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miércoles, 4 de junio de 2014

EURASIANISMO




Eurasismo: Un arma de guerra contra el Mundialismo

A base de gritarlo alto y claro por todas partes, los medios de comunicación occidentales tendrán posiblemente su guerra civil en Ucrania. Para todo militante revolucionario y continentalista preocupado por las lecciones de la historia, ya está claro que la “crisis” de Ucrania no es más que una batalla en la gran guerra que actualmente se desarrolla para el destino de nuestro futuro colectivo. En esta lucha, los insultos o las generalizaciones grotescas no pueden servir a nuestro discurso. ¿Por qué exagerar cuando los hechos y la historia ya nos dan la razón?
Idealismo y realidad
Como era de esperar, la “Tercera Vía” no existió nunca en realidad. La revolución popular de Maidan, que partía de una contestación legítima (echar al mafioso Yanukovich) fue subvertida muy rápidamente por toda la camarilla naranja (pro-UE) que se estaba preparando desde hacía tiempo. Todos los capítulos de esta conocida pieza se desarrollaron como en el teatro: banderas europeas, el romanticismo de las barricadas, los francotiradores, Bernard-Henri Lévy, los malvados “titushkis” (en Siria, eran “los shabihas”) y, finalmente, la huida del derrocado presidente y el gobierno de transición compuesto de marionetas occidentalizadas preseleccionadas. Yatsenyuk abogando por la “Open Society” (sociedad abierta) tan querida por el activista naranja y multimillonario americano George Soros. La formación de una “Guardia Nacional” y sus uniformes americanos, como en Libia. La estigmatización de los elementos verdaderamente revolucionarios del Maidan (“los extremistas”) y la “Noche de los cuchillos largos” (Shashko Billy asesinado por la policía del nuevo régimen). Focalización de la cólera hacia la “amenaza rusa” exterior. La llamada a la solidaridad de los nacionalistas de Europa, para reeditar una vez más el Frente del Este; Croacia y Georgia contra los “ruso-bolcheviques”. La formación de una brigada de voluntarios internacionales (por Gaston Besson, veterano de Croacia y Birmania). Todo salió como lo habíamos previsto, hasta el último detalle.
La estandarización mundialista ya está trabajando en Ucrania. La Unión Europea no se hizo de rogar, puesto que ya ha apelado al alza de los precios del gas para los particulares, a la bajada de los salarios que ya afecta a los mineros del Kherson y anunció que no se podía negociar la autorización o no de una futura Gay-Pride. Lo tomas o lo dejas. El nuevo gobierno se compone de los esbirros más predestinados, como todos” los gobiernos de transición democrática”, establecidos por o para Occidente.
En cuanto al Sector Derecho, que todavía no ha aclarado su relación con el oligarca judío Igor Kolomoisky (apodado “el judío pardo” por su proximidad desde hace mucho tiempo con los movimientos de extrema derecha), no duda en hablar de una “posible” alianza con la OTAN. El movimiento paramilitar que representaba, entre los idealistas, la última esperanza de “terminar la revolución” se presenta a las elecciones y sus líderes entre bastidores son fotografiados por la prensa, limpiando grafitis antisemitas en las paredes de las sinagogas, sólo para mostrar que después de todo, no son nazis, sino presentables y en consonancia con los valores progresistas de sus futuros acreedores de Bruselas o Nueva York.
Evidentemente, hay que tener los pies en el suelo, la situación es bastante compleja. La mayoría del pueblo ucraniano aspira a la restauración de un orden próspero y de una cierta dignidad cultural, sin saber muy bien lo que sigue. Por supuesto, la mayoría de los militantes del Praviy Sektor no son “agentes sionistas”, y no están pagados por la CIA, sino que son sobre todo nacionalistas clásicos: muy buenos en el terreno, políticamente amateurs, y finalmente, actores de relleno. Necesitamos relativizar sobre el Praviy Sektor y esos “nacionalistas ucranianos” que emocionan tanto a sus camaradas franceses. En Ucrania, ya no constituyen una fuerza política capaz de influir en la realidad o imponer ideas. Están por lo tanto eliminados del tablero de juego.
Por cierto, extraigamos de todo ello, para Francia, lecciones del Maidan: una fuerza violenta estructurada mediante la realización de la ocupación de un lugar público puede crear una burbuja temporal, una situación, y, por lo tanto, si es lo bastante resuelta, puede inclinar el equilibrio de poderes. Incluso puede entrar en la leyenda mediante la difusión de una mística romántica (y ser fotografiados copiosamente por los profesionales de la Agencia France Presse). Sin embargo, si por amateurismo político, ingenuidad, falta de voluntad o falta de reacción, no se impone al frente de la toma de decisiones del cambio, no recogerá los frutos, será confinada adecuadamente y perderá el tren de la historia. Hubiera sucedido lo mismo en París, si los agitados jóvenes nacionalistas de la Manif Pour Tous hubiesen logrado hacer dimitir a Hollande. De este modo, sin un fuerte punto de vista político y animado más allá de una simple reacción, sin hoja de ruta y sin reflexión política (y militar), toda rebelión no se convierte en revolución.
«Ningún cheque en blanco para Putin»
Es aquí donde entra en juego el eurasismo. Muchos de nosotros hemos constatado que la “nueva resistencia” francesa, hoy, necesita una metodología eficaz, de disciplina, de estructura y de inteligencia política para lograr constituir una alternativa popular y seria al actual sistema francés. Las disputas doctrinales no nos conciernen aquí. Está claro que el saber-hacer político se perdió en gran medida desde los años 1960-1970. La rutina de las reuniones de célula, las mociones, los turnos de palabra, y las coordinadoras nos vienen del sindicalismo revolucionario y llevan la marca de Sorel y Proudhon así como la de Valois. Hemos de reconectarnos con estos métodos que han demostrado ser aptos, sino, es inútil esperar ningún resultado.
En cuanto al eurasismo, no está destinado a sustituir la política local o nacional, ni a convertirse en una abstracción difícil de alcanzar reservada a los intelectuales “de las cumbres”. El eurasismo pretende dar un sentido histórico y una importancia internacional a la coordinación de las revueltas (de derecha o de izquierda) que se incuban en Europa occidental y por lo tanto en Francia. El eurasismo no sólo proporciona un lenguaje político común a esta coordinación internacional, sino también una mística capaz de hacer frente al mesianismo globalista. El eurasismo tiene utilidades prácticas, se dirige a la realidad, y esto es lo que sus críticos no han comprendido.
