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martes, 27 de mayo de 2014

DESDE LA HETERODOXIA



La política económica ha fracasado

Llevamos años en los que los políticos de turno, éstos y los anteriores, no dejan de tratarnos como niños, de esconder una realidad dolorosa, de ocultar el empobrecimiento de la inmensa mayoría de los españoles. Y todo por proteger un entramado político, económico y mediático quebrado. Nos mienten descaradamente, compulsivamente, cínicamente. Estábamos en ésas cuando, de repente, inesperadamente, los datos de empleo de la Encuesta de Población Activa del primer trimestre del año en curso nos devuelven a la dura realidad, España continúa destruyendo empleo. Profundizando un poquito más en los datos, veremos como la radiografía es aún peor de lo que aparenta.
Por eso, llama la atención la reacción del ínclito monclovita, “estoy muy contento, las cosas van bien”. Alucinante, ¿verdad? Tratan de desviar la atención y, en plena anestesia colectiva suministrada por los discípulos “goobelianos” patrios, estiman que sus conciudadanos ya admiten cualquier trágala. Ahora se agarran a los datos de crecimiento económico, del PIB. Pero háganme caso, olvídense de ellos. Serán “ajustados” a la baja en las revisiones posteriores que el propio Instituto Nacional de Estadística (INE) hace, tanto en agosto de este año y, sobretodo, en 2015, una vez dispongan de toda la información necesaria. Ya pasó con los datos de 2010 y 2011. Y donde dije digo, ya verán que sorpresa.
El mercado laboral continúa en la UVI
Las cifras del mercado laboral correspondientes al primer trimestre de este año no pueden ser más desalentadoras. Pero por encima de todo hay tres rasgos duros, muy duros. Primero, la ocupación baja en 184.600 personas este trimestre, hasta un total de 16.950.600, niveles de 2002. Pero la gran sorpresa para la inmensa mayoría de los economistas patrios es que además también desciende el número de ocupados cuando se ajustan por estacionalidad.
Segundo, el número de activos cae en este trimestre en 187.000 personas, hasta situar la población activa en 22.883.900. La tasa de actividad se sitúa en el 59,46%, la más baja desde el segundo trimestre de 2007. Con ello se está hundiendo nuestro crecimiento potencial. Únase a ello la realidad demográfica, un envejecimiento acelerado de la población.
Tercero, el tipo de empleo es muy precario. El empleo indefinido sigue cayendo (210.000) mientras el temporal repunta (152.500); los contratos por horas suben (55.700) y los de jornada completa descienden (-135.200). Además las horas extra no pagadas crecen hasta representar el 60% del total. Como corolario final, se hunden los salarios, de ahí que la recaudación de la Seguridad Social corra su curso, a la baja. Y de estos lodos, la actual deflación.
Fracaso de la política económica del Gobierno
Lo que subyace en la dinámica de nuestra querida España, es el fracaso más estrepitoso de la política económica, de los economistas. Todos los análisis que se hicieron sobre la economía española presentaban dos clarísimas deficiencias. En primer lugar, un diagnóstico erróneosobre las razones que provocaron la actual crisis sistémica. En segundo lugar, y derivado de lo anterior, las recetas ofrecidas ahondaron aún más el empobrecimiento de nuestro país.
España ni tenía ni tiene ningún problema de competitividad. Nuestras exportaciones crecen de manera espectacular desde principios de los 90, tanto en márgenes intensivos como extensivos. El problema era otro, un modelo de crecimiento económico muy lucrativo para las élites patrias, oligopolios varios y sus apéndices políticos. Salvo el sector industrial y exportador, todo lo demás era una gran mentira, un puro espejismo, una mera burbuja inmobiliaria y una orgía de endeudamiento masivo inducido por un sistema bancario descontrolado.
Llevamos más de cinco años de mentiras, de engaños, de falsedades. Los organismos multilaterales y nuestras autoridades económicas están ocultando la realidad de España. La situación de nuestro país bajo la actual dinámica es insostenible. Tenemos un volumen de deuda privada y pública que no se va a poder pagar, salvo que pretendamos arruinar las expectativas de vida de los españoles. Lo que empezó siendo un problema de deuda privada ha acabado contaminando definitivamente a la deuda pública. Las dinámicas de ambas están ya fuera de control. Bajo este escenario, quien financió esta deuda, el sistema bancario, es insolvente. Todo se resume en una idea sencilla, no hay dinero para implementar ninguna política económica. Y esta es nuestra realidad.
Cómo generar empleo
Es curioso, aquellos que se llenan la boca a la hora de hablar de rigideces, de exigir reformas, eufemismo con el que se refieren a la necesidad de recortar salarios y de acabar con el Estado del Bienestar, se olvidan realmente de que son ellos quienes representan una carga para sus conciudadanos. Obvian que son sus oligopolios –sistema bancario, constructoras, eléctricas, petroleras, telecomunicaciones…- quienes lastran la modernización de nuestro país.
Si realmente queremos reformar nuestra economía, empiecen por mejorar las condiciones salariales y formativas del factor trabajo e implementen definitivamente aquello que urge. Busquen y creen mecanismos de financiación alternativos al bancario. Solucionen el problema energético de nuestro país, atrévanse a fijar el precio de la energía como un mark-up o margen sobre sus costes fijos. Hagan todo lo necesario para que la vivienda sea un bien de uso accesible y no un bien de inversión. Obliguen definitivamente a que los pagos a proveedores se hagan en un plazo máximo de 20 días. No se olviden de reordenar y reducir el sistema bancario a costa de sus acreedores y gerencia. Y, por favor, tiren de una vez por todas a la basura toda la teoría económica neoclásica en la que se apoyan. Además de ser una farsa, es lúgubre, esperpéntica, triste.
Ah, se me olvidaba, léanse uno de los últimos trabajos recientes del Fondo Monetario Internacional, me imagino que nada sospechoso para ustedes, ¿verdad? Se titula Redistribution, Inequality, and Growth, algo así como Redistribución, Desigualdad y Crecimiento, donde se demuestra que la baja desigualdad después de impuestos está altamente correlacionada con un crecimiento más alto y duradero, y que las políticas redistributivas no tienen un impacto negativo en el crecimiento, al revés el gasto en sanidad y educación es positivo. ¡Y miren que hace tiempo que les recomiendo seguir a los postkeynesianos!
Fuente                                Juan Laborda

