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martes, 19 de agosto de 2014

CRISTIANOS DE ORIENTE



¡Dejad que los cristianos vivan en el Oriente!
Ante la persecución desatada contra los cristianos en la ciudad iraquí de Mosul, Francia propone acogerlos en su territorio, renunciando así a defenderlos y uniéndose de hecho al proyecto de Estados Unidos e Israel contra los cristianos del Oriente
Se mantiene así una tendencia histórica. Los cristianos del Oriente nunca han podido contar con la ayuda de sus correligionarios de Occidente, quienes en cambio trataron de ocupar sus países en tiempos de las Cruzadas y durante la colonización. André Chamy hace un recuento de los planes occidentales tendientes, ya desde el siglo XX, a expulsar a los cristianos del Oriente para convertir la región en teatro de un enfrentamiento entre judíos y árabes.
Los cristianos de Irak, una de las comunidades cristianas más antiguas del Levante, representan casi el 2% de la población del país. En 1980, todavía eran un millón de personas pero en este momento la supervivencia de esa comunidad corre grave peligro.
Después de recibir un ultimátum de los yihadistas del Estado Islámico [ex EIIL] intimándolos a convertirse al islam o a pagar el impuesto implantado para los no musulmanes [1], la comunidad cristiana de Mosul tuvo que huir al Kurdistán iraquí.
En este momento es difícil saber con precisión cuántos cristianos se han quedado en Irak. Pero existen algunas cifras, dadas a conocer por las propias comunidades religiosas: eran todavía un millón en el momento de la primera guerra del Golfo –en 1991– y en el momento de la invasión estadounidense –en 2003– eran unos 800 000 mil. Desde hace 11 años, un millar de cristianos han resultado muertos y se estima en alrededor de 400 000 el número de los que abandonaron el país. Actualmente quedarían en Irak 400 000 cristianos, incluyendo la importante comunidad cristiana de Bagdad, que cuenta entre 100 y 150 000 personas.
Ante esa situación, Francia –por boca de sus ministros de Relaciones Exteriores y del Interior– se declara dispuesta a «favorecer la acogida» de los cristianos que huyen de Irak. De hecho, en un supuesto gesto de generosidad, con el pretexto de proteger a los cristianos del Oriente, Francia… los invita a abandonar su país.
¡Extraño gesto! porque ninguno de esos cristianos ha pedido renunciar a su tierra sino que les ayuden a mantenerse en ella. Y es ese el quid de la cuestión, ¡esa es su tierra! Ser cristiano no es una nacionalidad, aunque eso no les guste a los señores Fabius y Cazeneuve [los ministros franceses de Relaciones Exteriores y del Interior]. Estamos hablando de libaneses, sirios, iraquíes, palestinos, egipcios, etc.
Hace más de 2 000 años que estas personas viven en esa parte del mundo y han tenido una participación activa en su historia, su cultura y su civilización. Nunca tuvieron necesidad de protectores y las únicas veces que han vivido bajo un protectorado… no fue precisamente para su propio bien. Hay que recordar el caso específico de los cristianos del Líbano, donde algunos creyeron que Occidente podía protegerlos, cuando lo que en realidad hizo fue sacrificarlos en beneficio de los intereses particulares de las grandes potencias.
Doble rasero
Esta falsa generosidad dividirá nuevamente a los franceses. Unos repetirán que no hay cabida para más extranjeros en Francia y otros sostendrán que Francia está obligada a proteger a los cristianos del Oriente. Un tercer grupo se interrogará sobre la hipocresía que significaría el hecho de acoger en Francia un millón de iraquíes cristianos mientras que otros iraquíes –no cristianos– son masacrados en otros lugares del Oriente… ¿Cómo tener entonces la conciencia tranquila?
Justo antes de entrar en guerra contra Siria, Francia tenía previsto acoger a los cristianos de ese país. [El entonces presidente de Francia] Nicolas Sarkozy había encargado la redacción de un informe que aconsejaba facilitarles la obtención del asilo en Francia. El 5 de septiembre de 2011, al recibir al nuevo patriarca maronita Bechara Rai, Sarkozy le ordenó de forma perentoria que empezara a hacer las maletas [2]. Pero Francia cambió bruscamente de idea cuando se comprobó el respaldo inquebrantable de los cristianos de Siria a su país, que estaba siendo blanco de una agresión externa [3].
Así que los cristianos de Siria fueron perseguidos, masacrados o expulsados de sus casas y propiedades en todas las ciudades donde logró entrar la famosa «oposición armada» [4], sobre todo en Raqqa, en Deir ez-Zor, en Alepo, en Homs e incluso en Kassab. Por cierto, ¿no fue en esa última ciudad donde –gracias al apoyo de Francia, Estados Unidos y Turquía– los cristianos armenios fueron víctimas de un verdadero exterminio, al extremo que hubo quienes se preguntaron si no se trataba de permitir que el gobierno turco terminara el genocidio iniciado en 1915? [5]
La tarea de «liquidar» a los cristianos estaba compartida entre las diferentes facciones de esas bandas armadas, principalmente el EIIL (Emirato Islámico en Irak y el Levante, recientemente rebautizado «Emirato Islámico» después de proclamar el califato en una amplia extensión de territorios sirios e iraquíes) y el Frente al-Nusra (vinculado a al-Qaeda). Refiriéndose a este último, nuestro ministro de Relaciones Exteriores [Laurent Fabius] no halló nada mejor que decir que sus «muchachos» estaban «haciendo un buen trabajo» [6]. Por cierto, Francia sigue entregando municiones a al-Nusra, incluso después de haber abogado por su inclusión en la lista de organizaciones terroristas reconocida por la ONU [7].
Mientras tanto, quien ha velado por el regreso de los cristianos a Kassab a Maalula, dos ciudades sirias milenarias y cargadas de emoción y de historia; quien ha actuado para que los sitios sagrados de los cristianos sirios y sus lugares dedicados al culto sean protegidos por el Ejército Árabe Sirio –el ejército de la república laica que es Siria– es precisamente el presidente sirio Bachar al-Assad, vilipendiado por todos y, claro está, por el propio Fabius.
Los cristianos de Egipto, quienes tanto han sufrido y siguen sufriendo los ataques sanguinarios de los grupos vinculados a la Hermandad Musulmana, tampoco han tenido derecho a la compasión de los ministros [franceses] anteriormente mencionados, demasiados ocupados en aquel momento en aplaudir al hoy derrocado presidente [islamista egipcio] Mohamed Morsi.
Entrometiéndose en los asuntos internos de un país independiente, [el ministro francés de Relaciones Exteriores] Laurent Fabius incluso llamó a la liberación del ex presidente Morsi, el 30 de julio de 2013: «La situación es muy crítica. Llamamos al rechazo de la violencia y a la liberación de los presos políticos, incluyendo el ex presidente Morsi», declaró Fabius en esa fecha.
¿Por qué los coptos egipcios no gozaron de la misma simpatía de parte de Laurent Fabius en momentos en que los partidarios de Morsi los masacraban? ¿Son más dignos de compasión los que incitan a la violencia contra los coptos que quienes sufren esa violencia?
Tampoco podemos olvidar a los cristianos palestinos, impedidos cada día de practicar su religión y sometidos a todo tipo de violencias, tanto por parte de las fuerzas armadas de Israel como por los colonos israelíes, en cuanto muestran la menor voluntad de resistencia contra el ocupante.