Regresemos a Ucrania. Elegir su campo no significa dar “cheques en blanco” a Putin. Los que, como yo, eligen el bando de Rusia, saben el porqué. No nos hacemos ilusiones. Putin y su gobierno protegen ante todo los intereses de Rusia y no piensan sacrificarlos en el altar de una revolución mundial en contra de los bancos, idea ridícula. Nuestro apoyo a Rusia no se debe a los “grandes músculos de Putin cazando a caballo sin camisa”, como los interpretan nuestros críticos. Rusia no es un “super-héroe antisionista ” Rusia ya no es un país comunista, ni siquiera socialista, sino una potencia regional (re) emergente y liberal-conservadora. En esto, sigue una dinámica política que le es propia. Pero esta dinámica política coincide con los intereses (inmediatos o a largo plazo) de los “disidentes” franceses, y de muchos movimientos de oposición en Occidente.
El interés de los revolucionarios franceses es la muerte de la UE, de la OTAN y el estilo de vida occidental. Se debe tener en cuenta el efecto de inercia de cualquier política. Si Putin mantiene su línea referente al despertar espiritual ruso, el tradicionalismo, la diplomacia “de lealtad”, el apoyo de sus aliados contra las agresiones externas, aunque no fuera más que por puro pragmatismo, estas medidas tendrán (y tienen ya) un impacto innegable en la cultura mundial (no sólo por el tamaño o la importancia de Rusia, sino sobre todo por la forma en que se percibe y se representa en las mentalidades colectivas). Rusia se ha embarcado en la carrera para ponerse al día en materia de soft-power y de guerra “de 4ª generación” (medios de comunicación, opinión pública, dominación cultural, etc.). Desde la caída del comunismo, Occidente parecía ser el único que ofrecía un “proyecto” al mundo. Proyecto real (la apertura democrática liberal) como predicado y apoyado por una potencia concreta (militar y económica). Hoy en día, este proyecto occidental vacila y su potencia concreta está en retirada. Sin embargo, frente a él, los “no alineados”, el BRICS o los Rogue States durante mucho tiempo han carecido de proyectos, ideales o mística para oponerse a él.
Aunque la Rusia de hoy está lejos de ser apta para el proyecto eurasista, hace de vehículo. Aparte del eurasismo, la concepción rusa (o china) del capitalismo sigue estando articulada a un esquema clásico basado en el mercado de bienes. Pero estos países continentales están centrados en sí mismos. No buscan exportar su estilo de vida ni a evangelizar el mundo y mucho menos a remodelar la humanidad antropológicamente, ni tampoco conscientemente buscan destruir cualquier realidad cultural, étnica, o religiosa existente (incluso cuando ellos no dudan en ocupar o dominar a una nación de su “extranjero próximo” para un propósito funcional estratégico y económico). No podemos equipararlos a Occidente, como si se tratara de dos imperialismos equivalentes.
Por último, Rusia tiene algo que supera las abstracciones románticas que tanto gustan a algunos camaradas franceses. A diferencia de la “tercera vía” micro-nacionalista que en los hechos no existe, Rusia tiene aviones, misiles, tanques, soldados, stocks de armas… Ella ha empezado a replicar las técnicas de subversión occidental utilizando (como en el judo), la fuerza de su oponente. Así se hizo la secesión de Crimea y pronto la del Donbass. Así, tal vez, mañana se hará la liberación de los pueblos de Europa, un punto de encuentro entre las revueltas populares incesantes en el oeste, y la voluntad previsible de Rusia (o de cualquier otro “no alineado “) para pagarle con su propia moneda a la OTAN, devolviéndole sus propias técnicas de desestabilización y otros frutos de la doctrina Gene Sharp. Por estas razones y muchas otras, hemos elegido nuestro campo. Ahora, conviene poner este apoyo en práctica.
Por un eurasismo militante y francés
“La injerencia” en el sureste ucraniano, históricamente ligado a Rusia, nos parece natural como respuesta a la agresión occidental (que solo se deshizo de Yanukovich cuando este último se volvió hacia el este). La zona industrial de Kherson es estratégica, no es cuestión de que la OTAN se la apropie. Esta “injerencia” rusa no es más impactante para nosotros que si, en un caso hipotético, Francia enviase sus tropas a Bélgica para anexar Valonia tras un golpe de Estado flamenco anti-francés y apoyado por Alemania… Nuestro apoyo va a los mineros de Kherson, a las banderas negro-azul-rojo, y a la resistencia (armada o no) a la UE. El vínculo entre todas estas luchas es la cruz de oro flechada sobre fondo negro, que simboliza la luz central de nuestro continente, poblada por los descendientes de las tribus nómadas indoeuropeas surgidas de las estepas de Eurasia.
En Francia, el eurasismo con demasiada frecuencia se limita a los círculos más intelectuales de la oposición. Todavía es visto demasiado a menudo ya sea como una pura estética, o como un proyecto extranjero incompatible con cualquier idea francesa. Sin embargo, asistimos lenta y seguramente tanto a una evolución como a una mutación del público afectado. Por ejemplo, la muy joven red Unité Continentale, primera formación francesa abiertamente eurasista y orientada a la vez al activismo, está formada sobre una base militante predominantemente proletaria y popular, joven y aventurera, poco amante de las abstracciones esquivas. Se ilustra con carteladas masivas por Vorislav Seselj, preso político serbio de la OTAN, a través de acciones repentinas (quema de banderas de Estados Unidos y de Bruselas en la Place du Trocadéro) o incluso con su presencia en diversos actos en apoyo a Rusia, a la Jamahiriya libia o a la República Árabe Siria. El eurasismo francés, además de tener una base activista determinada y organizada, debe ser capaz de formar cuadros políticos que más tarde van a frecuentar movimientos de ideologías, roles y públicos diversos: más allá de la izquierda y de la derecha, pero contra el centro. El eurasismo no está destinado a formar sectas, sino a alimentarse de todo lo que puede integrar su combate global.
Fuente                        Guillaume Lenormand
tribunadeeuropa                               (Traducción de Jordi Garriga)

