TRADUCTOR

domingo, 19 de agosto de 2012

MAN IN BLACK-JOHNNY CASH



"Man in Black" es una canción del famoso cantautor estadounidense Johnny Cash que fue publicada en el famoso y polémico disco titulado con el mismo nombre que data de Mayo del año 1971.
Este disco nos trae un Cash muy comprometido con los problemas sociales, con una dura crítica hacía los políticos de su país, que por ese entonces paseaban su bandera con orgullo y con discursos falsos mientras miles de jóvenes encontraban la muerte en Vietnam y se olvidaban de la gente que estaba privada de libertad tratándolos como si fueran animales.

ARDE ESPAÑA


Un año más llega el día de Santiago a una España que arde, y me refiero literalmente a los incendios de los bosques, provocados por el instinto diabólico —diabólico a fuer de humano— de destruir toda vida y belleza en los campos y montes de España.
El Alto Ampurdán, las Hurdes y antes Tenerife y Valencia, y ya en la primavera Galicia, pasan en días de ser paisajes de Europa a calcinados arenales morunos.
Mientras, se discute si son galgos o podencos, si esto arde porque no se cuidan más los montes o porque hace mucho calor y mucho viento. Casi nadie se para a preguntar por qué sale gratis en España prender fuego al monte, tanto si es por imprudencia punible (y en la práctica impune) como por dolo criminal (en la práctica casi igual de impune).
Todo ello mientras las llamas devoran también la efímera prosperidad económica de nuestra patria, que creíamos tan sólida.
Esto —fuego y ruina financiera— es lo que sobreviene cuando un pueblo se vuelve cómplice de vagos y maleantes, por laxismo rousseauniano o por simple estupidez. "Porque las gentes no suelen ponerse de acuerdo si no es en cosas un poco bellacas o un poco tontas", como ya en 1930 nos advirtió Ortega y Gasset en La rebelión de las masas.
Y pocas cosas hay tan bellacas y tan tontas como dejarse engañar por picapleitos buenistas que adrede se manchan la toga con el polvo del camino para no meter en la cárcel a los incendiarios. O por estafadores logreros de guante blanco que aun después de pasar por la cárcel siguen seduciendo a incautos.

LA VERDAD DEL CONFLICTO EN SIRIA


"La verdad del conflicto en Siria” es un documental con guión y dirección de Héctor Antonio Rivas Jr., producido por el Comité de Acción Política de Lyndon LaRouche en Estados Unidos. En casi cincuenta minutos, Rivas realiza un trabajo digno de elogio en los tiempos que corren, al nivel de las películas de Michael Moore (ver Fahrenheit 911), aunque con un compromiso mayor en busca de la verdad y atreviéndose por sendas más peligrosas.
La verdad del conflicto en Siria” desvela claves realmente importantes: el trasfondo de la matanza de Hula, las razones por las que fracasa el “Plan de Paz” de Kofi Annan para Siria, la existencia de una “Tercera Fuerza” encubierta en el conflicto (convenida entre Arabia Saudí, Qatar, Estados Unidos y Gran Bretaña), el papel que juega el “desaparecido” príncipe Bandar ben Sultán, jefe de los servicios de inteligencia de Arabia Saudita, su vinculación con los atentados del 11-S, el despliegue de las redes terroristas que van desde Al-Qaeda, hasta la empresa británica BAE Systems y los grandes bancos del mundo, la posición del presidente ruso Vladimir Putin… Toda una serie de revelaciones debidamente documentadas que muestran la otra cara de este oscuro conflicto, una cara muy distinta a la que nos tiene acostumbrados la propagada oficial. Un trabajo imprescindible para el análisis objetivo de la situación, y cuyo visionado íntegro (47 minutos) no dudamos en recomendar a nuestros lectores habituales.