¿Es posible olvidar el intento de desarraigar a los cristianos del Líbano perpetrado durante la guerra iniciada en 1975 en ese país? El secretario de Estado estadounidense propuso en aquel entonces facilitar el traslado de los cristianos a Estados Unidos, Canadá y Europa, mientras que el Pentágono enviaba a las aguas libanesas un portaviones destinado a transportarlos. Pero el proyecto encontró el rechazo del presidente libanés Suleiman Frangieh, conocedor del papel de los cristianos en el conjunto de la región y particularmente en Líbano. Por supuesto, Suleiman Frangieh era por demás hostil a aquella noción de «patria de sustitución»…
El por qué del cómo
¿Existen razones ocultas tras esta declaración [del gobierno de Francia, evidentemente engañosa?
Busquemos los verdaderos motivos que lo han llevado a tratar de impresionar al público con este anuncio, porque es evidente que los cristianos de Irak no van refugiarse masivamente en Francia. Sencillamente, no tienen ningunas ganas de hacerlo.
¿Por qué se hace ese ofrecimiento a los cristianos de Irak cuando son sólo los cristianos de Mosul los que se hayan bajo la amenaza del Emirato Islámico (ex EIIL)?
Es importante recordar que ya en junio de 2007 un artículo publicado en la publicación mensual del Vaticano 30 giorni nella Chiesa describía la situación de los cristianos iraquíes, específicamente en el barrio de Dora –de mayoría cristiana y a unos 10 kilómetros al sudeste de Bagdad. «Grupos vinculados a al-Qaeda han instaurado un llamado “Emirato Islámico de Irak”» (el mismo Emirato Islámico, ex EIIL, tan mencionado últimamente) y cobran la yizia (tributo impuesto a los infieles), que se eleva hasta 200 dólares anuales, o sea una suma capaz de satisfacer durante un mes las necesidades de una familia de 6 personas. [8].
Algunas familias cristianas son obligadas a casar una de sus hijas con un musulmán para que se les permita seguir viviendo en el lugar.
«Una fatwa prohíbe portar la cruz al cuello. En cuanto a las iglesias, a golpe de granadas de mano fueron obligadas a quitar las cruces de sus cúpulas y fachadas. A mediados de mayo, la iglesia asiria de San Jorge fue incendiada.»
El 31 de octubre de 2010, en vísperas del Día de Todos los Santos, 42 personas fueron asesinadas y otras 60 heridas en la catedral del Perpetuo Socorro de Bagdad. Los dos sacerdotes fueron asesinados. Ya desde entonces Francia expresó preocupación por los cristianos de Irak.
Entonces, ¿por qué es ahora cuando se hace esta invitación a los cristianos de Irak? Y ¿por qué se mantienen las evasivas sobre el número de refugiados que Francia estaría dispuesta a recibir cuando sabemos que en el caso de los sirios, estimulados por París a luchar contra el gobierno de su país, Francia ha aceptado acoger sólo 500? El lector notará enseguida que esta última cifra es ridícula en relación con el millón de cristianos iraquíes o con los cerca de 2 millones de cristianos sirios.
¿Por qué en este momento, cuando la franja de Gaza es blanco de una nueva agresión?, agresión que se produce cuando los cristianos de Gaza han sido ejemplarmente solidarios, ayudando a sus compatriotas musulmanes, acogiéndolos en sus propias casas, en sus escuelas y lugares de culto, permitiéndoles incluso hacer sus plegarias en sus iglesias.
Haciendo gala de su habitual sinceridad, que dio lugar a su célebre frase «responsable pero no culpable» [9], [el ministro francés de Relaciones Exteriores] Laurent Fabius dirá que no hay ninguna relación entre esos hechos.
Pero la realidad muy diferente. El hecho es que es necesario acelerar un proceso ya iniciado que apunta a la desintegración de los países laicos del Levante. La proposición de éxodo forzoso es presentada como un deber de asistencia únicamente para disimular ese objetivo –el verdadero– y agrandar así la fisura provocada en la región por los últimos acontecimientos.
Francia está tratando de garantizar el servicio postventa de un proyecto que Estados Unidos e Israel ya no logran seguir promoviendo: el proyecto de un «Medio Oriente Ampliado», fragmentado en una serie de micro Estados de carácter étnico o confesional.
Es innegable que la política del presidente George W. Bush logró al menos una cosa en la región: desestabilizarla por largo tiempo. Y eso está muy lejos del Medio Oriente democrático y prooccidental que Estados Unidos decía querer implantar.
El drástico cambio proyectado para la región se inspira en una estrategia israelí descrita en 1982 en el «Plan Yinon» [10].
El «Plan Yinon» sale nuevamente a la luz pública, en 1996, en el informe titulado A Clean Break, A New Strategy for Securing the Realm (En español, “Un corte limpio, nueva estrategia para garantizar la seguridad del Reino [de Israel]”, destinado al primer ministro israelí Benyamin Netanyahu, seguido de Coping with Crumbling States, a Western and Israeli Balance of Power Strategy for the Levant (En español, “Acompañando Estados en ruinas: una estrategia occidental e israelí de equilibrio de las potencias en el Levante”). Ambos documentos fueron redactados por Richard Perle (American Enterprise Institute), James Colbert (Jewish Institute for National Security Affairs), Douglas Feith (Feith and Zell Associates), Jonathan Torop (Washington Institute for Near East Policy), David Wurmser y Robert Loewenberg (Institute for Advanced Strategic and Political Studies).
El «Plan Yinon» preveía que Israel autorizaría el uso de su territorio para el despliegue de los misiles estadounidenses del proyecto conocido como «Guerra de las Galaxias». A cambio, Estados Unidos debía derrocar a Sadam Husein y expulsar a los sirios del Líbano para acabar así con el mito de la nación árabe. En la zona chiita iraquí se crearía un Estado independiente que sería gobernado por una rama de la familia real jordana, para contrarrestar la influencia de la revolución islámica iraní.
Pero aquello no funcionó como los neoconservadores esperaban. El desastre absoluto de la guerra contra Irak, el fin del nacionalismo laico árabe y el alza de los precios del petróleo y el gas provocaron profundos cambios en la región. Desde Damasco hasta Dubai, desde Tel Aviv hasta Teherán, se está forjando un nuevo Medio Oriente, pero no se parece al esquema previsto.
El antiguo Medio Oriente se construyó sobre la base de las fronteras y las identidades políticas que las potencias europeas habían instaurado después de la caída del Imperio Otomano, en 1918. Se basaba en un nacionalismo laico de inspiración europea que se planteaba como objetivo una modernización política y social iniciada por la acción gubernamental. Ese tipo de nacionalismo –el «socialismo árabe»– alcanzó su apogeo durante la guerra fría, cuando podía contar con la ayuda militar, política y económica de la Unión Soviética.
Todo aquello se acabó con el derrumbe de la URSS. El fin del imperio soviético también dio lugar a graves crisis militares en muchos países árabes ya que, carentes del apoyo militar soviético, los regímenes nacionalistas no podían seguir modernizando sus ejércitos.
Poco a poco, los regímenes nacionalistas se vieron sometidos a duras pruebas, dejando a menudo un vacío que frecuentemente llenaron actores no estatales. Los casos de Libia e Irak son reveladores de esos drásticos cambios. También cambiaron la correlación de fuerzas ideológicas y la repartición del poder: el islam político se convirtió en sustituto del laicismo y supo integrar hábilmente los temas sociales y un nacionalismo antioccidental.