martes, 3 de junio de 2014

ABDICACIÓN DEL REY



Lo que ha sido el juancarlismo y la dicotomía “Monarquía-República”

La predicción no era muy aventurada y la habíamos formulado el 28 de abril en un artículo publicado en Info-krisis). Que la monarquía juancarlista se estaba acabando era más que evidente para cualquier analista político. Entre bambalinas se estaban dando los pasos para llegar a ese desenlace. Juan Carlos intentó hasta el último momento mantener sus posiciones pero la “operación lustre” no dio frutos y las encuestas demostraban que se estaba próximo a cerrar un ciclo. Ahora queda analizar algunos elementos de esta “crisis” (porque, a fin de cuentas, se trata de una crisis).

Juan Carlos y la transición

Era frecuente, hace unos 20 años e incluso hasta 2010, que muchos nombres de relumbrón de la izquierda y la derecha dijeran aquello de “no soy monárquico, soy juancarlista”. Con eso indicaban su falta de convicciones monárquicas, unido a la gratitud hacia el “monarca que hizo el cambio”. En realidad, el papel de Juan Carlos I en la transición fue, como el de Adolfo Suárez, de meros “rostros” de una transición que otros habían diseñado. El papel del segundo no consistió más que en aportar aplomo, rostro (en el peor sentido de la palabra) e imagen a la transición. En cuanto al papel de Juan Carlos no fue nada más que en tranquilizar a la derecha sociológica española, franquista por lo demás, de que lo que sucedería a partir del 20-N de 1975 no sería nada más que lo de antes pero levemente modificado, en ningún caso, una “ruptura”. Incluso la Ley para la Reforma Política fue considerada como la “culminación” y la “última” Ley Fundamental de la arquitectura constitucional franquista.


En realidad, la transición del franquismo al régimen de 1978 fue impulsada por tres sectores: 1) el incipiente capitalismo español que precisaba nuevos mercados para colocar sus productos, 2) el capital internacional –especialmente el capital financiero- que veía en España un mercado prometedor y 3) el Pentágono que precisaba –en los años de la Guerra Fría- dar “profundidad” a la OTAN.

El capitalismo español generado a lo largo de los años 60 bajo el padrinazgo del Opus Dei y de sus Planes de Desarrollo se había desarrollado lo suficiente como para poder exportar, pero desde las Comunidades Europeas, fuertes barreras arancelarias impedían la llegada de los productos españoles a los mercados. El “mercado común europeo” ya había advertido en varias ocasiones y ante las peticiones de ingreso de España, que la estructura del régimen franquista no daba los mínimos democráticos exigidos para ingresar en el Club. Así pues, era preciso democratizar el régimen.

El capitalismo internacional, especialmente el capitalismo financiero, veía en España buenas oportunidades de inversión. A fin de cuentas a finales de los años 70, algunos sectores económicos todavía no estaban suficientemente desarrollados y precisaban fuertes inversiones y modernización. La Ley de Inversiones Extranjeras de 1959 que había dado lugar al prodigioso desarrollismo de los años 60, era, a partir de ahora, un impedimento para ir más allá. Es imposible deslindar lo ocurrido en España de la trayectoria del capitalismo internacional que estaba ya en fase multinacional: además, el sector público español era un bocado apetecible para ese capitalismo extranjero. Si se trataba de democratizar el país, era evidente que ese sector público (el INI) debería privatizarse y era ahí en donde se podía dar la gran dentellada.

En cuanto al Pentágono, patrón indiscutible de la OTAN, la cuestión era mucho más simple y se resumía en que apenas 900 km que separaban la frontera entre las dos alemanias y los Pirineos. En caso de ofensiva soviética, no existía “retaguardia” desde la que articular una defensa. España, vinculada en materia de defensa a los EEUU no era un aliado seguro. Carrero Blanco ya había dado en 1972, en su búsqueda de nuevos mercados para los productos españoles y en su intento de elaborar un Plan B que nos hiciera menos “eurodependientes”, estaba abriendo mercados en el Este ante la cerrazón del Mercado Común. Era posible, pues, que España hubiera relajado su vinculación a los EEUU (los acuerdos bilaterales se negociaban por tramos de 10 y 5 años). Dado que España no podía ingresar en el club de la OTAN a causa de la particular estructura del Estado franquista, no quedaba más remedio –si se trataba de dar “profundidad” a la OTAN, que presionar para que el régimen se democratizada.

