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jueves, 11 de diciembre de 2014

LA EUROPA OPACA



"Lobbies" financieros gobiernan en Europa

En Europa y Estados Unidos, los gobiernos hacen lo que los lobbies financieros les mandan, asegura el doctor en derecho Juan Hernández Vigueras. La prueba más evidente, señala en entrevista, es que aunque la banca generó la crisis económica, ésta no sólo fue rescatada con dinero público, sino que se erigió en prestamista de las propias administraciones públicas: “De bancos en quiebra hemos pasado a Estados muy endeudados”. El autor del libro La Europa opaca de las finanzas explica que los paraísos fiscales están vinculados a la llamada banca en la sombra (shadow banking): ahí se incluyen todas las operaciones que la banca realiza a espaldas de los bancos centrales de cada país
Madrid, España. Los gobiernos tanto en Europa como en América son los gestores de los intereses financieros gracias al poder que han amasado sus lobbies, afirma el doctor Juan Hernández Vigueras, experto en desregulación de los mercados financieros globalizados y los paraísos fiscales.
En entrevista con Contralínea, el autor de libros como La Europa opaca de las finanzas, El casino que nos gobierna y Los lobbies financieros. Tentáculos del poder refiere que los gobiernos terminan haciendo lo que los mercados financieros les mandan.
La influencia que ejercen los lobbies financieros, la gran banca y las grandes corporaciones sobre las decisiones de los órganos legislativos y sobre los gobiernos y las agencias en Estados Unidos y en Europa es innegable. El rescate de los bancos con dinero público, aun cuando se trataba de los responsables únicos de la crisis de 2007, es el más claro ejemplo de ello, indica.
El también autor del libro Los paraísos fiscales. Cómo los centros offshore socavan las democracias refiere que el resultado final de esa influencia, que es en sí mismo el objetivo básico de todos los lobbies –aparte de la defensa puntual de los intereses en un momento determinado–, es mantener la carencia de regulación y de supervisión en los flujos financieros internacionales.
—¿Los gobiernos no están limitando ese poder de la banca?
—No, todo lo contrario. La historia europea reciente, la crisis europea que sucedió más tarde de la que se generó en 2007 en Wall Stret, pues lo ha demostrado. En las conclusiones de mi último libro [Los lobbies financieros. Tentáculos del poder], documento que los gobiernos terminan siendo gestores de los intereses financieros. La prueba más evidente es que, aunque la crisis la generó la banca en todos los países, los contribuyentes han ayudado a que los bancos salgan de los apuros y a continuación los bancos se han erigido en prestamistas de los gobiernos; con lo cual, de bancos que estaban prácticamente en quiebra hemos pasado a Estados muy endeudados, que es lo que ha ocurrido de manera muy evidente en Europa. Lo que es más grave es que el sistema desregulado, es decir sin reglas y sin control, hoy es mucho más fuerte de lo que era hace 4 o 5 años, con la gran paradoja de que habiendo logrado una gran liquidez eso no se traduce en crédito a las empresas y al consumo, de manera que se creen riqueza y empleo. El problema de España es el problema de Europa y de gran parte del mundo, porque continuamente la información financiera internacional te habla de la reducción del crédito. Cuando hablo de crédito me refiero al sector productivo, a las empresas, porque las grandes empresas tienen autonomía financiera.
La falta de regulación también abarca el tema del lavado de dinero. Al respecto, el doctor Hernández Vigueras indica que esta problemática arranca desde el momento en que el movimiento internacional de capitales, de fondos, está más que consolidado con un principio intocable admitido por el Fondo Monetario Internacional, y que es la regulación que en realidad no regula nada.
“No controlan esos movimientos, lo cual supone que en los mecanismos establecidos no se distingue el dinero que es ilegal. Y por tanto sigue existiendo como existía hace algún tiempo, y ahí es donde cumplen un gran papel los llamados paraísos fiscales. El problema básico es que el sistema financiero internacional y algunos sistemas locales se basan en un principio, en una práctica consolidada, que es la opacidad. Se sabe muy poco: no hay el control necesario.”