martes, 14 de agosto de 2012

LOS ARTISTAS COMO INTELECTUALES


En una sociedad como la nuestra, de consumo, opulenta para pocos, cuyo dios es el mercado, la imagen reemplazó al concepto. Es que se dejó de leer para mirar, aun cuando rara vez se ve.
Y así los artistas, actores, cantantes, locutores y conductores televisión han reemplazado a los intelectuales.
Este reemplazo viene de otro más profundo; cuando los intelectuales, sobre todo a partir de la Revolución Francesa, vinieron a remplazar a los filósofos. Es cierto que siguió habiendo filósofos, pero el tono general de estos últimos dos siglos marca su desaparición pública.
El progresismo, esa enfermedad infantil de la socialdemocracia, se caracteriza por asumir la vanguardia como método y no como lucha, como sucedía con el viejo socialismo. Aún existe en Barcelona el viejo diario La Vanguardia.
La vanguardia como método quiere decir que para el progresista hay que estar, contra viento y marea, siempre en la cresta de la ola. Siempre adelante, en la vanguardia de las ideas, las modas, los usos, las costumbres y las actitudes.
El hombre progresista se sitúa siempre en el éxtasis temporal del futuro, ni el presente, ni mucho menos el pasado tiene para él significación alguna, y si la tuviera siempre está en función del futuro. No le interesa el ethos de la Nación histórica, incluso va contra este carácter histórico-cultural. Y esto es así, porque el progresista es su propio proyecto. Él se instala siempre en el futuro pues ha adoptado, repetimos, la vanguardia como método. Nadie ni nada puede haber delante de él, de lo contrario dejaría de ser progresista. Así se explica que el progresista no se pueda dar un proyecto de país ni de nación porque éste se ubicaría delante de él, lo cual implica y le crea una contradicción.
Y así como nadie puede dar lo que no tiene, el progresista no puede darse ni darnos un proyecto político porque él mismo es su proyecto político.
El hombre progre, al ser aquél que dice sí a toda novedad que se le propone encuentra en los artistas sus intelectuales. Hoy que en nuestra sociedad de consumo donde las imágenes han reemplazado a los conceptos nos encontramos con que los artistas son, en definitiva, los que plasman en imágenes los ideas. Y la formación del progresista consiste en eso, en una sucesión de imágenes truncas de la realidad. El homo festivus, figura emblemática del progresismo, del que hablan pensadores como Muray o Agulló, encuentra en el artista a su ideólogo.
El artista lo libera del esfuerzo, tanto de leer (hábito que se pierde irremisiblemente), como del mundo concreto. El progresista no quiere saber sino solo estar enterado. Tiene avidez de novedades. Y el mundo es “su mundo” y vive en la campana de cristal de los viejos almacenes de barrio que protegían a los dulces y los fiambres donde las moscas (el pueblo y sus problemas) no podían entrar.
Los progresistas porteños viven en Puerto Madero, no en Parque Patricios.
La táctica de los gobiernos progresistas es transformar al pueblo en “la gente”, esto es, en público consumidor, con lo cual el pueblo deja de ser el agente político principal de toda comunidad, para cederle ese protagonismo a los mass media, como ideólogos de las masas y a los artistas, como ideólogos de sus propias élites.
Este es un mecanismo que funciona a dos niveles: a) en los medios masivos de comunicación cientos periodistas y locutores, esos analfabetos culturales locuaces, según acertada expresión de Paul Feyerabend (1924-1994) nos dicen qué debemos hacer y cómo debemos pensar. Son los mensajeros del “uno anónimo” de Heidegger que a través del dictador “se”, se dice, se piensa, se obra, se viste, se come, nos sume en la existencia impropia, b) a través de los artistas como traductores de conceptos a imágenes en los teatros y en los cines y para un público más restringido y con mayor poder adquisitivo: para los satisfechos del sistema. Esto es: los progres
El artista cumple con su función ideológica dentro del progresismo porque canta los infinitos temas de la reivindicación: el matrimonio gay, el aborto, la eutanasia, la adopción de niños por los homosexuales, el consumo de marihuana y coca, la lucha contra el imperialismo, la defensa del indigenismo, de los inmigrantes, de la reducción de las penas a los delincuentes, un guiño a la marginalidad y un largo etcétera. Pero nunca le canta a la inseguridad en las calles, la prostitución, la venta de niños, el turismo pedófilo, la falta de empleo, el creciente asesinato y robo de las personas, el juego por dinero, de eso no se habla como la película de Mastroiani. En definitiva, no ve los padecimientos de la sociedad sino sus goces.

