por tanto, generan corrupción. Por otro, los representantes de los cuerpos de funcionarios que abogan por el mantenimiento de un sistema de empleados públicos inamovibles. Quien obviamente paga las ineficiencias derivadas de la politización y de la rigidez administrativa son los ciudadanos.
Aunque esta situación parezca irreversible, la experiencia de otros contextos debe infundirnos optimismo. Cuando activistas como Richard Childs -hombre de negocios y promotor de un tipo de gobierno local basado en directivos profesionales como los existentes en el sector privado- iniciaron su improbable lucha contra la politización y la corrupción que asolaban la mayoría de niveles administrativos en Estados Unidos hace ya más de un siglo, se enfrentaron a redes clientelares cuyo poder parecía inexpugnable. Sin embargo, triunfaron porque fueron capaces de movilizar los intereses de aquellos que en última instancia generaban la riqueza del país, convenciéndolos de que ésta se estaba malgastando no con malas políticas públicas, sino con malos políticos, o mejor dicho, con la pervivencia de malas instituciones utilizadas por los políticos para sostener sus redes clientelares. ¿Podrá alguien en España movilizar esos intereses?
Víctor Lapuente Giné es profesor de Ciencia Política en el Quality of Government Institute de la Universidad de Gotemburgo (Suecia). /http://www.transparencia.org.es/
martes, 24 de agosto de 2010
VIRIATO TERROR ROMANORUM
Viriato ( sin fecha conocida - 139 a. C.) fue el principal caudillo de la tribu lusitana que hizo frente a la expansión de Roma en las Guerras Púnicas en el territorio comprendido entre el Duero y el Guadiana, incluyendo aproximadamente lo que hoy es parte de la provincia de Zamora, casi toda la provincia de Salamanca, el territorio occidental de la provincia de Ávila (incluyendo su capital), Extremadura, el occidente de la provincia de Toledo (hasta la zona de Talavera de la Reina, las llamadas Antiguas Tierras de Talavera) y, por último, Portugal (salvo la región entre el Miño y el Duero).
La bibliografia disponíble sobre Viriato no permite determinar cuando ni donde nació. Para una parte de la leyenda popular, Viriato nació en Portugal, sin embargo, esa misma leyenda popular también le sitúa nacido en España. Los partidarios de esta última teoría, tampoco indican con claridad una localidad o paraje, siendo Torrefrades y Guijo de Santa Bárbara, algunas de las localidades mencionadas por la tradición oral española. En Portugal, parece ser que son los Montes Hermínios, actual Serra da Estrela, la opción más extendida.
La mayor parte de su vida, y de sus campañas guerreras, forma parte de la leyenda tejida en torno a su persona. Se le considera el primer héroe portugués, de los Lusitanos, aunque también lo es en España, dado que lideró una confederación, proclamada, de tribus ibéricas. La única referencia de su tribu nativa está en Diodoro Sículo, que la sitúa en la costa lusitana [cita requerida]. Los romanos lo acabaron reconociendo como dux lusitanorum (líder de los lusitanos).
Tito Livio le describe como un pastor que se hizo cazador y soldado. Para Apiano, fue uno de los guerreros que escapó de la encerrona del cónsul Galba a la flor de la juventud lusitana descrita más adelante. Según Apiano durante los siete años que comandó las tribus lusitanas no hubo un solo caso de indisciplina, lo que nos ofrece una imagen de Viriato de líder justo y fiel a la palabra dada.
http://es.wikipedia.org/wiki/Viriato
http://www.segundarepublica.com/index.php?opcion=2&id=22
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