Por supuesto, como lo demuestran los ejemplos mencionados, «nuevo» no significa necesariamente «mejor» sino diferente. En cuanto al cambio, este no resuelve en lo absoluto los conflictos que agitan la región, lo cual los hace mucho más peligrosos que en el pasado.
Un aspecto de esa modernización pudo verse en 2006, durante la agresión israelí que enfrentó las fuerzas armadas de Israel con los hombres del Hezbollah y donde los tanques [israelíes] Merkava fueron impotentes ante los cohetes antitanque RPG-29 y los lanzacohetes del tipo Katiusha. Al mismo tiempo, actores no estatales –como el Hezbollah y el Hamas– tomaron el lugar de los ejércitos tradicionales.
Pero ante tales cambios, Israel creyó adecuado adelantar sus peones para ganar terreno interviniendo en teatros exteriores mucho más frecuente que antes y pasando de unas cuantas operaciones secretas y asesinatos selectivos a intervenciones más profundas en terrenos que lo obligan a exponerse más que en el pasado.
Así hemos visto el Estado hebreo intervenir en Irak a través del Kurdistán para actuar de ambos lados de la frontera entre Irak y Siria [11]. La presencia de Israel es evidente en los acontecimientos que se han sucedido en toda la región, desde Libia hasta Egipto y desde los Emiratos Árabes Unidos o Qatar hasta el Líbano, gracias a cómplices locales y al inquebrantable apoyo de Estados Unidos.
Israel parece haber creído que puede triunfar donde los estadounidenses fracasaron. Con ayuda de Turquía se movilizaron expediciones fronterizas para ocupar regiones completas en Siria e Irak. Y mientras tanto se desarrollaban campañas desestabilizadoras contra los gobiernos, a pesar de la legitimidad de estos últimos. El presidente sirio ya era tratado como un paria pero el primer ministro de Irak, recibido pocos días antes en casi todas las cancillerías occidentales, fue súbitamente calificado de déspota.
Se trataba de un contrafuego encendido para desviar la atención de lo que iba a suceder en Gaza. Parecía que con la unión entre el «Eje de la Esperanza» (Irán, Siria y el Líbano, representado por el Hezbollah) y el «Eje Pekín-Moscú» ya era suficiente trabajo para los diplomáticos occidentales, además de todo lo que estaba pasando en Siria e Irak. Así que era un buen momento para ajustarles las cuentas a las organizaciones palestinas hostiles a los arreglos que quiere negociar Mahmud Abbas, el presidente sin mandato de la Autoridad Palestina.
Sin embargo, desde hace varias semanas estamos descubriendo con sorpresa la impotencia, tanto del poder político como del ejército israelí, ante la lucha del Hamas, de la Yihad Islámica y de las demás organizaciones presentes en el terreno, como el FPLP-Comando General de Ahmad Jibril.
¿Qué les queda a los israelíes que, a pesar de su fracaso militar, siguen tratando de obtener una rendición incondicional de los combatientes palestinos?, sobre todo con el bloqueo impuesto a esa franja de tierra de 360 kilómetros cuadrados, apenas un poco más grande que la mitad del departamento más pequeño de Francia, el territorio de Belfort.
La invitación de Francia a los cristianos de Irak crea, por consiguiente, un tema de polémica [entre los franceses]. Pero sobre todo da a entender que si los israelíes liquidan a los palestinos a bombazos… en definitiva es algo aceptable en comparación con los sufrimientos de los cristianos del Oriente, obligados a huir de su país por culpa de los islamistas. Y se estimula a meter los movimientos de resistencia en el mismo saco que los movimientos sectarios.
Según esa perspectiva, un militante del Hamas es lo mismo que un yihadista del Emirato Islámico. Son, en efecto, muchos los que han manifestado –con toda razón– su solidaridad con los cristianos de Irak. Sólo que entre las víctimas de los grupos yihadistas no sólo hay cristianos... también hay kurdos, chiitas, ismaelitas y sunnitas…
Pero los propios cristianos de Irak no suscriben a la visión sesgada que nos quieren imponer. En una declaración reciente, un dignatario cristiano iraquí criticaba con vehemencia la acción «humanitaria» de los países occidentales, que consiste únicamente en acoger a los cristianos en Europa, contribuyendo así a acabar con la presencia cristiana en Irak.
Los cristianos de Irak no están interesados en abandonar su país, su patrimonio y su historia. Los cristianos del Oriente aman cada piedra de Irak, de Siria o de Egipto tanto como cualquier ciudadano de cualquier otra confesión. Ellos han participado en todas las luchas, desde la independencia hasta nuestra época. Han sido los primeros en levantar las banderas del nacionalismo árabe y de la causa palestina… mientras que los emires del Golfo financiaban, con la complicidad de Occidente, los grupos yihadistas que hoy vemos en acción.
Señores Fabius y Cazeneuve, los cristianos del Oriente no están interesados en la invitación a instalarse en Francia que ustedes les hacen. Lo que sí quieren es que ustedes los dejen en paz.
Fuente                                           André Chamy
NOTAS
[1] «Decreto del Estado Islámico (ex EIIL) sobre los cristianos», Red Voltaire, 18 de julio de 2014.
[2] «Au crible des informations tendancieuses, la situation en Syrie», por la Madre Agnes-Mariam de la Croix. «L’Église maronite s’inquiète des intentions de l’Occident», por Pierre Khalaf. «Le Patriarche, les catacombes et la "révolution"», por la Madre Agnes-Mariam de la Croix, Réseau Voltaire, 1º de mayo, 12 y 22 de septiembre de 2011.
[3] «Chrétiens de Syrie: le mensonge organisé des médias français», por Francois Belliot, Réseau Voltaire, 18 de mayo de 2013.
[4] «Kossayr: así empezó todo», por Suha Mustafa, Red Voltaire, 10 de junio de 2012.
[5] «El ejército turco ayuda a los mercenarios extranjeros a entrar en Siria», Red Voltaire, 22 de marzo de 2014.
[6] «Laurent Fabius prend la défense d’Al-Qaida», Réseau Voltaire, 13 de diciembre de 2012.
[7] Ver la intervención del embajador de Siria, Bachar Jaafari, al final de los debates del Consejo de Seguridad: «Resolución 2165 y debates (ayuda humanitaria en Siria)», Red Voltaire, 14 de julio de 2014.
[8] «Le persecuzioni del mondo», por Giovanni Cubeddu, 30 giorni nella Chiesa, junio de 2007. La publicación mensual dedicó todo un dossier a la situación de los cristianos en Irak bajo la ocupación de las tropas de Estados Unidos. Ver también en el mismo número «Rimaniamo in questo Paese che è la nostra patria», entrevista del patriarca de Bagdad, S. B. Emmanuel III Delly, concedida a Giovanni Cubeddu.
[9] En 1984 y 1985, el Centro Nacional de Transfusiones de Sangre de Francia distribuyó deliberadamente sangre contaminada con el virus del sida a personas que padecían hemofilia. Acusado de haber ordenado ese tráfico de sangre contaminada, que costó la vida a varios pacientes, para que los Laboratorios Pasteur tuviesen tiempo de encontrar un sistema de detección, el entonces ex primer ministro, Laurent Fabius, fue juzgado por la Corte de Justicia de la República. Fabius se defendió afirmando que era políticamente responsable pero que no era culpable en el plano penal. Según Fabius, la decisión de mantener la distribución de sangre contaminada había sido tomada por sus colaboradores sin que él lo supiera.
[10] «Stratégie pour Israël dans les années 80», por Oded Yinon, Kivunim (revista de la Organización Sionista Mundial), n° 14, febrero de 1982. Version francesa, traducida por Yusef Aschkar, en el sitio Réseau Voltaire.
[11] «"Kurdistán"… pero al estilo israelí», por Thierry Meyssan, Al-Watan / Red Voltaire, 13 de julio de 2014.