lunes, 26 de mayo de 2014

ELECCIONES EUROPEAS 2014 25-M




Elecciones europeas del 25-M: Un fracaso conjunto y sin paliativos del PP y el PSOE

La política española ha llegado a límites tan deplorables que en los comicios europeos del 25-M, y por primera vez en el nuevo régimen democrático, se ha generado una respuesta electoral en la que, aun habiendo ganado el PP en strictu sensu, también puede decirse en lato sensu que los partidos nacionales más votados han perdido y que los menos votados (y otros emergentes) han ganado. Es decir, que junto a una lectura ajustada y clásica de los resultados existe otra más amplia que los reinterpreta de forma restringida o contrapuesta.
Claro está que en cualquier proceso electoral hay forzosamente un partido o una candidatura ganadora, aunque sea por la mínima diferencia, frente al conjunto de alternativas perdedoras. Eso es cierto e incuestionable.
Pero las circunstancias en las que se ha producido la victoria del PP con 16 eurodiputados, seguido del PSOE con 14, no deja de cuestionar su victoria (pírrica) y también su futuro electoral más inmediato, situación paradójica que afecta también al PSOE como primer partido de la oposición, que ya venía situado en posición de ‘empate técnico’ con el PP en los sondeos electorales previos más solventes y que al fin y al cabo tendrá que digerir su mismo desmerecimiento político y social.
Por el contrario, partidos hasta ahora minoritarios a nivel nacional y con muchos menos recursos de todo tipo, que en el cómputo global de los resultados han quedado en posiciones más retrasadas, pueden considerarse auténticos ganadores al haber emergido con fuerza, rompiendo la previa hegemonía política PP-PSOE. Mientras algunos otros -sólo con implantación autonómica- han ganando de calle las elecciones europeas en su ámbito territorial, con el handicap de haber identificado plenamente su campaña con la aspiración independentista, que desde luego son palabras mayores.
La reversión de la representatividad política
Esta es la realidad del 25-M, anticipada desde hace tiempo en nuestras habituales Newsletters, hagan las lecturas interesadas que hagan cada uno de los partidos en liza y sobre todo el PP y el PSOE, que, como decimos, son los auténticos derrotados, cada uno de por sí, también en su conjunción y sin que quepan al respecto dudas ni paños calientes paliativos.
La primera gran evidencia de la derrota PP-PSOE (partidos que patrocinan el llamado ‘bipartidismo imperfecto’), es la bajísima participación electoral a la que se ha llegado de forma evolutiva, reflejada en el cuadro adjunto: un 44,7% (cifra oficial del Parlamento Europeo). Porcentaje tan exiguo que invalida los resultados en términos no sólo estadísticos, sino también éticos y políticos, porque como es obvio deja sin representación al 55,3% del censo electoral, que constituye la mayoría absoluta del país. Puede decirse, por consiguiente, que, aun como ganador, el PP –que es el partido en el Gobierno- ahora sólo representa a poco más del 12% de los españoles con derecho a voto (o representables), sin que como es lógico pueda aducirse nada mejor en defensa de los resultados aún más negativos del PSOE. Y punto.
ELECCIONES EUROPEAS
 AÑO
 % Participación
en Europa
 % Participación
en España
1979
61,99
---
1984
58,98
---
1989
58,41
54,71
1994
56.67
59,14
1999
49,51
63,05
2004
45,47
45,14
2009
43,00
44,90
2014
43,11
44,70
Por ahora, la verdadera representación de España en el Parlamento Europeo, y por extensión en la Comisión Europea, sigue siendo la abstención: la de la España real que abomina de la clase dirigente y de los partidos políticos en general (la política en sí misma sería otra cosa), y no la irreal que subyace en la España oficial. De esta forma, en puridad estadística, incluso los dos partidos mayoritarios -PP y PSOE- que han logrado 30 escaños de los 54 asignados a la circunscripción española, sólo se representan a sí mismos, con su  cada vez más escasa afiliación de andar por casa y sus intereses estrictamente grupales.