Al referirse a los paraísos fiscales, el especialista en el tema considera éstos se incluyen en un nuevo concepto que surgió con la crisis: shadow banking o banca en la sombra, que engloba todas las operaciones que la banca (sea mexicana o española) realiza al margen del banco central.
“Los bancos en general realizan una serie de operaciones que el banco central no supervisa, no regula y no controla. Eso es algo que, paradójicamente, después de la crisis ha crecido.”
Al abordar el tema del blanqueo de capitales, Hernández Vigueras comenta que hay operaciones de la banca que son públicas, pero que son muy dudosas. “En el caso de España, se ha dicho [en los medios] que el banco Santander o el BBVA han adquirido una filial en México, en Perú, en Rusia o donde sea, y nadie explica cómo se han efectuado los pagos. Y qué ocurre, pues que esos pagos se han hecho de manera opaca a través de una filial en Islas Caimán o en algún otro sitio, como las Islas Británicas o los centros financieros del Caribe”.
Para el escritor, la raíz del tema del lavado de dinero también es la falta de control de los flujos financieros: hay negocios que, al ser ilegales, todos los recursos que generan son ilegales. Éstos se aprovechan de toda la opacidad que ofrece el sistema financiero para que ese dinero que tiene un origen ilegal se convierta en legal”.
El doctor en derecho señala que el blanqueo de capitales no sólo afecta a las empresas sino también incluye la corrupción política y de los funcionarios, los sobornos: el mecanismo casi siempre es el mismo, indica: crean entidades, sociedades ficticias con residencia en Lichsteintein, en Luxemburgo, en Suiza o en los distintos enclaves que se consideran paraísos fiscales. “La raíz fundamental de todo eso es que se acepta como normal: hay una doble moral”.
Nadie parece escapar de ello. Incluso las grandes empresas que se supone que cumplen con la legalidad utilizan los paraísos fiscales para triangular sus ingresos. Como ejemplo de ello, Hernández Vigueras indica que el 60 por ciento de las empresas españolas que forman parte del IBEX 35 –es decir, que cotizan en bolsa– habían aumentado sus sociedades en paraísos fiscales en el periodo de crisis, de 2007 a 2011.
“La gran paradoja es que precisamente en los años de la crisis, cuando más problemas económicos tenían y una menor actividad, las grandes empresas españolas habían aumentado las filiales. Para qué, para hacer actividades de diverso tipo: fuese de lavado de capitales, fuese para defraudar, para no pagar impuestos, etcétera.”
Esto tampoco es ajeno a Estados Unidos, donde aproximadamente el 80 por ciento de las compañías que cotizan en bolsa tienen filiales en jurisdicciones consideradas como paraísos fiscales, es decir, en los centros financieros off shore.
—¿España adolece de regulación?
—España y toda Europa, porque la regulación financiera en todos los países de la Unión Europea está centralizada. Si se aprueba una directiva, ésa se traslada a una ley nacional. [Por ello] los escándalos también se han dado últimamente en Alemania, con Siemens y otras grandes corporaciones; ésos tienen su origen en esa regulación tan laxa que existe. Pero es general porque va unido al tema financiero. Cuando empecé mis investigaciones de este tipo de los paraísos fiscales y del blanqueo de capitales encontré que la raíz es el propio sistema financiero a nivel internacional y a nivel de cada país, porque desde el momento en que los movimientos de capitales son libres, y no se pueden intervenir, no existe un sistema financiero mexicano, ni un sistema financiero español ni uno europeo, porque cuando un gobierno pretende establecer controles más serios o elevar la tributación de las grandes empresas pues las inversiones se marchan a otros países, con lo cual el sistema es el que condiciona las políticas económicas de los países.
Fuente                                 Nancy Flores
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miércoles, 10 de diciembre de 2014