lunes, 18 de agosto de 2014

LORCA, EL ÚLTIMO PASEO



Pero, ¿qué pasó con Lorca?

En tan solo unos días se cumplirá el aniversario de la muerte del poeta granadino Federico García Lorca. Sin embargo, y pese a todo lo escrito sobre este espantoso hecho de la peor Historia de España, nadie sabe aún a ciencia cierta qué ocurrió aquella madrugada de agosto de 1936, ni quién ordenó su fusilamiento, ni por qué, ni dónde está su cuerpo, ni siquiera la fecha exacta de su muerte.
El periodista Gabriel del Pozo intenta en el libro 'Lorca, el último paseo' (Ed. Ultramarina 2009) dar un poco de luz a todas cuestiones que durante años han atormentado a historiadores, intelectuales, familiares y amantes del autor de 'La casa de Bernarda Alba'.
La llamada de la ya fallecida actriz Emma Penella hace ya un lustro, la información que aportó sobre el asesinato de Lorca, la implicación de su padre -Ramón Ruiz Alonso-, y las confesiones de éste antes de morir, ofrecieron a Del Pozo una nueva línea de investigación que en muchos puntos modifica las posturas defendidas hasta ahora por algunos de sus colegas como Ian Gibson, Agustín Penón o Molina Fajardo, intentando levantar la niebla de la historia.
Su muerte, el antes y el después, han conferido al poeta y a sus últimos días -su último paseo- un aura de intigra y misterio que todavía nadie ha conseguido despejar. ¿Cómo fueron sus últimas horas? ¿Por qué le asesinaron? ¿Quién dio la orden? ¿Quién le denunció? ¿Dónde le enterraron? y así infinidad de preguntas sin respuesta... Vacías. 
Lo cierto es que Lorca no era un peligro para los sublevados ni para sus planes en los primeros días del Alzamiento Nacional
Sin embargo, su estrecha relación con Fernando de los Ríossus amistades con intelectuales de izquierdas y los ánimos de venganza de la CEDA contra algunos falangistas íntimos de Lorca fueron algunas de las razones que llevaron al poeta hasta La Colonia, la antesala de la muerte para muchos granadinos, y a Víznar, destino favorito de quienes hacían las listas de los condenados en el Gobierno Civil.
Pero si hay un protagonista en aquellos días al nivel casi del mismísimo Lorca ese es Ramón Ruiz Alonso. Sin la presencia de este linotipista, periodista, escritor, político y padre de tres de las más grandes actrices españolas Emma Penella, Elisa Montés y Terele Pávez, el desenlace hubiera sido muy distinto. "García Lorca comenzó a morir el día en que Ruiz Alonso y hombres de Gil Robles llegaron a Granada", cita Del Pozo a un viejo periodista en su libro.
Ruiz de Alonso y lorca vidas paralelas.
Ruiz de Alonso, un linotipista nacido en Salamanca, dedicó los últimos años de la II República a potenciar su carrera política del lado de la CEDA y tras la sublevación de los nacionales aspiró a formar parte del privilegiado grupo de falangistas sin lograr ni ser aceptado ni tampoco sus simpatías. 
No tenía un odio especial por Lorca o por sus obras. Su odio iba dirigido más contra la familia Rosales y, en especial, contra Luis Rosales, íntimo amigo del poeta y con el que en más de una ocasión tuvo encuentros desagradables que años más tarde se cobraría de la mano del autor de 'Poeta en Nueva York'.
Cuando los Rosales acogieron en su casa al poeta, que tuvo que abandonar la casa familiar (Huerta de San Vicente) tras un altercado con el Gobierno Civil, Ruiz de Alonso vio su oportunidad para devolver a los Rosales, reconocidos e importantes falangistas, todos los desplantes que durante años tuvieron con él.
Según las investigaciones de Del Pozo, fue Ruiz Alonso el que, tras conocer el paradero de Lorca, redactó la denuncia que más tarde presentaría al gobernador civil de Granada, el comandante José Valdés Guzmán, que llevaría a su detención y después a su fusilamiento.
Tras enterarse de que Lorca vivía en casa de los Rosales -al parecer fue uno de los hijos, Miguel Rosales, quién se lo contó- acudió a Valdés a contarle su descubrimiento. Pero, por muchas ganas que tuvieran de darle un "escarmiento" faltaba la denuncia. Y ahí es donde salió el linotipista, periodista y escritor: Ruiz Alonso cogió su máquina de escribir y se puso a redactar la sentencia de muerte del poeta.
Años después su hija afirmaría de boca de su padre que fue Valdés el que pidió una denuncia "en toda regla" y que la redactó la CEDA y no su padre. Federico fue víctima de las aspiraciones por el poder entre los cedistas y los falangistas
Le acusó de ser de espía de los rusos, de dañar con sus escritos instituciones tan respetables como la Guardia Civil, de practicar la masonería y de su relación con el republicano Fernando de los Ríos. Unas cuantas horas después de presentar su escrito un impresionante despliege de soldados se agolpó frente a la casa de los Rosales para detener al poeta "rojo".
¿Quién ordenó su detención?
Pero, ¿quién ordenó que se le detuviera? No había prácticamente pruebas de las acusaciones que Ruiz Alonso denunció y además la figura del poeta era querida y respetada por casi toda Granada. Algunos dicen que la orden vino de Valdés, que se encontraba fuera del Gobierno Civil, otros que su sustituto el teniente de la Guardia Civil Velasco. Sea como fuere la tarde del 16 de agosto de 1936, Lorca fue sacado de la casa en pijama y trasladado al Gobierno Civil. Acababa de comenzar su camino hacia la muerte.
Conocida la denuncia y la orden de detención, sólo queda saber quién ordenó que le fusilaran. Ruiz de Alonso confesó a su hija que "la intención de todos, incluida la de Queipo de Llano, -de quien se cree dio la orden- no fue la de asesinar a Lorca, sino de darle un susto, un escarmiento" que sirviera de ejemplo para los demás y que se convirtiera en el pistoletazo de salida de la política de terror marcada por Valdés y Queipo de Llano durante los primeros meses del Alzamiento Nacional.
Pese a que que nadie quería matarle, las rencillas de Valdés, también cedista, con los falangistas de Rosales y cierto enfrentamiento, pistola en mano incluida, con Pepiniqui Rosales en defensa del poeta precipitaron que Lorca fuera trasladado aquella noche o la siguiente (no se sabe muy bien) al pelotón de fusilamiento donde moriría. Las investigaciones apuntan a que un indignado comandante Valdés, instigado por sus enfrentamientos con los Rosales, dio la orden de fusilamiento. Lo que se mantiene en duda es si Queipo de Llano era consciente o si Valdés dio la orden tras hablar con Queipo. Ninguna de las dos versiones ha podido ser aclarada.
Su último paseo