¿A qué trabajadores, a qué familias, a qué jóvenes, a que organizaciones de representación social… van a defender esa falsa mayoría de eurodiputados españoles, si sus teóricos representados les han negado el voto y retirado la confianza política de forma masiva…? ¿Y quiénes van a escuchar sus manidos discursos europeístas y sus falsas promesas de reformas políticas regeneracionistas…? ¿Acaso han reconocido siquiera en sus campañas electorales el fenómeno de la corrupción política o se plantean seriamente su erradicación…?
Antes al contrario, todo indica que, por ahora, la sociedad española en su conjunto -la real y estadísticamente mayoritaria- visualiza a sus europarlamentarios como cómplices de la tiranía económica muñida en Bruselas, o al menos de su incompetencia política, y enemigos declarados del Estado llamado ‘social’, razón por la que han sido elegidos con tan poco respaldo ciudadano… Volcado el PP en la lucha contra el euroescepticismo y en la defensa del actual modelo europeo de desarrollo, es obvio que se ha desentendido de la realidad española, mientras las posiciones timoratas del PSOE le hacen navegar también por derroteros muy parecidos.
Y ello con independencia de que, además, la participación general en las elecciones europeas, es decir la registrada en el conjunto de la Unión Europea (sólo un 43,11%), sea igual de pobre y siga estancada también de forma evidente bajo mínimos de representatividad social. Aún peor es que ese déficit esté todavía más lastrado democráticamente con el crecimiento de los partidos euroescépticos, xenófobos y sobre todo de la ultraderecha.
Paradoja: los ganadores decrecen y los perdedores crecen
Obviamente, esta argumentación o especie de ‘regla de tres’ aplicada a la participación y/o abstención electoral, que deslegitima la representación política resultante, también es aplicable al resto de los partidos y coaliciones presentes en la pugna electoral. Lo que sucede es que, aun siendo así, mientras unos (los relativamente más votados PP y PSOE) han perdido apoyo electoral de forma muy significada, otros (los teóricos perdedores menos votados) lo han ganado y están en línea de crecimiento, al margen de otros partidos nuevos que también han obtenido representación en el Parlamento Europeo.
En relación con la situación preexistente, o sea con los resultados obtenidos en las elecciones europeas de 2009, el PP ha perdido un 16,26% de votos (pasando del 42,3% al 26,04%) y el PSOE un 15,57% (pasando del 38,6% al 23,03%). Mientras que IU ha ganado un 6,29% (pasando del 3,7% al 9,99%) y UPyD un 3,57% (pasando del 2,9% al 6,47%). Con el añadido de los tres nuevos partidos que acaban de obtener escaños europeos: Podemos con el 7,94% de votos y 5 escaños, Ciutadans con el 3,16% de votos y 2 escaños y Primavera Europea con el 1,9% de votos y 1 escaño.
Y vistos los resultados del 25-M en su conjunto, es evidente que las dos fuerzas políticas mayoritarias (PP y PSOE) han tirado por la borda un importante respaldo social del 31,83%. Mientras que otras dos fuerzas también nacionales hasta ahora muy minoritarias (IU y UPyD) han ganado un respetable 9,86% de electores y los tres partidos emergentes (Podemos, Ciutadans y Primavera Europea) otro 13% aún más considerable.
Y este es un dato directo sobre votos emitidos y válidos sin desviaciones de representatividad porque el reparto de escaños se realiza con criterios de proporcionalidad, no afectado por la aplicación de la Ley D’Hont que en las demás elecciones españolas prima a los partidos más votados y castiga a los menos votados (así el PP ha obtenido 16 escaños, el PSOE 14, IU 6 y UPyD 4, frente a los 24 escaños, 23, 2 y 1 que obtuvieron en las anteriores elecciones de 2009).