DISCURSO DE VLADIMIR PUTIN



El estadista: Putin marca la diferencia en su discurso anual a la Asamblea rusa
No ha sido un discurso más. Ha sido el discurso del año. Un discurso que todos esperaban con avidez tras un año convulso para Rusia. No hemos asistido a un discurso frío lleno de palabras vacías y buenas voluntades, sino que por el contrario, ha sido un discurso político bien estructurado, con explicaciones, identificación de problemas y algún que otro aviso a navegantes. En definitiva, toda una declaración política de intenciones, acompañada de un esbozo de diversas actuaciones que se van a implementar en breve.
Tocó todos los palos de la baraja: economía, ecología, educación, sanidad, defensa, y por encima de todo, el bienestar y el desarrollo de la población rusa. Hemos oído a un presidente ruso hablando con total sinceridad, desde lo profundo de su corazón, sobre los problemas que atañen al ciudadano de a pié y a su patria. Es envidiable oír hablar al Presidente de un país sobre los retos y tareas que se debieran afrontar en los próximos 15 años para continuar la senda de crecimiento y progreso del país, máxime, cuando en España, y en casi toda Europa occidental, estamos acostumbrados al cortoplacismo cainita y oportunista.
Comenzó Putin abordando la situación en Crimea y en el este de Ucrania, señalando la hipocresía de EEUU y de la Unión Europea, quienes han llevado a Ucrania a un callejón sin salida, sin aportar soluciones, y sin preocuparles lo más mínimo la suerte del pueblo ucraniano. Esto pone en evidencia los oscuros y espurios intereses tras este plan de desestabilización iniciado hace un año con el Golpe de Estado del Euromaidan en Kiev.
Toda esta situación se ha utilizado como una excusa para cercenar y atacar a Rusia. Si no hubiera sido por este motivo, se hubiera encontrado otro (como se hizo con el absurdo boicot a los Juegos Olímpicos de Sochi 2014), pero el objetivo último, ha sido acorralar y aislar a la Federación Rusa, romper las buenas relaciones económicas y políticas entre la UE y Rusia, e intentar debilitar y fragmentar la nación más grande del mundo del mismo modo que se hizo con Yugoslavia.
Esto es por ejemplo lo que se está intentando hacer  con las sanciones antirusas, contraviniendo las buenas prácticas del libre comercio internacional, y que además, en una economía tan globalizada e interconectada como la actual, son a la larga perjudiciales para todas las partes implicadas. Prueba de ello es la recesión a la que se encamina nuevamente la Unión Europea, motivada en buena medida por el efecto boomerang de su política rusófoba.
Como respuesta, el Gobierno de Vladimir Putin ha planteado una serie de políticas destinadas a combatir a los especuladores financieros, y a la dinamización económica y el apoyo a la inversión, con un paquete de ayudas fiscales, y una amnistía única a capitales evadidos, como forma adicional de reforzar el rublo y las finanzas públicas. En este sentido, el Presidente ruso presentó diversos programas de inversión pública en varios ámbitos, destacando por un lado el mayor control a realizar sobre cualquier gasto público, ya sea de manera directa o mediante empresas públicas; y por otro, la necesaria inversión en educación y sanidad infantil. Rusia empezó el año con 144 millones de habitantes, y quiere seguir potenciando su demografía, con el apoyo a las familias, y con medidas tendentes a recuperar población emigrada en el pasado, sobre todo aquella más preparada.
Rusia está fomentando las relaciones comerciales con grandes zonas económicas de América, África y Asia de manera pacífica, y no busca ningún conflicto ni dominación, si no un modelo de relaciones multilaterales y desarrollo económico justo y equilibrado entre naciones. Dicho esto, la Rusia de hoy no es la Rusia sumida en la pobreza y dominada de hace dos décadas, si no que es una nación fuerte, orgullosa, y segura de sí misma, que en su día se defendió exitosamente de los ataques de las potencias más fuertes de la época, y como la historia es cíclica, seguirá invirtiendo cuanto sea necesario para mantener a un ejército potente que garantice su soberanía e independencia.

Fuente                             Jesús Domínguez
elespiadigita                                           Economista

martes, 9 de diciembre de 2014

EL FRENTE RUSO




Españolitos contra soviets
Lidia (superviviente del cerco a Leningrado) pregunta a su nieta si en España se celebra el fin de la 2ª Guerra Mundial, ya que para ella el 8 de mayo es una fecha muy importante. La nieta, sorprendida por la demanda, le responde que el país ibérico no participó en los combates, y que por lo tanto no entiende que celebren nada.
“Pues sí, es lógico que no lo celebren, pero exactamente por lo contrario, porque lucharon con los fascistas”. La nieta, turbada, le explica a su abuela que en los libros de la escuela no aparece nada de eso. “Porque después cambiaron de bando, pero yo recuerdo perfectamente a los soldados españoles. Escucha, cuando nos evacuaron de Leningrado caímos en manos de las fuerzas fascistas, y de entre todos los soldados, rumanos, alemanes, bálticos… los españoles eran los más simpáticos ¡una vez incluso nos dieron caramelos!”, recuerda