La avanzada edad de los supervivientes de aquella época, el olvido, el resquebrajamiento de los recuerdos y la escasez de documentos ha hecho casi imposible averiguar cómo murio exactamente. Lo que es seguro es que pasó sus últimas horas en La Colina, donde los que iban a morir permanecían antes del paseillo, aunque tampoco quedó registrado, como la mayoría de los que fueron a parar allí.

Estuvo con el profesor Dióscoro Galindo, fumó muchísimo hasta que se quedó sin tábaco y no quiso ver al párroco del lugar ni confesarse. A no se sabe muy bien que hora Federico y los tres que le acompañaban (Dióscoro Galindo, Francisco Galadí y Joaquín Arcollas) "caían fulminados por el plomo de sus asesinos".
Pero si su muerte sigue llena de interrogantes, peor es el intento de muchos por saber dónde se encuentra su cadáver. Los historiadores que han investigado a fondo esta cuestión se han fiado de las confesiones de algunos que dijeron estar o saber el lugar de su tumba. Sin embargo, todo ha sido un castillo de naipes que se rompió hace pocas semanas cuando la Junta de Andalucía anunció que el poeta no está enterrado en la fosa de Alfacar. ¿Qué fue entonces de su cadáver? ¿Por qué nadie sabe o tiene constancia de dónde acabó su cuerpo? Son tantas y tantas las preguntas que espera ser respondidas sin lograrlo.
La lucha entre cedistas y falangistas fue una de las razones que llevaron al asesinato del poeta
Tras su muerte, los protagonistas de las últimas horas del poeta, corrieron distinta suerte. Ruiz Alonso, que los primeros días tras el asesinato se vanagloriaba allí y allá de "haber sido el que mandó a tomar mucho por el culo" al poeta, cambió poco a poco su versión ante la insistencia de Francisco Franco por conocer qué ocurrió y que empezó a interesarse por la muerte del poeta por la presión internacional. Y ya en sus últimos años aseguraba, tal y como confesó a su hija, que su único trabajo fue cumplir órdenes y detener a Lorca sin que sufriera el más mínimo daño.
Ahora, con el paso de los años, lo único que parece vislumbrarse es que en torno a la muerte del poeta ha exisitdo una "confabulación tácita"para que las generaciones venideras no sepan nunca qué pasó realmente. Hoy por hoy y pese a los historiadores que han dedicado su vida al poeta, su muerte sigue envuelta en el más absoluto de los secretismos sin que todavía alguien haya abierto el libro del saber.
Fuente                                          Esther Mucientes

domingo, 17 de agosto de 2014

ERNST JÜNGER CENT'ANNI




Ernst Jünger: "La resistencia espiritual no es suficiente. Hay que contraatacar"

A punto de festejar su centenario, fue entrevistado en su casa de Wilflingen por el periodista italiano Franco Volpi. Los fragmentos más salientes de esa conversación fueron reproducidos por el diario "Clarín" en su edición del 6 de junio de 1999.

Dentro de unos días cumplirá usted cien años y está considerado como el intérprete extraordinario de un siglo ecléctico y lleno de aventura, como eclécticas y aventureras han sido, en el fondo, su vida y su obra. ¿Qué impresión le produce haberlo atravesado por entero?

Nací en 1895, el mismo año en que Röntgen descubre los rayos X y estalla el asunto Dreyfus. El descubrimiento de Röntgen da nacimiento al siglo de la técnica. Por primera vez se puede mirar en el interior de la materia y observar aquello que el microscopio no permitía ver. Sin Röntgen no habríamos tenido el desarrollo de la investigación sobre el átomo, no se habría conseguido su escisión ni se habría podido pensar en la fisión atómica. Un pequeño gran gesto científico está, como pueden ver, en el origen de la modernidad de este siglo. En cuanto a Dreyfus, se puede decir que el asunto que se desató alrededor de su caso marca de manera decisiva la historia de la democracia como una victoria de la opinión pública crítica contra las fuerzas conservadoras.

