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jueves, 11 de septiembre de 2014

IN ILLO TÉMPORE


Amistad y traición
En tiempos pretéritos, cuando a muchos jóvenes además de conocimientos, nos enseñaban valores, se nos decía que un caballero es quien hace, no lo que quiere, sino lo que debe hacer. 

Cuando la cultura se va ampliando con los años, gracias a la influencia de aquellos valores, descubrimos autores que perecieran continuar ofreciéndonos aquellas enseñanzas. Así pudimos leer un buen día a alguien tan lejano en el espacio y el tiempo, pero tan cercano en el alma, como Confucio, que nos soltaba aquellas palabras desconocidas para muchos: “Un caballero es aquél que se avergüenza de que sus palabras sean mejores que sus actos”.

Lo que define al caballero es ser sincero en el hablar, largo en el dar, sobrio en el comer, honorable en el vivir, tierno en el perdonar y animoso en el pelear.Tengo el honor de haber conocido camaradas y amigos que pueden lucir con orgullo ese título de caballeros. Y lo demuestran cuando tienen que demostrarlo, como señores. Hablan a la cara, miran a los ojos y perdonan las ofensas con humildad. Recientemente tuve el honor de descubrir a una de estas honorables almas. Un honor.
Sinónimo de nobleza en nuestra Edad Media gibelina, el caballero contrasta escandalosamente con otra figura torva, infame y lamentablemente muy común… la del falso, el innoble, el traidor, el rufián y un largo etcétera de palabrejas sinónimas. Personajes todos ellos con un mínimo común divisor: la cobardía espiritual. Pareciera que a ellos nada les incumbe, no se meten, son educados, distantes, “las cosas” no van con ellos. Ya sabemos que los temores, las sospechas, la frialdad, la reserva, el odio, la traición, se esconden frecuentemente bajo ese velo uniforme y pérfido de la cortesía. "No me incumbe" es la pantalla tras la cual escudan estas figuras cobardes su falta de caballerosidad, su vaciedad y su alma negra.
¡Alerta los humildes, los honrados, los sinceros, los sanos de corazón!… Como decía Shakespeare, “Hay puñales en las sonrisas de los hombres; cuanto más cercanos son, más sangrientos”.  De todos ellos hay que esperar siempre lo mismo: la traición.

A lo largo de los tiempos, la traición siempre fue considerada una cobardía y una depravación detestable. Machado lo decía con estas palabras: “En el análisis psicológico de las grandes traiciones encontraréis siempre la mentecatez de Judas Iscariote”.

Entre todos ellos, hay un tipo de traidorzuelo muy doloroso por la cercanía y lo imprevisible de su actitud. Generalmente, no tiene la categoría siquiera para las grandes traiciones. Es ese que se dice “amigo” y aprovecha la ocasión, como las ratas, para saciar su estomago con la peor de las basuras, la basura moral. Hay que reconocerles la capacidad para engañar a primera vista. Son personas que como los cántaros, cuanto más vacíos están, más ruido hacen. Y es que debido a que la velocidad de la luz es varias veces mayor a la del sonido, estos personajes pueden parecernos brillantes siempre antes de escuchar las tonterías que dicen… Si, hay gente que es como el agua en el desierto, parecen amigos pero son solo un espejismo.

Si os encontráis con que a vuestro lado identificáis a uno de estos personajes, no dudéis en alegraros. Descubrir a los falsos amigos es tener un problema menos en la vida. La medicina para ahuyentarlos es sencilla. A quien no demostró conocer el significado de la amistad, hacérselo saber con el silencio y regalarle vuestra ausencia a quien no supo valorar vuestra presencia.

Por lo demás, el traidorzuelo, la ratilla, acaba siempre pagando sus cuentas pendientes en los múltiples recovecos de la vida. Es la Ley del Karma, se recoge lo que se siembra. Por ello…

Quien planta árboles, cosecha alimento.
Quien planta flores, cosecha perfume.
Quien siembra trigo, cosecha pan.
Quien planta amor, cosecha amistad.
Quien siembra alegría, cosecha felicidad
Quien planta vida, cosecha milagros.
Quien siembra verdad, cosecha confianza.
Quien siembra fe, cosecha certeza.
Quien siembra cariño, cosecha gratitud.