Y así fue. Soldados españoles participaron en la 2ª Guerra Mundial en las listas de la División Azul, una unidad de “voluntarios” que se integró en la Wehrmacht y juró obediencia al Fuhrer. La 250, también conocida como Blaue Division o Einheit Spanischer Freiwilliger, luchó principalmente en Bielorrusia y en la región de Leningrado, el lago Ladoga, Riga y Nóvgorod.
Los combates no fueron una guerra de caramelos, bizcochos y confeti; como relataba Luis García Berlanga con tanta gracia en su biografía, los soldados tenían que perseguir gallinas para poder comer, sufrían un frío carnívoro y cambiaban la letra a canciones patríoticas alemanas por otras más banales y escatológicas.
Este verano se cumplen 70 años de la creación de dicha unidad de combate, compuesta por voluntarios y con la que Franco quería legitimar sus aspiraciones de incorporar Gibraltar y las posesiones francesas en el norte de África. No obstante, muchos claroscuros siguen rodeando la creación, mandato y disolución de la División Azul, por lo que coincidiendo con el 70 aniversario se prepara una película de Gerardo Herrero con Carmelo Gómez y Juan Diego Botto, “Sangre en la nieve”, y se han publicado, además, tres estupendos libros sobre los españolitos que lucharon contra los soviets junto a las tropas Nazis.
- “La División Azul. Rusia, 1941-1944”, (Editorial RBA). Libro en el que el periodista e historiador Jorge M. Reverte analiza cómo se creó y por qué se alistaron los voluntarios.
- “Añoranza de guerra” (La esfera de los libros). Novela del escritor Blanco Corredoira en la que refleja cómo fue la vida en el frente y qué ocurrió con los soldados que cayeron en manos bolcheviques.
- “La división azul. Estructura de una fuerza de combate” (Galland Books). Ensayo histórico-militar del especialista Carlos Caballero Jurado, en el que repasa las batallas más importantes en las que participó la División Azul y explica cómo se integró en la Wehrmacht. Todos estos libros ahondan en cuestiones no resueltas sobre la División Azul, un tema que se volvió escabroso e incómodo para el régimen franquista. “Aun quedan muchas cosas sin respuesta -reconoce Jorge M. Reverte- sobre todo los sentimientos que se trajeron escondidos después de haber visto la barbarie de los nazis. Porque, aunque ellos no participaron en las matanzas, eran los aliados del ejército criminal que estaba arrasando Rusia”.
Entre esos “voluntarios” estaba además su padre, por lo que esta investigación adquirió un carácter muy personal para él. De hecho, fue “el intento de comprender qué llevó a casi 50 mil hombres a luchar a seis mil kilómetros de casa, tras una guerra civil de tres años” lo que más le motivó duranté la escritura del libro.
Pero también hay otras razones que hacen atractivo el tema, como la fascinación por aventuras en tierras lejanas: "Ya de pequeño me sentía impresionado cuando conocía a algún señor del que me decían que había estado en Rusia; que había ido a luchar a Rusia. El simple nombre es muy evocador”, comparte el escritor Blanco Corredoira.
El nombre de División Azul se lo puso el falangista José Luís Arrese y los primeros 18 mil soldados partieron de Madrid en julio de 1941, con temperaturas de 40º y hacinados en vagones para ganado. Al llegar a la frontera francesa les asearon, les entregaron el uniforme nazi y los enviaron en un tren de pasajeros al campo de entrenamiento de Grafenwöhr, al norte de Múnich, donde los voluntarios aprendieron a utilizar el armamento alemán y juraron lealtad a Hitler.
"Voluntario alegre, que a Rusia te vas, con rancho de hierro para caminar" iban cantando. El 50% de los voluntarios eran en realidad militares de carrera en busca de gloria y ascensos. En el resto de destacados se mezclaban falangistas, estudiantes universitarios y jornaleros sin recursos. Así mismo, las motivaciones para el alistamiento también eran muy dispares, ya que iban desde el anticomunismo, la necesidad de demostrar lealtad al régimen franquista, la pobreza o el querer impresionar a una novia, como relató el recientemente desaparecido Luis García Berlanga.
"En los últimos días de Junio de 1941 muchos españoles creyeron que alistándose en la División Azul participarían de la gloria de armas que suponía ayudar a acabar con el comunismo. En aquel comienzo de la guerra del este todos creyeron que los ejércitos alemanes desfilarían en unas semanas en la Plaza Roja de Moscú. También es cierto que dentro de un contingente de 47.000 soldados (este es el número aproximado de los que fueron a Rusia en sucesivos reemplazos) hubo muy diversas motivaciones personales: la voluntad de hacer carrera; el escapar del hambre; el ánimo de aventura; el deseo de ganarse una acreditación ideológica para aquellos que habían hecho la guerra española en el bando republicano... De todo hubo. Pero en un primer momento el ideal esencial era el anticomunismo que tanto había crecido a raíz de la guerra civil española”, nos explica Blanco Corredoira.
Mejor morir de un tiro en el frente que de hambre
No todos habían hecho la guerra. Iban a probarse y no intuían lo duro que podía ser el combate. El idealismo, la miseria y el hacerse perdonar tras haber luchado por la república están detrás de la decisión de ir al frente según Jorge M. Reverte, quien recalca la dureza de la guerra y las penalidades que pasaron los soldados de la División Azul, y recuerda que la idea de creación surgió en una reunión mantenida en el hotel Ritz de Madrid por Serrano Suñer, ministro de exteriores, y los falangistas Dionisio Ridruejo y Mora Figueroa. El ejército Nazi aun parecía imparable en el 41 y los voluntarios pensaban que en seguida llegarían a Moscú y volverían triunfantes y entre aplausos a España. Sin embargo fueron destinados al frente de Leningrado y en lugar de los tres meses previstos estuvieron tres años. 