¿De qué manera lo han marcado estos dos acontecimientos, si se puede utilizar esta expresión?

Digamos que se trata no tanto de asuntos en los que me haya interesado como del aire mismo que he respirado. Recuerdo que en las conversaciones con mis padres, durante las comidas, en los albores del nuevo siglo, esos dos asuntos eran los temas centrales. Se hablaba del asunto Dreyfus y se discutía sobre los nuevos descubrimientos científicos, dado que mi padre era químico. Era inevitable que desde niño mirase con atención todo lo novedoso que ocurría, intuyendo y presagiando lo que acontecería a continuación. En aquel entonces reinaba un gran optimismo: se decía que este siglo sería el del Gran Progreso. Y lo que deterioró esa confianza no fue tanto la Primera Guerra Mundial como la Segunda. El cambio esencial de nuestro siglo se ha producido precisamente a partir de su mitad, desde 1945 en adelante.

Es singular esta manera suya de fechar. Normalmente se considera que la desconfianza ante la idea del progreso se manifestó a principios de los años veinte, inmediatamente después de la Primera Guerra Mundial. Y no es casual que precisamente Alemania, que había salido del conflicto derrotada, se convirtiese en una especie de guía espiritual que desarrolló una crítica muy pesimista acerca de los valores del progreso.

En el plano filosófico y literario, en las grandes visiones de la historia y en el pronóstico sobre el futuro de la civilización, el tema del "Kulturpessimismus" (pesimismo cultural) había surgido ya con anterioridad y tuvo en Spengler su expresión más vigorosa y nítida. De la idea de un progreso lineal de la historia, que implica un desarrollo siempre creciente, él regresó a una configuración cíclica en que el desarrollo no se prolonga infinitamente, sino que es una fase de la vida comprendida entre el nacimiento y la muerte. Lo que esta visión de la historia y su "Kulturpessimismus" produjeron en nosotros no fue, sin embargo, una actitud crepuscular. Nosotros, los jóvenes, no nos podíamos permitir una decadencia como la que a finales del siglo XIX se había permitido la generación francesa de Huysmans. La fatiga al anochecer es saludable, pero antes del mediodía es preocupante. Además era también una cuestión de carácter. Las visiones apocalípticas que suscitó el paso del cometa Halley en 1910, y más aún el naufragio del Titanic dos años después, en vez de tener un efecto deprimente encendieron nuestra fantasía. Nuestra actitud era la de quien quería reconocer con mirada desencantada la nueva realidad de la técnica y del trabajo y tomar parte en ella sin añoranzas nostálgicas ni proyecciones apocalípticas. En todo caso, casi de lo que se trataba era de volver a encontrar, en el mito o en la historia, una potencia que obrase como contrapeso del pesimismo. Tal como había dicho Nietzsche en "Ecce homo": "Yo soy un decadente, pero también soy su antítesis". En la hoguera del crepúsculo anunciado por Spengler lo que yo vi fue erguirse en toda su potencia la figura del trabajador. Fue la Segunda Guerra Mundial la que nos hizo descender a las profundidades, al vórtice del nihilismo.

Pero usted, ¿qué idea tiene del progreso?

Para mí se trata de un antropomorfismo con el que el hombre moderno ha intentado leer la historia. Un sucedáneo de la idea del espíritu del mundo. Hay que tomar distancia respecto de él y observar, más bien, el universo y su historia desde el punto de vista del principio de la conservación de la energía. La potencia del cosmos se mantiene siempre idéntica, no hay progreso ni regresión, aceleración o desaceleración que la puedan modificar. Lo que cambia son solamente las figuras, las formas que la historia, mejor dicho la Tierra, produce intensamente desde su profundidad. El problema que aquí veo brotar es otro: ¿podemos considerar al hombre, esta aparición soberana en la historia del universo, como responsable de su evolución?

Hemos mencionado la guerra, un tema planteado sobre todo en su producción juvenil. ¿Qué efecto le causa hoy por hoy volver a pensar en ese tema?

Ante todo quiero precisar una cosa: para mí, el verdadero gran motivo de interés ha sido la técnica, cuya potencia se ha manifestado de manera impresionante en la guerra mundial de 1914/18, la primera guerra de materiales. Se trató de un conflicto profundamente distinto de todos los anteriores, porque el choque no se produjo solamente entre ejércitos, sino entre potencias industriales. Ante aquel escenario mi visión de la guerra asumió la forma de un activismo heroico. Naturalmente, no se trataba de simple militarismo, porque siempre, también en aquel entonces, he concebido mi vida como la vida de un lector antes que como la de un soldado.

¿En qué sentido?

En el sentido de que fue sobre todo la lectura de algunos libros lo que me ofreció motivos para la acción. Cuando, en cambio, he creído extraer esos motivos de la realidad, he quedado profundamente decepcionado. Quiero decir que para mí el heroísmo nacía más de una experiencia literaria que de una efectiva y concreta posibilidad de vida.

¿Pero qué nexo había entre los dos planos, entre la literatura y la vida?

La realidad literaria, a diferencia de la vida concreta, estaba inevitablemente destinada a ser disuelta por la transformación tecnológica del mundo. De ahí mi intento de elevar la literatura a experiencia de vida antes de que se cumpliese definitivamente lo que Marx había previsto, es decir que ya no sería posible concebir una "Ilíada" después del invento de la pólvora. Eso significa entender qué es lo que ocurre con la entrada de la técnica.

¿La técnica es para usted una línea divisoria de las aguas tan importante como para resultar decisiva en la separación de mundos incluso literariamente diferentes?

La técnica es la danza mágica que baila el mundo contemporáneo. Podemos tomar parte en las vibraciones y en las oscilaciones de este último solamente si entendemos la técnica. De lo contrario quedamos fuera del juego.

Volveremos sobre este asunto. Mientras tanto, para destacar algunos aspectos biográficos, hay que decir que ha sido usted considerado un héroe de la Gran Guerra, herido reiteradas veces y posteriormente premiado con la máxima condecoración, la Ordre pour le Mérite...