… No obstante, hay quien prefiere
sembrar tristeza y cosechar amargura.
Plantar discordia y cosechar soledad.
Sembrar viento y cosechar tempestad.
Plantar ira y cosechar enemistad…
Plantar injusticia y cosechar abandono.

Cada uno se labra su camino en la vida. Unos con la nobleza del caballero y otros cargando, como alma en pena, el peso de treinta monedas hasta que encuentran un árbol donde poner fin a sus días de miseria moral. Eso si les queda algo de conciencia. El resto seguirán arrastrándose como gusanos que buscan continuar saciando su necrofagia…
Fuente                                        Iñaki J. Aguirre

miércoles, 10 de septiembre de 2014

LA REALIDAD ECONÓMICA



La economía global se desmorona

De nuevo la realidad vuelve a contradecir las previsiones económicas del "establishment". Los bancos de inversión, distintos organismos multilaterales, gobiernos o fundaciones neoconservadoras bien financiadas prometían que 2014 sería el año definitivo del despegue del crecimiento económico global, tras experimentarOccidente una profunda crisis sistémica.
Pero la realidad es muy tozuda. Estados Unidos ha registrado un crecimiento económico negativo en el primer semestre del año, la Unión Europea vuelve a entrar en recesión, el crecimiento económico de Japón se hunde en el segundo trimestre, y en España el Instituto Nacional de Estadística continúa haciendo artes malabares. El crecimiento del PIB real patrio en el segundo trimestre del año solo es posible con una fuerte contracción del deflactor, es decir, de los precios. Si fuera ésta la razón, el PIB nominal estaría contrayéndose, como en el 2013, recogiendo así una profunda deflación por deuda. Seguimos apostando que habrá una fuerte revisión a la baja del PIB real del 2013, o tratarán de maquillarlo de nuevo vía deflactor. Ya veremos. Da igual, la foto es la misma, en nuestro país ¡no hay recuperación alguna!
Como consecuencia nos estamos aproximando a nuestro escenario central, el inicio de laSegunda Fase de la Gran Recesión (2014-2016). Desde estas líneas hemos explicado hasta la extenuación que nuestra auténtica preocupación es el estallido de la actual burbuja financiera, que pondrá de nuevo encima de la mesa el origen y causa de la crisis, un brutal volumen de deuda impagable, la insolvencia del sistema bancario occidental, y la concentración de riqueza en unas pocas manos. En el caso español supondrá una crisis de deuda soberana y de balanza de pagos que ya detallamos en su momento.
Rescatando y enriqueciendo a la superclase
La política económica implementada en la mayoría de las democracias occidentales desde el inicio de la actual crisis sistémica se diseñó, y continúa dibujándose, al margen de la defensa de los intereses de la ciudadanía. Se empeña en reconstituir el sistema existente con el objetivo último de favorecer de manera permanente a la clase dominante, los más ricos, los intereses corporativos, mientras que dejan a los ciudadanos, especialmente a los más pobres, con una sensación de impotencia y desesperación política.
Para ello el "establishment" propuso dos líneas básicas de política económica que constituyen una cínica perversión de las mismas. Por un lado, una política monetaria expansiva al servicio exclusivo de las élites, especialmente las bancarias, como venimos denunciando desde estas líneas. Se trata de una nueva droga de diseño de consecuencias tremendamente dañinas. Da una sensación de tranquilidad y protección cuando en realidad lo único que genera es un estado de nirvana, una mera ilusión óptica, vía inflación de activos. En esas estamos ahora.
Por otro lado se está produciendo una brutal expansión de la deuda pública en la práctica totalidad de las democracias occidentales. Detrás de ello no se pretende sostener el empleo, los ingresos, las pensiones, la seguridad de una vivienda, tener unos estándares salariales mínimos, o el derecho a una educación digna como elemento de mejora social. Sólo se está incrementando la deuda pública para financiar a terceros, sanear sus desaguisados, pero no a todos, sólo a la élite.
Las investigaciones del Banco de Inglaterra
La única institución relevante que está presentado suficiente investigación contra la actual ortodoxia es el Banco de Inglaterra a través de sus Boletines Trimestrales. Otra cosa bien distinta es que su actual gobernador, Mark Carney, escuche y actúe en consecuencia. Pero al menos la investigación aportada por el servicio de estudios del Banco de Inglaterra es clara.
De dicha investigación surgen varias ideas clave, algunas obviamente no reconocidas tan abiertamente ya que al fin y al cabo quien la hace trabaja para un Banco Central cuya cúpula es profundamente entusiasta de la actual política monetaria, la expansión cuantitativa.Explícitamente se señala en diferentes investigaciones, véanse los dos últimos boletines trimestrales, que la actual política monetaria sólo genera burbujas financieras e inmobiliarias sin afectar a la economía real.
Implícitamente se deduce que detrás de la huida hacia delante de la ruta establecida por las elites bancarias y sus apéndices políticos se encuentran los Bancos Centrales. Continúan inyectado liquidez masiva para que sigan manteniendo el status quo del sistema bancario actual, en vez de intervenirlos de una vez por todas. Con esa liquidez sólo se originan burbujas e inflaciones de activos, y ya vamos por la tercera.
Abiertamente dichas investigaciones señalan además dos aspectos que desde este blog hace tiempo defendemos. Primero que el dinero es endógeno, es decir, por mucho que se multiplique el tamaño del banco central si no circula el dinero dicha expansión no afectará a la economía real, como así está siendo. Segundo, la actual política monetaria aumenta las desigualdades. En definitiva, el olor nauseabundo de una política monetaria que genera burbujas y aumenta las desigualdades, representa el caldo de cultivo para el desarrollo de laSegunda Fase de la Gran Recesión (2014-2016) que prevemos.
Fuente                                        Juan Laborda