domingo, 25 de mayo de 2014

LA IDEOLOGÍA DE LO MISMO



A propósito del totalitarismo

Notable cuadro descriptivo de las prácticas totalitarias del siglo XX, la obra colectiva “Une si longue nuit” (“Una noche tan larga”), publicada bajo la dirección de Stéphane Courtois, permite zanjar definitivamente ciertos puntos controvertidos, empezando por la legitimidad política y moral que resulta de la comparación entre la Alemania nazi y el comunismo soviético, y que llega a considerar estos dos regímenes más allá de lo que los distingue como representantes típicos de una forma política radicalmente nueva: el totalitarismo.
Falta por saber si el totalitarismo, como producto innegable de la modernidad, ligado en su práctica a la racionalidad tecno-burocrática de las sociedades industriales, no tiene también cierto parentesco con otras formas políticas modernas. George L. Mosse pudo escribir que «en una reunión nazi de masas, Robespierre se habría sentido plenamente como en su casa». Algunos podrían establecer también un paralelismo entre el jacobinismo de 1793 y lo que Jacob Talmon llamó la «democracia totalitaria». Jacques Julliard afirmó por su parte: «El totalitarismo es, quizá, la democracia menos el sistema liberal representativo». Palabras que parecen contradecir la alternativa contenida en el título de la colección donde aparece esta obra: «Democracia o totalitarismo».
Pero podríamos ir más lejos. Preguntarse acerca del totalitarismo exige, en efecto, examinar la mentalidad que lo sostiene, identificar la naturaleza de sus aspiraciones. El fenómeno totalitario está fechado históricamente; pero la mentalidad que lo hace posible viene sin duda alguna de más lejos.
Los regímenes totalitarios han masacrado a gran escala y de una manera antes nunca vista. Pero ¿por qué lo hacen? Los amos de dichos regímenes no masacran por placer –hay que recordarlo–, pero no sabemos por qué considerarían necesarias dichas masacres. No basta con describir el crimen; hay que preguntarse por las motivaciones del criminal.
Podríamos evocar aquí temas como la absolutización de la subjetividad («sólo me interesan los míos, los demás hombres son demasiados»), el deseo titánico o mesiánico de crear un «hombre nuevo» –deseo acorde con la exaltación del novum propio de la ideología del progreso– o incluso el tema del tercero excluido, que consiste en considerar al mundo dividido en dos campos, uno de los cuales debe desaparecer («quien no está conmigo está contra mí»). Pero el corazón del totalitarismo está en otra parte. Lo que los regímenes totalitarios buscan cuando quieren erradicar al «enemigo de clase» o «de raza», no es solamente suprimir cualquier oposición. Es alinear el conjunto del cuerpo social en un modelo único que se presume como el mejor. En el fondo, la pasión de lo Mismo, la voluntad de reducir a lo único cualquier diversidad humana, cualquier complejidad de lo social, es lo que los lleva a suprimir cualquier diferencia, cualquier desviación, cualquier pluralidad.
Para definir esta voluntad por uniformar podríamos aludir a la ideología de lo Mismo y trazar su genealogía. Hace mucho, dicha ideología se limitaba a establecer que los hombres –más allá de lo que los distinguía en su existencia concreta– eran portadores de un alma que los ponía en una relación de igualdad ante Dios. Pero en la era moderna esta idea fue rebajada a la esfera profana. A la idea de que todos los hombres son fundamentalmente los mismos se suma la convicción de que también lo debían ser aquí abajo, al precio de suprimir las diferencias. En suma, se trata de hacer siempre a los hombres más semejantes. Es lo que los regímenes totalitarios han intentado hacer, sólo que con mayor brutalidad.
Si admitimos que esta pasión por lo Mismo está en el corazón del totalitarismo, entonces las formas que éste asume se vuelven secundarias. Si definimos al totalitarismo no por sus prácticas ni por sus métodos, sino por su intención y su finalidad, se nos revela otra visión. La cual nos conduciría a responder sin optimismo la cuestión que plantea Courtois: «Sólo el futuro dirá si el fenómeno totalitario no ha sido más que un paréntesis en el corazón del siglo XX, o si sigue su curso bajo una forma nueva en el siglo XXI».
Así, la ideología de lo Mismo se encuentra más que nunca en marcha.
El irresistible movimiento de globalización, de esencia tecnoeconómica y financiera, cada día tiende más a desarraigar a los pueblos y las culturas, a las identidades colectivas y los modos de vida diferenciados. Los poderes públicos disponen además, hoy en día, de medios de control que los antiguos regímenes totalitarios apenas pudieron soñar. ¿No sería posible llegar con suavidad, e incluso con el consentimiento de las víctimas, al estado de uniformidad que los sistemas totalitarios intentaron instaurar mediante la violencia? Tocqueville y Nietzsche, en registros muy diferentes, parecen haberlo previsto. El planeta transformado en un inmenso mercado homogéneo, una sociedad de vigilancia que poco a poco impone su designio: la «nueva forma» del totalitarismo no puede ser otra más que ésta.

Fuente                       Alain de Benoist