Me llevó al heroísmo la lectura del "Orlando furioso" de Ariosto. Aquellas palabras, aquellas rimas leídas durante las pausas entre un combate y otro fueron las que me motivaron. No así la retórica y la ideología de guerra que siguieron a nuestra victoria en la guerra franco-prusiana de 1870/71, cuya importancia había sobrevalorado exageradamente la generación de nuestros padres, cuando en realidad se había tratado de una guerra muy pequeña. Esa sobrevaloración se manifestó particularmente en la antítesis ideológica que contrapuso el noble espíritu prusiano y el espíritu mercantil inglés fomentada por Guillermo II, que no soportaba a sus parientes del otro lado del canal de la Mancha. Se podría añadir, en este caso, que a Alemania le faltó un Shakespeare que supiese representar sus vicisitudes. Por otra parte, ¿cómo esperar la aparición de un Shakespeare si los personajes y actores de aquella fase de la historia alemana no fueron suficientemente grandes como para merecerlo?

¿Es siempre verdad que las grandes obras necesitan que haya grandes sucesos históricos?

Los grandes sucesos siempre son literarios. La historia, con sus hechos, es un almacén repleto en el que cada cual puede tomar lo que quiera.

Lo que usted dice no hace sino confirmar qué importante ha sido, en sus elecciones, más que una ética cierta visión estética de la vida. ¿Cómo explica esta inclinación suya?

Ver la relación entre ética y estética simplemente como una antítesis no es suficiente para mí. Más aún, conduce a una desviación. Por eso diría que ética y estética se encuentran y se tocan por lo menos en un punto: lo que es verdaderamente bello no puede no ser ético, y lo que es realmente ético no puede no ser bello.

Pero esto, en el fondo, es el estilo. ¿Su visión del mundo está realmente caracterizada por el estilo?

Eso espero. Y por la misma razón jamás he descendido ni descenderé al plano de las polémicas y de las controversias. Lo encuentro de pésimo gusto. Jamás, rebajarse por debajo del propio nivel.

¿Considera que todavía es posible salvaguardar el estilo, ese gesto delicado y aristocrático, en un mundo que tiende a la despersonalización y a la manipulación del individuo?

Definiría a la nuestra como una sociedad de individuos masificados que, por eso, necesita elites muy restringidas, destinadas a desarrollar una función importantísima. Sobre este extremo me atengo a la sentencia heraclítea que dice "Uno solo, para mí, es diez mil". Hoy por hoy ese número debería elevarse a potencia.

¿En el sentido de que las elites habrían de ampliarse o restringirse en el futuro?

En el sentido de que, cuanto más crece la masificación, tanto mayor es el valor y la fuerza espiritual de los pocos que son capaces de sustraérsele.

Estamos acostumbrados a pensar en las elites en términos más sociológicos que espirituales. Usted, ¿cómo las definiría?

La definición sociológica de elite es ya un indicio de la corrupción del concepto. Para mí, una advertencia para no confiar ya ni siquiera en las elites, sino, a estas alturas, solamente en los grandes solitarios.

Mencionaba usted anteriormente su elección de no rebajarse jamás a polemizar. Sin embargo, frecuentemente ha estado implicado en polémicas. Sobre todo por su pasado en el éjército alemán, pasado que más de un crítico le reprocha a causa de la indulgencia con que habría tolerado usted al régimen nazi. Hay además un episodio del que nos gustaría tener su versión. Cuando apareció su novela "Sobre los acantilados de mármol", en la que se debatía la idea del tiranicidio, corrió usted algunos riesgos. Goebbels y Goering querían su cabeza, pero Hitler dijo: "Jünger no se toca".

Las polémicas no tienen el mismo espesor que las ideas. No se trata de estar a su altura contestando a tono, porque no hay tono sino solamente ruido. Por lo que atañe a Hitler el asunto fue así: no había transcurrido ni una semana desde que "Sobre los acantilados de mármol" había aparecido en las librerías, cuando el Reichsleiter de Hannover, un tal Bouhler, se quejó ante Berlín convencido de que el libro incitaba al complot. Hitler, que estimaba mis diarios de la Primera Guerra Mundial, sentenció que debían dejarme en paz. En más de una ocasión él había emitido señales de amistad y manifestó interés por mi persona. Pero no me dejé halagar por aquellos ofrecimientos. Hubiera sido hasta demasiado fácil instrumentarlos para obtener de ellos alguna ventaja personal. No habría sido necesario un gran esfuerzo para obrar como Goering. Quisiera luego añadir, aunque creo que un autor debería respetar la regla de no hablar jamás de sus propios libros, que en el caso de "Sobre los acantilados de mármol" el efecto político era para mí secundario. Algunos amigos me han reprochado el haber disminuido dicho efecto, que para muchos fue en cambio el más importante. Pero yo prefiero llamar la atención sobre el hecho de que en aquella ocasión me puse en otro plano. En el fondo está claro que si mi actitud se hubiese convertido en una toma de posición política, tal vez habría encontrado compañeros y secuaces, pero me habría rebajado al mismo nivel de Hitler. He sido un opositor suyo, pero no un opositor político. Sencillamente, estaba en otra dimensión.

¿Lo conoció usted personalmente?

No, nunca lo conocí. Cuando todavía era el anónimo jefe de un grupúsculo como el de los nacionalbolcheviques de Nickischy en aquel entonces yo todavía vivía en Leipzig. Cierto día, debió de ser en 1921, se hizo anunciar por Hess, pero yo no tuve tiempo para recibirlo. Por otra parte yo estaba convencido de que se trataba de uno de los muchos e insignificantes sectarios que circulaban por aquel entonces. A Dios gracias, aquel encuentro no tuvo lugar. Si por casualidad se hubiese producido y acaso Hitler me hubiese apoyado una mano sobre el hombro mientras alguien nos inmortalizaba, me imagino que la fotografía habría dado la vuelta al mundo. Afortunadamente las cosas fueron de otra manera.

Hannah Arendt afirmó que usted estuvo siempre del lado de la Resistencia a pesar de que sus libros hubiesen tenido influencia sobre la elite nazi.

Tengo presente aquel reconocimiento, que naturalmente me halaga. Pero personalmente, habiendo visto y vivido lo que ocurrió antes y después, experimento cierta alergia respecto al uso indiscriminado de la palabra resistencia. Sin contar con que la resistencia espiritual no es suficiente. Hay que contraatacar.

¿Nos está diciendo que siente algún arrepentimiento por aquello que no ha hecho?


Compruebo que contra un régimen cruel y feroz, al final importa también la manera de enfrentarnos a él.

¿Como funcionario alemán en la París ocupada, ¿ha tenido relación con Cotette?

Sí, ella se dirigió a mí para que ayudase a un joven amigo suyo, judío, que había sido detenido por nuestra policía. Me interesé por él y conseguí que lo dejasen en libertad. Colette me lo agradeció mucho. Todavía guardo un libro que me regaló en aquella ocasión, con una hermosa dedicatoria en la que me expresa su agradecimiento.