martes, 9 de septiembre de 2014

THOMAS PIKETTY ECONOMISTA



El capitalismo es incompatible con la democracia y la justicia social.

El economista francés Thomas Piketty es el boom del momento. Su libro Capital in the Twenty–First Century (El capital en el siglo XXI), produjo tal suceso que, según The Guardian, “llevarlo debajo del brazo se ha convertido en la nueva herramienta de conexión social en ciertas latitudes de Manhattan”. The New York Times llegó a mencionar el libro seis veces en distintas notas de una misma edición dominical y The Financial Times le dedica notas editoriales. The Washington Post publicó una nota irónica: “Cómo escribir tu propio artículo sobre Piketty en diez cómodos pasos”. Según parece, definitivamente Piketty hizo suyo el lugar que en los años ’60 tuvo Susan Sontag, o Christopher Latah en los ’70 y Francis Fukuyama en los ’90.
Después de reunir una masa de datos durante quince años, sustentado casi exclusivamente en los registros fiscales de Francia, Gran Bretaña, Estados Unidos, Canadá, Alemania, Japón, Suecia y algunos otros países ricos, Piketty deduce que: 1) el retorno promedio sobre el capital supera la tasa de crecimiento de la economía; 2) la riqueza heredada tiene siempre más valor que toda la que un individuo puede acumular en una vida; 3) de los dos puntos anteriores se desprende que el capitalismo es incompatible con la democracia y la justicia social.
En el terreno práctico, Piketty propone un impuesto progresivo al capital, o a la riqueza, que debería aplicarse globalmente. El economista francés distingue entre beneficio, por un lado, y renta por el otro; es decir, entre el capital “con utilidad social” y aquel que no la tiene. A renglón seguido, Piketty admite que su propuesta es “utópica”.
A pesar de esas posturas sobre el capital y los capitalistas, Piketty, aunque rechazado con indignación por la ortodoxia económica y la derecha más conservadora, se ha convertido en la nueva mascota de las elites de Wall Street, al punto que, como dice The Guardian, en ciertas calles de Manhattan es casi obligatorio llevar debajo del brazo su libro, por otra parte complejo y ventrudo (700 páginas la edición inglesa y más de 900 la francesa).
Prodigio de honestidad
Piketty encontró su defensor más decidido y de mayor prestigio en Paul Krugman. En su columna del New York Times, Krugman dijo que su colega francés es “un prodigio de honestidad”. Krugman subraya una de las ideas clave de Capital in the Twenty–First Century: el mundo tiende a volver a una situación similar a la inmediatamente anterior a la Primera Guerra Mundial, cuando la economía internacional estaba dominada “por una oligarquía cuya riqueza era heredada”. El aumento drástico de las desigualdades sociales, sostiene Piketty (y Krugman hace hincapié en esta idea) destruye el mito de que las fortunas se ganan por mérito. La riqueza, dice el libro en cuestión, procede cada vez menos de la iniciativa empresarial y más de la herencia y de la renta; esto es, de la especulación financiera.
Esas posturas han provocado temor entre los conservadores por la presión fiscal que podría derivarse de ellas. En efecto, Piketty propone gravar con el 80 por ciento de impuestos las rentas financieras más elevadas, y con un 10 por ciento la riqueza. El gasto público, según indica, debe elevarse al 60 por ciento del PIB. The Wall Street Journal señala que se trata de una fiscalidad progresiva para limitar la concentración de la riqueza.
Krugman, en su columna, es terminante: “El pánico a Piketty muestra que a la derecha se le acabaron las ideas”.
Una polémica que promete ser larga.
Un razonamiento progresista y una solución ortodoxa
Thomas Piketty, nacido en Clichy el 7 de mayo de 1971 es, desde sus 29 años, director de estudios de la École des Hautes Études en Sciences Sociales. Desde hace unos años, también preside la Escuela de Economía de París. En 2009 fue asesor de campaña de la candidata presidencial del Partido Socialista, Ségolène Royal. Piketty era entonces la pareja de la actual ministra de Cultura, la también socialista Aurélie Filipetti, quien lo denunció por agresión aunque luego retiró los cargos. Actualmente, Piketty está en pareja con otra economista, también egresada de Harvard, Julia Cagé.
El Capital en el siglo XXI es número uno en ventas en Estados Unidos –50.000 ejemplares en unas semanas–, por delante de best sellers como la saga Juego de Tronos. Aunque sus ideas confrontan con la base de la economía de Adam Smith y David Ricardo, la izquierda también lo critica. Considera que su solución a la desigualdad es la misma que la ortodoxia; el tema impositivo sin prestar atención a las estructuras del poder económico.