El artista como actor reclama para sí la transgresión pero ejecuta todas aquellas obras de teatro en donde se representa lo políticamente correcto. Y en este sentido, como dice Vittorio Messori, en primer lugar está el denigrar a la Iglesia, al orden social, a las virtudes burguesas de la moderación, la modestia, el ahorro, la limpieza, la fidelidad, la diligencia, la sensatez, haciéndose la apología de sus contrarios.
No hay actor o locutor que no se rasgue las vestiduras hablando de las víctimas judías del Holocausto, aunque nadie representa a las cristianas ni a las gitanas. Estas no tienen voz, como no la tienen las del genocidio armenio ni hoy las de Darfour en Sudán.
Así, si representan a Heidegger lo hacen como un nazi y si a Stalin como un maestro en humanidad. Al Papa siempre como un verdugo y a las monjas como pervertidas, pero a los prestamistas como necesitados y a los proxenetas liberadores. Ya no más representaciones del Mercader de Venecia, ni de la Bolsa de Martel. El director que osa tocar a Wagner queda excomulgado por la policía del pensamiento y sino ¡qué le pregunten a Baremboin! Alberto Buela
LEER+ http://www.patriasindicalista.es/ps_0400.htm

AGOTADOS DE ESPERAR EL FIN


 Partiré señalando que, a pesar de que La ley de la calle,Francis Ford Copolla (1983), es un excelente título, atractivo y a la vez representativo para el film, es una pésima traducción que deja fuera todo su trasfondo poético.
 Rumble Fish es una fábula marginal sobre la derrota y la orfandad, y una lúcida aproximación a los sentimientos encontrados que producen las andanzas callejeras. Porque detrás de la violencia y la idea de inmortalidad que explayan todos los matones de la calle, hay historias terribles que los quiebran por dentro, y eso precisamente es lo que intenta retratar Copolla, con un trabajo visual impecable y una apuesta cinematográfica que juega con nuestros sentidos.

"LA CLASE MEDIA"


España es un país que se aproxima al subdesarrollo y que posee ya muchos rasgos típicos del Tercer Mundo. No importa que fabriquemos coches o que tengamos un turismo masivo, ni que nuestra renta per cápita siga siendo relativamente alta, aunque menguando cada día, porque el rasgo que marca la diferencia entre el desarrollo y el subdesarrollo es la existencia o no de una clase media próspera y bien nutrida. La clase media española, nacida con orgullo en el franquismo tardío y fortalecida en las primeras etapas de la democracia, se está desmoronando, después del ignominioso y nefasto gobierno socialista de Zapatero.
Los contratos basura creados en tiempos de Felipe González, predecesores de los cercanos minicontratos de 400 euros, son el signo más evidente de que la clase media se apaga en España, un país que pronto quedará clara y nítidamente dividido en ricos y pobres, con muy pocos millonarios en la cabeza y muchos mendigos en la cola, un grupo maldito de parias que ya tiene en España a casi dos millones de afiliados.
   La clase media española creo una familia robusta, que, a pesar del maltrato gubernamental recibido y de los estragos económicos padecidos, sigue siendo la institución más saludable del país. Esa familia está arruinándose masivamente, después de haber tenido que acoger en su seno a los hijos desempleados y de pagar con los ahorros las hipotecas de los pisos de sus hijos, para evitar desesperadamente el temible desahucio. Muchas de las antes prósperas familias están ya en la ruina porque en los momentos de riqueza avalaron a sus hijos para que se compraran viviendas y coches.   

