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lunes, 16 de julio de 2012

SINDICATOS FUTURISTAS



"Cantaremos a las grandes multitudes que el trabajo agita, por el placer o por la revuelta: cantaremos a las mareas multicolores y polifónicas de las revoluciones en las capitales modernas; cantaremos al febril fervor nocturno de los arsenales y de los astilleros incendiados por violentas lunas eléctricas; a las estaciones ávidas devoradoras de serpientes que humean, en las fábricas colgadas en las nubes por los hilos de sus humaredas; en los puentes parecidos a gimnastas gigantes que salvan los ríos brillando al sol como cuchillos centelleantes;en los barcos de vapor." Filippo Tommaso Marinetti http://es.wikipedia.org/wiki/Manifiesto_futurista

domingo, 15 de julio de 2012

NUESTRAS LOBAS


No son carne de cuota. Están hechas de la materia luminosamente oscura que depara el talento. De cicatrices y de comienzos. Forajidas de leyes que priman el capricho, la indolencia y la comodidad como sinónimo de muerte, estallan responsablemente de Arte y de Vida. Y juegan con fuego (literalmente). Y son gozosas maniáticas de la Palabra. Y resucitan a cada segundo de su propia extinción (y cada nueva resurrección las hace más fuertes). Y nos acogen en sus nidos de Creatividad. Y pecan minuciosamente de Imaginación.

Nuestras lobas son muchas y muy variadas. Tienen la hermosura de lo interesante. La hermosura que repele a los imbéciles y concita la atención de los hombres desencantados, selectos, ajenos a la cosificación. La hermosura de aquella librera que hizo tilín a Marlowe en EL SUEÑO ETERNO, la hermosura de la musa y compañera de Cassavetes, la hermosura de Margo Channing, la hermosura de esas mujeres que desconciertan a Gregory House, la hermosura del Sujeto y no del objeto.

Tienen ese Algo Misterioso...
F.M El zurdo

ROJO Y NEGRO




Hace dos semanas prometí hablarles de Rojo y negro, una de mis películas españolas favoritas. Así que anoche puse el deuvedé –una copia de relativa calidad, semipirata, que no se encuentra fácilmente– para admirar de nuevo esa historia sombría y dura, hija bastarda del cine franquista, estrenada en 1942, demolida por la crítica oficial y retirada después de sólo tres semanas de cartelera para verse enterrada en el olvido. Hasta que, cincuenta años más tarde, la Filmoteca Española localizó una copia polvorienta en un sótano de Madrid.

Rojo y negro tiene un valor histórico extraordinario. Es la única película sobre la Guerra Civil hecha desde un punto de vista inequívocamente falangista –su director, Carlos Arévalo, lo era–. Y trata de las actividades clandestinas en el Madrid republicano de la contienda. Se trata de una película pionera, pues en ella aparece por primera vez el concepto de resistencia en una ciudad ocupada por el enemigo. Resistencia antimarxista, en este caso; pero no inferior en interés ni en realidad histórica, como señalan lúcidos críticos e historiadores del cine, a la resistencia antifascista que después nutriría innumerables películas francesas, inglesas, norteamericanas, alemanas, rusas o polacas. Insólita en su ejecución, técnicamente osada en algunas escenas –esos planos de la checa de Fomento abierta como el 13 de la Rue del Percebe–, modernísima para su tiempo, cuajada entre el neorrealismo italiano, el cine de vanguardia soviético y simbólicos toques surrealistas, Rojo y negro cuenta la sombría historia de una joven falangista, soberbiamente encarnada por la mítica Conchita Montenegro: un personaje alejado de los arrebatos patrioteros, grandilocuentes e histriónicos habituales en la cinematografía del Régimen. Luisa, la protagonista, es sobria, dura, trágica, cínica, valerosa y desesperanzada. Y con fría decisión desciende a los infiernos. Eso la convierte en una heroína atípica para el cine español de su tiempo, donde lo correcto eran abnegadas madres y esposas que, desde el cristiano hogar, alentasen a los hombres a inmolarse en las diversas Cruzadas habidas o por haber.

Hay otro aspecto crucial, falangismo radical aparte, por el que la película no satisfizo el Régimen. Aparte de su tono seco, nada ampuloso y en absoluto marcial, evita caer en el simplismo estúpido del que ni siquiera se libran las películas que hoy se hacen sobre la Guerra Civil: la exaltación del bando propio y la caricatura del adversario. Sádicos nacionales de gafas oscuras y brillantina en las películas de ahora, y malvados rojos, tabernarios y brutales, en el cine de antes. Inexactos, incompletos y maniqueos, todos ellos. Aquí, sin embargo, los republicanos que encarcelan y fusilan son individuos normales, creíbles, con motivos para hacer lo que hacen. Con toques de humanidad e ideología propia: como cuando el jefe de los milicianos dice que, si hubiera llevado medalla religiosa al cuello, al llegar a la edad de la razón se la habría quitado. O cuando el miliciano violador de Luisa –soberbia escena, resuelta con dos planos del rostro de la Montenegro– actúa bajo el resentimiento de haber sido engañado, y porque está borracho.