Estas fueron las fuerzas reales que propiciaron la transición. El papel del Rey y el de Adolfo Suárez fueron completamente irrelevantes. Meros actores de un guión quen o habían escrito. En cuanto al papel de la “oposición democrática”, apenas formada por el PCE y una serie de excrecencia casi irrelevantes de izquierda y de extrema-izquierda, tampoco fue esencial, a pesar de que la mitología de la transición la magnificase.

Así pues la “transición” se planteó como un cambio pacífico en el que la sabiduría del pueblo español y ha responsabilidad de sus dirigentes generaron un nuevo modelo de régimen. De ahí que se aludiera con frecuencia a una “transición modélica”. Juan Carlos no fue más que la referencia para los franquistas de que “nada había cambiado”: militares, fuerzas de orden público, magistratura, estructuras funcionariales del régimen, lo aceptaron, simplemente, porque era el “rey puesto por Franco” y mientras él estuviera, nada en efecto, parecería haber cambiado. Pero el Rey era capaz de prometer las Leyes Fundamentales del Reino… y todo lo contrario, la Constitución Española.

El final del juancarlismo, por qué…

A Juan Carlos el destino del país no le importó mucho más allá de los mensajes de navidad. En realidad, la cosa veía de familia; su padre, durante los 40 años del franquismo solamente emitió menos de cinco mensajes y documentos, todos ellos elaborados por su “Consejo Privado”, como signo de que le importaba el destino de España. De la misma forma que a Carlos IV solamente le interesaban las cacerías, a Isabel II los palafreneros de palacio y a Alfonso XII sus amores melancólicos, a Juan Carlos le interesó cualquier cosa menos la lectura diaria de las leyes que firmaba.

Es conocida la historia hacia finales de los años 80 de que estuvo unas semanas con una periodista suiza fuera de España, mientras un plotter firmaba por él no importa qué ley. Una corte de advenedizos formada en su entorno (los Ruiz-Mateos, los De la Rosa, los Prado y Colón de Carvajal, el príncipe de Chokutúa, etc) tuvieron continuos problemas judiciales. Todos ellos pensaban que el rey les sacaría del entuerto, pero a partir del instante mismo en el que se desvelaron sus corruptelas, por mucho que hubiera sido el apoyo y las entregas dinerarias que habían realizado a la monarquía, se vieron solos. Zarzuela dejó de descolgarles el teléfono. Esto recuerda a Fernando VII, “el deseado”, que a lo largo de su carrera no dejó a nadie sin traicionar.

Pero no eran los continuos líos de faldas cuyos ecos atenuados llegaban a la opinión pública, no eran ni siquiera la frecuencia con la que los amigos del monarca visitaban los juzgados, ni siquiera era el hecho del evidente desinterés en el destino de España y en la tarea de gobierno, no era tampoco el evidente debilitado estado de salud del rey, tributo a excesos de juventud, sino que era algo mucho más profundo lo que estaba ocurriendo en España y que entrañaba el descrédito y el ocaso de la monarquía juancarlista.

De la misma forma que la transición fue impulsada por las fuerzas que antes hemos definido, y no deben absolutamente nada a la personalidad del rey, el final de juancarlismo está ligado a la modificación de las correlaciones de fuerzas de la transición.

En efecto, los grandes grupos mediáticos que actuaron en los años 1976-1983 para impulsar la democratización del país (empleando todo su arsenal de artimañas para velar la realidad) hoy, o han desaparecido (Cadena 16) o se encuentran en gravísimos problemas económicos (Cadena Zeta y PRISA). El mismo modelo de comunicación que hizo posible la transición ya es cosa del pasado. Hoy es más complicado que en 1976 controlar los criterios de la opinión pública, imponerlos y modificarlos a voluntad. Existen redes sociales que generan siempre islotes de disidencia y focos de oposición a las “verdades oficiales”.

La transición se realizó diseñando un sistema electoral que llevaba a la alternancia entre dos fuerzas, una de centro-izquierda (PSOE) y otra de centró-derecha (inicialmente UCD, luego PP), apoyadas, en caso de no tener mayoría absoluta por otros dos pequeños partidos nacionalistas (CiU y PNV). Ninguna otra fuerza política ha podido tener peso real en España desde 1983 hasta ahora. Pero ese sistema ha entrado en crisis. Las elecciones del 25-M señalan la ruina del “bipartidismo imperfecto”. A partir de ahora, otras fuerzas políticas crecerán mientras los dos grandes partidos se irán disolviendo como un azucarillo. La época de las mayorías absolutas ha concluido para siempre y ya no bastará un simple acuerdo con un nacionalista para gobernar por mayoría.

¿Por qué ha ocurrido esto? Por la crisis económica desatada a partir de 2007 que se ha transformado en crisis social (6.000.000 de parados) y que finalmente, al prolongarse, ha terminado generando una crisis política en todas las esferas del régimen nacido en 1978: porque, ni una sola de las estructuras de poder creadas en 1978 goza hoy de buena salud: ni la estructura autonómica, ni los partidos, ni la magistratura, ni el parlamento, pueden alardear de satisfacer los deseos de honestidad y buen hacer exigibles. Y, por supuesto, es en este contexto en el que hay que situar la crisis de la institución monárquica.