Entre los escritores que conoció, ¿hubo también colaboracionistas como Drieu La Rochelle y Céline?

Sí, pero no sólo éstos, también frecuentaba las veladas de Florence Gould, por ejemplo, Jean Paulhan, de quien sólo después de la guerra supe que había sido uno de los cabecillas de la Resistencia. En cuanto a Drieu, su suicidio me afectó mucho. A mi entender fue un gesto precipitado. La relación con Céline es un capítulo aparte. Ya desde antes de la guerra había oído hablar muy bien de él al editor Ernst Rowohlt, que había adquirido los derechos de "Voyage au bout de la nuit" (Viaje al fin de la noche). Cuando se publicó, la novela me causó una gran impresión, tanto por la fuerza del estilo como por la atmósfera nihilista que evocaba, y que reflejaba muy bien la situación de aquellos años. Pero cuando lo conocí personalmente, en el París ocupado, y tuve ocasión de encontrarme con él muchas veces en la Embajada y en los jueves de Florence Gould, quedé profundamente decepcionado. Su manera de actuar no me resultaba nada simpática, y creo que la antipatía era recíproca. No me gustaba su colaboracionismo ni su ostentoso antisemitismo. De ello hablo en mis diarios parisienses, pero a fin de no ofenderlo le doy el seudónimo de Merline. Lamentablemente, cuando los diarios se tradujeron al francés, la redactora -la escritora Banine, que por otra parte era amiga mía y odiaba cordialmente a Céline- lo reconoció tras el seudónimo y recuperó el nombre verdadero. Este incidente me costó su rencor; tanto es así que intentó contra mí un juicio por difamación. Cuando me interrogaron en Ravensburg, para no comprometer a Banine y liquidar de la manera más rápida ese desagradable embrollo, dije que se había tratado de un error de imprenta. También he conocido a Marguerite Yourcenar. Me regaló un ejemplar dedicado de sus "Mémoires d'Hadrien" (Memorias de Adriano). Aunque ya no me acuerdo de los detalles de la conversación que mantuvimos, recuerdo que fue muy brillante. La señora Yourcenar era una personalidad rica e interesante. Entre otras cosas me habló de su padre y de la singular manera que éste tenía de festejar el 14 de julio: hacía abrir las letrinas de su castillo.

¿Ha conocido a Hannah Arendt?

No, nunca nos encontramos. Heidegger me habló de ella a menudo.

Con Heidegger y con Carl Schmitt usted ha compartido cierto destino. ¿Qué recuerdo tiene de ellos?

Tengo un recuerdo no solamente literario, sino también personal, privado. Fui amigo de ambos. Me encontré con Heidegger muchas veces e incluso fui a visitarlo a su casa de montaña en Todtnauberg. A estas alturas es necesario estar en condiciones de dar un juicio objetivo sobre él. Quiero decir que, a estas alturas, de lo que se trata es de evaluar al pensador por su potencia especulativa y no por sus opiniones políticas. Lo mismo es válido para un artista o un poeta. Por ejemplo, admiro muchísimo a Heinrich Heine como poeta, en tanto que no comparto para nada sus convicciones políticas: entre ambas perspectivas es preferible adoptar la más favorable. Con Carl Schmitt tuve una relación aún más estrecha, muy personal. Entre otras cosas fue el padrino de mi hijo Alexander, de quien hoy sería el cumpleaños.

Hablando de política, en Italia se discute encarnizadamente de la derecha y la izquierda. ¿Qué piensa usted de estas dos categorías?

Actualmente son ya categorías orgánicas, como las partes del cuerpo. Piense por ejemplo en las manos: ambas son indispensables. Es obvio que cada una existe en función de la otra. Desde este punto de vista, por lo tanto, la derecha y la izquierda son igualmente necesarias. Lo que me pareció claro desde las convulsiones de la república de Weimar es que ya no se sostiene la tradicional representación espacial del significado político de estas dos categorías, según la imagen de un Parlamento en que la derecha se instala en un lado y la izquierda en el otro. Y esto es aún más válido hoy por hoy, en la edad de la técnica y de las comunicaciones de masas. Personalmente, de todas maneras, me considero más allá de tal esquema, que ha llenado anaqueles de ideología.

A propósito de técnica y de comunicación de masas: además del invento de los rayos X, el año de su nacimiento fue también el de la invención del cine. ¿Qué idea tiene acerca de este arte tan popular en nuestro siglo?

Me gusta imaginar el cine como algo que atañe a la relación entre técnica y magia. Una relación toda ella por investigar, incluso en el aspecto del público. Me pregunto si el cine ha sustituido, siquiera parcialmente, a la novela, y qué efectos ha producido esta sustitución. Aunque el público que va al cine, precisamente porque es vasto y anónimo, no coincide exactamente con el público de los que leen.

Usted ha mencionado la magia en relación con la técnica: es una hermosa definición del cine.

A menudo la técnica tiene algo de asombroso. Es cómico, pero a veces, mientras hablo con alguien por teléfono, todavía tengo la sensación de llevar a cabo no solamente un acto posibilitado por la técnica, sino también algo que es mágico. Lo mismo vale para el cine, pero también para otras cosas. Podemos grabar nuestra conversación, filmarla, y de tal suerte hacerla revivir dentro de cien años, acaso vista desde un punto de vista diferente. Una filmación nos da la oportunidad de resucitar a personas desaparecidas de las que se han perdido el recuerdo, la presencia física, la voz, el gesto. Creo que este efecto, que yo llamo mágico, está destinado a emerger de una manera aún más impresionante: ya se está hablando de realidad virtual, de cuarta dimensión. El pensamiento mismo se digitaliza.

¿Y por lo que atañe a la televisión?

También ésta tiene un significado mágico. Y dicho aspecto brujeril no se debe, entendámonos, a la actitud de un hombre primitivo ante un suceso sorprendente y desconocido. A través de la televisión podemos dar vida a una realidad que no está presente ante nosotros. Espero que pronto se puedan tener imágenes televisivas en tres dimensiones. Su carácter mágico se vería así potenciado.

Esto en lo que se refiere al futuro. ¿Cómo imagina usted, por lo tanto, el próximo siglo?

No tengo una idea demasiado feliz y positiva. Por decirlo con una imagen, quisiera citar a Hölderlin, que en "Brot und wein" (Pan y vino) escribió que vendrá la edad de los titanes. En esta edad venidera el poeta deberá aletargarse. Los actos serán más importantes que la poesía que los canta y que el pensamiento que los refleja. Será una edad muy propicia para la técnica, pero desfavorable para el espíritu y para la cultura.


Fuente
eljineteinsomne