Pero aún hay más, en esta película asombrosa y compleja para quien se enfrente a ella con lucidez, sin estereotipos de buenos y malos: la crítica feroz a los contemporizadores, a los que miraban para otro lado. Al egoísmo de la derecha burguesa y capitalista, incluida sin reparos entre los principales responsables del conflicto. Sin olvidar el retrato, atrevidamente surrealista, de una clase política ciega que divide a los españoles, llevándolos a una matanza atribuida con mucha ecuanimidad al «odio y desconocimiento mutuo». Paradójicamente, la derecha conservadora queda peor que el bando contrario: cuando los oradores de izquierdas agitan al pueblo, éste se muestra como pobre, oprimido, inculto y desesperado. Eso enlaza con los personajes y actitudes de los milicianos que aparecerán después. Y si no los justifica, los hace creíbles. Humanos.

Como se decía en otros tiempos, Rojo y negro es una película para que la disfruten espectadores formados, prevenidos de lo que ven y en qué circunstancias se hizo: capaces de hacer la lectura adecuada, situando en su contexto histórico y social esta narración extraña e inquietante, donde la estremecedora secuencia que precede al final –el actor Ismael Merlo vagando entre los cadáveres de los fusilados en la pradera de San Isidro– nos sumerge, más que ninguna de las muchas películas realizadas sobre aquella tragedia, en la noche oscura de nuestra Guerra Civil.
XLSemanal, 18 de Abril de 2010″
Patente de corso

LA MARCHA NEGRA



FE-JONS apoya a los mineros que en estos días luchan por mantener sus puestos de trabajo, en peligro por la falta de apoyo y por el incumplimiento de los compromisos del Gobierno.
Más allá de la necesidad de replantearse seriamente el modelo energético -cosa que también estimamos necesaria- España no puede abandonar a su suerte, de la noche a la mañana, a comarcas enteras que dependen de la minería del carbón.
Los falangistas rechazamos las argumentaciones del Gobierno y de sus terminales mediáticas, que acusan a los mineros de defender unos salarios por encima de la media -comparemos su trabajo con el de concejales y alcaldes profesionales- y que aseguran que el del carbón es un sector productivo poco rentable y, por tanto, no merecedor de las ayudas públicas.
Si en españa hay sectores improductivos y altamente costosos estos son los de los grandes partidos, las autonomías, el Senado o la Casa Real, entre otros, y el Gobierno no se plantea retirarles la subvención.
En apoyo de los mineros y sus familias, un grupo de falangistas madrileños, miembros de Falange Auténtica y de Falange Española de las JONS, participaron ayer en el acto de bienvenida a la marcha minera que desde hace semanas recorría España para solicitar apoyo al sector. Pese a las amenazas de la extrema izquierda que trató de monopolizar la reivindicación, los falangistas dieron testimonio de su compromiso con la defensa de los trabajadores portando banderas de la campaña Defensa Social y la única bandera nacional que pudo verse en toda la manifestación.
Pese a la sinrazón de los grupos extremistas, la bandera nacional no puede ofender a nadie por representar al conjunto de los españoles, y su presencia en el acto de ayer estaba más que justificada. Primero, porque con ella se expresaba la solidaridad de toda España con un problema que no sólo lo es de asturianos, leoneses o turolenses. Y segundo, porque el patriotismo se defiende mejor apoyando a los trabajadores españoles que animando a un equipo de fútbol o defendiendo los intereses de los consejos de administración de las empresas petroleras.

martes, 10 de julio de 2012

SAN FERMÍN 2012


Los orígenes de las fiestas de San Fermín se remontan a la Edad Media y están relacionados con tres celebraciones: los actos religiosos en honor a San Fermín, intensificados a partir del siglo XII, las ferias comerciales y las corridas de toros, documentadas desde el siglo XIV. En los inicios, la fiesta conmemorativa de San Fermín se celebraba el 10 de octubre, pero en 1591 los pamploneses, cansados del mal tiempo, decidieron trasladar la fecha original a julio y hacerla coincidir con la feria. De este modo nacieron los Sanfermines. En su primera edición duraron dos días y contaron con pregón, músicos, torneo, teatro y corridas de toros. Posteriormente se fueron añadiendo otros actos como fuegos artificiales y danzas, y se prolongaron hasta el día 10.
Con el siglo XX los Sanfermines alcanzaron su máxima popularidad. La novela "The sun also rises" ("Fiesta"), escrita por Ernest Hemingway en 1926, animó a personas de todo el mundo a participar en las fiestas de Pamplona.

lunes, 25 de junio de 2012

Dégénération-Mes aïeux


“Desde Québec llega un grupo que ha triunfado con una composición cuyas letras son una descripción de cómo la presunta felicidad que vivimos no es tal, sino todo lo contrario."