"Los voluntarios creían que iban a acabar con el comunismo y se encontraron con que el objetivo era tomar un gran territorio con el que expandir Alemania, convertir en esclavos a los sub-humanos que pensaban que eran los rusos y liquidar a los judíos, primero uno a uno y más tarde en los campos de concentración. Eso ellos no lo vieron, evidentemente, pero tuvieron suficientes indicios para ver qué se estaba haciendo. Asistieron como invitados de segunda clase a una de las mayores canalladas de la historia de la Humanidad”, añade Reverte.
Pero la ayuda del gobierno franquista a Hitler resultó ser cada vez más incómoda y difícil de explicar diplomáticamente, sobre todo una vez que la Alemania Nazi empezó a perder batallas (Stalingrado y Leningrado). Así, a los primeros combatientes que vinieron tras el reemplazo se les recibió como a héroes, mientras que los últimos fueron casi escondidos. Jorge M. Reverte lo explica de esta forma: "Al principio, en 1941, la prensa hablaba de los voluntarios como los grandes héroes que iban a ayudar a liquidar al comunismo (al que identificaban con Rusia y el judaísmo). Luego, según el resultado de la guerra se fue volviendo favorable a Rusia y sus aliados, la prensa casi dejó de hablar de los voluntarios”.
Durante dos años la División Azul contribuyó al cerco de Leningrado. No obtuvo ninguna gran victoria, y su actuación militar se limitó a pequeños combates locales y a una épica defensa de la posición alemana en Krasni-Bor, en la que la unidad española registró más de mil doscientos muertos, cuatro cientos prisioneros y otros mil heridos en un sólo día: el 10 de febrero de 1943.
Fue también en 1943 cuando el gobierno español decidió disolver la División Azul. Franco entendió que la supervivencia del régimen pasaba por distanciarse de Hitler, ya que el rumbo de la guerra había cambiado y la derrota nazi parecía cada vez más probable. Los aliados ya habían empezado a presionar en Madrid para la retirada de la División Azul, a través del embajador norte-americano y del británico. Así, el 24 de septiembre se aprobó en el consejo de ministros la disolución de la unidad de voluntarios, y una semana más tarde Hitler accedió a la repatriación escalonada de los soldados españoles. Aun así, unos 2 mil combatientes se negaron a volver a España y continuaron luchando junto a los nazis en una nueva unidad llamada ”Legión Azul”.
En total, 47 mil soldados lucharon en las filas de la División Azul; de entre ellos murieron unos 5 mil, 8 mil fueron heridos y 372 acabaron en GULAGs soviéticos, siendo obligados a trabajos forzados. De los supervivientes, 219 fueron repatriados a Barcelona desde Odessa el 2 de abril de 1954, mientras que cerca de 80 prefirieron quedarse en la ciudad ucraniana de Krasnopole. La mitad de los voluntarios que cayeron en combate fueron enterrados en la zona, al resto simplemente se les dio por desaparecidos. A la ferocidad del ejército rojo, hay que añadir la falta de ropa de abrigo adecuada y la temeridad del general español al mando, Muñoz Grandes, quien pretendía ganarse el respeto alemán a base de bajas.
El escritor Blanco Corredoira comenta para Rusia Hoy en qué condiciones estuvieron recluidos en Rusia los soldados de la División Azul; ”Los prisioneros españoles fueron sometidos por el régimen de Stalin a un trato muy singular: por un lado se les mantuvo incomunicados con España. Fueron de los pocos prisioneros de guerra que no pudieron mandar ni recibir cartas de los suyos. Pero se les mantuvo relativamente agrupados, de forma que no cayeron en manos de los blatnoi y otras bandas de hampones. Casi siempre en lagers o campos de trabajo para prisioneros de guerra. Llegaron, eso sí, a convivir con "los otros españoles", los prisioneros republicanos españoles (aviadores, marinos, niños de la guerra española) que habían caído en desgracia y eran perseguidos por el régimen. Juntos, los españoles, hicieron causa común. Protagonizaron sonadas huelgas de hambre, como en Borovichi en 1951. Se les retuvo en la Unión Soviética más tiempo del admisible. Sólo a partir de la muerte de Stalin se suavizó el trato y se agilizó la repatriación”.
Y añade Corredoira: ”La vuelta a España tuvo el carácter de una resurrección. Las imágenes de la llegada al puerto de Barcelona en el barco fletado por la Cruz Roja, el Semíramis, son muy emocionantes porque muchos de aquellos hombres habían sido dados por muertos. El recibimiento fue espectacular, pero luego tuvieron que rehacer su vida. Se encontraron una España muy mejorada pero que ya estaba en la órbita de los Estados Unidos. El régimen no hizo gestos que pudieran incomodar a los nuevos aliados. Y, en general, aquellos hombres no quisieron hablar de la guerra, trataron de olvidar”.
Empatía hispano-rusa
No obstante, resulta curioso que la mayoría de los historiadores coincidan en el fácil entendimiento entre españoles y rusos, y eso a pesar de las penurias y de encontrarse en una guerra tan cruenta

En este sentido Jorge M. Reverte explica que "la impresión humana fue muy positiva. Todos volvieron hablando de los campesinos rusos (sólo conocieron a campesinos) como gentes maravillosas, aunque ignorantes. Les impresionaban las condiciones de vida en esos lugares que pasaban tantos meses enterrados bajo la nieve. Les impresionaba mucho el arte bizantino de las iglesias ortodoxas. Novgorod, las cúpulas de su catedral... Y les impresionó de una forma brutal los palacios de los alrededores de Leningrado. El paisaje, sin montañas, de los inmensos bosques y lagos les acababa por parecer monótono”. 