Hace apenas cinco años, ser mileurista en España era considerado una esclavitud, pero hoy es ya un privilegio. Aunque parezca increíble, hay ya casi 10 millones de españoles que ganan menos de 1.000 euros mensuales.
Ante el hundimiento de la prosperidad y el desmoronamiento del valioso colchón de la clase media, España regresa al subdesarrollo, a marchas forzadas, mientras los ciudadanos tienen que asistir a espectáculos tan deprimentes e inaceptables como contemplar a sus políticos, causantes y culpables principales del desastre, disfrutando de privilegios que hoy parecen de cuentos de hadas: sueldos de lujo, pensiones fáciles y millonarias, kit de internet, ordenadores, tarjetas de crédito, dietas, secretarias, transportes y muchas ventajas más, mientras sus víctimas respiran cada día más miseria y desesperación. El colmo del espectáculo grotesco de la casta política en obscena exhibición es contemplar en la primera fila de la política nacional y en la opulencia a personajes que han sido un ejemplo nauseabundo de pillaje y depredación, gente como los catalanes Montilla, Carod y Saura, el castellano manchego Barreda y otros de similar calaña, todos ellos beneficiándose de la desigualdad e injusticia intrínsecas de un "régimen" que premia el abuso de sus castas poderosas y que otorga impunidad práctica a sus dirigentes.
      Hay miles de políticos, peetenecientes a la izquierda y a la derecha, culpables de haber gobernado mal y de haber antepuesto los intereses propios y los del partido al bien común y al interés general. Son los que se convirtieron en casi dioses decidiendo quien trabajaba y quien no, qué empresa recibía contratos públicos y cual no, quien aprobaba unas oposiciones y quien no, quien recibía subvenciones a manta y quien ni las vislumbra. Esa gente ha desmoralizado, desarticulado y desvertebrado la sociedad española y ha castrado al país, privando a los ciudadanos de fe, confianza y energía. Esos políticos son los que han desacreditado la democracia como sistema y los que están provocando que cientos de miles de españoles, algunos de los cuales se dedican ya a rebuscar en los contenedores de basura para poder comer, sueñen, cada día con más ilusión, con un salvador que coja la escoba de limpiar y los eche a patadas.
Si no cambiamos a la clase política como un calcetín y ponemos al frente de la sociedad a gente inteligente, decente y digna, si no nos unimos realizando un titánico esfuerzo colectivo que hoy resulta casi inimaginable, pronto volveremos a ver a cientos de miles de españoles pluriempleados y completando sus sueldos miserables en la economía sumergida, cocinando castañas, comiendo mucho pan, cosiendo en las casas para los ricos, sirviendo en los hogares de los millonarios y esperando, como en el pasado ignominioso de esta nación, la limosna de los que tienen abundancia, influencia, poder y amigos en la política.
Os juro que una sociedad como la que se nos viene encima, dirigida por ineptos y corruptos, sin valores y sin justicia, no merece la pena y que el deber primordial de todo ciudadano libre y decente es impedir por todos los medios que se instaure y nos esclavice.
http://www.votoenblanco.com/Espana-la-clase-media-se-desmorona_a4565.html


     

     

     

lunes, 30 de julio de 2012

PROYECTO CULTURAL AURORA


1
Vivimos en un mundo fatigado.
Los dioses se han marchado, los héroes han muerto, los filósofos enmudecen, los poetas abandonan su labor. Sólo se oye el ruido rutinario de la gran máquina que gira sola y que en cualquier momento puede prescindir de todos nosotros. Esa máquina es el sistema: el orden ideológico, económico y político que domina el mundo. Pero ni siquiera la máquina funciona bien
2
Miramos el mundo y el mundo se nos cierra.
No sabemos lo que va a pasar mañana. Eso ha ocurrido ya en otras épocas de la modernidad. Pero hoy es diferente: hoy nuestro mundo ha renunciado incluso a la acción. El mundo no va hacia adelante ni hacia atrás: sólo gira, y ese torbellino circular, vacío y carente de toda fuerza creadora, se nos quiere presentar como el espectáculo de una civilización en marcha… sobre sí misma. No sabemos lo que pasará mañana, cierto, pero el problema no es ese: el problema es que a todo el mundo le da igual. Las sociedades desarrolladas se instalan en el nihilismo pasivo del bienestar material.
3
Hay quien ve aquí el Fin de la Historia,
el triunfo absoluto de la modernidad, la meta del camino. Este mundo cansado, cerrado y maquinal sería entonces la máxima aspiración posible de los hombres sobre la tierra. Pero esa paradoja, feliz para algunos, no puede satisfacer a las generaciones más jóvenes del mundo moderno, que se encuentran arrojadas ante una vida sin finalidad. La angustia se intensifica.
4
Es preciso abrir los ojos.
El sistema trata de persuadirnos de que vivirnos en el mejor de los mundos posibles y nos invita a dejar las cosas como están, pero ese sarcasmo cruel ya no convence a nadie. En el momento de su máximo apogeo, la gran máquina empieza a renquear y deja ver con claridad sus límites. Hoy podemos constatar que el sistema se ha quedado sin respuestas y ya no sirve:

-El sistema ya no sirve desde el punto de vista espiritual, porque se ha mostrado incapaz de satisfacer las aspiraciones interiores del hombre.
-El sistema ya no sirve desde el punto de vista ecológico, porque cada nuevo movimiento suyo no significa sino una nueva perturbación de la relación entre el hombre y el mundo.
-El sistema ya no sirve desde el punto de vista económico, porque ha instalado un gigantesco aparato burocrático de ambición planetaria que ha reducido a la mitad del mundo a la condición esclava de reserva neo-colonial y ha sometido a la otra mitad a la amenaza permanente de un colapso financiero.
-El sistema ya no sirve desde el punto de vista político, porque el individuo ya no se siente parte de él, ha dejado de ser ciudadano, se siente desamparado y busca nuevas vías (el nacionalismo, el regionalismo, las asociaciones civiles, etc.) que el sistema identifica como enemigas, pero cuyo ascenso no puede frenar.
5
Estamos en un momento crucial.
El sistema ha dejado de ser omnipotente y empieza a mostrar su crisis y sus contradicciones, que toman dimensiones inesperadas. Ahora bien: dado que este sistema es de naturaleza total, su crisis afecta a todo y a todos. Es vitalmente necesario mirar desde fuera el sistema para cobrar conciencia de sus límites y diagnosticar lo que está pasando. Es preciso asignarse una tarea.
6
Hay que liberar espacios de resistencia.
Estos límites del sistema no son sólo las fronteras de un orden tecno-económico que quiso dominar el planeta, sino que podrían ser, sobre todo, manifestaciones de la agonía de una determinada concepción del mundo. La vieja máquina, en su inercia, fagocita todo, devora incluso aquello que se opone y luego lo vende como moda o como pecado. Es preciso hurtarse a esa dinámica y dejar que el disidente tome la palabra. Si queremos ir más allá del sistema, si queremos encontrar un sentido a nuestra vida y a nuestro mundo, es necesario poner en cuestión los fundamentos del desorden establecido.
7
Agitación cultural: esa es la fórmula de la acción.
Las fronteras del mundo contemporáneo no están en las aduanas ni en los frentes de guerra; tampoco en la arena política, porque los problemas reales de nuestras sociedades desbordan el estrecho margen de una legislatura y de las propias instituciones. Las fronteras están en las almas, porque son las almas las que experimentan la carencia de sentido de esta civilización. La contestación, por tanto, ha de venir de las almas: son el pensamiento y el sentimiento los que deben levantar acta de la situación presente y proponer caminos nuevos.
8
Queremos abrir el mundo.
El viejo mundo moderno y el sistema que lo vertebra están agotados, son incapaces de satisfacer ese ansia de novedad permanente que ellos mismos ha despertado. A cambio, lo que se nos ofrece es una especie de gran Disneylandia banal, cerrada, inmóvil, aparentemente protegida, pero perpetuamente amenazada por colapsos globales y crisis de todo género. Y ese no es el mundo que queremos.
9
Es hora de pensar. Conscientes de que toda nueva búsqueda ha de pasar por el conocimiento, nos proponemos emprender un amplio trabajo de reflexión capaz de desentrañar los fundamentos de la crisis contemporánea, rastrear sus orígenes y plantear alternativas. Nuestra cultura nació cuando los primeros griegos se enamoraron del pensamiento, pero el mundo actual ha olvidado ese amor. Se trata de reinventarlo y, así, indagar en una posible nueva Aurora de nuestra cultura. El destino está abierto.

[Manifiesto del Proyecto Cultural Aurora, creado en 1993 , que editaba la revista Hespérides. Este Manifiesto apareció en el número 1, en mayo de 1993, de dicha revista]