No  que la monarquía se haya visto erosionada solamente por el caso Urdangarín, ni que la atrabiliaria historia de la caza del elefante (con sus patética e indignas excusas), ni que la salud real menguara… no, se trata de que TODA LA ESTRUCTURA DE PODER CREADA EN 1978 ESTÁ HOY EN CRISIS. Y la monarquía es una pieza más del entramado que no ha podido resistir las distintas fases  de la crisis económica iniciada en 2007…

Tras Juan Carlos ¡viva la República! (¿Viva la República?)

En 1931, después de unas elecciones municipales de las que aun hoy se ignora cuáles fueron los resultados reales, pareció que en las grandes ciudades el número de concejales monárquicos era inferior al de republicanos y el rey aprovechó para “emprender las de Villadiego” en lo que puede ser calificado como cualquier cosa menos como un “fenecer glorioso”. En Cataluña, Luís Companys proclamó la República Catalana desde el ayuntamiento y el fervor republicano se manifestó en las calles. El resto lo conocemos: nunca, en sus cinco años de vida, la República logró asentarse. Hoy, los riesgos son parecidos, sino peores.

Los que hoy proclaman la necesidad de una república deberían de tener en cuenta lo que implica la llegada de un nuevo régimen auspiciado especialmente por la izquierda revanchista. Porque no se trata ni de salir a la calle ni de encontrar el balcón más próximo para dar un salto al vacío. En realidad, fuera de los fervores de unos y de otros, de las filias y de las fobias subjetivas, la realidad es que en este país muy pocos son monárquicos o republicanos. Porque el verdadero problema no es “monarquía” o “república”, sino un país que funcione o un país que no funcione. Hay monarquías modélicas y hay repúblicas infames, y viceversa…

En un período en el que un 25% de la población está próximo al umbral de la pobreza, con una situación económica mundial endiablada e irresoluble a causa de la globalización, no parece muy claro que ni una monarquía ni una república vayan a resolver gran cosa, así pues, la discusión sobre monarquía o república es, en las actuales circunstancias, completamente irrelevante y está completamente fuera de lugar.

Por lo demás, hay que pensar que en las actuales circunstancias una “república” no sería nada más que un modelo de organización fuertemente lastrado por los valores humanistas-universalistas procedentes de la izquierda progresista, y que quienes aspiran a una “república no tricolor” no tendrían absolutamente nada que decir. Mirad los resultados de las elecciones del 25-M y veréis quiénes harían la nueva constitución republicana y cuál sería su espíritu.

El problema no es sustituir a la monarquía por otro régimen, sino que ese “otro régimen” garantice la buena marcha del país. Y no da la sensación de que de la izquierda actual tenga un portentoso proyecto de regeneración nacional que vaya más allá de la instauración de una república (que, insistimos, cuyos valores, estructura y principios, solamente podría, hoy por hoy, salir de los laboratorios ideológico-dogmáticos de la izquierda)… Lo peor del caso, es que la derecha tampoco parece tener otro proyecto que no sea el de prolongar en Felipe VI el régimen nacido en 1978.

Si el juancarlismo ha concluido, si la instauración de una república constituiría un peligroso salto al vacío (que, por lo demás, no aportaría nada más que el cambio de membretes y rotulaciones en los papeles oficiales y poco más), ¿qué vía queda para este país? Hay una tercera vía: la del CIRUJANO DE HIERRO, LA DEL “HOMBRE FUERTE” al frente de una REGENCIA que afronte decididamente los grandes retos y problemas del país. Luego, ya se verá y siempre será tiempo de elegir entre “monarquía” o “república”. Hacerlo en las actuales circunstancias supondría un cheque en blanco para el humanismo-universalista propio de la ideología de la izquierda postzapaterista. España precisa una nueva constitución, pero para llegar a eso, precisa también un período de:

1) Fin del derroche generado por los partidos políticos, renegociación de la deuda.
2) Certificación del fracaso bochornoso y total del “Estado de las Autonomías”. Resolver el problema de la centrifugación nacional.
3) Persecución con castigos ejemplares de todos los casos de corrupción habidos (los delitos contra la  sociedad, y la corrupción política es una de ellos, no deben prescribir jamás).
4) Generación de nuevas formas de representación política no basadas en los partidos políticos.
5) Poner coto a los desmanes de los “señores del dinero” y a sus beneficios.
6) Volver a una economía productiva, renegociando el acuerdo de adhesión a la UE (es mucho más importante un referéndum sobre nuestra permanencia en la UE que sobre “monarquía o república”), reinstaurando barreras arancelarias, evitando que las rentas procedentes del trabajo sean machacadas fiscalmente, mientras las rentas del capital se van de rositas.

7) Lucha contra todos aquellos elementos que han desequilibrado en los últimos treinta años a a la sociedad española y que han hundido nuestra sistema de valores, el nivel cultural del país y han hecho quebrar el sistema educativo.

SIN UNA ETAPA PREVIA DE “RECTIFICACIÓN Y REORDENACIÓN” DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA NO HAY POSIBILIDADES DE ELABORAR NI UNA NUEVA CONSTITUCIÓN, NI DE PLANTEAR LA DICOTOMÍA “MONARQUÍA-REPÚBLICA”. Y ESA ETAPA SOLAMENTE PUEDE ESTAR PROTAGONIZADA POR EL “CIRUJANO DE HIERRO”, EL “HOMBRE FUERTE” QUE RESTAURE LA AUTORIDAD DEL ESTADO, QUE DEFIENDA A LAS CLASES MÁS MODESTAS Y PONGA EN CINTURA A LOS “SEÑORES DEL DINERO”.