También Blanco Corredoira es de esta opinión, y recuerda que ”hay cientos de libros de memorias. Ello evidencia que la experiencia impresionó mucho a los españoles. La enormidad del paisaje; el incomensurable rigor del invierno; la profundidad de sus bosques...; la dureza y pobreza de la vida rural en Rusia; la belleza de su música; la bondad de sus gentes; el carácter pacífico de los prisioneros soviéticos; la fácil convivencia con la población rusa. En su mayoría mujeres, ya que muchos hombres estaban movilizados. Puedo asegurar que el español llegó a amar al pueblo ruso. Existe una atracción, un respeto y un cariño que se mantiene. Creo sinceramente que somos los dos polos y refugios sentimentales de Europa, y como tal nos atraemos”.
Para más información tenemos los tres libros recomendados y una sala en el Museo del Ejército español, recientemente abierto en el Alcázar de Toledo.
Para la División Azul también se compuso una canción, con letra de Agustín de Foxá y José María Alfaro, y música de Juan Tellería. El himno fue interpretado por primera vez en el Teatro Calderón de Madrid el 8 de diciembre de 1941.
Con mi canción
 la gloria va

por los caminos del adiós, 

que en Rusia están

los camaradas de mi División.
Cielo azul

a la estepa desde España llevaré, 

se fundirá la nieve 

al avanzar, mi capitán.
Vuelvan por mi

el martillo al taller, 

la hoz al trigal. 

Brillen al sol 

las flechas en el haz

para ti,

que mi vuelta alborozada has de esperar 

entre el clamor 

del clarín inmortal.
En la distancia queda

gozo del hogar 

con aires de campanas, 

vuelo de la paz.
Resuenan los tambores; 

Europa rompe albores, 

aligerando nubes

con nuestro caminar.
Con humo de combate 

yo retornaré, 

con cantos y paisajes

que de allí traeré.
Avanzando voy; 

para un mundo sombrío

llevamos el sol; 

avanzando voy 

para un cielo vacío 

llevamos a Dios.

Fuente                                                                Francisco Martínez
rbth.com

lunes, 8 de diciembre de 2014

¿ALIANZA FRANCO-RUSA?