Un buen amigo asturiano me ha remitido el enlace a un video del grupo de “folk” canadiense Mes aïeux (Mis ancestros), que interpretan una de sus canciones más exitosas: Dégénération. El caso es que la letra es un descripción sintética, muy bien hecha, de esa degeneración que nadie quiere ver. En la época de la impugnación sistemática del pasado, cuando la omnímoda propaganda “progresista” nos reitera los derechos conquistados, el grupo quebequés nos recuerda lo que hemos perdido respecto de las generaciones anteriores, cuando la vida se abría camino a golpe de esfuerzo, trabajo, apego a la tierra y familias numerosas y estructuradas.
Hoy tenemos trabajo como el de antaño pero que no va a ningún sitio porque todo acaba en manos de los bancos, en forma de una deuda fabulosa que no tenemos esperanza de pagar en esta vida. Cuando hace doscientos años lo acumulado en vida podía servir de herencia a la próxima generación, hoy aspiramos a dejar una deuda lo menos astronómica posible. Mes aïeux nos recuerda también la moderna frivolidad sexual elevada a “libertad” y la contrapone a la plenitud vital y a la alegría de las familias numerosas; nos grita la vaciedad de una vida burguesa que paradójicamente se reclama el fin mismo de la Historia. El contraste expuesto por la canción y el título de la misma son un aldabonazo de incorrección política de verdad, de esa que no se pliega a los cánones de la progresía rampante ni del liberalismo como pseudo-alternativa.
No queremos ocultar que nos llena de satisfacción la frescura con la que unos jóvenes llaman a las cosas por su nombre y espetan eso que nadie quiere oír: que la tramoya del mundo moderno oculta una degeneración evidente de la vida, esconde un mundo que tiene, quizás, mucho pero que es en realidad muy poco.
En línea con todas estas reflexiones, es fácil llegar a la conclusión de que la degeneración, real, contante y sonante, está por todas partes y alcanza todos los ámbitos de la vida. Esta misma semana alguien me ha señalado los comentarios al artículo de esta misma columna de hace una semana colgados en el foro por un nacionalista catalán. Produce cierta ternura su aplastante ignorancia y el tipo de argumentos más hormonales que otra cosa. De nada de eso tiene la culpa él, por supuesto. Basta con mirar el entorno en el que nos movemos, los personajes que atraen la atención social o los libros que se publican. Esto último es una buena medida de la temperatura espiritual de una sociedad. No hará mucho comentaba con un amigo acerca de la colección de Pensamiento Español iniciada en España creo que allá por los años 50. Hoy habría sido exorcizada por aparecer en su portada un yugo y unas flechas, pero no escribimos esta columna para la gazmoñería progre-liberal y, consecuentemente, esas cosas nos importan un bledo. Se trata de una colección de un centenar de libritos de unas doscientas páginas, baratos y accesibles, que traían al hombre vulgar a personajes como Jerónimo Feijoo, Juan de Mariana, Jaume Balmes, Juan Valera, Benito Pérez Galdós, Antonio Aparisi i Guijarro, Séneca y un largo etcétera. El 99 por ciento de los tertulianos, periodistas, “intelectuales” o políticos no tienen la más remota idea de ni uno de estos tesoros del conocimiento universal, valorados a menudo en el extranjero en traducciones realizadas en uno u otro momento durante los últimos cinco siglos. Pero, ¿quién los necesita en nuestra época pudiendo leer el último novelón promocionado por tal o cual “trust” mediático? ¿Si tenemos a Almudena Grandes o a Alberti para qué queremos a Juan Luis Vives, valenciano universal?
No deja de ser significativo que nadie, absolutamente nadie, se haya acordado en Cataluña del bicentenario de Jaume Balmes, viguetano asimismo universal, el cerebro más poderoso de la filosofía española del siglo XIX. Antes bien, las catervas del tripartito, CiU et alia –aluvión de ignorantes, necios, traidores, quintaesencia del detritus político refinado y del parasitismo social– están más preocupadas por no se que aspecto del Estatut, para reclamar sibilinamente la independencia de una Cataluña de la que ignoran absolutamente todo.
La sustitución de la divulgación del verdadero conocimiento por un mero producto de consumo es un buen instrumento de lo que ha devenido el hombre de hoy. Otro ejemplo similar nos lo proporciona la Biblioteca Austral, cuyo catálogo inicial –no el edulcorado y expurgado que tenemos hoy- contenía multitud de obras hoy casi inencontrables y que suponen una de las contribuciones más significativas por elevar el nivel cultural y espiritual del hombre de su tiempo. No deja de ser curioso que nadie hable de estas cosas cuando unos y otros traen a colación el tan cacareado “Estado de Bienestar”. A mí se me ocurre que en el “bienestar” habría que incluir de algún modo estas cosas. Desgraciadamente, hoy, el “Bienestar” parece ser exclusivamente el poder adquisitivo con el que adquirir las toneladas de mierda producidas en la TV, en el denominado “cine español” o en la literatura de consumo en la que nadamos todos los días, bien en forma de libracos hueros y absurdos, bien en la forma de prensa cuyo interés real para la vida es nimio.
La razón de esta degeneración no es otra que la destrucción de las élites: para concebir una tarea de esclarecimiento como la iniciada por Austral en 1937 hace falta vivir interiormente en un clima distinto del que nos proporcionan los concursos televisivos y la literatura de consumo. Hoy, esas élites han desaparecido. Su esfera de influencia ha sido minada por la corrosión del nihilismo que hoy vemos reformulado de múltiples maneras, en todas las facetas de lo humano. No es de extrañar el auge de ideas tan estúpidas como, por ejemplo, el “nacionalismo vasco” o entidades tan abracadabrantes como el “ministerio de igualdad”, todo ello tripulado por personajillos que en el siglo XVI hubieran estado debajo del todo en la escala social.
Pero como las batallas de la historia son batallas entre minorías, es necesario preparar ya la senda de la joven generación, en cuya conciencia luchan ahora mismo fuerzas contrapuestas que saben muy bien que allí se juega el futuro. La arrogancia de los jóvenes es casi una constante histórica pero quizás solo en esta época se ha dado ese “no querer saber” –elevado en algunos casos a un verdadero “derecho a no saber”- con el que ya varias generaciones han sido narcotizadas en el seno de una molicie intelectual incapaz de hacerse preguntas y de cuestionarse lo que hay. Desde los “antisistema” hasta los liberales, desde la “izquierda” social hasta los “nacionalistas”, pasando por los mil genotipos ideológicos de las modas intelectuales al uso, todos ellos se hallan imbuidos del común denominador de la degeneración de la que hablan Mes aïeux.   http://culturatransversal.wordpress.com/category/autores/eduardo-arroyo/