Es evidente que ni nos manifestamos en este momento por la prolongación del juancarlismo en su descendiente, ni por el salto al vacío que supondría una república que hoy estaría lastrada (como lo estuvo la Segunda República) por la prepotencia de la izquierda. Creemos que solamente el CIRUJANO DE HIERRO con plenos poderes para restaurar la dignidad del Estado, para aligerar la carga fiscal que suponen la deuda, el Estado de las Autonomías, el sistema de partidos y la corrupción, pueden hacernos dejar atrás este período triste y desintegrador en la historia de nuestro país que se inició con la MENTIRA DE LA TRANSICIÓN. Nunca mejor dicho puede recordarse el viejo refrán de que “aquellas aguas, trajeron estos lodos”.

Fuente                                            Ernesto Milà

lunes, 2 de junio de 2014

1945 FELIZMENTE LIBERADOS



¿De verdad nos liberaron?

Pronto Europa y el mundo llevarán -llevaremos todos y todas- ya 69 años felizmente liberados. Personajes oscuros (con abultadas fortunas) y con intereses aún más tenebrosos celebrarán la victoria sobre la bestia fascista -es decir; Alemania, Italia y Japón- con grandes fastos y pomposos y grandilocuentes discursos estereotipados y vacíos de cualquier contenido inteligente o históricamente contrastado. Que en el primero se estableciera un régimen Nacionalsocialista salido de las urnas parece que no se recuerda. Que en el segundo fuera el Fascismo lo que se impuso parece que es lo más importante, ya que da nombre a todos los demás. Y que el tercero fuese un régimen Imperial, más de lo mismo; es meter en el mismo saco a tres ideologías diferentes, pero todas -Falange aquí en España incluida- con un ideario común: Patria y Tradición.
Como hay temas muy controvertidos y por Ley no se puede hablar de determinados sucesos al parecer acaecidos en aquellos tiempos -alguno de ellos la base ideológica de toda la Historia Contemporánea y a la vez, la piedra angular en la que se escudan la mayoría de los inductores de toda la mentira monetaria que hoy sufrimos y nos esclaviza- corramos un estúpido velo sobre tales cuestiones y no nos pronunciemos, no porque no queramos sino porque no nos dejan. Si esto fuese una democracia donde las libertades iluminaran nítidamente el discurrir ciudadano como cacarean babeantes de placer (pero sabiendo que mienten como bellacos), tendríamos libertad de expresión. Pero no la tenemos. 
El conocimiento no favorece a la democracia, sino a la verdad.
Si la Historia (la objetiva, no la propaganda subjetiva de los ganadores) nos ha enseñado algo es que debemos aprender tanto de los errores como de los aciertos del pasado, así como que ni los que parecían tan buenos lo eran, ni los que se nos presentaban tan malos lo fueron. Y no debemos confundirla con la propaganda de los vencedores, que tiende en todos los conflictos (desde las antiguas guerras de Roma hasta los actuales acontecimientos de Siria o Ucrania) a magnificar sus aciertos y a acallar sus errores y a acallar los aciertos de los vencidos y magnificar -cuando no inventar directamente- sus errores; así su victoria es más necesaria, creíble y contundente y de paso tapa los crímenes propios con los ajenos, supuestos o reales. Es la forma de enterrar, borrar la ideología del adversario -para que no vuelva a resurgir y compita con la ganadora- y poner en un altar a la vencedora, como la garante del verdadero, único y deseable orden posible. Si hay que dejar planas poblaciones sin valor militar y ya al final de la guerra en países agotados y a punto de claudicar como en Hiroshima, Nagasaki, Dresde -entre otras muchas- se hace sin remordimientos, todo se hace en bien de la Humanidad. Y en seria advertencia al otro aliado, que tras el final de la guerra volvería a su estatus de enemigo irreconciliable. Y de las atrocidades de los aliados -además de las obvias y conocidas bolcheviques- que las hubo y muchas, no nos cuentan nada: Leonforte, Canicatti, Audouville-la-Hubert, Playa de Omaha, Biscari, Montecassino, Canicatti, Foibe, Tobruk. O el caso más espectacular de tergiversación; Katyn, donde los bolcheviques asesinaron a miles de sus “aliados” polacos y cuya autoría fue endosa durante años a la Wermatch ¿Quizás el futuro nos depare otras sorpresas como esta y sepamos la verdad de lo que ocurrió realmente en determinado asunto? Todas quedaron impunes, además de las diabólicas violaciones y vejaciones a los civiles “liberados” del yugo nazi. O la hambruna premeditadamente planificada para el pueblo alemán por los aliados después de la guerra. Pero esa ocultación de determinados hechos parece que ni interesa ni preocupa a nadie.
Y aquí me gustaría hacer una aclaración: los regímenes mencionados cometieron errores, eso jamás lo negaremos (algunos de bulto), pero pretender que los  “fascismos” fueron horribles al ciento por ciento lo único que sugiere es que no nos cuentan toda la verdad, máxime cuando uno de los aliados era (nada más y nada menos) la URSS: los ciudadanos rusos llevaban ya desde 1917 viviendo en sus carnes el maravilloso y liberador sueño bolchevique. A los demócratas ingleses y franceses (y polacos y australianos y a todo el mundo) no les importó aliarse con la por ellos detestada bestia comunista (ni siquiera a los yankis) para acabar con los otros. Y no está de más recordar que cuando la URSS invadió Polonia (1939), Inglaterra y Francia miraron hacia otro lado. Extraña actitud la del aliado que fagocita a otro con la indiferencia de los otros camaradas de alianza. O más bien con el beneplácito inconfesable pero programado de antemano.
El peligro que corría el mundo en el caso de que triunfaran debería ser tremendo, terrible, espeluznante, dramático; para poder llegar a tales alianzas totalmente contra-natura, haciendo un pausa en su aparente enfrentamiento. Y esto da que pensar, para el que todavía conserve esa capacidad, claro está. Así que pensemos un poco en el tipo de mundo que teníamos antes de la SGM: un mundo multipolar, con Inglaterra decayendo y con dos países empezando a destacar -pero todavía sin dominar- sobre todos los demás: USA Y URSS. O por ejemplo, qué tenían en común los aliados entre ellos. No es el ideal democrático, los rusos carecían de él, como tampoco podemos hablar de una cultura similar o un sistema económico parecido. Los sistemas de unos eran las antípodas del otro. También podría ser que se encontraran acosados por los otros en su escalada militar, pero cada cual podía haberse defendido por su lado: liberalismo bueno por un lado y comunismo malo por el otro. Si URSS hubiese caído, el Eje sería mas fuerte sin lugar a dudas, pero las consecuencias de eso no las sabemos a ciencia cierta, teniendo en cuenta la enorme cantidad de tropas de ocupación que hubiera tenido que emplear y no poder dedicarlas a otras campañas, como por ejemplo, Inglaterra. Quizás a quien más benefició la alianza fue a los rusos, carentes en aquella época de industria armamentística de calidad, además de que se encontraba trasladando toda su industria al interior del país para que no cayera en manos alemanas. Sin la ayuda aliada (tanto de material como de la apertura de un segundo frente en el oeste), URSS lo hubiese tenido muy difícil para contrarrestar el avance alemán; entonces ¿por qué el capitalismo no dejó caer al comunismo -su eterno enemigo- y destruyó después al otro? Misterios de la vida….o de la estrategia ya programada con antelación al año 1939.