«¡Viva Francia, Viva Rusia!», exclamó entre ovaciones el vicepresidente de la Duma 
En el XV Congreso del Frente Nacional (FN) se habla mucho de Francia, pero otro país ha conseguido hacerse un hueco en casi todas las conversaciones: la Rusia de Vladimir Putin.
Pongámonos futuristas. (¿Utópicos?... Tampoco tanto.) Pensemos en una victoria electoral del Front National  que le brinde el poder “democráticamente” a Marine Le Pen en la vecina Francia. Pensemos también –soñar de momento es gratis– que, ¡por fin!, el FN (a ver cuándo le cambian el nombre), además del eslogan “ni de izquierdas, ni de derechas”, asume las principales tesis político-ideológicas elaboradas durante los últimos cuarenta años por la Nouvelle Droite.
¿Existiría, entonces, una alianza franco-rusa que acabase con la hegemonía económico-financiera alemana y expulsase a los anglosajones junto a sus amigos norteamericanos, poniendo fin al histórico fracaso de la Unión Europea y abriendo una nueva era multipolar cuyos principales actores serían el imperio angloamericano, el interrogante asiático y una Europa guiada por la coalición franco-rusa? ¿Se imaginan, queridos lectores, cómo podría cambiar la meta-geo-política con una Francia de Marine Le Pen que se inspirase, así fuera de lejos, en las ideas de Alain de Benoist, y que estuviera aliada a una Rusia de Vladimir Putin, asesorada por Alexander Dugin? Pues esa posibilidad, en las actuales circunstancias, no es tan descabellada.
Dicho lo cual, pasemos a ver lo que nos cuentan que aconteció en el reciente Congreso del Front National clausurado el pasado domingo en Lyon.
Nota de la Redacción
En el XV Congreso del Frente Nacional (FN) se habla mucho de Francia, como no puede extrañar en un partido ultranacionalista [¡la dichosa manía de confundir "afán nacional" y "ultranacionalismo"!...; en fin, dejémoslo. N. de la Red.], pero otro país ha conseguido hacerse un hueco en casi todas las conversaciones: la Rusia de Vladimir Putin. Los guiños –recíprocos– de la dinastía Le Pen hacia el presidente ruso no son nuevos, pero conocen días de vino y rosas en el momento en que la presión occidental hacia Moscú se hace más fuerte. El partido de Marine Le Pen acaba de obtener un préstamo del banco ruso First CZech Russian Bank de nueve millones de euros, que según algunos medios franceses alcanza hasta los cuarenta millones, un extremo que el FN ha negado [¡Regocijémonos! Al final habrá servido de algo "el oro de Moscú" que los rojos entregaron, efectivamente, a los soviéticos; supondiendo, claro está, que éstos hubieran dejado una sola onza en las arcas. N. de la Red.]. El Frente Nacional asegura que recurrió a Rusia ante el rechazo de todas las entidades bancarias francesas y europeas para financiar su partido.
Más allá del crédito, la evidencia de que la ultraderecha francesa apuesta por Putin y su modelo, frente a la vigente democracia liberal, quedó de manifiesto a lo largo de toda la jornada. Por si hubiera dudas, el mandatario ruso envió a Lyon al vicepresidente de la Duma, Andrei Isayev, para respaldar a Le Pen, ante una audiencia que asistió impertérrita pero disciplinada a un discurso en ruso, que sólo rompió al final para entonar en francés: “¡Viva Francia, viva Rusia, viva la amistad franco-rusa!”. Grandes aplausos.
Cuestionada de forma recurrente por sus vínculos moscovitas, Marine Le Pen no ocultó su sintonía con Putin y criticó al gobierno de su país por congelar sine die la entrega de dos buques de guerra Mistral a Rusia a causa de la crisis ucraniana.
Tampoco se olvidó Le Pen de criticar la guerra de sanciones entre la Unión Europea y Rusia, ni de recordar a las víctimas del conflicto en las regiones secesionistas de Ucrania. Pero esta defensa de los intereses rusos, a contrapelo de la posición oficial de su país, se quedó corta frente a las flores que lanzó después a la gestión de Putin como presidente:
“Ya dije hace tiempo que sentía admiración por Putin, porque consiguió meter en cintura a los oligarcas que durante diez largos años saquearon de forma consciente las riquezas rusas.”
El nacionalismo económico de Putin también sirve de espejo para el Frente Nacional, “un modelo patriota que contiene parte del programa que querríamos aplicar en nuestro país”, sentenció Marine Le Pen.
Fuente                                         Enrique Rubio

domingo, 7 de diciembre de 2014

AUDITORÍA DE LA DEUDA PÚBLICA

La deuda es un arma política

Se cierne ante nuestras endeudadas narices un ejemplo de deuda ilegítima de libro. Parece hecho para que aprendamos. Una deuda que en opinión de muchas personas no deberíamos pagar. Un caso que además se va a replicar sistemáticamente en la UE si se toman en cuenta las declaraciones de Juncker de movilizar 300.000 millones de euros para megainfraestructuras. Se trata del Proyecto Castor, un megaproyecto gasístico que cargará a los consumidores cautivos del sistema energético con unos 4.000 grandes millones de euros de sobrecoste.  Y todo ello a cambio de nada. Durante los próximos 30 años, estos gases de la Casta nos saldrán muy caros, si es que para entonces todavía fluye gas. Hasta hace poco, este tipo de dislate podía quedar silenciado por el crecimiento de la actividad económica y de los créditos piramidales. Tras el estallido de la burbuja inmobiliaria, sin embargo, comienzan a hacerse visibles y nos obligan a realizar una reflexión global sobre un posible no pago de la deuda.