Fuente
elespiadigital

Leer+
Piketty: "El impuesto (al capital) que propongo no es utópico"

lunes, 8 de septiembre de 2014

"NO ES ESTO, NO ES ESTO"



Sobre el marasmo actual de España

Se cumplieron los cincuenta años del fallecimiento de Gregorio Marañón quien, con Ortega y Pérez de Ayala, fundó la Agrupación para la Defensa de la República, de la que tuvo que abjurar como el propio Ortega –“no es esto, no es esto”— pero que resultó ser uno de los grandes intelectuales españoles del siglo pasado. 

Releyendo las dimensiones de la obra de Marañón –qué decir de la de Ortega y Gasset—y listando las obras de otro hombre de letras y pensamiento que acaba de marcharse –Miguel Delibes, el escritor de la castellanía y de la introspección novelada del alma española–, se llega a la triste conclusión de que el hoy de España hay que leerlo en la descripción de estos clásicos porque no ha habido generación intelectual que los sustituya.

 Y en esa tarea, pocos –acaso ninguno— como el bilbaíno Miguel de Unamuno, cuyos ensayos siguen siendo –lo mismo que muchos textos de Marañón y Ortega— auténticas candelas que barren la oscuridad de la vida española presente.
Atraviesa la sociedad española honda crisis; hay en su seno reajustes íntimos, vivaz trasiego de elementos, hervor de descomposiciones y recombinaciones, y por de fuera, un desesperante marasmo”, escribía en 1895 Unamuno en su ensayo El marasmo actual de España

Y añadía como si de nuestro país  hoy se tratase que “los unos adoran lo tozudo y llaman constancia a la petrificación; los otros plañen la penuria de caracteres, entendiendo por tales hombres de una pieza. Nos gobierna, ya la voluntariedad del arranque, ya el abandono fatalista”. No se quedaba ahí e insistía el catedrático de Salamanca que “se dilata por toda nuestra actual sociedad española una enorme monotonía, que se resuelve en atonía, uniformidad mate de una losa de plomo de ingente ramplonería”.