¿Podría ser verdad que capitalismo y comunismo fuesen sólo dos cabezas de un mismo cuerpo (ideológicamente hablando), dirigida por un poderoso grupo de poder en la sombra ( es decir; sin presencia visible para las masas) que apostaba-o más bien dirigía- a los dos bandos a la vez y que de repente se encontró con un tercer actor no invitado que no respondía a sus dictados y que iba por libre sin aceptar interferencias extranjeras y mundialistas? Quizás sea esta la clave de todo el asunto.
En cuanto a manipulación histórica, la tenemos hoy en día aquí en España- o lo que queda de Ella- delante de nuestras narices: ahora resulta que en los ejércitos españoles no había (a lo largo de toda la historia) ningún soldado vasco. Y que el reino de Catalunya tiene cerca de 1.000 años de antigüedad. Sólo por citar dos casos, podríamos citar tropecientos más; la falta de escrúpulos de algunos para conseguir sus intereses, la incultura programada y la ignorancia complaciente auto-adquirida pueden llegar a ser infinitas. La estupidez, también. Recordemos asimismo que más de uno ahora dice que “contra Franco se vivía mejor”.
Y ya puestos y ahora que hace poco que ha muerto el “inventor” del fusil de asalto Kalashnikov, puntualizar que el AK 47 no es sino una mejora de los modelos alemanes ya inventados con anterioridad -los ST 44 y ST 45- pero los vencedores se colgaron, como siempre, la autoría de lo que les convenía. Por citar uno, hay muchos más.
El mundo al final de la contienda es bipolar, pero se sientan las bases para la llegada -poco a poco- de un nuevo orden mundial unipolar:
En Yalta (además del reparto del mundo entre los dos “enemigos”) se gesto el alumbramiento de ese órgano ultrademocrático llamado Naciones Unidas, con cinco países con derecho a vetar cualquier resolución que otro pudiera presentar. Y con sus apéndices del Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Organización Mundial del Comercio, OCDE y demás organizaciones lobunas -triste que este noble animal sea sinónimo de lo que es- con piel corderil, todas ellas orientadas hacia los intereses globalizadores de pequeñas élites del dinero -pero enormemente poderosas- que cada vez con más evidencias vemos que son el real gobierno del mundo, así sin paliativos: la globalización es su objetivo inmediato y para ello cuentan con la complicidad-por acción o inacción- de lo poderes políticos locales.
Y ahora tápense los oídos -o dejen de leer- que viene otra consecuencia: la creación del estado de Israel con la destrucción –es colateral… ya saben… nosotros no queríamos que fuese así… sólo nos defendíamos… – del pueblo palestino. Del muro que hoy los rodea, poco se habla; de los asentamientos ilegales, casi nada se dice; de las matanzas de civiles palestinos, mucho se oculta; pero si hablas de algo de todo esto, eres un antijudío; si relatas que actúan a su antojo porque cuentan con el apoyo de casi todos los gobiernos mundiales, eres un antisemita; si mencionas que se escudan en el holocausto para perpetrar sus crímenes, eres un nazi. No olvidemos que Israel (sin tener veto en la ONU) tiene pendientes 26 resoluciones de esa misma ONU por cumplir: Sadam Hussein tenía una sola…. y vean lo que le pasó, sin embargo a ellos, no. Piense y saque sus propias conclusiones.
Patria y Tradición fueron los ejes comunes de estas ideologías malditas, y si nos fijamos atentamente en el mundo en el que hoy vivimos -libres de totalitarismos… para el ingenuo o el imbécil que se lo crea o le sea más cómodo creérselo- veremos que realmente son estas dos ideas las que están casi completamente derrotadas y eso no es casual: cualquier Estado que defienda su Identidad será fuerte, independiente y estable; y eso repercutirá en sus ciudadanos de forma totalmente diferente a como hoy repercuten en esos mismos ciudadanos las políticas mundialistas aplicadas. La continua aglutinación de Europa en la Unión, perdiendo cada vez más soberanía propia que es delegada en organismos supranacionales que sirven a oscuros (cada vez menos, sabemos quiénes son, lo que quieren y cómo lo están consiguiendo) intereses globalizadores y la ruptura con el mundo Tradicional Europeo a través de elementos y circunstancias ajenos a ella y alentados por esos mismos globalizadores, acabarán con nosotros como Cultura y como Pueblo. Y con los demás también.
¿Y en qué mundo vivimos hoy? Pues en uno libre, justo y ecuánime, ¿no? Pues no, en uno totalitario, globalizante, mentiroso y materialista propio de novela -más que de ciencia ficción- de terror. El gobierno real del mundo no se ejecuta por los políticos salidos (no va con segundas) del “poder del pueblo” (depositar un papelito en una urna cada cuatro años.. y hasta la próxima porque después si te he visto no me acuerdo), sino por el dictado inapelable de las élites dinerarias y sus contubernios: Bilderberg, Davos, Club de Roma, Trilateral, OCDE y demás instituciones para la consecución de sus objetivos; la toma directa del poder por parte del grupo de corporaciones transnacionales (ya sabemos quiénes son los que las dirigen) que ya hoy casi domina a los gobiernos locales, con perlas como el tratado de libre comercio que se está gestando (por supuesto sin publicidad de ningún tipo) ¡¡que posibilitará que una empresa demande a un estado por las leyes que éste legisle y sean contrarias a los intereses de las primeras!! -tal y como lo leen- o la tiranía de la competitividad: salarios bajos, despido barato para que los beneficios aumenten; la prima de riesgo y la financiación estatal (con todas las exigencias que esto conlleva) por inversores apátridas y en definitiva, la conversión de la humanidad en un rebaño idiotizado sin forma ni color que sólo se dedique a fabricar lo que consume. 
Todo lo que nos prometieron en el 45 quedó atrás en aras de la globalización, un Mundo Feliz llevado a la práctica.
¿Era ese el objetivo estratégico de los inductores en la sombra y el que los aliados inaliables llevaron a la práctica efectiva en la SGM? Así parece ser, de las dos cabezas de la Hidra, ya sólo queda una en lo que parece su final como rector del mundo y esa plaza vacante será pronto ocupada por la ONU o cualquier otro esperpento mundialista que se saquen de la chistera. Con la victoria sobre los “fascismos”, quitaron de la circulación a unas ideologías -repetimos, con todos los errores que pudieron cometer- que se opusieron a esa globlalización aún en ciernes en aquellos tiempos, al defender la Tradición de sus habitantes y a su Patria (que es lo que hace hoy en día cualquier grupo humano, tanto si está ubicado en su país de origen como si se encuentra en uno extranjero) frente a cualquier agresión externa. Y una salvedad, muy obvia pero que merece ser aclarada para no perjudicar la salud de los adalides de lo políticamente correcto: defender es el antónimo de atacar.
Pues ya ven llevamos tantos años liberados y casi nada ha sido tan liberalizador como nos aseguraron en el 45: nos engañaron. Y muchas más veces después, ya que se encargan de repetírnoslo continuamente. Constantemente. Frecuentemente. Repetidamente…
Aprenderemos de los errores cometidos, no olvidaremos lo que no debe ser olvidado ni dejaremos que se olvide.
Fuente                                  Juan José Carrión