Primera cuestión: ¿debemos tener miedo a no pagar? No si la deuda se trata desde una perspectiva política y no simplemente economicista. A lo largo de la historia se ha demostrado que la deuda es esencialmente poder, que a menudo conlleva sumisión, extorsión individual y colectiva e incluso esclavitud. Unos se endeudan y se enriquecen. Otros pagan y obedecen.
La deuda y el crédito dentro de unos márgenes de sostenibilidad pueden resultar saludables y necesarios. No obstante, cuando se superan esos márgenes como ha sucedido en el caso griego o español y se justifica la minimización de las garantías de Estado a costa del bienestar de la población, entonces el problema ya no es sólo económico. Es sobre todo político, social y moral. Al implicar directamente la extorsión a la ciudadanía, el pago de la deuda deviene ilegítimo. Esta ilegitimidad dobla su dosis cuando ha sido contraída mediante estafa a cuenta de todos. La casta, la “oligarquía vampira” instalada en los gobiernos puede perdonar 3.000 millones de euros a las eléctricas por olvido. O puede salvar cajas saqueadas con más 60.000 millones de euros que no irán a gasto social, sin que nadie acabe juzgado y en prisión.
El Florentinismo o el Gurtelismo no son algo nuevo. Como describe el antropólogo David Graëber en un célebre libro, el endeudamiento entre civilizaciones tiene más de 5000 años. Algunos movimientos políticos en América Latina y África entendieron bien de qué se trataba tras las dos décadas perdidas de los 80 y los 90. Y algunos de sus líderes, como Thomas Sankara, lo enfrentaron y lo pagaron con su vida.
Algo parecido sucede con las personas endeudadas cuando toman un crédito o se las induce a hipotecarse ante un escenario futuro que se tuerce de repente. Es el caso de los desahuciados (en la primera mitad del 2014 perdieron su casa en favor de la banca 26.500 familias españolas), o de aquellos a quienes las compañías eléctricas cortan el suministro de luz y gas al no poder pagar la factura. Una sociedad endeudada es más sumisa y tiene la necesidad de trabajar más para poder saldar su deuda ¿Es esto lo que queremos?
En su momento, muchos países del Sur se vieron obligados por los acontecimientos a pensar la deuda como algo político. Esto les permitió alumbrar una doctrina original y emancipatoria como la de la deuda ilegítima. Como bien recuerda la Plataforma por la Auditoría Ciudadana de la Deuda, la deuda ilegítima seria aquella que no hay que pagar porque procede de préstamos concedidos y gestionados de forma irregular; porque fue concebida para financiar operaciones ilícitas y porque atenta contra la dignidad de la vida de los ciudadano/as y pone en peligro la convivencia pacífica entre los pueblos. Esto no significa que ninguna deuda deba pagarse. En realidad, pueden distinguirse múltiples tipos de deudas que resultan ilegítimas: las deudas generadas por la opresión y  la guerra, características de regímenes autoritarios; y aquellas que tienen su origen en la corrupción, en la actuación de las élites, en las políticas de rescate y en operaciones fraudulentas, todas ellas clave para entender el endeudamiento en el caso español. La jurista Laura Ramos y el Observatori del Deute en la Globalitzaciólas analizan y ejemplifican en el libro “Los crímenes de la deuda”.
Ciertamente, hoy está extendida la idea de que el impago de la deuda imposibilitará la obtención de nuevos créditos y, por lo tanto, nuevas operaciones comerciales. Se asegura que se produciría una suerte de cuarentena institucional, como la que afectó a Alan García en el Perú de los años ochenta. Financieramente, todo esto es discutible. Ahora bien, el problema de la deuda tampoco puede acotarse a una mera cuestión de solvencia y de acceso a crédito sin comprender la sumisión política que comporta respecto a los acreedores. En el Estado español, esta sumisión llevó al PSOE y al PP a pactar en 2011 una reforma de la hasta entonces sagrada Constitución de 1978 para obligar a los Gobiernos sucesivos a establecer un techo máximo en el endeudamiento estatal. El aliento procedía de Merkel y la Troika, corresponsables directos de la deuda española. Y ofrecía una coartada perfecta para recortar el gasto social y adecuarlo al techo constitucionalmente establecido.
Ante este despropósito generalizado, el pago de la deuda se convierte en un problema político, que debe resolverse políticamente. Esto tiene como mínimo dos implicaciones. La primera, comunicativa, es que el marco cognitivo (el frame,según Lackoff) que debe activarse es el político, dejando el económico en segundo término. La segunda implicación es ética y normativa, y es que para bien de la sociedad, no debe pagarse las deudas ilegítimas contraídas para engorde de cualquier suerte de Casta. Nosotro/as debemos pagar sólo nuestras deudas. Las demás no son nuestras y deben restituirlas quienes las contrajeron para enriquecerse o por propia incompetencia.
Que nuevos movimientos políticos que están despertando esperanza entre la población como Guanyem, Podemos o las CUP adopten esta perspectiva sería un gran paso adelante. Que debería colocarnos en el camino de una Auditoría Ciudadana con respaldo público, como hiciera la CAIC en el Ecuador. El objetivo de esta Auditoría sería desempaquetar lo empaquetado para destilar lo que debe ser pagado de lo que no. Que el sistema asigne los riesgos y responsabilidades correctamente, de modo que la economía, la casa en que vivimos, pueda funcionar razonablemente. Si un fondo alemán prestó irresponsablemente a la cúpula de Bankia, a Catalunya Caixa o al señor Florentino Pérez, que se las arreglen. Además, la película no va de países, va de clases sociales y grupos de interés. Nosotro/as debemos seguir saneado/as y asumir solo las responsabilidades que nos correspondan. Una sociedad instalada en la sistemática impunidad de los de arriba, será una sociedad herida, desigual, disfuncional y fracasada. Hoy la prioridad política debe ser desarmar la deuda. Desarmarla con un proceso generalizado, democrático y transparente de auditoría.
Fuente                                David Llistar