lunes, 11 de junio de 2012

EDWARD HOPPER


Es uno de los pintores americanos más apreciados y conocidos, pero nunca había llegado la ocasión de mostrar su obra en todo su esplendor en Europa. Por eso, el Museo Thyssen, poseedor de la colección más importante de Edward Hopper fuera de Estados Unidos, anuncia con orgullo la exposición que, con más de 70 piezas, permitirá analizar la evolución del artista en dos grandes capítulos, uno de los cuales se ceñirá a sus años de formación y el otro, a su etapa de madurez, siguiendo siempre un hilo cronológico. Para ello, ha contado con la colaboración de grandes instituciones, como el MoMA, el Metropolitan Museum de Nueva York, el Museum of Fine Arts de Boston o el Whitney Museum of American Art, que ha cedido 14 obras del legado de Josephine N. Hopper, esposa del pintor.
Edward Hopper (Nyack, 1882-Nueva York, 1967) logró una gran notoriedad en vida, a pesar de que tuvo que recorrer una larga travesía arrinconado en su oficio de ilustrador de prensa, una faceta anónima que le permitía vivir, pero que le restaba energías de su verdadera vocación: la pintura.
Aunque la mayoría de los motivos de sus obras se desarrollan en lugares públicos –hoteles, estaciones de ferrocarril, tabernas, gasolineras, etc.–, el artista transmite en el lienzo una intensa sensación de soledad y melancolía, como un fiel reflejo del drama del hombre moderno. Un sentimiento que se agrava con el uso tan contrastado que hace de la luz y las sombras en sus telas.Esta visión de la vida urbana moderna como vacía o sola es un tema común en la obra de Hopper.En estos
escenarios sitúa a personajes solitarios o incluso parejas o grupos cuyos integrantes parecen ajenos a los demás o incomunicados entre sí.
Una exposición altamente recomendable que sin duda no dejará a nadie indiferente.