domingo, 1 de junio de 2014

¿CUÁL ES LA DIFERENCIA?



¿Qué diferencia de discurso entre Hitler y actual ministro alemán?
En el video se podrá apreciar como ciudadanos alemanes interrumpen el discurso del ministro alemán y con pancartas lo acusan de apoyar a los neonazis actualmente operando en Ucrania, con la bendición y apoyo de la OTAN y Unión Europea.
Han pasado ya más de 70 años desde que Adolf Hitler llegó democráticamente al poder en Alemania. 
Han pasado 69 años desde que finalizó la Segunda Guerra Mundial en 1945 dejando un espantoso saldo de muerte, destrucción y barbarie humana.
La Historia debe enseñar y recordar a las actuales sociedades civiles planetarias que siempre existirá el desafío de no caer en la trampa de ideologías extremistas para solucionar los problemas políticos.
Bajo diversas máscaras de buenas intenciones "democráticas" se esconden hoy fanáticos y ambiciosos de poder, hombres sin escrúpulos, cuyos intereses son inconfesables y maquiavélicos, dispuestos a cualquier cosa para conquistar sus intereses.
¿Qué diferencia de comportamiento encuentra Usted querido lector, entre un discurso de Adolf Hitler (1941) y el actual Ministro alemán de Asuntos Exteriores Frank-Walter Steinmeier (2014)? (ver video abajo).
A Frank-Walter Steinmeier y a muchos otros importantes cargos del actual gobierno alemán, pero también de la Unión Europea, de la OTAN y principalmente de los EE.UU. se les reprocha de apoyar a los neonazis operando hoy en día en Ucrania, como a otros fanáticos terroristas islámicos operando en otras partes del mundo, simplemente porque esto responde a sus intereses comerciales o geopolíticos.


El tiempo pasa rápidamente, las nuevas tecnologías progresan asombrosamente pero la toma de conciencia humana para no caer en la locura de la ambición del poder y utilizar este poder político para dominar materialmente a nuestros semejantes u otras naciones cuesta mucho de cambiar. El colonialismo de las potencias imperiales del siglo XVIII desapareció, pero hoy, en pleno siglo XXI existe el neocolonialismo, vive, se mueve y se nutre de estructuras "democráticas".
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