Y remacha: “Es un espectáculo deprimente el del estado mental y moral de nuestra sociedad española (…) es una pobre conciencia colectiva homogénea y rasa. Pesa sobre todos nosotros una atmósfera de bochorno; debajo de una dura costra de gravedad formal se extiende una ramplonería comprimida, una enorme trivialidad y vulgachería”.  Continua Unamuno perfilando, como si de ahora se tratase, las características de la sociedad española diciendo de ella que “no hay corrientes vivas en nuestra vida intelectual y moral; esto es un pantano de agua estancada (…) bajo una atmósfera soporífera se extiende un páramo espiritual de una aridez que espanta”.
Los partidos, la juventud y la Prensa
Unamuno no era condescendiente tampoco con los partidos políticos de su época – ¿podrían aplicarse sus palabras a los que ahora tenemos?— al  afirmar en este ensayo quenada (…) tan estúpido como la disciplina ordenancista de los partidos políticos. Tienen éstos sus ilustres jefes, sus santones, que tienen que oficiar de pontifical en las ocasiones solemnes, sea o no de su gusto el hacerlo, que descomulgan y confirman y expiden encíclicas y bulas; hay en ellos cismas, que resultan ortodoxias y heterodoxias y celebran concilios”.
Lo que el más universal de los bilbaínos escribe de la juventud podría proclamarse perfectamente contemporáneo: “Los jóvenes tardan en dejar el arrimo de las faldas maternas, en separarse de la placenta familiar y cuando lo hacen derrochan sus fuerzas más frescas en buscarse padrino que les lleve por esta sabana de hielo”.
¿Y de la crisis económica? El ensayista la aborda así: “la pobreza económica explica nuestra anemia mental; las fuerzas más frescas y juveniles se agotan en establecerse (…) pocas verdades más hondas que la de la que en la jerarquía de los fenómenos sociales los económicos son los primeros principios, los elementos (…) y no es nuestro mal la pobreza cuanto el empeño en aparentar lo que no hay”.
Arremete Unamuno contra los periódicos como se podría hacer –de hecho sucede— en nuestros días: “Es esta Prensa una verdadera balsa de agua encharcada, vive de sí misma; en cada redacción se tiene presente, no el público, sino las demás redacciones; los periodistas escriben unos para otros, no conocen al público ni creen en él. La literatura al por menor ha invadido la prensa, y aun de los periodistas mismos los mejores no son sino más o menos literatos de cosas leídas. La capacidad indígena de ver directa e inmediatamente y en vivo el hecho vivo, el que pasa por la calle, se revela en la falta de verdaderos periodistas”.
Y termino las citas –podría seguir con ellas— con una escalofriante y sentenciosa: “Es una desolación; en España el pueblo es masa electoral y contribuible. Como no se le ama, no se le estudia y como no se le estudia, no se le conoce para amarle”.
A esta situación denominaba Unamuno el “marasmo actual de España” en junio de 1895. El bilbaíno fue siempre un hombre un tanto taciturno y pesimista, pero de una esplendorosa lucidez. Sus ensayos –La agonía del cristianismoLa tradición eternaLa casta histórica de Castilla y otros—son retratos que han  devenido perennes sobre la idiosincrasia española. En tiempo de crisis –de marasmo—hay que retrotraerse a los hombres de la generación del 1898 y de 1927 y lamentarnos de que hoy, en España, no haya intelectualidad que hayan tomado el testigo de ese enorme patrimonio de ideas y pasiones, de pulsiones y reflexiones, de las que España necesitaría en abundancia para diagnosticar qué nos pasa y por qué nos pasa. Porque, como escribió Ortega, “nos pasa que no sabemos lo que nos pasa”, más allá de observar las mismas cosas que Unamuno vio y trató de conjurar. 

Sin embargo, el marasmo –en medio de un pesimismo general que nuestro presidente tiene por antipatriótico— tiene parentesco con el de hace ciento quince años.

Fuente                                 José Antonio Zarzalejos

elconfidencial

domingo, 7 de septiembre de 2014

CONDE DE LO MISMO



Melancolía del desaparecer
Y pensar que, de después que yo me muera,
aún surgirán mañanas luminosas,
que bajo un cielo azul, la primavera
indiferente a mi mansión postrera
encarnará en la seda de las rosas.
Y pensar que, desnuda, azul, lasciva,
sobre mis huesos danzará la vida,
y que habrá nuevos cielos de escarlata,
bañados por la luz del sol poniente
y noches llenas de esa luz de plata,
que inundaban mi vieja serenata
cuando aún cantaba Dios bajo mi frente.
Y pensar que no puedo en mi egoísmo
llevarme al sol ni al cielo ni en mi mortaja;
que he de marchar, yo solo hacia el abismo,
y que la luna brillará lo mismo
y ya no la veré desde mi caja.
                                     Agustín de Foxá